Presentación Libro: “Tiemblen los tiranos por haber excitado nuestro enojo”

SEMANA DE MAYO

en la

UNIVERSIDAD POPULAR MADRES DE PLAZA DE MAYO

Miércoles 28 – 19 hs:

Presentación del libro

“Tiemblen los tiranos de haber excitado nuestro enojo”

Ediciones Madres de Plaza de Mayo

Participarán los siguientes autores

Gustavo Baeza / Mauro De Toma / Ignacio Politzer / Oscar Valero

Biblioteca Popular “Julio Huasi”,

Como parte de la celebración crítica y productiva del Bicentenario de la Revolución de Mayo que hemos propuesto desde la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, llega hoy el segundo volumen de esta colección, elaborado íntegramente por docentes y estudiantes de esta Casa de lucha y resistencia.

En el apasionante desafío de conocernos a nosotros mismos como colectivo nacional y americanista, laten aquí diversas miradas sobre la saga emprendida por José Gervasio de Artigas y sus más fieles aliados. También, un hilo conductor apenas insinuado por la historiografía considerada oficial, nos conduce a revisitar el Plan de Operaciones de la Primera Junta, a verificar las contradicciones del liberalismo doctrinario con la materialidad de la historia, y a considerar temas como la violencia que atraviesa nuestra historia desde la etapa colonial hasta nuestros días, tanto como el contexto geopolítico del período independentista, donde el Brasil de Pedro I y el Paraguay del Dr. Francia figuran como factores de poder imprescindibles para analizar el devenir de la revolución que diera su grito libertario aquel 25 de mayo de 1810, dejando ecos de furor y emancipación que aún esperan la armonía de un triunfo en unidad para Nuestra América.

Jueves 29 -19 hs:

REVOLUCIÓN DE MAYO: BICENTENARIO

Y ACTUALIDAD POLÍTICA

CHARLA DEBATE CON LA PARTICIPACIÓN DE

HEBE DE BONAFINI

Presidenta de la Asociación Madres de Plaza deMayo

NORBERTO GALASSO

Historiador

GERMÁN IBÁÑEZ

Director de la Licenciatura en Historia – UPMPM

en el marco de las Cátedras Bolivarianas

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

AUDITORIO

Andresito

Los pueblos originarios de nuestro continente participaron del proceso que llevó a la independencia de españa de forma muy activa. Ellos venían resistiendo desde hacia 300 años y su sabiduría los llevó a ocupar espacios importantes. Andresito Artigas fue el hijo adoptivo del caudillo oriental, y se desempeó como gobernador de Corrientes además de hombre clave para las batallas militares. Aquí les dejamos un texto de Oscar valero sobre este guaraní que dio ejemplo.andresito-oscar-valero1

Publicado en  on Mayo 7, 2008 at 9:19 pm Dejar un comentario

Artigas

Un Primer acercamiento al proceso de independencia rioplatense requiere conocer a José Gervasio Artigas, caudillo del pueblo oriental que buscó la unificación del territorio de la Banda Oriental con el resto de lo que hoy es Argentina. Fue traicionado por los porteños que nunca se pronunciaron contra la invasión portuguesa de la Banda Orientalde de 1816 al 20. Llegó a conformar un ejército popular que buscó imponer otro orden de cosas al proyecto porteño se sumisión de las provincias. Así creó la Liga de los pueblos libres a la que se sumaron las provincias de Corrientes, Entre Rios, las Misiones jesuiticas(aun no era provincia), Santa Fe, Cordoba, y llegó a tener adherentes en Santiago del Estero. Pretendia la inclusión de zambos, negros, indios y mujeres pobres en el proyecto de país. Nunca se lo perdonaron, y por eso ese “mal ejemplo” no se cuenta en los colegios. Les dejamos un texto de Germán Ibañez sobre el proceso artiguista.artigas-german-ibanez1

Plan de Operaciones

Les dejo para la lectura un artículo de mi autoría acerca del Plan de Operaciones de Mariano Moreno. Es un acercamiento al plan buscando sus ejes geopolíticos, económicos, sociales y culturales. haciendo hincapié en el fortalecimiento territorial y el desarrollo económico una vez conseguido el control del territorio. También hace hincapié en la relación con el reino de Portugal en América y las relaciones internacionales ha tener para evitar la posible entrada española por esos territorios. Aquí el texto:


Para leer el Plan de Operaciones

¿Para qué acercarnos nuevamente a un texto de inicios del siglo XIX? ¿Qué tiene el plan de operaciones que nos sigue despertando inquietudes?
Lo primero que tenemos que decir es que este texto que hoy nos convoca nació como documento secreto de la Junta de Mayo hoy lo podemos ver en formato de libro, pero su objetivo era no salir a la luz.
Es decir que el plan es un documento de gobierno, es el resultado de entreveros políticos acerca de que hacer, en el sentido leninista de la pregunta, en los comienzos del siglo XIX en el Virreinato del Río de la Plata y en América, con Francia ocupando España, con la máxima autoridad española del otro lado del Océano encarcelada y con la aparición de organizaciones de civiles y militares que se llamaron juntas de gobierno, en España y en América.
En este contexto político la junta de gobierno que había sido designada por el Cabildo en Mayo de 1810 tenía que comenzar a esbozar respuestas acerca del sentido que tendría su gobierno. Autodeclarada como transitoria, la Junta de Mayo tenía que forjar la dirección política y militar que iba a encarar la sociedad española americana del sur. Y es por eso que la junta designa a su secretario de Guerra, Mariano Moreno, para que elabore un plan tendiente a asegurar el gobierno americano.

Polémica en el Plan
Hay que decir que sobre estos papeles escritos existe una gran polémica surgida a fines del siglo XIX acerca de la autoría del texto. Nació con la aparición pública del documento y la disputa fue encarnada en lo sucesivo por Paul Groussac y Ricardo Levene como las grandes figuras del negacionismo autoral del plan por parte de Moreno; y por otro lado, Eduardo Madero, quien lo recuperó (y envió a un Mitre presidente que al parecer lo habría extraviado), y luego la escuela revisionista nacional hasta Rodolfo Puiggrós, como los que le atribuyen el texto a Moreno.
La disputa tiene ribetes detectivescos, grafológicos, y hasta psicológicos. Como dijimos alguna vez Levene llegó a decir que para conocer la historia Argentina a partir de la Revolución de Mayo primero había que negar la autoría morenista del plan de operaciones. Es decir que el plan era para la historiografía liberal una gran piedra que obstaculizaba la construcción de la historia como un camino lineal entre Mayo de 1810 y Caseros en 1852 donde el origen ya predestinaba, supuestamente, un país con sello liberal en términos económicos. La sola existencia de este texto considerado como documento daría por tierra gran parte de la historiografía liberal cuyo padre fundador fue Bartolomé Mitre. Imaginemos que en el caso de que el plan no sea de la Junta de Gobierno los defensores de esa posición pasarían por constructores de la historia en función de un texto desconocido. Pero si en realidad el plan fue un documento de la Junta los que pasarían por hacedores imaginativos de la historia serían los negacionistas. Sólo observemos cuales fueron las líneas estratégicas acerca de la política militar en todo el territorio del ex Virreinato del Río de la Plata y veremos que el contenido del Plan habla de eso mismo, de cómo desplegar las pocas fuerzas existentes dentro del territorio, a la vez que plantea el modo de tratar a los enemigos, amigos y dudosos. El eje Alto Perú- Banda Oriental fue la política aplicada, y no olvidemos que Moreno murió dudosamente arriba de un barco que se dirigía al consulado inglés de Río de Janeiro para comenzar a aplicar su política diplomática. Decimos entonces que la polémica no tiene que ver con el texto, sino con que fue lo que ocurrió en América en las primeras décadas del siglo XIX, sobre que ideologías se erigieron las acciones, y como se pensó la acción a partir de las fuerzas que se tenían.
Entonces un texto que dio tanto que hablar algo debe tener. Adentrémonos.

Acerca del Plan
El plan tiene un título, una introducción, 9 artículos y numerosas reflexiones adentro de los mismos.
Pero que mejor que comenzar por el principio. Que le digamos plan en realidad es una forma de abreviar, porque el documento se llama “Plan de las operaciones que el gobierno provisional de las Provincias Unidad del Río de la Plata debe poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e independencia.” Ahora entienden porque le decimos simplemente el plan. Ya desde el título nos está adelantando algo. El plan hablará de unas prácticas que buscarán consolidar la libertad y la independencia. Y aquí el primer conflicto. ¿Independencia de quién? ¿Era independentista la junta? Si es que era, ¿Por qué juró en nombre de un rey español?
Imaginamos que en 1810 no se auguraba una derrota en el tiempo próximo de Napoleón Bonaparte, su dominio sobre el continente europeo era cada vez mayor, y todo aparentaba que su poder no tenía los pies de barro. Así es que plantearse un gobierno que asegure la independencia tenemos que pensarlo en ese contexto como independencia del poder real de ese momento en España que se llamaba José Bonaparte y que era (ya se habrán imaginado) el hermano de Napoleón. Entonces independencia de Francia que ocupaba España, aunque seguramente dentro de la junta hubiera quienes querían la independencia de España aún antes de la caída de Fernando VII. Desde una lectura del presente podemos leer la independencia respecto de España como autonomía, manejo del Estado americano, pero con posibilidades de seguir perteneciendo al reino (siempre y cuando Fernando VII volviera al trono y avalara los nuevos gobiernos americanos). En el caso de que no volviera, y quedaran los franceses, la independencia de la península europea era de hecho. Y en el tercer caso hipotético, si Fernando VII recuperaba el trono y no aceptaba los nuevos gobiernos americanos entonces también habría independencia total, porque el gobierno de Mayo se construyó en base a conflictos de antaño que tenían que ver con la posibilidad sesgada de los criollos de llegar a los puestos de gobierno. Lo que significaba que no podían decidir acerca la mejor política para el territorio que habitaban.
En estos tres escenarios que se le planteaban al gobierno juntista era menester realizar aquellas prácticas de las que hablaba el plan, ya que estas fortalecerían el dominio territorial por parte del gobierno y así podría negociar con cualquiera de sus oponentes de otra manera a la que se presentaba en mayo del 10.
Por eso el plan se desarrolla en 2 partes según nuestro entender. La primera que incumbe los primeros 5 artículos acerca de que se debe hacer en lo inmediato, y la segunda que abarca del artículo 6º hacia adelante acerca de que se debe hacer una vez conquistados los objetivos inmediatos.

