Honduras: un poco de Historia

ESTAMPAS DE HONDURAS

Por Fernando Ramón Bossi

LA RESISTENCIA INDÍGENA CONTINÚA

Como en todo rincón de América la población indígena del actual territorio hondureño resistió a la conquista europea. Socremba, Cicumba, Lempira y otros tantos más, son los nombres que hoy figuran en la lista de caciques que se enfrentaron al colonialismo español. Pero todos, de una u otra forma, fueron derrotados. Durante la colonia la mayoría de la población indígena fue esclavizada para trabajar en las plantaciones y en las minas. El exterminio fue enorme; los menos pudieron huir hacia las montañas y las selvas. Pero la persecución aún sigue. Los tolupanes se aislaron lo más que pudieron. En sitios prácticamente inaccesibles se instalaron; la Montaña de la Flor es uno de ellos. Pero desde 1991 unos 40 miembros de la etnia, entre ellos varios dirigentes, han sido asesinados por defender sus tierras. Las empresas madereras y los terratenientes han ocupado una buena parte de las tierras otorgadas por el Estado a los tolupanes. “Tenemos muchos problemas con la tierra, hay unos hombres que han venido a nuestras tierras y no se quieren ir. Me tienen azorado, pero yo voy a defender mi tierra. Me voy a quedar aquí”, dijo Julio Soto, cacique de la tribu de La Ceiba.

LOS CARIBES NEGROS

Dos barcos negreros, repletos de esclavos provenientes de la costa occidental de África, naufragan frente a la isla de San Vicente. Los africanos sobrevivientes son acogidos fraternalmente por los indios caribes. Era el año 1635. Los nuevos pobladores, mezclados con los caribes, dieron origen a la población garífuna. En San Vicente, franceses e ingleses explotaban plantaciones de caña de azúcar con mano de obra esclava negra. La presencia de “negros libres”, como eran los garífunas, representaba un mal ejemplo para los esclavistas europeos. Tras cruentas batallas contra el ejército británico, donde se destacaría al líder Joseph Satuyé, los garífunas son derrotados. Los colonialistas ingleses no dudaron en arrasar casas y poblaciones enteras. Menos de 4.000 sobrevivientes son deportados a la isla Balliceaux en Las Granadinas. Allí, más de la mitad de la población muere por hambre y enfermedad. Los 1.600 que quedaron vivos fueron trasladados lejos de la región, a las islas de la Bahía, frente a las costas de Honduras. De allí, muchos fueron trasladados a tierra firme. Los garífunas representan hoy una pequeña pero significativa franja de la población de Honduras.

CECILIO DEL VALLE

Se lo conoce como el “sabio Valle”, y realmente lo era. Fue redactor del Acta de Independencia de Centroamérica y ferviente luchador por la unidad de nuestra América. Sus escritos al respecto conciben un plan para la realización de la unidad promoviendo un congreso donde “se crearía un Poder que, uniendo las fuerzas de 14 ó 15 millones de individuos, haría a la América superior a toda agresión; daría a los Estados débiles la potencia de los fuertes; y prevendría las divisiones intestinas de los pueblos sabiendo éstos que existía una federación calculada para sofocarlas. Se formaría un foco de luz que, iluminando la causa general de la América, enseñaría a sostenerla con todos los conocimientos que exigen sus grandes intereses”. El tucumano Bernardo Monteagudo, representante de Bolívar en Centroamérica, intentó entrevistarse con Cecilio del Valle, pero la reunión nunca se efectuó porque éste se encontraba en México. A su retorno de Guatemala, Monteagudo le escribe a del Valle, con quien intercambiaba correspondencia, diciéndole que el Libertador Bolívar estaba muy complacido en autorizar la publicación de sus escritos: “con razón, él cree que usted es uno de los grandes defensores de la libertad que el Nuevo Mundo tiene en el sur”. El coronel Monteagudo, colaborador directo del Libertador en lo concerniente a la convocatoria del Congreso Anfictiónico, escribió el “Ensayo sobre la necesidad de una Federación general entre Estados Hispanoamericanos”. Esta importante obra, dice el autor en su introducción, recoge el espíritu de los trabajos de Cecilio del Valle. José Cecilio del Valle fue electo Presidente de Centro América, pero no pudo desempeñar tal cargo debido a su muerte el 2 de marzo de 1833. Su pasión por contribuir a la unidad de nuestra América, lo llevó a decir: “América no caminará un siglo atrás de Europa: marchará a la par primero; la avanzará después; y será al fin la parte más ilustrada por las ciencias, como es la más iluminada por el Sol”.

BANDERA DE HONDURAS

La bandera de Honduras, al igual que la de El Salvador, Nicaragua y Guatemala toma sus colores de la bandera de las Provincias Unidas Centroamericanas: azul, blanco y azul. Pero, ¿de donde vienen estos colores? La historia nos cuenta que durante esos años, toda Centroamérica, que estaba gobernada por los españoles, fue atacada por mar, tanto desde el Pacífico como desde el Atlántico por medio de buques que desplegaban la bandera azul, blanca y azul. La explicación es simple: la bandera en cuestión era la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que desde 1816 se habían declarado independientes de “España y cualquier potencia extranjera”. Con patente de corso, Luis Aury desde el Caribe e Hipólito Bouchard desde el Pacífico, sin ningún tipo de coordinación entre ambos, incursionaron por las costas centroamericanas. El primero atacó la Fortaleza de San Fernando de Omoa y la de Santa Bárbara de Trujillo en Honduras, la segunda El Realejo (Nicaragua) y Sonsonete (El Salvador). Por oriente y occidente llegaba la imagen de la bandera azul y blanca que combatía contra los colonialistas españoles. Los independentistas centroamericanos, se inspiraron en esa bandera a la hora de crear su pabellón nacional. De ahí viene la bandera hondureña con cinco estrellas en su centro que representa la unión centroamericana.

FRANCISCO MORAZÁN

El 3 de octubre de 1792, en Tegucigalpa, nació José Francisco Morazán Quesada. Fue fusilado en San José de Costa Rica 18 días antes de cumplir sus 50 años y 21 años después de la declaración de independencia de Centroamérica. Morazán había combatido por la Federación Centroamericana y contra los opositores a ésta: el partido conservador que nucleaba en su seno al alto clero, los grandes terratenientes y los comerciantes ricos. En más de veinte batallas, sus tropas lo habían visto combatir en primera fila. Fue general conocedor de tácticas y estrategias, pero también de combate cuerpo a cuerpo. Fue conductor de pueblos y gobernante de ideas liberales y democráticas. La aristocracia clerical y terrateniente centroamericana nunca le perdonó el haber suprimido el diezmo, como tampoco el haber confiscado la tierra de la Iglesia, principal latifundista de la región. La oligarquía, con la ayuda de las potencias de turno, recuperaron espacio y desgarraron Centroamérica en cinco pequeños y débiles países. “Mi amor a Centroamérica muere conmigo”, escribió Morazán en su testamento pocas horas antes de ser fusilado. Dicen que después de la primera descarga del escuadrón de fusilamiento, Morazán, tendido en el suelo, levantó su cabeza y dijo: “Aún estoy vivo”. Dicen también que una segunda descarga terminó con su vida. Mas el pueblo centroamericano con su lucha parece desmentir la última versión. CATRACHOS Cuando William Walker se apoderó del gobierno de Nicaragua y restableció la esclavitud, los centroamericanos dejaron de lado, al menos por un momento, sus luchas intestinas y se unieron para combatir al aventurero yanqui. El general Florencio Xatruch, con tropas hondureñas, derrotó la invasión filibustera financiada por los esclavistas del sur de Estados Unidos y con beneplácito del gobierno de ese país, que pretendía anexionarse toda Centroamérica. “Ahí vienen los catrachos”, decían los nicaragüenses cuando veían pasar victoriosas a las tropas de hondureños comandadas por Xatruch. El apellido del general era difícil de pronunciar. De “Catruch” pasó a “catrachos”, refiriéndose a sus soldados. De ahí quedó el apodo de catrachos para todos los hondureños. El general Florencio Xatruch había combatido como sargento en el ejército de Francisco Morazán. Luego del fusilamiento del prócer unionista, Xatruch quedó inmerso en las luchas permanentes entre conservadores y liberales.

“LA AHORACADINA DE OLANCHO”

Era 1868. Con gran satisfacción, observó el Presidente José María Medina las calaveras enjauladas de Bernabé Antúnez y Francisco Zabala. Los “trofeos”, colgaban de un árbol en el cerro El Vigía, situado en la parte norte de Juticalpa. “Medinón”, como apodaban al presidente por su gran contextura física, visitaba la región tras haber derrotado a los “comunistas de hecho” –así los llamaba-, que se habían insurreccionado tres años antes contra su gobierno. Antúnez y Zabala habían liderado un levantamiento de campesinos y pequeños ganaderos del lugar, descontentos por la voracidad de los grandes hacendados que, cada vez más, se apoderaban de grandes extensiones de tierra. El presidente Medina, ultra conservador y respaldado por la Iglesia, no dudó en enviar a su militar preferido para aplacar la rebelión: el general Juan Antonio Medina, más conocido como “Medinita”. “Medinita” y sus hombres se trasladaron de inmediato al teatro de operaciones. Allí, desplegando una política de “tierra arrasada”, pusieron fin a la insurrección. El saldo fue de 600 campesinos ahorcados y más de 200 fusilados. De ahí en más, a “Medinita” lo apodaron “el General Bejuco”. El horror causado en la población al ver tantos cuerpos colgados de los árboles, hizo que se produjera una migración en masa hacia otras regiones del país, aparte de las 600 familias de campesinos que fueron deportadas. Los hacendados y sus familias recibieron con algarabía al Presidente Medina, hubo arcos de palmas y resonar de campanas, discursos y banquetes, algarabía y bailes. Olancho no era la misma, se había despoblado.

EL “CINCHONERO”

En 1868, Serapio Romero, conocido como el “Cinchonero” mata a machetazos, en duelo a muerte, a Nazario Garay, mayor de la plaza de Juticalpa. Comenzaba otra insurrección en Olancho contra el Presidente José María Medina. El viejo general Florencia Xatruch aparecía como instigador de la revuelta, desde su exilio en El Salvador. Para esa época, el gobierno de Medina había solicitado un empréstito a Inglaterra con el fin de construir un ferrocarril que uniera el Atlántico con el Pacífico. Todo fue una gran estafa y, para colmo, el presidente se había comprometido con entregar tierras a los ingleses a cambio de nada. El levantamiento de Serapio Romero fue contra esa entrega y por las justas demandas de los campesinos pobres del lugar. Una de las primeras medidas que adopta el “Cinchonero” al tomar Juticalpa fue la de rescatar las cabezas aún expuestas en el cerro El Vigía de Antúnez y Zabala, y proceder a darle cristiana sepultura. Poco tiempo después, el “Cinchonero” es derrotado y decapitado por las fuerzas represivas. El Movimiento Popular de Liberación “Cinchonero”, MPL-C, que actuó en la lucha armada por los años 80, llevó su nombre en homenaje a Serapio Romero.

ACUERDO DE CABALLEROS

En un barco estadounidense, anclado en Puerto Cortés, el general Miguel Dávila y el general Manuel Bonilla acuerdan hacer la paz. Uno liberal, el otro conservador. El general Manuel Bonilla había desembarcado en La Ceiba, financiado por Samuel Zemurray, dueño de la Cuyamel Fruit Company, junto a dos aventureros norteamericanos. Lee Christmas y su socio y amigo Guy “Ametralladora” Maloney. Los “matones” yanquis comandaron las operaciones. Con muchas municiones y armamentos que recibieron de los Estados Unidos, fácilmente derrotaron a las fuerzas de Dávila. A bordo del “Tacoma”, los dos hondureños se ponen de acuerdo, bajo la supervisión del cónsul estadounidense Thomas G. Dawson. Cinco meses después Manuel Bonilla asume la presidencia y a los pocos días, mediante decreto número 78, se ceden en arrendamiento, al señor Samuel Zemurray, diez mil hectáreas de tierras. Con razón afirmaba Zemurray: “En Honduras un diputado es más barato que una mula”.

LAS BANANERAS

Ferrocarril a cambio de tierras, era el gran negocio de los políticos hondureños, y también de los dueños de las bananeras. “Ustedes construyen una cantidad determinada de kilómetros de vías férreas y se le otorgan, en concesión, tierras para sus plantaciones”. El promedio era de 50 hectáreas por cada kilómetro de vía férrea. Los empresarios no podían creer la oferta: “construimos líneas férreas, que las necesitamos para el transporte del banano desde nuestras plantaciones a los puertos de exportación, y encima, nos ofrecen las mejores tierras del país”. “Okey”, contestaban los hermanos Vaccaro (Standard Fruit Company), Samuel Zemurray (Cuyamel Fruit Company) y los representantes de la United Fruit Company. Cada empresa amparaba a sus políticos, los promovía, financiaba y… en muchos casos los empleaba en sus firmas. La cuestión era que esos políticos tenían que alcanzar niveles de decisión para favorecer con su influencia a la empresa tutora. A raíz de esto, las disputas entre las bananeras y “sus” políticos provocarían sangrientas guerras civiles. Así, durante más de treinta años los hondureños se desangraron en luchas intestinas. Lo común era que la United Fruit Company financiara al Partido Liberal, y la Cuyamel Fruit Company al Partido Nacional (conservadores), pero esto podía cambiar. En 1929 la United Fruit se unificó con la Cuyamel. Mágicamente acabaron las guerras civiles, una sola empresa empezaba a monopolizar la producción bananera de Honduras.

DE “POCHO” MORALES A MISTER MORALES

Allá por 1920 un joven estadounidense, residente en Honduras, Franklin “Pocho” Morales salva a una joven mujer que se estaba ahogando. Resulta que la muchacha era hija de un influyente senador norteamericano. Este señor, sumamente agradecido del gesto solidario del joven, quiere recompensarlo de alguna manera. Franklin trabajaba como barman en un distinguido hotel de Tegucigalpa y estaba en Estados Unidos de visita. Tomándose su tiempo, pensó y le pidió al senador que lo promoviera como cónsul en Honduras, argumentando que, por su trabajo, conocía a todos los políticos de importancia de ese país. El senador analizó la solicitud y le comentó a Franklin que esos cargos estaban destinados únicamente al personal de carrera, pero que tuviera paciencia dado que estaba haciendo las consultas pertinentes. Franklin Morales no pudo ser cónsul de Estados Unidos en Honduras, las leyes norteamericanas se lo impedían. Pero como bien había prometido el senador, el “Pocho” Morales fue recompensado, y en enero de 1924 fue designado embajador de los Estados Unidos en Honduras. Más tarde Mister Morales se haría famoso al llamar, sin autorización del Congreso de Estados Unidos, a 200 marines para proteger su legación en Tegucigalpa.

DICTADURAS

Era la vuelta a la “Edad de Piedra” en Centroamérica. Jorge Ubico gobernaba en Guatemala y coleccionaba estatuas y estatuillas de Napoleón con la misma pasión con que asesinaba a sus opositores; Maximiliano Hernández Martínez “El Brujo”, mandaba matar campesinos en El Salvador con la conciencia tranquila, porque sostenía firmemente que “es un crimen mayor matar a una hormiga que a un ser humano, ya que el hombre vuelve a nacer después de muerto mientras que la hormiga muere para siempre”; Anastasio Somoza se adueñaba de Nicaragua luego de asesinar a Sandino y, en Honduras, llegaba al poder Tiburcio Carías Andino. De la mano de la United Fruit Company, Tiburcio, jefe del Partido Nacional (conservadores), gobernará despóticamente el país durante 16 años. Corrupción, represiones sangrientas, persecuciones y demás arbitrariedades caracterizaron al gobierno dictatorial; siempre con la complacencia de los Estados Unidos y en particular de las bananeras. “Magno gobernante”, “caudillo laborioso”, “paisano destacado”, “máximo hombrón”, “preclaro estadista”, “gobernante modelo” y “conspicuo político”, eran las formas en que sus acólitos se dirigían a él. Estos mismos aduladores decretaron el día 14 de marzo, fecha del nacimiento de dictador, como “Día de la Paz y de dar Gracias a Dios”.

CARÍAS Y GÁLVEZ

La caída de los regímenes de Hernández Martínez y Jorge Ubico envalentonaron a los opositores del dictador Carías Andino. En San Pedro Sula una importante manifestación irrumpía para pedir la renuncia del presidente y la realización de elecciones libres y democráticas. La marcha fue pacífica y sin ningún incidente. Horas antes el Ministro de Guerra, Juan Manuel Gálvez había dado plenas garantías a los manifestantes. Patrullas de soldados y policías vigilaban la marcha. El propio presidente Carías había trasladado de Olancho al mayor Ángel Funes para que se hiciese cargo del operativo. La marcha duró una hora, y al finalizar un manifestante, el doctor Antonio Peraza, solicitó a Funes permiso para dirigir unas palabras. Pero Funes no aceptó. El periodista Alejandro Irías se acercó al mayor para tratar de convencerlo, mientras tanto Peraza se dirigió al público diciendo: “Pueblo sampedrano, habéis dado una muestra más de verdadero civismo; la patria os lo agradece, ¡viva Honduras!”. Cuando escuchó Funes la voz del orador desenfundó su pistola y le asestó un balazo mortal al periodista Alejandro Irías. “Sigan la movilización, hijos de puta”, gritó otro militar. Y como si esa fuera la señal, comenzaron los policías a disparar sus ametralladoras de mano, fusiles y pistolas. Más de cien personas murieron en lo que se llamó la “Masacre del 6 de julio”. Tiburcio Carías Andino gobernaría cinco años más. Lo sucedería su Ministro de Guerra, Juan Manuel Gálvez, hombre también de la United Fruit.

JUAN PABLO WAINWRIGHT

En las mazmorras del dictador Jorge Ubico, un hombre era torturado salvajemente. Tras recobrar el conocimiento, la víctima alcanza a decirles a los torturadores que puede ofrecerles revelaciones extraordinarias, pero que sólo lo hará frente al presidente guatemalteco. -¿Qué tiene usted que revelarme?, pregunta el General Ubico apersonándose en el Penal. -Lo he llamado para decirle que Usted es un miserable, un verdugo y una bestia humana-. Acto seguido le escupe la cara al dictador. Ubico tiembla de rabia y le cruza un latigazos en la cara. Juan Pablo Wainwright había nacido en Santa Bárbara, Honduras, en 1894. A los 16 años partió de su casa para unir su destino a los pobres de la tierra. Trabajó de obrero, pescador, mozo, campesino y marinero. Recorrió Estados Unidos, Alaska, África, el lejano Oriente y se alistó como soldado en la Primera Guerra Mundial. En 1920 regresa a Honduras y ya es dirigente de las primeras huelgas contra las empresas bananeras del país. Wainwright es uno de los fundadores de la Federación Obrera Hondureña (FOH) y del Partido Comunista Hondureño (PCH). Acusado de sedición, es encarcelado durante el gobierno de Mejías Colindres, pero logra fugarse del Castillo de Omoa. Huye a Guatemala y reinicia sus actividades políticas y sindicales. La dictadura de Ubico lo encarcela junto a otros militantes comunistas. Todos son absueltos menos él. En febrero de 1932, luego del incidente con el dictador, sufre la pena capital. Frente al pelotón de fusilamiento grita a viva voz: “¡Viva la internacional comunista! ¡Viva la clase obrera! ¡Abajo el capitalismo y sus lacayos!”.

SONETOS Y ANTIIMPERIALISMO

“El imperialismo del Norte es un pulpo formidable, cuyas gigantescos tentáculos se alargan siniestramente sobre los países débiles”, decía Froylán Turcios desde el Boletín de Defensa Nacional, editado por él junto a un grupo de intelectuales hondureños a raíz de la intervención yanqui de 1924. Froylán Turcios, escritor, poeta y periodista, ponía su pluma al servicio de la causa nacionalista latinoamericana. Y más aún, unos pocos años después funge como representante internacional del General de Hombres Libres, Augusto Sandino. Más allá de las desavenencias que se produjeron entre ellos, Sandino supo estimarlo como un hombre valiente y honesto. En “Oración al Hondureño”, el literato escribe: “Y no olvidaré jamás que mi primer deber será, en todo tiempo, defender con valor su soberanía, su integridad territorial, su dignidad de nación independiente; prefiriendo morir mil veces antes que ver profanado su suelo, roto su escudo, vencido su brillante pabellón”. Sobre el escritor Turcios, diría Rubén Darío: “Es un caso típico de nuestra zona: produce libros, escribe periódicos y hace revoluciones”.

LORENZO ZELAYA

De jovencito trabajó para la Tela Rail Road Company, empresa subsidiaria de la United Fruit Company. Allí conoció en carne propia la explotación a que eran sometidos los trabajadores del banano. Su lucha sindical lo lleva a la presidencia de la Federación Nacional de Campesinos de Honduras, FENACH. Ferviente luchador por la Reforma Agraria, sufrió cárceles y persecuciones. Lorenzo Zelaya se preparó políticamente pero murió asesinado junto a otros seis hombres, cuando se iba a incorporar a la guerrilla, el 30 de abril de 1965 en la Montaña de El Jute. Cuenta Doña María, viuda de Lorenzo Zelaya, que antes de partir le había dicho: – Me voy porque quiero ayudar al pueblo-. – ¿Pero usted no piensa en sus hijos?, ¿no piensa usted que puede fracasar?, ¿me ama a mí?, le pregunté. -Cierto, la amo, pero yo tengo que luchar. Yo amo al pueblo y los amo a ustedes. Yo quiero ver crecer a mis hijos con usted, pero la lucha así es, y yo he nacido para defender al pueblo. Yo amo al pueblo y los amo a ustedes-, contestó Lorenzo.

GOLPE, GUERRA Y BANANAGATE

El general Oswaldo López Arellana deja el poder inmediatamente después que el gobierno de Estados Unidos le baja el pulgar. Se había descubierto que, para frenar un alza de impuesto a las exportaciones, la United Brands había sobornado al primer mandatario y a altos funcionarios del gobierno. En 1963, López Arellana había dado un Golpe de Estado. Desde el gobierno disolvió el Congreso, prohibió la actividad política, declaró el estado de excepción y justificó su accionar por la “amenaza comunista”. Seis años después, a causa de la expulsión de salvadoreños, que a su vez habían sido expulsados de su propia tierra por la voracidad de los terratenientes, y, con la excusa de la rivalidad surgida entre ambos países por la disputa en las clasificatorias al mundial de fútbol del ’70, se desata una guerra fratricida que fue conocida con el frívolo nombre de “La Guerra del Fútbol”. Cien horas duró el conflicto. Más de cuatro mil muertos fue el saldo.

NEGROPONTE

Tras el triunfo del sandinismo en Nicaragua los norteamericanos reforzaron su presencia militar en Honduras. Con el presidente Carter se incrementó la ayuda militar a 3.5 millones de dólares. Apenas cuatro años después, en 1984, la llamada ayuda militar estadounidense ascendía a 77.5 millones de dólares. Pero más allá de esa “ayuda”, tanto el ejército, como los “contras” y los escuadrones de la muerte también recibían financiamiento a través del narcotráfico. Ya ha quedado demostrado cómo, con el dinero de la droga, la CIA y la embajada de Estados Unidos adquirían armas, las cuales eran transportadas a Honduras para armar a las fuerzas represivas. Todo esto fue gracias a la gestión de John Demetri Negroponte, quien fue embajador entre 1981 y 1985. Su tarea ahí era lograr la caída del gobierno sandinista de Nicaragua y para eso se crearon, armaron y entrenaron los “contras”, mercenarios que debían enfrentar y derrocar al ejército sandinista. Estos mercenarios, se hicieron famosos por haber cometido toda clase de abusos y crímenes contra la población civil nicaragüense, salvadoreña y hondureña. Negroponte sigue ocupando altos cargos en el Departamento de Estado, como también sigue afirmando que: “es simplemente falso que existían escuadrones de la muerte en Honduras”.