Para calentar motores
La introducción es la defensa del texto que la prosigue. Advierte a los lectores que van a leer acerca de la necesidad de cortar cabezas y verter arroyos de sangre, pero no se deben escandalizar, porque es la tarea que requiere un proceso revolucionario. Argumentando que la moderación en tiempos de revolución no es cordura ni virtud, sino que se transforma en una debilidad, que en tiempos de tormenta no se puede negar que se maniobre fuera de regla, y que el que lo haga se llevará alabanzas populares. La introducción es una posible réplica a quien cuestionara el plan, quizás deba leerse hacia el final, luego de leer todo el texto, para asegurarse que lo que se dijo en él, está totalmente fundamentado en la necesidad de la época. Habla de la proclamación de la independencia en toda América del Sur, ya que sabe que también en la capitanía general de Venezuela se ha erigido un gobierno americano. Y en todas partes de América se está luchando por la consecución de ese objetivo.
Luego ya adelanta el capítulo 1 y nos dice que se debe separar a los hombres de bien que quisieran lograr los objetivos sin derramamiento de sangre. Se los necesitará más adelante dice. Aquí ya se ve que al contrario como dicen muchos autores que leyeron el plan como el manual de un asesino estatal, el texto está pensando en los hombres que se tienen y en tratar de no desperdiciarlos, aunque la hora de alguno todavía no haya llegado. Servirán, dice, pero luego.

Las características de una Revolución
Entonces lo que hace en el artículo 1º es decirnos que cuando se produce una revolución hay: amigos, enemigos y dudosos. A los amigos se los debe tratar como tales. Priorizar la amistad con la causa antes que cualquier otra característica, incluso si esta fuera delictiva. Se los debe ubicar en cargos medios pero con un sistema de ascenso muy lento y premios a los que se destaquen como guerreros buscando desfavorecer a los que quieran más de lo que merezcan. Así Moreno estaba pensando la burocracia estatal, en tiempos de revolución. Era necesario conseguir amigos, y que vieran que el gobierno obraba por ellos, construir consensos.
Con los enemigos la actitud es muy otra. Se debe establecer una conducta cruel y sanguinaria. Pena capital sobre los sujetos que sean descubiertos hablando contra la causa o accionando contra la misma y sean poseedores de opinión, riqueza, carácter o talento. Con lo que no posean estos atributos, se deberá aplicar penas moderadas, se los deberá controlar, pero no es necesario eliminarlos. Moreno entiende perfectamente que la serpiente se corta por la cabeza, y que en el caso de los enemigos es fundamental dejar fuera de combate a los que tengan algún recurso importante para obstaculizar la revolución, con los demás con el control bastará.
Con los dudosos se deberá practicar una política de acercamiento, nunca mostrando manifiesta confianza hasta tanto se conozcan las verdaderas ambiciones de estos sujetos.
Una de las preguntas que surgen a partir de esta descripción es como realizar esta tarea. Moreno plantea la idea del espionaje. Plantea la necesidad de infiltrar a los enemigos, con patriotas que se manifiesten siempre de un modo contrario al que en realidad profesan para hacer caer así a los enemigos enmascarados. Controlar la información es la otra herramienta que el plan se propone a utilizar. Administrar la información en beneficio de los patriotas, tratando de reducir la cantidad de Gacetas cuando estas tuvieran que informar acerca de casos adversos al gobierno juntista. Como se ve, la guerra comunicacional era bien entendida por Moreno. La idea era no proveer al enemigo de herramientas creadas por el gobierno de la Junta.
Respecto a los esclavos el plan establece su libertad en caso de que pertenezcan a enemigos declarados, pero cuando sean esclavos de amigos de la causa se dará un subsidio a los amos para no descontentarlos, los esclavos se sumarán a la milicia a luchar por su libertad, y de una parte del pago de sus sueldos irá el subsidio a sus expropietarios. Moreno aplica esta táctica porque entiende que el hombre claudica en sus valores cuando es tocado en sus intereses , y exclama que si el Estado tuviera la cantidad necesaria de dinero haría lo necesario en la mitad del tiempo. De aquí surge una de las preguntas que creemos guían el plan: ¿Cómo se hace una revolución en las condiciones materialmente existentes?
Así es que sin dinero la Revolución lo tenía que sacar de algún lado porque había que alimentar y vestir soldados y población. Para eso el plan propone la expropiación de tierras en manos enemigas, que no respondan a la junta, como la expropiación de buques en Montevideo en manos de los españoles que no aceptaron el gobierno juntista. Debemos hacer hincapié en el carácter de opositores a la Junta de los futuros expropiados, ese carácter y no su nacionalidad es lo que prima en el razonamiento. Hay que aclarar que cuando la junta declara su nacimiento en mayo del 10, el Cabildo de Montevideo no acata esa declaración y se transforma en opositor. Este Cabildo decide aceptar la soberanía de una figura inventada en la Península Española llamada Consejo de Regencia. Este Consejo se había creado, supuestamente, para salvaguardar los dominios del rey preso, pero no lograba controlar territorio real en España, por lo cual su construcción no tenía que ver con el poder real. Y como en ese momento la idea filosófica que estaba presente era que los territorios pertenecían a la persona del Rey, y no a un Estado, ante su ausencia no se podía reemplazar tan felizmente por un Consejo sin que hubiera disputas. Los revolucionarios americanos, que buscaban trastocar el orden colonial también se consideraban fieles al rey ya que utilizaban la tesis de Rousseau acerca de la relación entra la voluntad general y el soberano, aduciendo que el poder era del pueblo y había sido entregado al Rey, cuando este no estuviera volvería al pueblo. Así es que los que se quedaron en el bando del consejo fueron mal llamados realistas, ya que ese nombre da por finalizada la disputa acerca de quien representaría al rey preso. Cuando el Rey fue puesto nuevamente en su trono y la Guerra de Independencia se hizo contra España entonces las palabras se adecuaron a las cosas.
Volvamos entonces al territorio donde se debía aplicar este plan de operaciones. Tenía dos direcciones: Norte y Este. Hacia el Perú y la Banda Oriental. 2 objetivos claros, dominar hacia adentro y hacia fuera. Hacia el Perú se dominan los resortes económicos, ya que se neutraliza el comercio de metales desde las minas del Alto Perú que sale por el puerto del Río de la Plata y hacia la Banda Oriental se controla un bastión de la flota española en América y se lograría incorporar los buques necesarios para cualquier invasión por mar, dominando el océano Atlántico. Esta va a ser la línea estratégica de todos los gobiernos del Río de la Plata, incluso con San Martín, pese a que este revisa la táctica de avance frontal y produce la llegada al Perú a partir del paso victorioso por Chile.

No habrá 2 países que compartan la cuenca del Plata
El 2º artículo se refiere fundamentalmente a como ganar la Banda Oriental para la causa patriota. En el plan se menciona a Artigas y a Rondeau como los hombres a contactar para llevar a cabo el proceso de insurgencia interna al gobierno del Cabildo de Montevideo. Es muy destacable este punto ya que Artigas será el conductor natural del pueblo oriental en pocos años, y Rondeau surgirá de estas luchas hasta llegar al Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Como es que Moreno ya los conocía no se sabe, pero las historias orales llegan rápido a los oídos, y es así que es posible pensar que los conociera por lo que contaban los que llegaban desde la Banda Oriental. Moreno reitera que si el tuviera los hombres y el dinero suficiente la táctica de espionaje no sería necesaria, pero como es hijo de la materialidad y se encuentra ante el deber de triunfar plantea una guerra de recursos. La utilización conjunta de simuladores, de personas que manden cartas creando cizaña entre los enemigos, intentar dividir por todos los medios posibles, para que la utilización de soldados, que también se necesitan al Norte, fuera la menor posible.

Lo que diremos en España
El artículo 3º se refiere a la política que el gobierno debe llevar con España. Primeramente se debe difundir en la península que el gobierno americano es sólo en nombre de Fernando VII y que ha tomado las riendas porque las anteriores administraciones han hecho muy mal las cosas. Respecto al hecho de Fernando VII hay que decir solo una cosa. Para el plan la utilización del nombre del rey preso es una utilización política, como lo son las demás herramientas que pone en juego este programa de acción. Esto no debe hacer creer que el gobierno hablaba de Fernando VII y le mentía al pueblo, ya que todas las juntas de América juraron en su nombre. Defendían los territorios del Rey realizando un gobierno de acuerdo a los propios intereses americanos, no hay contradicción. El plan da un paso más y plantea que hay un problema político y la repetición del nombre del rey preso puede permitir acelerar los acontecimientos, es una herramienta más dentro de la guerra comunicacional. No quiere decir que se estuvieran mintiendo ellos mismos. Ya nos referimos a que significaba ser realistas.
La búsqueda es una constante guerra de opinión donde la información que hagan llegar los enemigos tiene que tener una respuesta de los representantes del gobierno juntista, para que por lo menos existan dudas con respecto a las intenciones y con eso ganar tiempo. Debe quedar claro en la Europa que el gobierno instituido vino a preservar los territorios del Rey Fernando de los intentos franceses de apropiación.
Además establece un punto particular con respecto a la seducción de oficiales del ejército español que puedan apoyar la causa, para traerlos a la América del Sur. Aquí el plan esboza el anticipo de la llegada de San Martín, que suponemos debe haber sido uno de los oficiales seducidos por tamaña obra a realizarse. Otra vez el carácter de los oficiales buscados no tiene que ver con su nacionalidad, sino con objetivos político-ideológicos.
Pero la relación con el continente europeo no se basa solo en el reino español, sino que plantea que la misma política diplomática debe ser empleada con Inglaterra y Portugal, aliados de España y enemigos de Francia. Vemos aquí que hay una política de acción a partir del conocimiento de la realidad europea; y a partir del mismo un intento de anticiparse a los enemigos de la Junta, difundiendo las posiciones de personas reconocidas de todo el territorio de las Provincias Unidas, llevando a Europa a los mejores oradores, para neutralizar la acción internacional de los enemigos.

¿Cómo nos vamos a relacionar con los ingleses?
En el artículo 4º nos explica cual es la relación que se tiene que tener con Inglaterra y Portugal, pero dentro de nuestro territorio. Primero que nada hay que proteger como sagrados los bienes que de estas naciones que circulan por las Provincias Unidas, el trato con sus comerciantes y sus apoderados debe ser benéfico. Pero a su vez con Portugal se presentaba el problema de que la Princesa Carlota Joaquina de Borbón era prima de Fernando VII y ya estaba reclamando el territorio del ex virreinato para control suyo, es decir portugués.
O sea había un a situación problemática, porque a la vez que se estaba buscando el apoyo de Inglaterra y Portugal, este último tenía intenciones sobre el territorio, fundamentalmente respecto a la Banda Oriental, que encima estaba en manos de opositores a la Junta. Así es que el plan plantea una política de intrigas en la corte brasileña, que intentara poner de su lado al cónsul inglés en Río de Janeiro, o por lo menos neutralizarlo. Este es uno de los grandes peligros que trae el momento, ya que ante la indefinición en Europa el Reino de Portugal en América aspira a controlar el territorio, e incluso va a enviar tropas hacia la banda oriental, para asegurarse su control. Estos movimientos están previstos en el plan, que busca, a partir de movimientos de tropas propias e intrigas diplomáticas, desbaratar cualquier intento de ocupación militar portuguesa.
Así buscará que Inglaterra intervenga ante Portugal, y que además les venda armas a los juntistas para hacer frente cualquier intrusión, argumentando que ninguna nación extranjera debe meterse en un conflicto dentro de la monarquía española, cuando los dos bandos aducen ser súbditos de Fernando VII. Sobre estos supuestos es que hay que argumentarles a los ingleses para que procedan con respecto a los portugueses.
Pero hay algo más, y quizás una de las instancias más polémicas del plan. Plantea una alianza con Inglaterra defensiva y ofensiva por 25 años y hace señor al Reino Unido de la isla Martín García. ¿Qué decir de esto? ¿Era Moreno un inocente político, un iluso? Lo primero para decir es que Inglaterra era la reina de los mares, pero aún no una potencia imperialista como se la conocería en el desarrollo del siglo XIX. Lo segundo que la importancia estratégica del control de toda la cuenca del Río de la Plata era un objetivo estratégico del plan y conseguirlo era primordial. Tercero que la pérdida de la Banda Oriental debilitaría enormemente la fuerza de las Provincias Unidas frente al mundo, cosa que terminó ocurriendo luego, y con la labor inglesa como fundamental.