“MI BIBLIA ES MI PROTECCIÓN”

En 1982 el general Gustavo Álvarez Martínez, entrenado en los Estados Unidos e íntimamente vinculado a la CIA y a la Castle & Cooke (antigua Standard Fruit Company), pasó a ser el “hombre fuerte” de Honduras. Como Jefe del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, uno de sus primeros actos fue desmantelar las cooperativas bananeras. Con instructores argentinos –a quienes admiraba por la forma en que estaban combatiendo la “subversión” en su país- y la CIA, creó el siniestro Batallón 3-16. La cantidad de crímenes cometidos por los miembros del Batallón, a las órdenes de Álvarez, se desconoce aun, pero se estima en cientos. Torturas, asesinatos y desapariciones fueron los métodos utilizados por este cuerpo de militares bajo la anuencia del gobierno estadounidense y del embajador Negroponte. En 1983, el gobierno de Reagan lo condecoró con la Legión de Mérito por “promover el éxito del proceso democrático en Honduras”. Su amistad con Donald Winters, jefe de la CIA en Honduras, era tan estrecha que cuando Winters adoptó una niña le pidió a Álvarez que fuera su padrino. En marzo de 1984 Álvarez cayó en desgracia. Por un tema vinculado a la malversación de fondos fue deportado a Costa Rica. De allí se fue a vivir, junto a su familia, a Miami. A los años, convertido en un fanático predicador decidió regresar a Honduras. “Mi Biblia es mi protección”, contestaba ante la pregunta si no tenía miedo en regresar a su país después de lo ocurrido. Pero la Biblia es sabia. En enero de 1989 un comando del Movimiento Popular de Liberación “Cinchonero”, MPL-CH concretó un acto de justicia popular y llenó su cuerpo de plomo.

HONDURAS: CENTRO DEL MUNDO

Para los Estados Unidos, durante la década del ’80, Honduras era una pieza clave del rompecabezas centroamericano. En Nicaragua había triunfado el Frente Sandinista, en El Salvador la guerrilla avanzaba peligrosamente, en Panamá el General Omar Torrijos había encendido la tea del nacionalismo militar y en Guatemala la insurgencia también actuaba. Al imperialismo yanqui le quedaba acudir a Honduras y Costa Rica, mas este último no tenía fuerzas armadas. La opción entonces era reforzar, en todo lo posible a los militares catrachos, como también desplegar fuerzas propias en territorio hondureño. De enero a agosto 1983 se llevaron a cabo las maniobras denominadas Ahuas Tara I, realizada en la zona fronteriza con Nicaragua Allí participaron 1660 efectivos norteamericanos que, con 4 mil hondureños, establecieron amplias infraestructuras militares en Honduras. Desde agosto de 1983 a febrero de 1984, en el Ahuas Tara II, 10 mil efectivos norteamericanos y 5 mil hondureños simularon una invasión naval a la región. Entre abril a junio de 1984, las maniobras Granadero I incluyeron mil efectivos norteamericanos más un batallón de ingeniería, sumados a tres mil hondureños y un número no determinado de salvadoreños. En dicho operativo, se construyeron pistas militares en la frontera hondureña, como también ejercicios militares de contrainsurgencia y rápido despliegue. Michael Sheehan, capitán de las operaciones de fuerzas especiales del ejército yanqui, resumió la perspectiva estadounidense sobre Honduras: “Este basurero es el centro del mundo ahora”.

MADE IN USA1

Mano de obra barata y leyes de “flexibilización” laboral tentaron a las grandes empresas capitalistas para afincar maquilas en todo el sur del planeta. En Honduras actualmente funcionan cerca de 230 de ellas, que ocupan alrededor de 130.000 trabajadores. Una empresa maquiladora puede operar en Honduras de tres maneras; por medio de la Zona Libre (ZOLI), por medio de las Zonas Industriales de Procesamiento (ZIP) y como empresa de Régimen de Importación Temporal (RIT). Con cualquiera de estas modalidades están exentas de impuestos. De las que operan, 95 son estadounidenses, 63 asiáticas, 58 hondureñas y 14 de otros países. Los sueldos en una maquiladora oscilan entre 130 y 150 dólares por mes, con jornadas laborales que van entre 10 y 12 horas. SETISA, una de las maquiladoras radicadas en Honduras y de capital estadounidense, por ejemplo, paga 0.90 dólares por una hora de trabajo, durante la cual se confecciona una camiseta marca Sean John, que en cualquier tienda de Nueva York se vende a 40 dólares. Cuenta una trabajadora de esta empresa: “Cuando Bárbara y Charlie me mostraron el precio de una camisa Sean John, no pude creerlo. Sabíamos que eran caras. Pero qué sorpresa darnos cuenta que valen 40 dólares. Las trabajadoras en Honduras nunca imaginamos que podría costar tanto. Nosotras producimos más de mil de estas camisas por día, y una sola camisa pagaría más que mi salario de una semana”.

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Un poco más de 500 jóvenes asesinados fue el saldo del accionar de las bandas delictivas en Honduras durante el 2007. La Pandilla 18 y la Mara Salvatrucha nacieron en Los Ángeles, Estados Unidos allá por los años 80. Muchos jóvenes de ambas organizaciones fueron deportados por el gobierno estadounidense por diferentes razones, otros regresaron por su propia cuenta. A la delincuencia juvenil ya existente en Honduras, como en otros países de Centroamérica, se le sumo este nuevo artículo de importación. Cerca de 100 mil jóvenes están involucrados, de una u otra manera a estos grupos armados. Sus edades oscilan entre 12 y 25 años. Los candidatos del bipartidismo propusieron varias ideas para solucionar el tema de la delincuencia. Unos sostuvieron que había que, previo democrático referendo, implantar la pena de muerte; los menos duros hablaron de represión, duplicar las fuerzas policiales y aumentar las condenas. Las maras y pandillas viven, fundamentalmente, del tráfico de estupefacientes y del sicariato, están vinculadas a los grandes cárteles mexicanos y colombianos y son, sin duda, un subproducto del capitalismo de Estados Unidos, principal país del mundo en el consumo de drogas.

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Allá por la “Era Reagan”, cuando los Estados Unidos y toda la oligarquía centroamericana luchaban contra el sandinismo, se instala en Honduras la Base Enrique Soto Cano. Esta base militar fue utilizada como centro de operaciones de los mercenarios contratados por los Estados Unidos para derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua. Conocidos como la “contra”, esta fuerza paramilitar fue instruida por funcionarios de la CIA y militares estadounidenses, contando entre otros al tristemente célebre Oliver North. Desde la Base, se planificaban y lanzaban los operativos que costaron la vida de miles de nicaragüenses, hondureños y salvadoreños. Soto Cano cuenta con una pista capaz de recibir grandes aviones destinados al transporte de tropas. Actualmente residen cerca de 600 militares estadounidenses y es sede de Fuerza de Tarea Conjunta Bravo. Según ellos, la misión de la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo es “incentivar la unión y llevar a cabo ejercicios de inter agencia en el Área de Operaciones Conjunta, para realizar seguridad y cooperación regional y apoyar el desarrollo democrático”. Entre otros actos de “acción humanitaria”, en su página web, destacan la donación de 700 mochilas para niños y niñas hondureñas, como la de 320 pares de zapatos destinados a tres orfanatos. Aunque la Constitución de Honduras no permite legalmente la presencia militar extranjera en el país, nada indica que existan planes de desalojo.

POLÍTICA Y DINERO

“La alianza con el ALBA es como regresar al pasado en donde los izquierdistas, comunistas manejaban la economía de los países”, señaló el empresario Miguel Facussé ante la iniciativa del presidente Zelaya de incorporarse a esa organización. El “Club de Coyolito” o el “Club de la Americana” son los espacios donde se reúnen los ricos y famosos de Honduras. Por allí desfilan los Rosenthal, los Ferrari, los Canahuati Larach y los Facussé, los Nasser, los Lamas, los Kafie… los dueños de Honduras. Según un medio periodístico, un funcionario del gobierno de Zelaya, que no quiso identificarse, señaló que estos empresarios fueron claros cuando hablaron con el primer mandatario: “Ustedes son temporales, en cambio nosotros somos permanentes. Queremos que se nos consulte en las decisiones, queremos contratos y participar de las licitaciones, opinar sobre algunos nombramientos de funcionarios públicos y contratos de publicidad con el Estado”.

EL CLUB DE COYOLITO

Coyolito es un lugar paradisíaco ubicado en la isla de Zacate Grande, en el Golfo de Fonseca. Allí han levantado suntuosas residencias los poderosos empresarios hondureños. Es el paraísos de los ricos y famosos de Honduras. Dado que el lugar es demasiado bello para que lo disfruten los pobres, los capitalistas catrachos no han dudado en comprar las tierras del lugar a precios irrisorios, cuando no han apelado al desalojo directo de sus pobladores. Tras despojar a punta de pistola a varias familias del lugar, los Facussé y los Nasser, se han adueñado de importantes terrenos que no eran de ellos. Los lugareños, desde hace ya unos años se han organizado para defender sus derechos, mas la justicia no llega, y últimamente han sido víctimas de intimidación, persecución y amenazas por parte de personal armado que actúa al servicio de los empresarios. Club de Coyolito es el nombre con que se denomina al grupo de oligarcas que ahora mantiene lujosas residencias de veraneo en ese lugar. Desde allí, las familias prominentes de Honduras organizan bodas, fiestas, agasajos, reciben a visitantes extranjeros y también, parece ser, previa escala por la Base de Soto Cano, organizan golpes de Estado.

Publicado en on Julio 28, 2009 at 6:50 pm Dejar un comentario

Haití y la Revolución Latinoamericana

¿Por qué hablar de Haití? ¿Qué representa ese pequeño país, situado en una isla, para los latinoamericanos?

La república de Haití es la primera experiencia triunfante de la emancipación latinoamericana. En 1804 se independiza de Francia como culminación de un proceso de búsqueda de autonomía política que se había iniciado en 1790 y había tenido al ex esclavo Toussaint Louverture como jefe principal de la Revolución.

Cuando estalla la Revolución Burguesa en Francia, y enuncia los derechos del Hombre, los esclavos Haitianos (en ese momento de la isla llamada La española) creyeron que se había abierto la posibilidad de que su realidad fuera transformada y así llegar a la liberación.

El conflicto comienza con los negros libertos que buscaban tener una mayor representación en el gobierno de la colonia, pero al poco tiempo ya los esclavos se organizaron con el fin de la abolición del sometimiento. Cabe recordar que en ese momento se calcula que la población era de 800 mil habitantes de los cuales 700 mil eran esclavos. Como sucede siempre, y vale recordarlo para los que hacen abstracción teórica, cualquier revolución ocurre en un contexto determinado y tiene que lidiar con los problemas de la época en que vive. En este caso, al tener a España cercana al territorio que se quería dominar, Louverture establece una alianza con ella contra Francia que durará hasta 1794 cuando los franceses resuelven que los negros de América también podían ser libres, aboliendo la esclavitud. Mientras duró la alianza con los españoles (que luego se quedaron con una porción del territorio que hoy se llama República Dominicana) Louverture fue construyendo un ejército que respondiera a él. Así fue que llegado el momento de negociar con los franceses, ya era el general de un ejército de 20 mil hombres negros que querían dejar atrás la esclavitud.

En 1794 cuando Francia asimila la situación de la esclavitud y ve como posible la pérdida de la colonia a manos españolas o inglesas, arregla con Louverture el alto el fuego y el reconocimiento como gobernador de toda la isla (ya que este último había invadido la parte española donde se mantenía la esclavitud, luego de quebrada la alianza con el país ibérico).

Este proceso culmina en 1801 con la 1º Constitución Haitiana donde no se produce la declaración de independencia, pero si se establece la autonomía. Con Francia la relación sería como Estado asociado o como Estado independiente, eso lo resolvería el reconocimiento o no que hicieran los europeos del proceso haitiano. Los franceses tendrían que lidiar con un líder negro, ex esclavo, para resolver el abastecimiento de azúcar, y mantener la posición estratégica en América. Tanto Haití como Cuba son la puerta de entrada de los europeos en América, debido a su posición en el Océano Atlántico. Por eso la importancia de estos países desde el punto de vista geopolítico.

Claro está que la situación para los negros en el poder no era fácil. Además de las luchas internas por el liderazgo, se sucedían los atropellos, de ingleses, franceses y españoles que a su vez se apoyaban en la reciente emancipada Norteamérica. Es importante notar que cuando los Estados Unidos resolvieron independizarse de Inglaterra, el reino español y el francés (países competidores en el orden mundial) llegaron a tomar deuda para apoyar esta acción de los americanos contra los ingleses. Cuando una colonia de esclavos francesa toma la decisión de adquirir su libertad, ni España ni Inglaterra apoyan fuertemente en contra de Francia. El apoyo existe solamente con fuertes condicionamientos económicos y territoriales que sólo cambian el país del cual se depende.

El peso de la cuestión racial hace que la geopolítica se subordine a los prejuicios del mundo europeo. Es decir, si los que se independizan son blancos y comerciantes hasta es posible endeudarse para ayudarlos. Si se independizan negros esclavos, es mejor no meterse, aislarlos, salvo que se pueda sacar un provecho económico y conseguir una nueva colonia. Así han actuado las naciones europeas con nuestros pueblos: originario, negro y mestizo.

La pregunta que surgía ante esta situación es como se iba a organizar la nueva sociedad con la esclavitud abolida. En lo económico no cambiaba demasiado la situación, se seguía con la lógica de las plantaciones, fundamentalmente de azúcar, pero ahora eran negros libres los que iban a la misma. Se era libre, pero había un compromiso con la sociedad que lo liberaba. Faltaba un proyecto de reemplazo del antiguo orden económico por uno nuevo. No existía el modo, todavía, de incorporar a los negros libertos al nuevo país cambiando la lógica de organización social.

Así con la llegada de Alexandre Petión, en 1807, se producirá una repartición de tierra que forjará las posibilidades de construcción de una nueva sociedad. La constitución de 1801 no llegaba a eso, pero reconocía al negro como actor de la sociedad haitiana. Lo reconocía dentro de la Nación Francesa. Podríamos decir que al igual que ocurrió en el resto de América, era una Revolución democrática, que luego se transformará en nacional al declarar la independencia. Pero en su comienzo estableció la posibilidad de convivencia con el mundo europeo.

Esta experiencia va a durar hasta 1802 cuando la Francia napoleónica decidió enviar 42 mil hombres para recuperar la isla al mando de Leclerc, cuñado de Napoleón (esto habla de la importancia de la isla para el mundo europeo). Los haitianos resistirán y podrán expulsar al enemigo, pero perderán en la batalla a su jefe que, al haber aceptado una propuesta de negociación, fue llevado a Francia donde muere de frío y hambre por la traición francesa.

A pesar de la pérdida del máximo dirigente, la revolución no va perder su curso. El ejército que había creado Louverture fue lo suficientemente sólido como para terminar con los franceses e instaurar la primera República Latinoamericana en 1804. Con Jean Jacques Dessalines a la cabeza se establece la independencia, se crea un nuevo calendario, se prohíbe que los blancos sean propietarios, se establece que todos los haitianos de ahora en más son “Negros”[1]. Así también establece que el territorio que habitaban iba a llevar el nombre de Haití, voz que provenía de la lengua arawak, de los pueblos originarios asesinados por los españoles y franceses. Es decir que establecían una unión muy fuerte con la tierra que habitaban, ya no eran parte de África, se habían hecho latinoamericanos.

Este proceso de transformación marcó a toda Latinoamérica. Los europeos lo intentaron aislar, mediante la demonización, pero fue el encuentro entre Petión, presidente y líder haitiano, y Simón Bolívar, general de la resistencia contra el español en lo que será la Gran Colombia[2], en 1816 lo que hizo que este último comprendiera que sin los oprimidos de América no iba a poder triunfar. Al conocer la experiencia de reforma agraria en el sur de Haití liderada por Petión, Bolívar volvió a Caracas con la promesa de que ni bien pisara el territorio venezolano aboliría la esclavitud. Esto decirlo es fácil, pero hay que recordar que Bolívar provenía de una familia que comerciaba esclavos, con lo cual la transformación aún es mayor. Y así lo hizo Bolívar, y por eso logró conformar su ejército con todo el pueblo, incluyendo a los negros y a los originarios.

Haití marcó la bisagra de la liberación latinoamericana junto con el levantamiento de Túpac Amaru en 1780, ya ningún proyecto de liberación latinoamericano podía no contar con las raíces del pueblo oprimido, los originarios, los negros y los mestizos.

En la actualidad la república de Haití está invadida por tropas de la ONU a partir del golpe de Estado contra Bertrand Aristide que había sido elegido democráticamente. El golpe del 2004 dado internamente con el apoyo de las ONG que crea la CIA norteamericana y financian el desorden y la destrucción para que Haití siga siendo una neocolonia estadounidense no debe ser aceptado por los latinoamericanos. El pueblo haitiano ha conocido la invasión imperialista norteamericana en gran parte del siglo XX.

Debemos saber que nuestro país participa de esa legitimación militar del golpe político, y expresar nuestra oposición. Ellos ayudaron a la liberación de nuestros pueblos de la colonización española. Es hora de que nosotros no apoyemos a los que buscan destruir la posibilidad de su liberación, porque en eso se va también posibilidad de la unidad latinoamericana.

Ignacio Politzer


[1] En una asimilación y reversión del contenido negativo del término admirable, siendo el puntapié de la historia de la reversión de los conceptos que construye el poder dominante opresor como los descamisados argentinos o los forajidos ecuatorianos

[2] La Gran Colombia fue el proyecto bolivariano de constitución de una República integrada por los actuales territorios de Venezuela, Ecuador, Colombia, Panamá, parte de Guyana y pequeños territorios de Brasil y de Costa Rica. Se creó en 1821 y en 1830 tuvo su declive y fragmentación.

Publicado en on Noviembre 15, 2008 at 2:49 pm Comentarios (1)

Discusión interna del movimiento popular

 

REALISMO O REVOLUCIÓN

Por Daniel Chango Illanes – San Juan

Mal que mal, con tropiezos, con confusiones, con presiones, avances y retrocesos, lo que se vive en la Venezuela de Chávez y en la Bolivia de Morales, son procesos revolucionarios. El kirchnerismo argentino no es revolucionario ni quiere serlo. La derecha lo castiga por su política de derechos humanos, y por el crecimiento de agrupaciones políticas que son potencialmente revolucionarias, aunque todavía no lo son. Cuentan con figuras revolucionarias en su seno, pero el kirchnerismo funciona como un control disciplinario de estas. Esa es la gran diferencia entre la historia que se vive en Venezuela y Bolivia, y la que se vive en la Argentina.

 

El peronismo y el progresismo argentinos y buena parte de la izquierda, están enfermos de dos enfermedades curables, pero que hoy se encuentran con pronóstico reservado: las dos enfermedades son próximas y contagiosas: una es el realismo resignado y otra es el realismo cínico.

 

El realismo resignado ataca con mucha virulencia a los peroprogresistas, y el realismo cínico ha instalado su cepaje de virus en el organismo peronista. El extremo de este último fue el menemismo y el duhaldismo. Pero también aparece en el actual gobierno. Los hermanos Gioja, difunden una propaganda que, usando de la bandera de la patria, dice “San Juan, ejemplo”. Quiere decir: en San Juan no hay conflicto con la derecha. Es lógico, el gobierno es la derecha. En San Juan no hay conflicto por las retenciones. ¿Para qué si el gobierno defiende a las mineras que son las que temen las retenciones?.

 

El realismo resignado es mucho más difundido que el realismo cínico. Es una enfermedad más leve, pero es peligrosa. La contagia varios, entre ellos Carlos Chacho Alvarez cuando dice que no hay posibilidades revolucionarias porque ya no hay épica. Es lógico que diga eso, porque para salir del realismo resignado lo que hace falta es épica. Con épica y gimnasia política – transpiratoria y no subsidiaria – se recupera el fervor y la fe, se recupera la idea de revolución. El realismo cínico es otra clase de mal: necesita extirpación, cirugía, no hay otra: es infeccioso. Por suerte su contagio es más lento, pero cuando agarra algún organismo desprevenido, lo transforma en un maldito portador sano de cosas que se transforman en ese despiadado creer sólo en la guita, y decir como dice el kirchnerismo oficial, porque es verdad que lo dice, “hay capitalismo para rato”.

 

Hay que volver a recuperar un discurso revolucionario, eso es lo único que puede permitirnos triunfar sobre la ofensiva oligárquica. Para eso hay que proponer el camino a un sistema nuevo que tenga un fundamento socialista en serio, con elementos sinérgicos del capitalismo y con una construcción estratégica del Estado. Eso se puede pensar y hacer pasando a la ofensiva y no desde un puro defensivismo resignado como el que tenemos ahora. No se puede esperar que la historia la resuelvan los Fernández ni mucho menos colgándose del primer tractor que pase. Pero tampoco tienen razón los que plantean la equidistancia cómoda, que es más distancia que “equi”. Presentan bien los problemas, por ejemplo, pero no dicen que camino seguir para imponer la solución. Me refiero a los socialreformistas de toda laya, incluso aquellos que están a nuestro lado, pero esperan algún día ganar una elección y se proponen sólo ponerse bajo la luz para que los filmen los medios. Hay que trabajar más en el oscuro, pero golpeando allí donde desconectemos la sinapsis activa del real enemigo imperialoligárquico. Acumular para meter un legislador más, no está mal, siempre que toquemos la estructura sensible del enemigo. De lo contrario es nada más que cholulodemocratismo.

Si la oligarquía se quiere adueñar de la República, nosotros debemos recuperar la antigua y sólida firmeza revolucionaria. Si la oligarquía toma una ruta, nosotros tenemos que tomar Cargill. Si la oligarquía desabastece, nosotros tenemos que abastecer. El pueblo está indiferente porque ve muchos negocios y negociantes y pocos líderes, le hablan mucho de plata, de inversiones, de cosas que no lo alcanzan y que él no puede alcanzar. Hay que recuperar de las bases de la sociedad las tecnologías del saber incorregible. En eso no nos puede ganar la clase media, sea de Gualeguaychú o de Cabildo Juramento.

Pero para eso no nos creamos que esta lucha se gana en lo medios o en formalinstitucionalismo. Para empezar no hacen falta encuestas sino una minoría clara, excelente, decidida y decisiva.

Publicado en on Junio 16, 2008 at 6:24 pm Dejar un comentario

Presentación Libro: “Tiemblen los tiranos por haber excitado nuestro enojo”

SEMANA DE MAYO

en la

UNIVERSIDAD POPULAR MADRES DE PLAZA DE MAYO

Miércoles 28 – 19 hs:

Presentación del libro

“Tiemblen los tiranos de haber excitado nuestro enojo”

Ediciones Madres de Plaza de Mayo

Participarán los siguientes autores

Gustavo Baeza / Mauro De Toma / Ignacio Politzer / Oscar Valero

Biblioteca Popular “Julio Huasi”,

Como parte de la celebración crítica y productiva del Bicentenario de la Revolución de Mayo que hemos propuesto desde la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, llega hoy el segundo volumen de esta colección, elaborado íntegramente por docentes y estudiantes de esta Casa de lucha y resistencia.