Al interior
El artículo 5º se refiere a como se debe obrar al interior del territorio. En los pueblos amigos, se debería intentar reemplazar la falta de imprentas con la difusión de los periódicos juntistas, así como con papeles que apoyen la causa, buscando excitar a sus habitantes hacia el gobierno de la Junta. La tarea comunicacional es fundamental en lo que respecta a los pueblos del interior del territorio.
En los pueblos aún enemigos, se debe obrar como ya se estipuló anteriormente, introduciendo a los agentes ocultos, para informar al gobierno central, generando disputas entre los gobernantes y tratando de alzar la población contra ellos.

¿Con qué recursos?
Así pasa al artículo 6º que es donde plantea la cuestión económica, para fomentar los fondos públicos. Aquí dice que esto debe hacerse luego de que el Perú y el interior opositor sucumban, o sea que lo primero es ganar la guerra y luego los fondos públicos podrán ser utilizados para otros menesteres como industrias, ingenios, etcétera. El tema de los tiempos de la Revolución es tan viejo como esta. En Nuestra América se introduce en esta época cuando Artigas produce una reforma agraria sin haber resuelto el problema de la guerra con Portugal y Buenos Aires. Es decir cambia el entendimiento de los tiempos revolucionarios que exigía el plan. El cambio puede haber sido por necesidad, a partir de que el pueblo oriental había estado peleando por 5 años, y era necesario establecerse territorialmente para defenderse de los invasores.
Decíamos que en el plan estaba bien determinado que el tiempo revolucionario es un tiempo específico con sus propias reglas, donde se prioriza el triunfo por sobre todas las cosas, y así es que Moreno puede plantear que hay hombres que en esta época no serían necesarios, pero si más adelante.
Entonces en este artículo se establece como será el gobierno, cuando controle el territorio, porque el plan no establece leyes imaginarias que no tienen que ver con la realidad, como ha pasado con las constituciones del 19 y el 26 que se hacían en Buenos Aires y se mandaban al interior para que se acataran, y recién ahí se daban cuenta que no tenían control sobre esas regiones. Aquí se plantea que la prioridad es gobernar sobre lo que se controla, de otra manera, se está especulando y no gobernando. Y así es que pregona un gobierno que haga feliz al mayor número de personas, que ese es el mejor gobierno y asimismo que las formas y las costumbres son las que adopta este mayor número. Aquí hay para decir dos cosas: Gobernar para la mayoría implica gobernar con la propia población que tiene, sin necesidad de incorporar población extranjera, reconocer a los que habitan el territorio. Es por esto que Castelli en el Alto Perú, como enviado de la Junta, traba relación con los indígenas de esa zona, para que participen de esta nueva etapa de la región. Vemos que Moreno iba en dirección opuesta al proyecto de exclusión de los sectores nativos, que será moneda corriente de en la historia Argentina por quienes se pregonan seguidores de la Revolución de Mayo, empezando por Rivadavia y siguiendo por Mitre y Sarmiento hasta llegar al exterminador Roca.
En segunda instancia habla de las formas que debe adoptar el gobierno. Estas serán las de la mayoría de la población. Aquí también hay una búsqueda de entender la identidad propia de esta parte del mundo, no hay necesidad de copiar modelos, hay que establecer el propio, aunque a la élite no le guste. Aquí también va en contra de todas las políticas de exclusión de nuestro pueblo gaucho, que fue masacrado por las guerras contra las montoneras de Mitre y Sarmiento.
Por eso también dice que las fortunas agigantadas en pocas manos serían perniciosas porque no remediarían la escasez de la mayor parte y absorberían todos los jugos de un estado. O sea que el Estado nuevo tiene que ser un Estado para todos, no para algunos. Es el proyecto de una sociedad igualitaria con un estado interviniente en pos de su población.
También planteaba el acaparamiento de las minas del Alto Perú, fundamentalmente, por el nuevo estado, para con estas fomentar las fábricas, los ingenios, la navegación, y demás artes. Esto había que realizarlo a pesar de que se fuera a enfrentar a 5 o 6 mil hombres que quisieran seguir con sus privilegios. Recordemos que el principal recurso económico del Virreinato eran los metales que salían de las minas, entonces quedarse con las minas, era quedarse con el oro, para reinvertirlo hacia adentro. Pero esto sólo se podía realizar una vez que se tuviera el control territorial, sino sólo sería abrir un frente nuevo hacia adentro, además de los ya existentes. Dice que hasta podría indemnizarse a los perjudicados, para que siguieran adeptos a la causa.
Con estas medidas buscaba hacer que a partir de la existencia de sumas no gigantes hubiera más circulante, y así hubiera más inversión hacia adentro. Esto también transformaría a los pueblos que al alejarlos del ocio, por las actividades laboriosas que se desarrollarían, comenzarían también a instruirse en las artes, la agricultura, y el conocimiento sobre estas cuestiones. Para esto el gobierno central debía tener una suma de cientos de millones para invertir y comenzar el ciclo productivo. Se debería penar a los que intentaran explotar las minas privadamente, incluso con la pena capital, ya que sería un delito de lesa patria, así también se debía propiciar la búsqueda de nuevos recursos mineros. Vemos que el desarrollo interno era cuestión de vida o muerte, la forma de ingresar al mundo de esta nueva Nación no podía ser otra que con sus propios recursos desarrollados hacia adentro para luego salir hacia el exterior. Si pensamos en estas figuras del Estado, y las comparamos con el Mariano Moreno que nos intentan hacer conocer los historietistas liberales vemos una contradicción insuperable. Otro actor político del Siglo XIX, Juan Bautista Alberdi, también atravesó un momento de liberalismo político y económico muy fuerte, pero luego comprendió que las necesidades de la patria no pasaban por resolverles el desayuno a los trabajadores ingleses con cebada, avena y trigo, sino que era necesario un Estado que protegiera primero a los argentinos.
El Plan también planteaba intervenir la moneda interna de oro o plata quitándole un 15 o 20% de su valor al mezclarla con otros metales, para así frenar la ambición de acumularla y hacer que no desapareciese el circulante, cuestión que había generado muchísimos problemas anteriormente en el Virreinato. Asimismo intentaba frenar cualquier intento de lo que hoy llamamos fuga de capitales, tratando de frenar a los europeos que busquen vender sus fincas y sus bienes, llevándose el oro a Europa, con un inventario por cada pueblo de todos los bienes y fincas que este posee. Impidiendo la venta de bienes por 20 años, y si hubiera alguna razón para vender debería fundamentarse, y si se realiza igual la venta, podría expropiarse el terreno en beneficio del Estado. Que los comerciantes extranjeros tendrían que informar al gobierno sobre sus operaciones, y no podrían comerciar todo su caudal. Observamos aquí una política de control sobre todos los recursos que circulen dentro del territorio sean propios o ajenos, buscando generar este proceso de acumulación que venimos señalando.

¿Qué hacer con el Brasil?
El artículo 7º es una añadidura del artículo 4º donde se planteaba cuales eran las relaciones que se debían establecer con Inglaterra y Portugal. Aquí desarrolla aún más cual es la política que se debe seguir con estas naciones. La pregunta que se hace es como hacer para que Inglaterra, aliada de Portugal, apoye a nuestra Nación y que al mismo tiempo se mantenga neutral respecto de los diferendos en América con los portugueses. Para eso realiza un análisis sucinto de lo que significa Inglaterra y establece que su motor es el proyecto comercial, por lo cual la política que se lleve a cabo tiene que tener esta mira respecto a los ingleses. Identifica a Portugal como una nación esclava de Inglaterra, donde esta somete a aquella en pos del interés comercial, es así que la casa de Braganza juega un papel totalmente dependiente y, dice Moreno, no produce ningún tipo de riqueza propia. Y entonces es cuando el plan promueve que una vez establecida la amistad con Inglaterra, hay que buscar la enemistad entre esta nación y Portugal, intentando conquistar la parte americana del imperio portugués, o la parte más conveniente para los objetivos de las Provincias Unidas. Con Inglaterra habría que firmar un tratado secreto para asegurarse que no intervendría en la disputa y sería beneficiada con algunos territorios.
Antes de estas operaciones habría que insurreccionar la campaña del Río Grande del Sud, para garantizar el territorio de las Provincias Unidas. Sobre como se realizaría esto en detalle Moreno dice que aparecería en una próxima obra que la menciona 3 veces en el plan llamada “Intereses Generales de la Patria y del Estado Americano” donde se promete el desarrollo de las cuestiones fundamentales de gobierno. La muerte truncó este proyecto. Pero podemos ver en este artículo que acabamos de analizar el proyecto de sacar a Portugal del continente americano, repartiéndose el territorio con Inglaterra, si es que esta quisiera, y pensando un territorio donde lo que hoy es el sur del Brasil estuviera incluido.