En el apasionante desafío de conocernos a nosotros mismos como colectivo nacional y americanista, laten aquí diversas miradas sobre la saga emprendida por José Gervasio de Artigas y sus más fieles aliados. También, un hilo conductor apenas insinuado por la historiografía considerada oficial, nos conduce a revisitar el Plan de Operaciones de la Primera Junta, a verificar las contradicciones del liberalismo doctrinario con la materialidad de la historia, y a considerar temas como la violencia que atraviesa nuestra historia desde la etapa colonial hasta nuestros días, tanto como el contexto geopolítico del período independentista, donde el Brasil de Pedro I y el Paraguay del Dr. Francia figuran como factores de poder imprescindibles para analizar el devenir de la revolución que diera su grito libertario aquel 25 de mayo de 1810, dejando ecos de furor y emancipación que aún esperan la armonía de un triunfo en unidad para Nuestra América.

Jueves 29 -19 hs:

REVOLUCIÓN DE MAYO: BICENTENARIO

Y ACTUALIDAD POLÍTICA

CHARLA DEBATE CON LA PARTICIPACIÓN DE

HEBE DE BONAFINI

Presidenta de la Asociación Madres de Plaza deMayo

NORBERTO GALASSO

Historiador

GERMÁN IBÁÑEZ

Director de la Licenciatura en Historia – UPMPM

en el marco de las Cátedras Bolivarianas

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

AUDITORIO

Hace Falta Peronismo

“Hace falta Peronismo”

Por Gustavo Baeza, Docente de las Cátedras Bolivarianas, Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.

EL DEBATE POLÍTICO EN LA ARGENTINA:

Comparto a continuación de estas reflexiones, dos artículos de análisis político de la realidad nacional, uno de Atilio Borón, y otro de Eduardo Gruner, acerca de un debate, que esta abriéndose en Argentina, en torno a la definición de un Proyecto Nacional. El debate al que me refiero, esta reflejado por ahora, en Página 12, diario que tal vez con sus contradicciones, es el único medio argentino de amplio alcnce que ofrece ideas, reflexiones y no solo basura, mixturada con alguna que otra cosa interesante, o se convierta abiertamente, en una trinchera de la anti-patria. En buena hora este debate. Se deriva de la dificultad en la que cae la actual administración de Cristina Fernández, fruto del enfrentamiento –tardío y por reacción- con un sector histórico de la clase dominante, y por defecto y desatino en la identificación mejor elaborada y compleja de los actores que conforman la producción agrícola-ganadera. Contexto y situación en la que debieran reparar con más atino, también, las entidades que como la FAA dicen representar al sector más retrasado en el esquema productivo argentino, no lo digo por que no lo representen en realidad, sino, por que en el como y el desde donde se representa a estos sectores, también importa a la hora de tomar cartas en la política.
Aclaración conceptual: REFORMISMO-GOBIERNO BURGUES parece ser el dilema que se debate en estos dos artículos que comparto –y a los que sumo mi reflexión- hasta acá el debate es rico e incluso los aportes programáticos para entender las limitaciones concretas a la hora del “que hacer” con la política en Argentina, desde una situación de poder y/ o de gobierno en un contexto regional e histórico, complejo y que puede ser capitalizable –si es que estamos a tiempo- en función de los interese populares. ¿PERO QUE SE ENTIENDE POR REFORMISMO? Y acá la cosa se pone interesante. Quiero sopesar, que para Borón, reformismo es igual PERONISMO. Es desalentador y llamativo, pero no sorprende, como este ingenioso intelectual del marxismo, innegablemente bastante alejado de la experiencia histórica del pueblo argentino –como tantos otros “marxistas” menos autorizados que él- califican a la Revolución justicialista de REFORMISTA: ¡todavía hoy!, eso es lo desalentador. Digo todo esto a los fines de contrastar lo que opina Borón –y es público- sobre Venezuela, de la que él no dudaría de su carácter revolucionario, ¿o si? Yo tampoco o no básicamente, claro, pero por razones muy distintas. Veamos lo que señala Borón:

“Pero, ¿dónde están las reformas que excitan la generosidad de Grüner y la réplica de Feinmann? No las veo. Para los incrédulos los invito a comparar la gestión del kirchnerismo ya no con el reformismo socialdemócrata escandinavo sino con las del primer peronismo, el del período 1946-1950. En aquellos años se fortaleció al movimiento obrero, se aprobó una vasta legislación laboral sin parangón en la periferia capitalista (vacaciones pagas, aguinaldo, jubilaciones, estabilidad laboral, indemnizaciones por despidos, tribunales de trabajo, accidentes laborales, obras sociales, etcétera), se creó el IAPI, el Banco de Crédito Industrial, la flota mercante del Estado, Aerolíneas Argentinas, y se nacionalizaron el Banco Central, los depósitos bancarios, los ferrocarriles, los teléfonos, la electricidad y el gas.”

¿Para Borón el peronismo fue reformismo? ¿Esto es lo que quiso decir realmente? Más allá de que esto sea así o no y lo que piense este intelectual, valga la cita para entrar en un tema que me parece necesario, por que este razonamiento existe, tiene y entidad en el debate de las ideas. No voy a pedirle a este señor una reflexión o revisión sobre una posición ya a su altura, experiencia y venalidad adjunta, adoptada hace rato. Tampoco voy a ser yo: un desconocido, el que desmerezca la trayectoria de este intelectual. Lejos eso de mis intenciones. Pero si voy a señalar la persistencia de un pasionalismo recalcitrante que nubla el razonamiento de muchos intelectuales del campo popular, y los limita mucho -de veras- a la hora de pensar cabalmente qué es la revolución para Latinoamérica, qué es el socialismo para Latinoamérica; y en definitiva, cuáles son las alternativas históricas y concretas para el campo popular en cada uno de nuestros países a la hora de diagramar el porvenir y allanar el camino para las esperanzas de las inmensas mayorías. No para otra cosa sirve la historia. Para abrevar en ella, para aprender de ella y así poder diagramar el porvenir.
Algunos razonamientos acercados por el mencionado autor en la nota que les comparto, tienen mucho valor programático a la hora del diagnóstico y son verdades factibles, por ejemplo, la falta de voluntad política de la actual administración para revertir la legislación en materia de entidades financiera, obturando el desarrollo de la mediana y pequeña industria, y otro tanto en lo que hace a la ley de radio difusión, situación estructural, esta, que configura un techo muy bajo para un gobierno o para un pueblo, que pretenda seriamente enfrentar a los poderosos multimedios engrandecidos principalmente con el pacto de silencio en el que entraron sus dueños, con el bastardo de Videla y su canallada, de allí la mencionada ley de radiodifusión, no nos hagamos los desentendidos. Pero las conclusiones a las que aborda el autor, subestiman, en mi modesta opinión, las dificultades de “la política” para desbaratar la majestuosa obra del “neoliberalismo” de “encorcetamiento” de un Estado argentino, entre otras cosas: estructuralmente colonial en su esencia y al servicio del capital financiero internacional, del imperialismo, más que de sus empleados de la clase dominante local/ foránea. Estado que llegó a ser en los noventa, figurilla y sombra, ya no de lo que podía ser éste Estado, independiente y soberano, durante la Revolución Justicialista, sino, de lo que éste fuera, en épocas de la socialdemocracia alfoncinista.

REVOLUCIÓN JUSTICIALISTA NO ES REFORMISMO:

Parece increíble tener que seguir explicándolo y volver a aclarar, pero no, así somos los argentinos, y tanto nos cuesta entender y asumir, nuestras virtudes y glorias como pueblo. A veces creo que ejercemos una especie de impunidad inconsciente, para desmerecernos como sociedad y como pueblo, desde el aire y la altanería por la cual suelen cargarnos en otras partes del mundo. Pero eso es tema para otra nota. Resulta que ahora -y parece que siempre, para algunos análisis y analistas- las mayores virtudes de la Revolución Justicialista –que en ningún momento por boca de su líder se declaró marxista, “¡gran pecado!” no permitido a un argentino revolucionario, por el “marxismo” local, pero si a Chávez- son reformismo. Por favor, que revisionismos más barato. Apoyar y alentar desde un gobierno popular, a la clase trabajadora a convertirse en sujeto de cambio y transformación de la sociedad; y configurar en su seno las posibilidades técnicas legales para revertir las condiciones materiales de opresión; y todo esto, con una legislación que operó como móvil y bandera de la resistencia peronista y la lucha del pueblo argentino hasta la llega de la fatídica noche de la dictadura de 1976, ahora resulta que son un mero maquillaje reformista. Al final vamos a tener que pensar que no es una chicana, sino una necesidad histórica, el que tengamos que construir un palacio de invierno en el país, para que los “marxistas” argentinos lo asalten y así puedan tener una revolución en su tierra, a la cual observar, y atender como antecedente histórico para poder diagramar un porvenir más esperanzador. No digo que Borón no rescate al peronismo, al menos desde su particular lectura, de él “reformismo” de esas épocas, lo rescata claro, acto seguido echa unas paladas de tierra encima, lo destapa para volverlo a tapar. Pero el valuarte de más de medio siglo de lucha, las banderas históricas de la clase trabajadora argentina consagradas, de pronto son reformismo. La negación y desautorización, esta vez por izquierda de las experiencias de nuestro pueblo, afloran graciosa e irresponsablemente. Si, ya se, no es fácil definir al peronismo, menos aún de cara a un falso e insistente revisionismo tan obtuso como, camaleónico que reniega sistemáticamente del él, y aunque más no sea, por la tangente y como “sin querer”, le hecha un poco más de tierra. Pero volviendo al tema de la legislación peronista –que implicó también una reforma constitucional, la del 49- uno diría, desde el marxismo, aplicado como herramienta de análisis, y no como retórica elitista auto-identitaria, que esta legislación: es una profunda revolución y transformación en las relaciones de fuerza del sistema productivo de un país, cristalizada otrora, en una legislación injusta y explotadora promovida por los sectores dominantes, que en un país colonial como el nuestro, es legislación del imperialismo.
Por vía de una legislación revolucionaria, el peronismo y para gobernar –mediando- entre el capital y los trabajadores, apelo al Estado como garante y promotor de estos últimos, tal cual lo fundamentaría su líder en la doctrina de la Tercera Posición de la Revolución Justicialista, esto, con el eje puesto, en el objetivo de acercar los intereses individuales, para hacerlos compatibles y armónicos con los de la comunidad en su totalidad, produciendo de esta manera, una perdurable y sustancial transformación de las relaciones de fuerza del sistema productivo y de la política, en un ingenioso esquema que se pretende superador de las recetas ofrecidas por el individualismo liberal, y el marxismo –o socialismo real- devenido en alternativa, cuando menos, hegemónica. ¿Qué más? La nacionalización de las empresas extranjerizadas, ¿es reformismo? Nacionalización de Techint en Venezuela en función de los interese de este pueblo hermano, ¿es reformismo? –algún “marxista” seguramente ya se adelanto a decir que si- hace falta que me o les responda la pregunta. Creo que no y respeto la lucidez del lector. No hay más ciego que el que no quiere ver. ¿Puede llamársele reformismo a la Revolución Justicialista?, ya vemos que si. Incluso, calificarse de tal modo la lucha antiimperialista de Perón en contra de las grandes empresas apoderadas de nuestro petróleo, nuestros trenes, servicios públicos, etc.
Hay que señalar finalmente -y allí coincido con Gruner –el autor del otro artículo que pongo a disposición, cuando sostiene en general, que lo de la vereda de enfrente espanta, que lo que se viene haciendo no es tan nefasto, y definitivamente el Estado, intenta salir torpemente de su inoperancia y “achicamiento”, léase segregación de su papel y asalto de su espacio por el mercado, producto de más de diez años de desidia y traición al proyecto histórico del peronismo. De esto no se sale así nomás. Perón no salió ileso de enfrentar al imperialismo, lo derrocó un golpe de estado, ejecutado por una sangrienta oligarquía. Lo que esta en la vereda de enfrente, llámese Elisa Carrio –que remite al conservadurismo más reaccionario del pensamiento radical, y no a los buenos frutos del Yrigoyenismo-; o llámese Mauricio Macri –que remite al “riñón” ideológico y cuyo poder y realidad actual, debemos radicar correctamente, enarbolada en el proyecto económico mismo de la dictadura militar genocida- es dramáticamente peor de lo que tenemos. Las críticas sin estas salvedades no son responsables. Y estas salvedades, de las circunstancias políticas, sin voluntad de transformarlas seriamente, tampoco son una alternativa superadora para el presente de la Argentina.
Hugo Chávez hoy diría “que hace falta peronismo en América Latina”, los pueblos del continente, cuando hablan de socialismo van en la misma línea. Al gobierno de Cristina Fernández también le hace falta peronismo, esto no es un pedido estricto –y también- a la cúpula del gobierno, máxime si se considera un gobierno peronista, asimismo, es una advertencia a los aliados tácticos o estratégicos de este gobierno, que tiene en sus manos la oportunidad e iniciativa, para llevar este debate al ámbito donde corresponde: al de la acción política, y un llamado al protagonismo popular de nuestro pueblo, que en Argentina, por sobre todas las cosas, es ejercer el peronismo. Adelante compañeros, ahora si los dejo con los artículos mencionados.