Difundiremos el español
En el artículo 8º se trata acerca de cómo se debe insurreccionar las provincias del Brasil. Claro está que esto puede ocurrir si antes se han producido los tratados secretos con los ingleses.
Lo primero que hay que realizar es construir un ejército de la Banda Oriental y separa varios miles de hombres en la frontera con el Brasil. Luego habría que hacer lo mismo con la población de Corrientes y las Misiones y finalmente con Asunción, en la provincia del Paraguay. Este último dato arroja un dato novedoso, Asunción tampoco había aceptado la junta, así que el programa militar de Moreno solo podía ser realizado en caso de que triunfara la campaña de Belgrano en Paraguay. Luego de eso habría que ubicar un ejército en esa frontera. Esto dividiría fuertemente las tropas lusitanas.
El territorio donde pensaba Moreno toda la acción incluía, como vimos, la Banda Oriental, el Alto Perú, el Paraguay y una parte del Brasil. Esta visión dista sobremanera del carácter porteñista endilgado a Moreno por escritores federales, luego tomados por los revisionistas como Guido y Spano u Olegario Andrade. Creemos que al no haber tenido acceso a este documento se construyó una mirada de Mayo falaz, y así terminó endilgándosele a Cornelio Saavedra vetas de un nacionalismo anti porteño, cuando no existen pruebas de esto.
Siguiendo con la intrusión hacia el Brasil también se deberían mandar agentes comerciales para introducir todos los productos de las Provincias Unidas, además de Gazetas, y de intentar ganarse la voluntad de los magistrados de los distintos pueblos a través de regalos y alabanzas. El plan habla de la traducción al portugués de las Gazetas y demás documentos que hablaran de la libertad, y en contra de las naciones esclavas como búsqueda constante de atraerse a la población. También planteaba promover los buenos tratos con todos los portugueses, incluso los facinerosos, con la intención de demostrarles que pueden elegir a que realidad pertenecer. Asimismo tenía la idea de promover la discordia adentro del ejército enemigo, ofreciéndoles más paga a los oficiales, asimismo a los eclesiásticos sin beneficio, y a los terratenientes que no son tenidos en cuenta por el modelo producido portugués. Cuando todo este proceso estuviera maduro, se intentaría a través de un ejército de 20000 hombres ingresar al territorio y apoderarse de este. Con respecto a los esclavos plantea que a los que se pasen a su bando protegerlos, pero todavía no declarar la libertad total. Este principio vuelve sobre la idea de que los hombres pierden sus convicciones primero por el bolsillo. La alusión a los eclesiásticos es interesante ya que Moreno al haber sido el primer editor del Contrato Social de Rousseau había quitado el capítulo acerca de la religión, aduciendo que el autor había delirado en materias religiosas. Podemos intuir que Moreno comprendía perfectamente que el papel de algunos eclesiásticos podía ser favorable a la Revolución con lo cual no servía a los fines políticos de ese momento entablar una disputa con la Iglesia. Los sacerdotes revolucionarios participaron de la gesta libertaria americana a la par de los militares. El caso más visible es el del cura Hidalgo en México.
Inglaterra tendría que permanecer neutral o apoyar a las Provincias Unidas a partir de hacerle ver que un gasto en la defensa de este territorio sería muy excesivo y que de lo contrario podría ocupar plenamente algunas ciudades y puertos. Aquí podemos observar que la mirada que tiene Moreno de Portugal es totalmente dependiente de Inglaterra, no habla de una identidad portuguesa americana aunque respeta el idioma, en un primer momento. Es lo mismo que esté Portugal que Inglaterra, esa es la lectura que antecede estos argumentos. Debemos recordar que los reyes portugueses habían llegado a América de la mano de los ingleses.
Luego establece un argumento muy lúcido acerca de porque Inglaterra debería apoyar a las Provincias Unidas en el caso de que España no sucumbiera. Dice que en este caso, los españoles intentarían recobrar el dominio de América tarde o temprano, y si esto sucediera el imperio Portugués en América por ser parientes del rey preso español podría ser la puerta de entrada de un proyecto de reconquista. En ese caso Inglaterra perdería la posibilidad de comerciar con el vastísimo territorio de América y sólo se quedaría con su comercio con Portugal. Así es que a Inglaterra más que a nadie le convendría que la parte portuguesa en América, el Brasil, también se desmembrase, ya que ellos no perderían territorio para introducir sus productos, sino que lo aumentarían, debido a que el territorio que antes era portugués seguiría siendo potable de intrusión y ahora se le agregaría todo el territorio de la América libre. En todo este artículo está pensando el territorio a gobernar incluyendo la campaña del Río Grande que la ve como continuidad natural de la Banda Oriental, por el cauce de los ríos, si esto se produjera dominaría no sólo la entrada por los puertos del Río de la Plata, sino también en lo que hace a los ríos interiores.
El Plan está pensando en toda América, ya que el territorio de Brasil también limita con la parte norte de América del Sur, por lo cual, la neutralización y eliminación de este Imperio era un objetivo fundamental para todo el territorio americano por el peligro que representaba. Luego se demostró que aún sin los españoles el Imperio Brasileño fue un factor de conflicto y balcanización preponderante en América.

Cerrando el plan
El último artículo que cierra el plan, el 9º, instruye acerca de cómo se debe obrar dentro del territorio brasilero cuando ya la idea de libertad esté difundida. Dice que cuando los habitantes ya estuvieran alzados en armas contra su monarca (debido al trabajo que se realizó antes de promover el odio hacia su rey) y ya estuvieran en situación de rebelión, debía obligárselos a reconocer el mando del gobierno central, amenazando con que si esto no ocurriera se saquearían los pueblos y se los dejaría solos. En ese momento se debía proclamar la libertad de los esclavos.
Es interesante la selección del momento, porque al liberar a los esclavos se los organizaría a través de las armas para que peleen por su libertad contra su tirano, y es muy factible que en el caso de que los que antes se habían levantado contra el monarca no los pudieran controlar. La liberación tiene que ser llevada a cabo con la falsa promesa, el disfraz la llama Moreno, de que los amos serán indemnizados. En toda la oficialidad, como así también en los cargos de los nuevos gobiernos debe haber sujetos de la parcialidad del gobierno central para asegurar la direccionalidad de los sucesos. También se ofrecería a todas las familias pobres la posibilidad de ir hacia los terrenos de la Banda Oriental costeándoles el viaje y garantizándoles tierra que no podrán vender por 10 años, además de algunos animales para el trabajo. Aquí vemos una idea de distribución de tierra que dista del Moreno representante de los terratenientes que nos presentan los textos liberales. La imposibilidad de la venta habla de un buen uso de la tierra y de un desarrollo productivo en pequeñas parcelas, además de intentar evitar la concentración de la tierra en pocas manos.
También la repartición la realizaban en pos de poblar la frontera, y asegurarla ante cualquier intento de rebelión que pudiera sucederse en el futuro. Asimismo se le sugeriría a los pobladores pobres de Buenos Aires y la Banda Oriental el paso hacia Río Grande del Sud para ocupar tierras, con el objetivo de poblar, aumentar la riqueza, e introducir el idioma castellano, buscando forjar la nueva Nación con unidad lingüística. Para este objetivo además era necesario construir escuelas y llevar sacerdotes que introdujeran el idioma.
Respecto a la tropa se produciría una política de aumento de sueldos para garantizar la suficiente moral en la hora de la próxima guerra.
Plantea la exención de algunos impuestos para todos lo que comerciaran con Río Grande y que como este proceso iba a llevar a una guerra con el resto del territorio brasileño debían hacerse de todos los buques portugueses que pudieran encontrar asimismo de los bienes de los portugueses que no fueran de Río Grande.
Aquí nos deja entrever que la única guerra planteada contra otra Nación es la que se debe producir con el Imperio Portugués. Las demás guerras no son contra otra nación sino contra los enemigos en América de la libertad y la autonomía de estos pueblos.
El Plan termina diciendo que si el contenido de este se realizara la libertad de la patria estará asegurada y agradece a quienes le confiaron el armado del mismo.

Concluyendo
El Plan de Operaciones es un texto al que se lo ha leído poco en nuestra sociedad, pese a las discusiones académicas. Es un escrito que ha llegado muy poco a nuestro pueblo y ha sido alejado de las aulas silenciando una parte de nuestra historia, un aspecto que nos permitiría reconocernos rápidamente el proyecto de liberación nacional que hoy continuamos enarbolando.
Pero aún así ha tenido diferentes lecturas que lo piensan, como es la única manera posible, desde su tiempo. Durante las décadas del 60 y del 70 del siglo XX se creyó ver en este escrito una argumentación para la lucha político- militar en la Argentina. Pero el paso del genocidio de la dictadura de 1976 hizo que algunos autores que antes habían pensado el plan en clave de liberación, ahora estuvieran enojados con este texto ya que lo habían entendido como un llamado a la violencia, y en la postdictadura decían que no servía más la violencia. A partir de las nuevas aseveraciones de José Pablo Feinnman o Martín Caparrós en la década del 80 la lectura del plan se volvió novedosa en tanto sería un programa justificador de la violencia armada de los años 60-70, que ya no era vista como redentora, sino como un error de ciertas vanguardias iluminadas. Para las nuevas relecturas del plan, luego de 3 décadas de la dictadura genocida, es preciso que sigamos observando que los objetivos para la liberación de la patria no fueron cumplidos aún, y que nuestro pueblo elabora diferentes métodos de resistencia y construcción de alternativas. Releer el plan descalificándolo por los métodos que pregona es no comprender la etapa en la que se escribió, y las luchas en las que estaba sumergido nuestro pueblo
Como vimos el Plan aborda las diferentes temáticas que tiene el armado de una revolución en un territorio determinado, en este caso el ex Virreinato del Río de la Plata. Aborda la cuestión de la política, de lo militar, de la soberanía política, de la independencia económica y de lo que hoy llamamos justicia social.
Es un plan creado en la acción de gobierno que buscaba responder a la pregunta: ¿cómo hacemos una revolución con los recursos que tenemos?
Para eso el plan estableció una estrategia para su época, nosotros deberemos revisarla en la nuestra, y establecer los nuevos designios para la liberación de nuestra patria, que sigue siendo el mismo objetivo. Es decir tenemos que seguir respondiendo a esa pregunta.

Ignacio Politzer, sociólogo, docente de Historia Latinoamericana General de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.

Hace Falta Peronismo

“Hace falta Peronismo”

Por Gustavo Baeza, Docente de las Cátedras Bolivarianas, Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.

EL DEBATE POLÍTICO EN LA ARGENTINA:

Comparto a continuación de estas reflexiones, dos artículos de análisis político de la realidad nacional, uno de Atilio Borón, y otro de Eduardo Gruner, acerca de un debate, que esta abriéndose en Argentina, en torno a la definición de un Proyecto Nacional. El debate al que me refiero, esta reflejado por ahora, en Página 12, diario que tal vez con sus contradicciones, es el único medio argentino de amplio alcnce que ofrece ideas, reflexiones y no solo basura, mixturada con alguna que otra cosa interesante, o se convierta abiertamente, en una trinchera de la anti-patria. En buena hora este debate. Se deriva de la dificultad en la que cae la actual administración de Cristina Fernández, fruto del enfrentamiento –tardío y por reacción- con un sector histórico de la clase dominante, y por defecto y desatino en la identificación mejor elaborada y compleja de los actores que conforman la producción agrícola-ganadera. Contexto y situación en la que debieran reparar con más atino, también, las entidades que como la FAA dicen representar al sector más retrasado en el esquema productivo argentino, no lo digo por que no lo representen en realidad, sino, por que en el como y el desde donde se representa a estos sectores, también importa a la hora de tomar cartas en la política.
Aclaración conceptual: REFORMISMO-GOBIERNO BURGUES parece ser el dilema que se debate en estos dos artículos que comparto –y a los que sumo mi reflexión- hasta acá el debate es rico e incluso los aportes programáticos para entender las limitaciones concretas a la hora del “que hacer” con la política en Argentina, desde una situación de poder y/ o de gobierno en un contexto regional e histórico, complejo y que puede ser capitalizable –si es que estamos a tiempo- en función de los interese populares. ¿PERO QUE SE ENTIENDE POR REFORMISMO? Y acá la cosa se pone interesante. Quiero sopesar, que para Borón, reformismo es igual PERONISMO. Es desalentador y llamativo, pero no sorprende, como este ingenioso intelectual del marxismo, innegablemente bastante alejado de la experiencia histórica del pueblo argentino –como tantos otros “marxistas” menos autorizados que él- califican a la Revolución justicialista de REFORMISTA: ¡todavía hoy!, eso es lo desalentador. Digo todo esto a los fines de contrastar lo que opina Borón –y es público- sobre Venezuela, de la que él no dudaría de su carácter revolucionario, ¿o si? Yo tampoco o no básicamente, claro, pero por razones muy distintas. Veamos lo que señala Borón:

“Pero, ¿dónde están las reformas que excitan la generosidad de Grüner y la réplica de Feinmann? No las veo. Para los incrédulos los invito a comparar la gestión del kirchnerismo ya no con el reformismo socialdemócrata escandinavo sino con las del primer peronismo, el del período 1946-1950. En aquellos años se fortaleció al movimiento obrero, se aprobó una vasta legislación laboral sin parangón en la periferia capitalista (vacaciones pagas, aguinaldo, jubilaciones, estabilidad laboral, indemnizaciones por despidos, tribunales de trabajo, accidentes laborales, obras sociales, etcétera), se creó el IAPI, el Banco de Crédito Industrial, la flota mercante del Estado, Aerolíneas Argentinas, y se nacionalizaron el Banco Central, los depósitos bancarios, los ferrocarriles, los teléfonos, la electricidad y el gas.”

¿Para Borón el peronismo fue reformismo? ¿Esto es lo que quiso decir realmente? Más allá de que esto sea así o no y lo que piense este intelectual, valga la cita para entrar en un tema que me parece necesario, por que este razonamiento existe, tiene y entidad en el debate de las ideas. No voy a pedirle a este señor una reflexión o revisión sobre una posición ya a su altura, experiencia y venalidad adjunta, adoptada hace rato. Tampoco voy a ser yo: un desconocido, el que desmerezca la trayectoria de este intelectual. Lejos eso de mis intenciones. Pero si voy a señalar la persistencia de un pasionalismo recalcitrante que nubla el razonamiento de muchos intelectuales del campo popular, y los limita mucho -de veras- a la hora de pensar cabalmente qué es la revolución para Latinoamérica, qué es el socialismo para Latinoamérica; y en definitiva, cuáles son las alternativas históricas y concretas para el campo popular en cada uno de nuestros países a la hora de diagramar el porvenir y allanar el camino para las esperanzas de las inmensas mayorías. No para otra cosa sirve la historia. Para abrevar en ella, para aprender de ella y así poder diagramar el porvenir.
Algunos razonamientos acercados por el mencionado autor en la nota que les comparto, tienen mucho valor programático a la hora del diagnóstico y son verdades factibles, por ejemplo, la falta de voluntad política de la actual administración para revertir la legislación en materia de entidades financiera, obturando el desarrollo de la mediana y pequeña industria, y otro tanto en lo que hace a la ley de radio difusión, situación estructural, esta, que configura un techo muy bajo para un gobierno o para un pueblo, que pretenda seriamente enfrentar a los poderosos multimedios engrandecidos principalmente con el pacto de silencio en el que entraron sus dueños, con el bastardo de Videla y su canallada, de allí la mencionada ley de radiodifusión, no nos hagamos los desentendidos. Pero las conclusiones a las que aborda el autor, subestiman, en mi modesta opinión, las dificultades de “la política” para desbaratar la majestuosa obra del “neoliberalismo” de “encorcetamiento” de un Estado argentino, entre otras cosas: estructuralmente colonial en su esencia y al servicio del capital financiero internacional, del imperialismo, más que de sus empleados de la clase dominante local/ foránea. Estado que llegó a ser en los noventa, figurilla y sombra, ya no de lo que podía ser éste Estado, independiente y soberano, durante la Revolución Justicialista, sino, de lo que éste fuera, en épocas de la socialdemocracia alfoncinista.

REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA NO ES REFORMISMO:

Parece increíble tener que seguir explicándolo y volver a aclarar, pero no, así somos los argentinos, y tanto nos cuesta entender y asumir, nuestras virtudes y glorias como pueblo. A veces creo que ejercemos una especie de impunidad inconsciente, para desmerecernos como sociedad y como pueblo, desde el aire y la altanería por la cual suelen cargarnos en otras partes del mundo. Pero eso es tema para otra nota. Resulta que ahora -y parece que siempre, para algunos análisis y analistas- las mayores virtudes de la Revolución Justicialista –que en ningún momento por boca de su líder se declaró marxista, “¡gran pecado!” no permitido a un argentino revolucionario, por el “marxismo” local, pero si a Chávez- son reformismo. Por favor, que revisionismos más barato. Apoyar y alentar desde un gobierno popular, a la clase trabajadora a convertirse en sujeto de cambio y transformación de la sociedad; y configurar en su seno las posibilidades técnicas legales para revertir las condiciones materiales de opresión; y todo esto, con una legislación que operó como móvil y bandera de la resistencia peronista y la lucha del pueblo argentino hasta la llega de la fatídica noche de la dictadura de 1976, ahora resulta que son un mero maquillaje reformista. Al final vamos a tener que pensar que no es una chicana, sino una necesidad histórica, el que tengamos que construir un palacio de invierno en el país, para que los “marxistas” argentinos lo asalten y así puedan tener una revolución en su tierra, a la cual observar, y atender como antecedente histórico para poder diagramar un porvenir más esperanzador. No digo que Borón no rescate al peronismo, al menos desde su particular lectura, de él “reformismo” de esas épocas, lo rescata claro, acto seguido echa unas paladas de tierra encima, lo destapa para volverlo a tapar. Pero el valuarte de más de medio siglo de lucha, las banderas históricas de la clase trabajadora argentina consagradas, de pronto son reformismo. La negación y desautorización, esta vez por izquierda de las experiencias de nuestro pueblo, afloran graciosa e irresponsablemente. Si, ya se, no es fácil definir al peronismo, menos aún de cara a un falso e insistente revisionismo tan obtuso como, camaleónico que reniega sistemáticamente del él, y aunque más no sea, por la tangente y como “sin querer”, le hecha un poco más de tierra. Pero volviendo al tema de la legislación peronista –que implicó también una reforma constitucional, la del 49- uno diría, desde el marxismo, aplicado como herramienta de análisis, y no como retórica elitista auto-identitaria, que esta legislación: es una profunda revolución y transformación en las relaciones de fuerza del sistema productivo de un país, cristalizada otrora, en una legislación injusta y explotadora promovida por los sectores dominantes, que en un país colonial como el nuestro, es legislación del imperialismo.
Por vía de una legislación revolucionaria, el peronismo y para gobernar –mediando- entre el capital y los trabajadores, apelo al Estado como garante y promotor de estos últimos, tal cual lo fundamentaría su líder en la doctrina de la Tercera Posición de la Revolución Justicialista, esto, con el eje puesto, en el objetivo de acercar los intereses individuales, para hacerlos compatibles y armónicos con los de la comunidad en su totalidad, produciendo de esta manera, una perdurable y sustancial transformación de las relaciones de fuerza del sistema productivo y de la política, en un ingenioso esquema que se pretende superador de las recetas ofrecidas por el individualismo liberal, y el marxismo –o socialismo real- devenido en alternativa, cuando menos, hegemónica. ¿Qué más? La nacionalización de las empresas extranjerizadas, ¿es reformismo? Nacionalización de Techint en Venezuela en función de los interese de este pueblo hermano, ¿es reformismo? –algún “marxista” seguramente ya se adelanto a decir que si- hace falta que me o les responda la pregunta. Creo que no y respeto la lucidez del lector. No hay más ciego que el que no quiere ver. ¿Puede llamársele reformismo a la Revolución Justicialista?, ya vemos que si. Incluso, calificarse de tal modo la lucha antiimperialista de Perón en contra de las grandes empresas apoderadas de nuestro petróleo, nuestros trenes, servicios públicos, etc.
Hay que señalar finalmente -y allí coincido con Gruner –el autor del otro artículo que pongo a disposición, cuando sostiene en general, que lo de la vereda de enfrente espanta, que lo que se viene haciendo no es tan nefasto, y definitivamente el Estado, intenta salir torpemente de su inoperancia y “achicamiento”, léase segregación de su papel y asalto de su espacio por el mercado, producto de más de diez años de desidia y traición al proyecto histórico del peronismo. De esto no se sale así nomás. Perón no salió ileso de enfrentar al imperialismo, lo derrocó un golpe de estado, ejecutado por una sangrienta oligarquía. Lo que esta en la vereda de enfrente, llámese Elisa Carrio –que remite al conservadurismo más reaccionario del pensamiento radical, y no a los buenos frutos del Yrigoyenismo-; o llámese Mauricio Macri –que remite al “riñón” ideológico y cuyo poder y realidad actual, debemos radicar correctamente, enarbolada en el proyecto económico mismo de la dictadura militar genocida- es dramáticamente peor de lo que tenemos. Las críticas sin estas salvedades no son responsables. Y estas salvedades, de las circunstancias políticas, sin voluntad de transformarlas seriamente, tampoco son una alternativa superadora para el presente de la Argentina.
Hugo Chávez hoy diría “que hace falta peronismo en América Latina”, los pueblos del continente, cuando hablan de socialismo van en la misma línea. Al gobierno de Cristina Fernández también le hace falta peronismo, esto no es un pedido estricto –y también- a la cúpula del gobierno, máxime si se considera un gobierno peronista, asimismo, es una advertencia a los aliados tácticos o estratégicos de este gobierno, que tiene en sus manos la oportunidad e iniciativa, para llevar este debate al ámbito donde corresponde: al de la acción política, y un llamado al protagonismo popular de nuestro pueblo, que en Argentina, por sobre todas las cosas, es ejercer el peronismo. Adelante compañeros, ahora si los dejo con los artículos mencionados.

Burgués sí, pero, ¿reformista?

En el marco del desafío planteado por el lockout de los empresarios agrícolas se planteó el debate sobre los alcances políticos de la medida. En estas páginas, el sociólogo Eduardo Grüner argumentó que estaba en juego la legitimidad del Estado para intervenir en la economía y alertaba sobre los peligros “si la derecha gana”. El politólogo Atilio Boron se suma a la polémica cuestionando el “reformismo” del actual gobierno.
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Por Atilio A. Boron

Eduardo Grüner publicó un interesante y sugestivo artículo con el título “¿Qué clase(s) de lucha es la lucha del ‘campo’?” (Página/12, 16 abril 2008) con el cual tengo algunos acuerdos pero también bastantes discrepancias. Quisiera tratar sólo una de éstas: su definición, a mi modo de ver muy generosa, del kirchnerismo como un gobierno “reformista-burgués”. Sin embargo, esta caracterización provocó pocos días después la crítica de José Pablo Feinmann quien dijo que sería infantil esperar que el gobierno de Cristina fuera “revolucionario socialista”. Y agregó, “hoy, un gobierno reformista burgués es mucho más de lo que la Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados Unidos están dispuestos a aceptar en América latina. Al reformismo burgués le dicen populismo y, para ellos, es la peste”.