Burgués sí, pero, ¿reformista?

En el marco del desafío planteado por el lockout de los empresarios agrícolas se planteó el debate sobre los alcances políticos de la medida. En estas páginas, el sociólogo Eduardo Grüner argumentó que estaba en juego la legitimidad del Estado para intervenir en la economía y alertaba sobre los peligros “si la derecha gana”. El politólogo Atilio Boron se suma a la polémica cuestionando el “reformismo” del actual gobierno.
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Por Atilio A. Boron

Eduardo Grüner publicó un interesante y sugestivo artículo con el título “¿Qué clase(s) de lucha es la lucha del ‘campo’?” (Página/12, 16 abril 2008) con el cual tengo algunos acuerdos pero también bastantes discrepancias. Quisiera tratar sólo una de éstas: su definición, a mi modo de ver muy generosa, del kirchnerismo como un gobierno “reformista-burgués”. Sin embargo, esta caracterización provocó pocos días después la crítica de José Pablo Feinmann quien dijo que sería infantil esperar que el gobierno de Cristina fuera “revolucionario socialista”. Y agregó, “hoy, un gobierno reformista burgués es mucho más de lo que la Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados Unidos están dispuestos a aceptar en América latina. Al reformismo burgués le dicen populismo y, para ellos, es la peste”.

Es cierto que el reformismo burgués sigue siendo tan inaceptable hoy como en 1954, cuando el ensayo tímidamente reformista burgués de Jacobo Arbenz en Guatemala fue ahogado en un baño de sangre, y el Che conoció muy bien esa historia como para sacar las adecuadas lecciones del caso. Pero, ¿sobre qué base califican tanto Grüner como Feinmann al gobierno de los Kirchner como “reformista”? ¿Cuáles fueron las reformas que impulsaron y ejecutaron? Por supuesto, no es este el lugar para realizar un balance de lo actuado en el período abierto con la asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003. Digamos, eso sí, que el mayor acierto del período fue la política de derechos humanos, más allá de algunas inconsistencias (entre otras cosas, expresadas en la total incapacidad para proteger testigos como Julio Jorge López, desaparecido como en los tiempos de la dictadura) y que el otro logro de la gestión, menos importante que el anterior, se produjo en el campo de la política exterior, acompañando –no obstante sin mayor protagonismo– el embate de Chávez en contra del ALCA. No obstante, mismo en este terreno el panorama no dejó de tener llamativos contrastes porque simultáneamente Kirchner rechazaba reiteradas invitaciones para visitar Cuba, se mantenía al margen de la Cumbre de los No Alineados realizada en La Habana y viajaba a Nueva York, en 2006, para participar en la Asamblea General de la ONU rematando su viaje con una insólita visita a la Bolsa de Valores de Nueva York y declaraciones, a cuál más desafortunada, sobre el futuro capitalista de la Argentina. Para colmo, el año pasado cedió ante la presión de Washington e impulsó la aprobación, con fulminante rapidez, de una absurda legislación “antiterrorista” que en manos de cualquier otro gobierno puede ofrecer el marco legal necesario para la completa criminalización de la protesta social y la disidencia política.

Esos son los dos puntos fuertes del kirchnerismo, ayer y hoy. Admitido. Pero, ¿dónde están las reformas que excitan la generosidad de Grüner y la réplica de Feinmann? No las veo. Para los incrédulos los invito a comparar la gestión del kirchnerismo ya no con el reformismo socialdemócrata escandinavo sino con las del primer peronismo, el del período 1946-1950. En aquellos años se fortaleció al movimiento obrero, se aprobó una vasta legislación laboral sin parangón en la periferia capitalista (vacaciones pagas, aguinaldo, jubilaciones, estabilidad laboral, indemnizaciones por despidos, tribunales de trabajo, accidentes laborales, obras sociales, etcétera), se creó el IAPI, el Banco de Crédito Industrial, la flota mercante del Estado, Aerolíneas Argentinas, y se nacionalizaron el Banco Central, los depósitos bancarios, los ferrocarriles, los teléfonos, la electricidad y el gas. Durante su exposición en la Cámara de Diputados, en 1946, Perón pronunció, a propósito de la nacionalización del Banco Central, unas palabras que es oportuno recordar en los tiempos que corren en donde el pensamiento único no cesa de alabar las virtudes de la supuesta independencia de los bancos centrales. “¿Qué era el Banco Central? –se preguntaba Perón–. Un organismo al servicio absoluto de los intereses de la banca particular e internacional. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de estos últimos cincuenta años.” Aparte de eso, el Estado pasó a ocupar un lugar decisivo en la promoción de la industrialización y sus obras públicas –caminos, diques, escuelas, hospitales– cubrieron prácticamente toda la geografía nacional. Además se sancionó una nueva Constitución, en 1949, en la cual se establecía una serie de derechos sociales a tono con las conquistas que en ese terreno se estaban produciendo en el capitalismo europeo.

Un Estado inexistente

¿Y ahora? El Banco Central está en manos de un Chicago boy y la obra pública paralizada. El Estado, destruido por el menemismo, sigue postrado: no puede apagar un incendio de pastizales en una llanura porque carece sea del dinero, o de la idoneidad, para adquirir un avión hidrante canadiense que cuesta menos de veinte millones de dólares y que hubiera acabado con el fuego en un santiamén; no puede abastecer de monedas a la población; no puede regular ni supervisar el funcionamiento de las empresas privatizadas, y entonces los usuarios del ferrocarril periódicamente incendian estaciones y formaciones para hacer oír su protesta; no puede cobrarle impuestos a Aeropuertos 2000 y entonces se asocia en calidad de “socio bobo” y minoritario a la empresa en lugar de exigir el pago de lo adeudado; no puede garantizar que los caminos y rutas privatizadas estén en correcto estado de mantenimiento mientras decenas de viajeros mueren a diario en horribles (y evitables) accidentes; asiste de brazos cruzados a la desintegración de la red ferroviaria nacional y como única política propone un “tren bala”; no exige a las aerolíneas privatizadas que cumplan un diagrama de vuelos que sirva para integrar las principales ciudades del país, que los fines de semana se quedan aisladas; se muestra indiferente ante el saqueo de los recursos naturales, desde el petróleo y el gas hasta los minerales, y ante el gravísimo deterioro del medio ambiente causado por las explotaciones mineras; prosigue sumido en un estupor catatónico ante el calamitoso derrumbe de la educación y la salud públicas, sin que se le ocurra poner un centavo para remediar la situación, al paso que se ufana de los 50.000 millones de dólares atesorados –al igual que Harpagón, el protagonista de El avaro de Molière– mientras el pueblo pasa hambre, no puede educarse ni cuidar de su salud. Pese a disponer de una mayoría absoluta en ambas Cámaras del Congreso –que vota a libro cerrado cualquier proyecto que ordene la Casa Rosada–, Kirchner no envió una sola propuesta para reformar la estructura tributaria escandalosamente regresiva de la Argentina o para establecer una legislación que posibilitase un combate efectivo contra el desempleo, la exclusión social y la pobreza. Tampoco iniciativa alguna para recuperar el patrimonio nacional rematado durante el menemismo. Un gobierno que, por otra parte, a más de cinco años de inaugurado todavía no definió una política de distribución de ingresos, consolidación del mercado interno y desarrollo nacional. Es cierto que se disminuyó la proporción de pobres e indigentes, pero ésta aún se encuentra por muy encima de los valores existentes al inicio de la actual fase democrática de la Argentina, hace un cuarto de siglo. Con un agravante: que este gobierno dispuso de una coyuntura económica excepcional, como ningún otro en nuestra historia, lo que torna aún más imperdonable que una parte al menos de esa riqueza no hubiera llegado a satisfacer las demandas populares. Y pese a sus estentóreas denuncias en contra de la dictadura, dos piezas maestras de ese régimen: la Ley de Entidades Financieras y la Ley de Radiodifusión continúan en vigencia hasta el día de hoy. La renta financiera sigue estando libre de impuestos así como las ganancias resultantes de la venta de sociedades anónimas. Y el Gobierno sigue sin otorgarle el reconocimiento oficial a la CTA y convalidando, de ese modo, el control político de los sectores populares en manos de una burocracia cuyo desprestigio es absoluto. Esto explica, en gran medida, la indiferencia popular ante la ofensiva del mal llamado “campo”: el pueblo no salió a la calle a defender su gobierno porque no lo siente suyo. Y tiene razón. Sería bueno que el Gobierno dedicara algún tiempo a reflexionar sobre la génesis de esta alarmante pasividad popular.

La anterior es una lista incompleta y parcial, pero suficiente para demostrar que bajo ningún criterio mínimamente riguroso estamos en presencia de un gobierno reformista. Es un gobierno “democrático burgués” (con todas las salvedades que suscita esta engañosa expresión), pero donde el componente “burgués” gravita mucho más que el “democrático” y en donde el reformismo sólo existe en el discurso, no en los hechos. Es asombroso escuchar, como ha ocurrido reiteradamente en los últimos años, las invocaciones de los distintos ocupantes de la Casa Rosada exhortando a los argentinos a redistribuir el ingreso y a repartir de modo más equitativo la riqueza. En fechas recientes la Presidenta volvió a insistir sobre el tema, a propósito del paro agrario. Pero, si no lo hace el Gobierno, ¿quién lo puede hacer? ¿Qué esperan? Si por mí fuera emitiría un decreto de necesidad y urgencia desde mi cátedra de Teoría Política y Social de la UBA instituyendo una radical reforma del régimen impositivo y utilizaría ese dinero para mejorar los ingresos de todos quienes estén por debajo o un poco por encima de la línea de pobreza, pero, ¿quién me haría caso?, ¿qué juez atendería la demanda de los eventuales beneficiarios?, ¿cómo podría obligar a los contribuyentes más ricos y a las grandes empresas a pagar el nuevo impuesto? El Gobierno debería abstenerse de formular ese tipo de estériles exhortaciones.

El posibilismo es inaceptable

Creo que lo anterior demuestra con claridad que no hay “reformismo burgués”. ¡Ojalá lo hubiera! No porque el reformismo satisfaga mis esperanzas sino porque al menos nos posibilitaría avanzar unos pocos pasos en la construcción de una verdadera alternativa, es decir, una salida post capitalista a esta crisis sin fin en que se debate la Argentina, sea en el estancamiento tanto como en la prosperidad económica (que llega a unos pocos).

Por eso es que disiento de lo que plantea Grüner cuando dice que “si alguien nos chicanea con que terminamos optando por el ‘mal menor’ no quedará más remedio que recontrachicanearlo exigiéndole que nos muestre dónde queda, aquí y ahora, el ‘bien’ o su posible realización inmediata.” ¿Dónde queda el “bien”? Eso lo sabe Grüner tanto como yo: el “bien” es el socialismo. Pero mientras maduran las complejas condiciones para su construcción es posible la realización inmediata de algún “bien”, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situación en que nos hallamos. ¿O me va a decir que hará falta una revolución socialista para aproximar la estructura tributaria de la Argentina a la que tienen países como Grecia y Portugal en la Unión Europea, para no hablar de la que existe en Escandinavia? ¿Será preciso asaltar el Palacio de Invierno para que las retenciones al agro –totalmente justificadas en la medida en que se discrimine entre los distintos estratos del patronato agrario– se coparticipen con las provincias y sean asignadas exclusivamente a combatir la pobreza y a reconstruir la infraestructura física del país y no al pago de la deuda? ¿Tendremos que subirnos a la Sierra Maestra para que el Estado regule cuidadosamente el desempeño de las privatizadas y avance en un programa de “desprivatización” para aquellas que se compruebe que han estafado al fisco y a los usuarios? ¿Habrá que esperar el cañonazo del Aurora para derogar la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz? En suma: no es un tema de chicanas o recontrachicanas, sino de exigirle al Gobierno que haga lo que debe hacer. Que tenga la osadía de ser un poquito reformista. Y si no hace lo que hay que hacer es porque no quiere, no porque no puede. Y si no quiere no veo la razón para que tengamos que apoyarlo en contra de un fantasmagórico “mal mayor”, espectro invariablemente agitado por quienes quieren que nada cambie en este país y que termina en el posibilismo y la resignación. Como creo que estas dos actitudes son inadmisibles, ética y políticamente, es que me opongo a entrar en el repetido juego de “nosotros” o el “mal mayor”, que desde hace décadas viene empujando a la Argentina hacia el abismo y hacia nuestra degradación como sociedad. Tiene razón Grüner cuando dice que “no estamos ante una batalla entre dos modelos de país; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural”. Corrijo: es un solo modelo, pero no es el de la Sociedad Rural, pobrecita, sino el de los grandes ausentes de este debate y que los compañeros del Mocase oportunamente trajeron al primer plano en su nota del viernes 25 en Página/12: es el modelo del gran capital transnacional, cuyas naves insignia en materia agraria son Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, Nidera, Cargill, Bunge, Dreyfus, Dow y Basf. Y si este modelo prosperó fue porque desde Menem hasta nuestros días –aclaro, dada la susceptibilidad ambiente, que me parece un disparate decir como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem– no hubo un solo gobierno, tampoco el de los Kirchner, que intentara cambiar el modelo agrario-exportador y poner fin a la sumisión de nuestro país a las transnacionales. Todos facilitaron cada vez más las cosas para que la Argentina se convierta en una especie de emirato sojero, y si hoy el Gobierno se queja de la rapacidad “del campo” sería bueno que se interrogue por qué no hizo nada para impedir que lleguemos a esta situación. Por lo tanto, lo de “reformista” es una concesión gratuita a un gobierno que, por lo menos hasta ahora, no ha hecho ningún esfuerzo serio para hacerse acreedor de ese calificativo.

Publicado en on Mayo 7, 2008 at 8:40 pm Dejar un comentario

REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN BOLIVIA

Bolivia indígena

La cultura indígena del actual territorio boliviano se remonta a más de 5000 años. La cultura tiahuanaco, floreciente en las centurias del 600 al 800 de la era cristiana, fue escenario, en enero del 2006, de la ceremonia donde el presidente Evo Morales celebró, con los pueblos originarios y un día antes de la toma del gobierno en el Palacio Quemado de la Paz, el triunfo popular que lo llevó a la primera magistratura.

Se calcula que entre el 55 y el 60 por ciento de la población en Bolivia es indígena. Quechuas y aymaras constituyen la gran mayoría de esa población; chiquitanos, guaraníes, ayoreos, guarayos, pausernas, chiriguanos y otros grupos menores le siguen en importancia numérica. Los primeros se ubican en el altiplano y valles, los segundos en el oriente boliviano. El resto de la población es mestiza, una pequeña minoría es blanca.

El 60 por ciento de la población vive en las ciudades, el 40 por ciento en el área rural. Bolivia tiene una superficie total de 108 millones de hectáreas de las cuales 72 millones no sirven para la agricultura ni la ganadería. De las 36 millones de hectáreas aptas para las faenas agropecuarias 32 millones están en manos de 40.000 empresas medianas y grandes. Solo 4 millones de hectáreas quedan para los más de 500.000 campesinos pobres, casi en su totalidad indígenas.

Hace algunos meses, el Ministro de Tierras Alejandro Almaraz informó que 17 familias, personas y empresas, detentan 512 mil hectáreas de tierra en el rico departamento de Santa Cruz.

Surcofundio, minifundio y latifundio, son términos que expresan formas de propiedad de la tierra que delatan la injusticia social que sufre el pueblo boliviano y en particular la población indígena.

Nace la “hija predilecta del Libertador”

Bolivia nace en 1826 como corolario de la guerra contra el colonialismo español. Todos sabemos que el Libertador Simón Bolívar se opuso en primer momento a la conformación de un país independiente con las provincias del Alto Perú (así se denominaba a la región que constituía parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata). Más por iniciativa del Mariscal Sucre se llevó a cabo un congreso que decidió por la independencia, denominando al nuevo país con el nombre de Bolivia, en homenaje al Libertador.

Los Libertadores expulsaron a los colonialistas y la oligarquía expulsó a los Libertadores.

Poco tiempo duró Antonio José de Sucre en la presidencia de la nueva república. Si bien su gobierno fue ejemplar en todos los aspectos, la oligarquía boliviana conspiró de tal forma que logró apartar al Mariscal de Ayacucho de la presidencia, echando por tierra todos los decretos revolucionarios emanados de Bolívar y de las medidas progresistas asumidas por Sucre.

La oligarquía boliviana así, alcanzaba su doble objetivo: expulsar a la burocracia española y también a los libertadores del colonialismo. Toda Bolivia se convertía en una gran hacienda y campo minero para usufructo de unas pocas familias aristocráticas.

De ahí en más, la “hija predilecta del Libertador” quedó sumergida al arbitrio de una clase dominante sustentada en la explotación del indio y el pueblo en su conjunto. Tupac Catari, Pedro Murillo, Manuel Asencio Padilla, Bartolina Sisa, Miguel Lanza, Juana Azurduy, Idelfonso de las Muñecas, Vicente Camargo y tantos patriotas y revolucionarios que dieron su sangre por la liberación, pasaron al olvido por la acción de los dueños de las minas y las haciendas. El último intento por retomar las banderas bolivarianas, llevado adelante por Andrés de Santa Cruz al constituir la Confederación Peruano-Boliviana, también fracaso ante la conspiración de las elites. Esa misma oligarquía, que históricamente traicionó, se vendió al extranjero y explotó a su pueblo, es la que hoy atenta contra el gobierno legítimo de Evo Morales.

El saqueo de Bolivia
Primero la plata, luego el estaño, más tarde el gas y el petróleo, siempre los recursos naturales, fueron, durante más de 500 años saqueados por la oligarquía en complicidad con los imperios de turno (España, Inglaterra y Estados Unidos). Bolivia así, en ese camino de explotación y atropello, perdió su salida al mar ante la feroz embestida de la oligarquía chilena. Luego se desangró en una guerra contra Paraguay inventada por las petroleras Standard Oil (la actual Exxon de Estados Unidos) y la Shell (Inglaterra). Más de 200 mil muertos, entre paraguayos y bolivianos, regaron con su sangre el inhóspito territorio del Chaco, donde las empresas imperialistas pensaban que había petróleo.

Salvo breves interregnos, cuando gobernó “el tata” Isidro Belzú, protector de indios y pobres, la insurrección indígena y campesina de Wilka Zárate, los brevísimos gobiernos nacionalistas de Germán Busch, David Toro y Gualberto Villarroel, Bolivia fue una factoría anglo-estadounidense que producía estaño, a costa del trabajo semi esclavo, para las metrópolis capitalistas. El nombre de Simón Patiño, principal dueño de la minería boliviana, quedó grabado en la memoria del pueblo como sinónimo del diablo y su perversidad.

La Revolución Traicionada

La Revolución Boliviana de 1952, conducida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario, MNR, logró nacionalizar las minas y llevar adelante una tímida Reforma Agraria. El MNR en el poder alcanzó algunos avances en la inclusión social del sector mayoritario y más postergado de la sociedad: los indígenas. Pero poco a poco, a través del constante accionar de la oligarquía y el imperialismo, la revolución fue desdibujándose hasta terminar traicionando los postulados fundacionales.

Nuevamente la oligarquía se enseñoreaba sobre la sufrida Bolivia. Gobiernos entreguistas, dictaduras sangrientas, fuerzas de “izquierda” que ni bien llegaban al gobierno mutaban en derecha, fue la constante de las últimas cinco décadas de historia (seguramente con la excepción del brevísimo gobierno de general Torres). El colmo: el gobierno de Gonzalo Sánchez Lozada, presidente por el MNR ya neoliberal, que ni siquiera sabía hablar bien el idioma español, ya que había sido educado en Estados Unidos y pronunciaba el castellano con fuerte acento inglés.

Consenso Washington y resistencia popular

Este gobernante, Sanchez Lozada, fue quien llevó a último extremo la aplicación del Consenso Washington en Bolivia: privatizaciones, fuga de capitales, extranjerización de la economía, concentración de las riquezas, etc.
Pero ante tanta entrega, los movimientos sociales, que siempre resistieron al modelo de explotación, fueron ganando en madurez y organización. La vanguardia aparece en la región del Chapare, departamento de Cochabamba, donde se planta la hoja de coca y se vende a precio superior a otros cultivos. Allí es donde fueron a parar, expulsados por la miseria, el minifundio y la desocupación en las minas, infinidad de trabajadores mineros y campesinos del occidente boliviano. La experiencia sindical aportada por estos nuevos trabajadores del Chapare ayudó a la constitución de poderosas federaciones sindicales campesinas. Uno de los principales dirigentes que encabeza esas nuevas organizaciones combativas es Evo Morales Ayma.


Evo Morales

Combatidos por los gobiernos de turno y desde la embajada de Estados Unidos, con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, los cocaleros resistieron heroicamente la intervención de las fuerzas de seguridad del Estado y de los agentes de la DEA. Hechos heroicos de todo un pueblo en lucha se dieron sucesivamente. El nombre de Evo Morales y los cocaleros recorría Bolivia como sinónimo de rebeldía, lucha por la justicia social y defensa de los recursos naturales.
El resto de la historia es reciente y conocida. La Guerra por el Agua en Cochabamba, la Guerra del Gas en todo el territorio, la defensa de la coca y los recursos naturales, el estallido social que echó al presidente Sánchez de Lozada y la constitución del Movimiento al Socialismo como instrumento político de las fuerzas sociales, fueron jalones que allanaron el camino para que Evo Morales llegara a la presidencia por el voto popular en diciembre de 2005.

Revolución Democrática y Cultural

El primer indígena que llega a la presidencia en Sudamérica fue un dato que preocupó a las oligarquías de la región, como asimismo al Pentágono. Desde el primer día en que asumió Evo Morales, 22 de enero de 2006, la contrarrevolución se puso en marcha. Nacionalización de los Hidrocarburos, Reforma Agraria, redistribución más equitativa de las riquezas, llamado a una asamblea constituyente, incorporación al ALBA, política soberana y dignificación de los sectores más desprotegidos provocó la ira de las clases dominantes bolivianas.