Es cierto que el reformismo burgués sigue siendo tan inaceptable hoy como en 1954, cuando el ensayo tímidamente reformista burgués de Jacobo Arbenz en Guatemala fue ahogado en un baño de sangre, y el Che conoció muy bien esa historia como para sacar las adecuadas lecciones del caso. Pero, ¿sobre qué base califican tanto Grüner como Feinmann al gobierno de los Kirchner como “reformista”? ¿Cuáles fueron las reformas que impulsaron y ejecutaron? Por supuesto, no es este el lugar para realizar un balance de lo actuado en el período abierto con la asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003. Digamos, eso sí, que el mayor acierto del período fue la política de derechos humanos, más allá de algunas inconsistencias (entre otras cosas, expresadas en la total incapacidad para proteger testigos como Julio Jorge López, desaparecido como en los tiempos de la dictadura) y que el otro logro de la gestión, menos importante que el anterior, se produjo en el campo de la política exterior, acompañando –no obstante sin mayor protagonismo– el embate de Chávez en contra del ALCA. No obstante, mismo en este terreno el panorama no dejó de tener llamativos contrastes porque simultáneamente Kirchner rechazaba reiteradas invitaciones para visitar Cuba, se mantenía al margen de la Cumbre de los No Alineados realizada en La Habana y viajaba a Nueva York, en 2006, para participar en la Asamblea General de la ONU rematando su viaje con una insólita visita a la Bolsa de Valores de Nueva York y declaraciones, a cuál más desafortunada, sobre el futuro capitalista de la Argentina. Para colmo, el año pasado cedió ante la presión de Washington e impulsó la aprobación, con fulminante rapidez, de una absurda legislación “antiterrorista” que en manos de cualquier otro gobierno puede ofrecer el marco legal necesario para la completa criminalización de la protesta social y la disidencia política.

Esos son los dos puntos fuertes del kirchnerismo, ayer y hoy. Admitido. Pero, ¿dónde están las reformas que excitan la generosidad de Grüner y la réplica de Feinmann? No las veo. Para los incrédulos los invito a comparar la gestión del kirchnerismo ya no con el reformismo socialdemócrata escandinavo sino con las del primer peronismo, el del período 1946-1950. En aquellos años se fortaleció al movimiento obrero, se aprobó una vasta legislación laboral sin parangón en la periferia capitalista (vacaciones pagas, aguinaldo, jubilaciones, estabilidad laboral, indemnizaciones por despidos, tribunales de trabajo, accidentes laborales, obras sociales, etcétera), se creó el IAPI, el Banco de Crédito Industrial, la flota mercante del Estado, Aerolíneas Argentinas, y se nacionalizaron el Banco Central, los depósitos bancarios, los ferrocarriles, los teléfonos, la electricidad y el gas. Durante su exposición en la Cámara de Diputados, en 1946, Perón pronunció, a propósito de la nacionalización del Banco Central, unas palabras que es oportuno recordar en los tiempos que corren en donde el pensamiento único no cesa de alabar las virtudes de la supuesta independencia de los bancos centrales. “¿Qué era el Banco Central? –se preguntaba Perón–. Un organismo al servicio absoluto de los intereses de la banca particular e internacional. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de estos últimos cincuenta años.” Aparte de eso, el Estado pasó a ocupar un lugar decisivo en la promoción de la industrialización y sus obras públicas –caminos, diques, escuelas, hospitales– cubrieron prácticamente toda la geografía nacional. Además se sancionó una nueva Constitución, en 1949, en la cual se establecía una serie de derechos sociales a tono con las conquistas que en ese terreno se estaban produciendo en el capitalismo europeo.

Un Estado inexistente

¿Y ahora? El Banco Central está en manos de un Chicago boy y la obra pública paralizada. El Estado, destruido por el menemismo, sigue postrado: no puede apagar un incendio de pastizales en una llanura porque carece sea del dinero, o de la idoneidad, para adquirir un avión hidrante canadiense que cuesta menos de veinte millones de dólares y que hubiera acabado con el fuego en un santiamén; no puede abastecer de monedas a la población; no puede regular ni supervisar el funcionamiento de las empresas privatizadas, y entonces los usuarios del ferrocarril periódicamente incendian estaciones y formaciones para hacer oír su protesta; no puede cobrarle impuestos a Aeropuertos 2000 y entonces se asocia en calidad de “socio bobo” y minoritario a la empresa en lugar de exigir el pago de lo adeudado; no puede garantizar que los caminos y rutas privatizadas estén en correcto estado de mantenimiento mientras decenas de viajeros mueren a diario en horribles (y evitables) accidentes; asiste de brazos cruzados a la desintegración de la red ferroviaria nacional y como única política propone un “tren bala”; no exige a las aerolíneas privatizadas que cumplan un diagrama de vuelos que sirva para integrar las principales ciudades del país, que los fines de semana se quedan aisladas; se muestra indiferente ante el saqueo de los recursos naturales, desde el petróleo y el gas hasta los minerales, y ante el gravísimo deterioro del medio ambiente causado por las explotaciones mineras; prosigue sumido en un estupor catatónico ante el calamitoso derrumbe de la educación y la salud públicas, sin que se le ocurra poner un centavo para remediar la situación, al paso que se ufana de los 50.000 millones de dólares atesorados –al igual que Harpagón, el protagonista de El avaro de Molière– mientras el pueblo pasa hambre, no puede educarse ni cuidar de su salud. Pese a disponer de una mayoría absoluta en ambas Cámaras del Congreso –que vota a libro cerrado cualquier proyecto que ordene la Casa Rosada–, Kirchner no envió una sola propuesta para reformar la estructura tributaria escandalosamente regresiva de la Argentina o para establecer una legislación que posibilitase un combate efectivo contra el desempleo, la exclusión social y la pobreza. Tampoco iniciativa alguna para recuperar el patrimonio nacional rematado durante el menemismo. Un gobierno que, por otra parte, a más de cinco años de inaugurado todavía no definió una política de distribución de ingresos, consolidación del mercado interno y desarrollo nacional. Es cierto que se disminuyó la proporción de pobres e indigentes, pero ésta aún se encuentra por muy encima de los valores existentes al inicio de la actual fase democrática de la Argentina, hace un cuarto de siglo. Con un agravante: que este gobierno dispuso de una coyuntura económica excepcional, como ningún otro en nuestra historia, lo que torna aún más imperdonable que una parte al menos de esa riqueza no hubiera llegado a satisfacer las demandas populares. Y pese a sus estentóreas denuncias en contra de la dictadura, dos piezas maestras de ese régimen: la Ley de Entidades Financieras y la Ley de Radiodifusión continúan en vigencia hasta el día de hoy. La renta financiera sigue estando libre de impuestos así como las ganancias resultantes de la venta de sociedades anónimas. Y el Gobierno sigue sin otorgarle el reconocimiento oficial a la CTA y convalidando, de ese modo, el control político de los sectores populares en manos de una burocracia cuyo desprestigio es absoluto. Esto explica, en gran medida, la indiferencia popular ante la ofensiva del mal llamado “campo”: el pueblo no salió a la calle a defender su gobierno porque no lo siente suyo. Y tiene razón. Sería bueno que el Gobierno dedicara algún tiempo a reflexionar sobre la génesis de esta alarmante pasividad popular.

La anterior es una lista incompleta y parcial, pero suficiente para demostrar que bajo ningún criterio mínimamente riguroso estamos en presencia de un gobierno reformista. Es un gobierno “democrático burgués” (con todas las salvedades que suscita esta engañosa expresión), pero donde el componente “burgués” gravita mucho más que el “democrático” y en donde el reformismo sólo existe en el discurso, no en los hechos. Es asombroso escuchar, como ha ocurrido reiteradamente en los últimos años, las invocaciones de los distintos ocupantes de la Casa Rosada exhortando a los argentinos a redistribuir el ingreso y a repartir de modo más equitativo la riqueza. En fechas recientes la Presidenta volvió a insistir sobre el tema, a propósito del paro agrario. Pero, si no lo hace el Gobierno, ¿quién lo puede hacer? ¿Qué esperan? Si por mí fuera emitiría un decreto de necesidad y urgencia desde mi cátedra de Teoría Política y Social de la UBA instituyendo una radical reforma del régimen impositivo y utilizaría ese dinero para mejorar los ingresos de todos quienes estén por debajo o un poco por encima de la línea de pobreza, pero, ¿quién me haría caso?, ¿qué juez atendería la demanda de los eventuales beneficiarios?, ¿cómo podría obligar a los contribuyentes más ricos y a las grandes empresas a pagar el nuevo impuesto? El Gobierno debería abstenerse de formular ese tipo de estériles exhortaciones.

El posibilismo es inaceptable

Creo que lo anterior demuestra con claridad que no hay “reformismo burgués”. ¡Ojalá lo hubiera! No porque el reformismo satisfaga mis esperanzas sino porque al menos nos posibilitaría avanzar unos pocos pasos en la construcción de una verdadera alternativa, es decir, una salida post capitalista a esta crisis sin fin en que se debate la Argentina, sea en el estancamiento tanto como en la prosperidad económica (que llega a unos pocos).

Por eso es que disiento de lo que plantea Grüner cuando dice que “si alguien nos chicanea con que terminamos optando por el ‘mal menor’ no quedará más remedio que recontrachicanearlo exigiéndole que nos muestre dónde queda, aquí y ahora, el ‘bien’ o su posible realización inmediata.” ¿Dónde queda el “bien”? Eso lo sabe Grüner tanto como yo: el “bien” es el socialismo. Pero mientras maduran las complejas condiciones para su construcción es posible la realización inmediata de algún “bien”, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situación en que nos hallamos. ¿O me va a decir que hará falta una revolución socialista para aproximar la estructura tributaria de la Argentina a la que tienen países como Grecia y Portugal en la Unión Europea, para no hablar de la que existe en Escandinavia? ¿Será preciso asaltar el Palacio de Invierno para que las retenciones al agro –totalmente justificadas en la medida en que se discrimine entre los distintos estratos del patronato agrario– se coparticipen con las provincias y sean asignadas exclusivamente a combatir la pobreza y a reconstruir la infraestructura física del país y no al pago de la deuda? ¿Tendremos que subirnos a la Sierra Maestra para que el Estado regule cuidadosamente el desempeño de las privatizadas y avance en un programa de “desprivatización” para aquellas que se compruebe que han estafado al fisco y a los usuarios? ¿Habrá que esperar el cañonazo del Aurora para derogar la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz? En suma: no es un tema de chicanas o recontrachicanas, sino de exigirle al Gobierno que haga lo que debe hacer. Que tenga la osadía de ser un poquito reformista. Y si no hace lo que hay que hacer es porque no quiere, no porque no puede. Y si no quiere no veo la razón para que tengamos que apoyarlo en contra de un fantasmagórico “mal mayor”, espectro invariablemente agitado por quienes quieren que nada cambie en este país y que termina en el posibilismo y la resignación. Como creo que estas dos actitudes son inadmisibles, ética y políticamente, es que me opongo a entrar en el repetido juego de “nosotros” o el “mal mayor”, que desde hace décadas viene empujando a la Argentina hacia el abismo y hacia nuestra degradación como sociedad. Tiene razón Grüner cuando dice que “no estamos ante una batalla entre dos modelos de país; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural”. Corrijo: es un solo modelo, pero no es el de la Sociedad Rural, pobrecita, sino el de los grandes ausentes de este debate y que los compañeros del Mocase oportunamente trajeron al primer plano en su nota del viernes 25 en Página/12: es el modelo del gran capital transnacional, cuyas naves insignia en materia agraria son Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, Nidera, Cargill, Bunge, Dreyfus, Dow y Basf. Y si este modelo prosperó fue porque desde Menem hasta nuestros días –aclaro, dada la susceptibilidad ambiente, que me parece un disparate decir como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem– no hubo un solo gobierno, tampoco el de los Kirchner, que intentara cambiar el modelo agrario-exportador y poner fin a la sumisión de nuestro país a las transnacionales. Todos facilitaron cada vez más las cosas para que la Argentina se convierta en una especie de emirato sojero, y si hoy el Gobierno se queja de la rapacidad “del campo” sería bueno que se interrogue por qué no hizo nada para impedir que lleguemos a esta situación. Por lo tanto, lo de “reformista” es una concesión gratuita a un gobierno que, por lo menos hasta ahora, no ha hecho ningún esfuerzo serio para hacerse acreedor de ese calificativo.

Programa del 1º de Mayo de 1968 de la CGTA

El programa de la CGTA (de los Argentinos) fue la alternativa programática de los trabajadores adheridos a la central sindical. Uno de los redactores del programa fue Rodolfo Walsh, escritor y militante argentino que continua desaparecido.

1.
Nosotros, representantes de la CGT de los Argentinos, legalmente constituida en el congreso normalizador Amado Olmos, en este Primero de Mayo nos dirigimos al pueblo.

Los invitamos a que nos acompañen en un examen de conciencia, una empresa común y un homenaje a los forjadores, a los héroes y los mártires de la clase trabajadora.

En todos los países del mundo ellos han señalado el camino de la liberación. Fueron masacrados en oscuros calabozos como Felipe Vallese, cayeron asesinados en los ingenios tucumanos, como Hilda Guerrero. Padecen todavía en injustas cárceles.

En esas luchas y en esos muertos reconocemos nuestro fundamento, nuestro patrimonio, la tierra que pisamos, la voz con que queremos hablar, los actos que debemos hacer: esa gran revolución incumplida y traicionada pero viva en el corazón de los argentinos.

2.
Durante años solamente nos han exigido sacrificios. Nos aconsejaron que fuésemos austeros: lo hemos sido hasta el hambre.

Nos pidieron que aguantáramos un invierno: hemos aguantado diez. Nos exigen que racionalicemos: así vamos perdiendo conquistas que obtuvieron nuestros abuelos. Y cuando no hay humillación que nos falte padecer ni injusticia que reste cometerse con nosotros, se nos pide irónicamente que “participemos”.

Les decimos: ya hemos participado, y no como ejecutores sino como víctimas en las persecuciones, en las torturas, en las movilizaciones, en los despidos, en las intervenciones, en los desalojos.

No queremos esa clase de participación.

Un millón y medios de desocupados y subempleados son la medida de este sistema y de este gobierno elegido por nadie. La clase obrera vive su hora más amarga. Convenios suprimidos, derechos de huelga anulados, conquistas pisoteadas, gremios intervenidos, personerías suspendidas, salarios congelados.

La situación del país no puede ser otro que un espejo de la nuestra. El índice de mortalidad infantil es cuatro veces superior al de los países desarrollados, veinte veces superior en zonas de Jujuy donde un niño de cada tres muere antes de cumplir un año de vida. Más de la mitad de la población está parasitada por la anquilostomiasis en el litoral norteño; el cuarenta por ciento de los chicos padecen de bocio en Neuquén; la tuberculosis y el mal de Chagas causan estragos por doquier. La deserción escolar en el ciclo primario llega al sesenta por ciento; al ochenta y tres por ciento en Corrientes, Santiago del Estero y el Chaco; las puertas de los colegios secundarios están entornadas para los hijos de los trabajadores y definitivamente cerradas las de la Universidad.

La década del treinta resucita en todo el país con su cortejo de miseria y de ollas populares.

Cuatrocientos pesos son un jornal en los secaderos de yerba, trescientos en los obrajes, en los cañaverales de Tucumán se olvida ya hasta el aspecto del dinero.

A los desalojos rurales se suma ahora la reaccionaria ley de alquileres, que coloca a decenas de miles de comerciantes y pequeños industriales en situación de desalojo, cese de negocios y aniquilamiento del trabajo de muchos años.

No queda ciudad en la República sin su cortejo de villas miserias donde el consumo de agua y energía eléctrica es comparable al de las regiones interiores del Africa. Un millón de personas se apiñan alrededor de Buenos Aires en condiciones infrahumanas, sometidas a un tratamiento de gheto y a las razzias nocturnas que nunca afectan las zonas residenciales donde algunos “correctos” funcionarios ultiman la venta del país y donde jueces “impecables” exigen coimas de cuarenta millones de pesos.

Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar en el punto donde otros las dejaron, viejas banderas de la lucha.

3.
Grandes países que salieron devastados de la guerra, pequeños países que aún hoy soportan invasiones e implacables bombardeos, han reclamado de sus hijos penurias mayores que las nuestras. Si un destino de grandeza nacional, si la defensa de la patria, si la definitiva liquidación de las estructuras explotadoras fuesen la recompensa inmediata o lejana de nuestros males, ¿qué duda cabe de que los aceptaríamos en silencio?

Pero no es así. El aplastamiento de la clase obrera va acompañado de la liquidación de la industria nacional, la entrega de todos los recursos, la sumisión a los organismos financieros internacionales. Asistimos avergonzados a la culminación, tal vez el epílogo de un nuevo período de desgracias.

Durante el año 1967 se ha completado prácticamente la entrega del patrimonio económico del país a los grandes monopolios norteamericanos y europeos. En 1958 el cincuenta y nueve por ciento de lo facturado por las cincuenta empresas más grandes del país correspondía a capitales extranjeros; en 1965 esa cifra ascendía al sesenta y cinco por ciento; hoy se puede afirmar que tres cuartas partes del gran capital invertido pertenece a los monopolios.

La empresa que en 1965 alcanzó la cifra más alta de ventas en el país, en 1968 ha dejado de ser argentina. La industria automotriz está descoyuntada, dividida en fragmentos que han ido a parar uno por uno a los grupos monopolistas. Viejas actividades nacionales como la manufactura de cigarrillos pasaron en bloque a intereses extranjeros. El monopolio norteamericano del acero está a punto de hacer su entrada triunfal. La industria textil y la de la alimentación están claramente penetradas y amenazadas.

El método que permitió este escandoloso despojo no puede ser más simple. El gobierno que surgió con el apoyo de las fuerzas armadas, elegido por nadie, rebajó los aranceles de importación, los monopolios aplicaron la ley de la selva -el dumping-, los fabricantes nacionales, hundiéronse. Esos mismos monopolios, sirviéndose de bancos extranjeros ejecutaron luego a los deudores, llenaron de créditos a sus mandantes que con dinero argentino compraron a precio de bancarrota las empresas que el capital y el trabajo nacional habían levantado en años de esfuerzo y sacrificio.

Este es el verdadero rostro de la libre empresa, de la libre entrega, filosofía oficial del régimen por encima de ilusorias divisiones entre “nacionalistas” y “liberales”, incapaces de ocultar la realidad de fondo que son los monopolios en el poder.

Este poder de los monopolios que con una mano aniquila a la empresa privada ncional, con la otra amenaza a las empresas del Estado donde la racionalización no es más que el prólogo de la entrega, y anuda los últimos lazos de la dependencia financiera. Es el Fondo Monetario Internacional el que fija el presupuesto del país y decide si nuestra moneda se cotiza o no en los mercados internacionales. Es el Banco Mundial el que planifica nuestras industrias claves. Es el Banco Interamericano de Desarrollo el que indica en qué países podemos comprar. Son las compañías petroleras las que cuadriculan el territorio nacional y de sus mares aledaños con el mapa de sus inicuas concesiones. El proceso de concentración monopolista desatado por el gobierno no perdonará un solo renglón de la actividad nacional. Poco más y sólo faltará desnacionalizar la tradición argentina y los museos.

La participación que se nos pide es, además de la ruina de la clase obrera, el consentimiento de la entrega. Y eso no estamos dispuestos a darlo los trabajadores argentinos.

4.
La historia del movimiento obrero, nuestra situación concreta como clase y la situación del país nos llevan a cuestionar el fundamento mismo de esta sociedad: la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción.

Afirmamos que el hombre vale por sí mismo, independientemente de su rendimiento. No se puede ser un capital que rinde un interés, como ocurre en una sociedad regida por los monopolios dentro de la filosofía libreempresista. El trabajo constituye una prolongación de la persona humana, que no debe comprarse ni venderse. Toda compra o venta del trabajo es una forma de esclavitud.

La estructura capitalista del país, fundada en la absoluta propiedad privada de los medios de producción, no satisface sino que frustra las necesidades colectivas, no promueve sino que traba el desarrollo individual. De ella no puede nacer una sociedad justa ni cristiana.

El destino de los bienes es servir a la satisfacción de las necesidades de todos los hombres. En la actualidad prácticamente todos los bienes se hallan apropiados, pero no todos los hombres pueden satisfacer sus necesidades: el pan tiene dueño pero un dueño sin hambre. He aquí al descubierto la barrera que separa las necesidades humanas de los bienes destinados a satisfacerlas: el derecho de propiedad tal como hoy es ejercido.

Los trabajadores de nuestra patria, compenetrados del mensaje evangélico de que los bienes no son propiedad de los hombres sino que los hombres deben administrarlos para que satisfagan las necesidades comunes, proclamamos la necesidad de remover a fondo aquellas estructuras.

Para ello retomamos pronunciamientos ya históricos de la clase obrera argentina, a saber:
• La propiedad sólo debe existir en función social.

• Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos derecho a intervenir no sólo en la producción, sino en la administración de las empresas y la distribución de los bienes.

• Los sectores básicos de la economía pertenecen a la Nación. El comercio exterior, los bancos, el petróleo, la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos deben ser nacionalizados.

• Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos.

• Los monopolios que arruinan nuestra industria y que durante largos años nos han estado despojando, deben ser expulsados sin compensación de ninguna especie.

• Sólo una profunda reforma agraria, con las expropiaciones que ella requiera, puede efectivizar el postulado de que la tierra es de quien la trabaja.

• Los hijos de obreros tienen los mismos derechos a todos los niveles de la educación que hoy gozan solamente los miembros de las clases privilegiadas.