La contrarrevolución

La contrarrevolución plantó su centro de operaciones en el departamento de Santa Cruz. Este departamento del oriente boliviano (9 departamento constituyen Bolivia) es el más extenso en superficie (casi 1/3 del territorio nacional) y su capital, Santa Cruz de la Sierra es la ciudad más poblada (1.200.000 habitantes contra 800.000 de La Paz y 1.000.000 de El Alto). A su vez, el departamento de Santa Cruz lidera a otros tres departamentos también del oriente, que juntos constituyen la llamada “Media Luna”: Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni.

La “Media Luna” es la región donde más se concentran las riquezas del país: hidrocarburos, ganadería, agricultura y madera. La decadencia de la minería, la explotación de hidrocarburos y los productos agrícolas-ganaderos para la exportación, trasladó de occidente a oriente el polo de riquezas. El 44% del PBI de toda Bolivia lo aporta esta región. En consecuencia, la nueva oligarquía boliviana se concentró mayoritariamente en esa localidad, centro operativo de sus negocios y del quehacer político.

La “Media Luna”
Como nueva ciudad importante (la pujanza de Santa Cruz se remonta solo a las últimas décadas), mantiene a una oligarquía tradicional que no se mestizó con el enorme componente indígena del occidente. El “camba”, como se denomina al santacruceño, es blanco, descendiente de españoles o de inmigrantes europeos y profundamente racista. El desprecio al indio, sea quechua, aymara, chiquitano o guaraní es lo que los caracteriza como clase dominante.

Las “autonomías”

El pretexto para derrocar al gobierno de Evo entonces, es el tema de las “autonomías”, que quiere decir: no dejarse gobernar por los indios de occidente. Si el país ya no es más de nosotros –analizan- nos separamos y constituimos nuestro propio país; para los indios el occidente, el altiplano pobre; para nosotros el oriente rico y pujante. Esta idea es apuntalada permanentemente desde la embajada de los Estados Unidos y la Confederación Internacional por la Libertad y Autonomía Regional, CONFILAR, suerte de internacional latinoamericana que nuclea a los máximos exponentes de las oligarquías zuliana, guayaquileña y santacruceña.
Por lo tanto el tema de las “autonomías” no es una cuestión de carácter político administrativo; sino profundamente político. Lo que se está discutiendo es el tema del poder, o mejor dicho de quien ejerce el poder en Bolivia.

El Plan inmediato

En atención a lo anteriormente expuesto, los antecedentes racistas y la superexplotación a que ha sometido al pueblo boliviano, esta oligarquía se expresa cotidianamente con una metodología fascista, que hay que tener en cuenta a la hora de evaluar futuros escenarios.
El referendo autonómico que se plantea para el 4 de mayo próximo, puede poner al país hermano al borde de una guerra civil. Probablemente esa oligarquía no pretenda llegar a ese extremo, pero sí intenta producir un “baño de sangre” o una gran conmoción interna, para exigirle al presidente Evo Morales a presentar una “renuncia digna”, con la excusa de pacificar al país y evitar su desmembramiento. En síntesis, el objetivo inmediato es presionar para que Evo renuncie, en un “gesto patriótico”, para cambiar así la correlación de fuerzas.
El actual “empate”

Varios analistas e intelectuales caracterizan el momento actual como un empate entre la revolución y la contrarrevolución. La puja entonces es por el desequilibrio de uno de los actores en juego. La oligarquía pretende entonces desequilibrar esta situación buscando la ventaja para sus intereses, voltear al “indio Evo” y negociar con sectores más “potables” y conciliadores. La extorsión permanente es la posibilidad de dividir el país apelando a un supuesto derecho de “autodeterminación de los pueblos” que le daría una fachada “democrática”, cuando realmente es una excusa para la desestabilización del gobierno democrático y popular. La maniobra de la contrarrevolución es excesivamente peligrosa para ambas partes.

Separatismo y geopolítica

Asimismo se suma un nuevo elemento que podrían acelerar los tiempos de la intentona separatista. Las elecciones del 20 de abril en Paraguay dieron el triunfo a Fernando Lugo. Es pública la simpatía del sacerdote paraguayo con el presidente Morales y eso más que preocupa al gobierno estadounidense. Una importante frontera común hace que dos gobiernos progresistas puedan avanzar en un proceso de integración y complementación de inédita potencialidad. Quienes justamente limitan con el oeste paraguayo son los departamentos de la “Media Luna” boliviana. La doctrina del “Estado Tapón”, manejada por el imperialismo en varias oportunidades (caso Uruguay) vuelve a aparecer en el horizonte de la geopolítica imperialista, así como pudimos verlo con la reciente separación de Kosovo. No es casual que el actual embajador estadounidense en Bolivia fue uno de los artífices de la “independencia” de Kosovo.

Solidaridad plena y militante

Solo el pueblo movilizado y la solidaridad internacional ayudarán al gobierno popular para enfrentar la embestida oligárquica imperialista. Es fundamental en estos momentos montar una campaña internacional en favor de Bolivia, denunciar la injerencia estadounidense y al fascismo boliviano, cooperar aceleradamente con el gobierno de Evo y poner en estado de alerta y movilización a las fuerzas populares latinoamericanas.
El documento de solidaridad con Bolivia emitido por el Congreso Bolivariano de los Pueblos es claro al respecto: “cada vez más, el destino de nuestros pueblos está íntimamente vinculado”. Ningún esfuerzo habrá que escatimar en defensa de Evo Morales, su legítimo gobierno y el pueblo boliviano. Es hora de definiciones, es hora de una contraofensiva popular, que no es otra que la profundización del proceso revolucionario.

* Secretario de Organización del Congreso Bolivariano de los Pueblos, Presidente de la Fundación Emancipación.

Publicado en on Abril 30, 2008 at 3:27 pm Comentarios (2)

Guerreros del arcoiris

Este documental hecho por la cooperativa Humana es una muy buena fotografía del proceso revolucionario en Bolivia, y como algunos sectores ligados al imperialismo norteamericano buscan frenarlo desatando un contra proceso, la contrarrarevolución. Dejamos el link.
http://www.aporrea.org/internacionales/n113165.html

Dignidad en Argentina


Mi generación, los que tenemos entre veinte y treinta cinco años, hemos crecido en un país que desde el gobierno le dio la espalda al pueblo sistemáticamente. El saqueo de nuestros recursos, incluso de nuestra historia, ha sido constante. Además de generar miseria y pueblo excluido, genera ignorancia, angustia e individualismo.
Pero algo ha ocurrido. El 19 y 20 de diciembre de 2001 se abrió de nuevo una etapa histórica en nuestro país que volvió a hacer al pueblo el protagonista conciente de los sucesos. El gobierno saliente de Kirchner ha avanzado en muchas esferas de la realidad, entre obstáculos y falencias. Falta mucho, pero tenemos que saber desde donde partimos, estamos fragmentados y nuestro campo popular está muy percudido, con una debilidad ideológica monumental, que todavía nos impide unirnos y comenzar a organizarnos seriamente.
Y en eso llegó una mujer que parece que vino a restituir la palabra al lugar que se merece. La presidenta Cristina ha dicho en el discurso de fundación del Banco del Sur que nuestro país, el Brasil, y el Uruguay tenemos una deuda con el pueblo paraguayo por lo que ella llamó “la guerra de la triple traición” refiriéndose al conflicto bélico que duró de 1865 a 1870 y quedó la devastación del pueblo paraguayo y su alistamiento en los países empleados del imperio. En ese caso del imperio británico. Se refirió al mariscal Francisco Solano López como un militar patriota, lo comparó con Hugo Chávez, que antes de ser militares son pueblo. Y pueblo latinoamericano tenemos que agregar. ¡Qué palabras tan justas! ¡Hace cuanto que no escuchábamos algo así por estos pagos!
La guerra de la triple traición fue la avanzada del imperialismo inglés para terminar con el mayor ejemplo de autonomía política, social y económica que tuvo nuestra América en el siglo XIX. Un país sin analfabetos, con estancias de la patria donde se producía para la comunidad, con altos hornos de fundición, con fabricación de vías que tenían una trocha menor a las inglesas y esto hacía que las locomotoras inglesas no tuvieran mercado, sin deuda externa, con un desarrollo del conocimiento científico-técnico a favor de su propio pueblo (mandando a estudiar a los técnicos paraguayos afuera, o trayendo técnicos extranjeros para desarrollar la industria). Y ese pueblo fue a la guerra heroicamente en inferioridad de condiciones, luchando con lo que se tenía a mano.
Este era el Paraguay que se había forjado en 50 años. Y que funcionaba como ejemplo para los pueblos federales del interior, era la utopía para ellos, hacía allí teníamos que ir. Por eso hubo tanta deserción argentina para esta guerra infame. Por eso las montoneras federales, del Chacho Peñaloza, de Felipe Varela, de tantos caudillos del interior que entregaron su vida a la construcción de un país distinto. Entonces decíamos que esta guerra fue la avanzada del imperialismo porque en un solo movimiento se barría a: la experiencia paraguaya, las montoneras argentinas, y al partido blanco aliado a los federales en el Uruguay. A esta estrategia sirvieron Bartolomé Mitre, Pedro II y Venancio Flores. Después la historia liberal adujo que estos tres países reaccionaron porque Paraguay quería expandirse en toda América. Me hace acordar hace unos días cuando el presidente colombiano Uribe dijo esas mismas palabras refiriéndose a Chávez, “el expansionismo bolivariano”, “la chequera de Chávez sirve para comprar personas y así expandir su voluntad monárquica”. Siguen con los mismos discursos. Cuando nuestra presidenta dijo lo que dijo el diario La Nación en su editorial respondió que Solano López era una especie de Hitler americano. Claro, ese diario como bien dice Homero Manzi, quedó como guardaespaldas de la memoria histórica de su fundador, el traidor a la patria Bartolomé Mitre. Nuestra presidenta dice guerra de triple traición e inmediatamente se pone en contra a la academia de Historia Argentina que está encargada de reproducir constantemente estas ideas acerca de Solano López. Incluso a la historiografía social que sigue negando el papel británico en esta guerra y repiten como loros que Solano López era casi como el diablo en persona, que nos quería hacer mal a todos nosotros que somos los buenos. A los brasileros y a los uruguayos les tocará su parte. Necesitamos saber la verdad para ser libres. Enhorabuena que haya llegado alguien dispuesta a reestablecer las cosas en su justo lugar. Si no aprendemos las lecciones que ha dejado esta guerra infame, y no vemos que fue la culminación de un proceso para impedir cualquier tipo de unión en el sur, seguramente cometeremos los mismos errores aduciendo que en nuestra época hay otro “dictador” como lo era el Mariscal Solano López y al cual en algún momento se lo tumbará en beneplácito de la “libertad”. Así se destruirá la experiencia autónoma de un pueblo latinoamericano que no está dispuesto a vivir de rodillas y no negocia su libertad. La comparación de la Presidenta lleva a pensar que hoy Chávez, está en el lugar del Mariscal. Si no defendemos esa experiencia de autonomía es probable que nos pase lo mismo que en el siglo XIX, se pondrá en peligro todo el proceso de avance de los pueblos con que ha nacido el siglo XXI. No nos dejemos embaucar por los historiadores que siguen reproduciendo las tesis de Mitre. Que alegría tener una presidenta que restituya la identidad y la dignidad de nuestros pueblos. Recuperemos al Chacho, a Felipe Varela, a Artigas, a Solano López, a San Martín, a Perón, a Eva. Digamos como San Martín, ¡Seamos libres y lo demás no importa nada! Y agreguémosle, ¡Seamos libres e iguales y lo demás no importa nada! De nosotros depende.

Ignacio Politzer
Sociólogo- Docente de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.

14/12/07

Publicado en on Diciembre 16, 2007 at 7:40 pm Dejar un comentario