A los que afirman que los trabajadores deben permanecer indiferentes al destino del país y pretenden que nos ocupemos solamente de problemas sindicales, les respondemos con las palabras de un inolvidable compañero, Amado Olmos, quien días antes de morir, desentrañó para siempre esa farsa:

El obrero no quiere la solución por arriba, porque hace doce años que la sufre y no sirve. El trabajador quiere el sindicalismo integral, que se proyecte hacia el control del poder, que asegura en función de tal el bienestar del pueblo todo. Lo otro es el sindicalismo amarillo, imperialista, que quiere que nos ocupemos solamente de los convenios y las colonias de vacaciones.

5.
Las palabras de Olmos marcan a fuego el sector de dirigentes que acaban de traicionar al pueblo y separarse para siempre del movimiento obrero. Con su experiencia, que ya era sabiduría profética, explicó los motivos de esa defección.

“Hay dirigentes -dijo-, que han adoptado las formas de vida, los automóviles, las casas, las inversiones y los gustos de la oligarquía a la que dicen combatir. Desde luego con una actitud de ese tipo no pueden encabezar a la clase obrera”.

Son esos mismos dirigentes los que apenas iniciado el congreso normalizador del 28 de marzo, convocado por ellos mismos, estatutariamente reunido, que desde el primer momento sesionó con el quórum necesario, lo abandonaron por no poder dominarlo y cometieron luego la felonía sin precedentes en los anales del sindicalismo de denunciar a sus hermanos ante la Secretaría de Trabajo. Son ellos los que hoy ocupan un edificio vacío y usurpan una sigla, pero han asumido al fin su papel de agentes de un gobierno, de una oligarquía y de un imperialismo

¿Qué duda cabe hoy de que Olmos se refería a esos dirigentes que se autocalifican de “colaboracionistas” y “participacionistas”? Durante más de un lustro cada enemigo de la clase trabajadora, cada argumento de sanciones, cada editorial adverso, ha sostenido que no existía en el país gente tan corrompida como algunos dirigentes sindicales. Costaba creerlo, pero era cierto. Era cierto que rivalizaban en el lujo insolente de sus automóviles y el tamaño de sus quintas de fin de semana, que apilaban fichas en los paños de los casinos y hacían cola en las ventanillas de los hipódromos, que paseaban perros de raza en las exposiciones internacionales.

Esa satisfacción han dado a los enemigos del movimiento obrero, esa amargura a nosotros. Pero es una suerte encontrarlos al fin todos juntos -dirigentes ricos que nunca pudieron unirse para defender trabajadores pobres-, funcionarios y cómplices de un gobierno que se dice llamado a moralizar y separados para siempre de la clase obrera.

Con ellos, que voluntariamente han asumido ese nombre de colaboracionistas, que significa entregadores en el lenguaje internacional de la deslealtad, no hay advenimiento posible. Que se queden con sus animales, sus cuadros, sus automóviles, sus viejos juramentos falsificados, hasta el día inminente en que una ráfaga de decencia los arranque del último sillón y de las últimas representaciones traicionadas.

6.
La CGT de los Argentinos no ofrece a los trabajadores un camino fácil, un panorama risueño, una mentira más. Ofrece a cada uno un puesto de lucha.

Las direcciones indignas deben ser barridas desde las bases. En cada comisión interna, cada gremio, cada federación, cada regional, los trabajadores deben asumir su responsabilidad histórica hasta que no quede un vestigio de colaboracionismo. Esa es la forma de probar que la unidad sigue intacta y que los falsos caudillos no pueden destruir desde arriba lo que se ha amasado desde abajo con el dolor de tantos.

Este movimiento está ya en marcha, se propaga con fuerza arrasadora por todos los caminos de la República.

Advertimos sin embargo que de la celeridad de ese proceso depende el futuro de los trabajadores. Los sectores interesados del gobierno elegido por nadie no actúan aún contra esta CGT elegida por todos; calculan que la escisión promovida por dirigentes vencidos y fomentada por la Secretaría de Trabajo bastará para distraer unos meses a la clase obrera, mientras se consuman etapas finales de la entrega.

Si nos limitáramos al enfrentamiento con esos dirigentes, aun si los desalojáramos de sus últimas posiciones, seríamos derrotados cuando en el momento del triunfo cayeran sobre nosotros las sanciones que debemos esperar pero no temer.

El movimiento obrero no es un edificio ni cien edificios; no es una personería ni cien personerías; no es un sello de goma ni es un comité; no es una comisión delegada ni es un secretariado. El movimiento obrero es la voluntad organizada del pueblo y como tal no se puede clausurar ni intervenir.

Perfeccionando esa voluntad pero sobre todo esa Organización debemos combatir con más fuerza que nunca por la libertad, la renovación de los convenios, la vigencia de los salarios, la derogación de leyes como la 17.224 y la 17.709, la reapertura y creación de nuevas fuentes de trabajo, el retiro de las intervenciones y la anulación de las leyes represivas que hoy ofenden a la civilización que conmemora la declaración y el ejercicio de los derechos humanos.

Aun eso no es suficiente. La lucha contra el poder de los monopolios y contra toda forma de penetración extranjera es misión natural de la clase obrera, que ella no puede declinar. La denuncia de esa penetración y la resistencia a la entrega de las empresas nacionales de capital privado o estatal son hoy las formas concretas del enfrentamiento. Porque la Argentina y los argentinos queremos junto con la revolución moral y de elevamiento de los valores humanos ser activos protagonistas y no dependientes en la nueva era tecnológica que transforma al mundo y conmociona a la humanidad.

Y si entonces cayeran sobre nosotros los retiros de personería, las intervenciones y las clausuras, será el momento de recordar lo que dijimos en el congreso normalizador: que a la luz o en la clandestinidad, dentro de la ley o en las catacumbas, este secretariado y este consejo directivo son las únicas autoridades legítimas de los trabajadores argentinos, hasta que podamos reconquistar la libertad y la justicia social y le sea devuelto al pueblo el ejercicio del poder.

7.
La CGT de los Argentinos no se considera única actora en el proceso que vive el país, no puede abstenerse de recoger las aspiraciones legítimas de los otros sectores de la comunidad ni de convocarlos a una gran empresa común, no puede siquiera renunciar a la comunicación con sectores que por una errónea inteligencia de su papel verdadero aparecen enfrentados a nuestros intereses. Apelamos pues:

• A los empresarios nacionales, para que abandonen la suicida política de sumisión a un sistema cuyas primeras víctimas resultan ellos mismos. Los monopolios no perdonan, los bancos extranjeros no perdonan, la entrega no admite exclusiones ni favores personales. Lealmente les decimos: fábrica por fábrica los hemos de combatir en defensa de nuestras conquistas avasalladas, pero con el mismo vigor apoyaremos cada empresa nacional enfrentada con una empresa extranjera. Ustedes eligen sus alianzas: que no tengan que llorar por ellas.

• A los pequeños comerciantes e industriales, amenazados por desalojo en beneficio de cuatro inmobiliarias y un par de monopolios dispuestos a repetir el despojo consumado con la industria, a liquidar los últimos talleres, a comprar por uno lo que vale diez, a barrer hasta con el almacenero y el carnicero de barrio en beneficio del supermercado norteamericano, que es el mercado único, sin competencia posible. Les decimos: su lugar está en la lucha, junto a nosotros.

• A los universitarios, intelectuales, artistas, cuya ubicación no es dudosa frente a un gobierno elegido por nadie que ha intervenido las universidades, quemando libros, aniquilando la cinematografía nacional, censurando el teatro, entorpeciendo el arte. Les recordamos: el campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra.

• A los militares, que tienen por oficio y vocación la defensa de la patria: Nadie les ha dicho que deben ser los guardianes de una clase, los verdugos de otra, el sostén de un gobierno que nadie quiere, los consentidores de la penetración extranjera. Aunque se afirme que ustedes no gobiernan, a los ojos del mundo son responsables del gobierno. Con la franqueza que pregonan les decimos: que preferiríamos tenerlos a nuestro lado y del lado de la justicia, pero que no retrocederemos de las posiciones que algunos de ustedes parecieran haber abandonado pues nadie debe ni puede impedir el cumplimiento de la soberana voluntad del pueblo, única base de la autoridad del poder público.

• A los estudiantes queremos verlos junto a nosotros, como de algún modo estuvieron juntos en los hechos, asesinados por los mismos verdugos, Santiago Pampillón y Felipe Vallese. La CGT de los Argentinos no les ofrece halagos ni complacencias, les ofrece una militancia concreta junto a sus hermanos trabajadores.

• A los religiosos de todas las creencias: sólo palabras de gratitud para los más humildes entre ustedes, los que han hecho suyas las palabras evangélicas, los que saben que “el mundo exige el reconocimiento de la dignidad humana en toda su plenitud, la igualdad social de todas las clases”, como se ha firmado en el concilio, los que reconocen que “no se puede servir a Dios y al dinero”. Los centenares de sacerdotes que han estampado su firma al pie del manifiesto con que los obispos del Tercer Mundo llevan a la práctica las enseñanzas de la Populorum Progressio: “La Iglesia durante un siglo ha tolerado al capitalismo… pero no puede más que regocijarse al ver aparecer en la humanidad otro sistema social menos alejado de esa moral… La Iglesia saluda con orgullo y alegría una humanidad nueva donde el honor no pertenece al dinero acumulado entre las manos de unos pocos, sino a los trabajadores obreros y campesinos”.Ese es el lenguaje que ya han hablado en Tacuarendí, en Tucumán en las villas miserias, valerosos sacerdotes argentinos y que los trabajadores quisiéramos oir en todas las jerarquías.

8.
La CGT convoca en suma a todos los sectores, con la única excepción de minorías entregadoras y dirigentes corrompidos, a movilizarse en los cuatro rincones del país para combatir de frente al imperialismo, los monopolios y el hambre. Esta es la voluntad indudable de un pueblo harto de explotación e hipocresía, herido en su libertad, atacado en sus derechos, ofendido en sus sentimientos, pero dispuesto a ser el único protagonista de su destino.

Sabemos que por defender la decencia todos los inmorales pagarán campañas para destruirnos. Comprendemos que por reclamar libertad, justicia y cumplimiento de la voluntad soberana de los argentinos, nos inventarán todos los rótulos, incluso el de subversivos, y pretenderán asociarnos a secretas conspiraciones que desde ya rechazamos.

Descontamos que por defender la autodeterminación nacional se unirán los explotadores de cualquier latitud para fabricar las infamias que les permitan clausurar nuestra voz, nuestro pensamiento y nuestra vida.

Alertamos que por luchar junto a los pobres, con nuestra única bandera azul y blanca, los viejos y nuevos inquisidores levantarán otras cruces, como vienen haciendo a lo largo de los siglos.
Pero nada nos habrá de detener, ni la cárcel ni la muerte. Porque no se puede encarcelar y matar a todo el pueblo y porque la inmensa mayoría de los argentinos, sin pactos electorales, sin aventuras colaboracionistas ni golpistas, sabe que sólo el pueblo salvará al pueblo.

Publicado en  on Mayo 3, 2008 at 3:03 pm Dejar un comentario