Discusión interna del movimiento popular

 

REALISMO O REVOLUCIÓN

Por Daniel Chango Illanes – San Juan

Mal que mal, con tropiezos, con confusiones, con presiones, avances y retrocesos, lo que se vive en la Venezuela de Chávez y en la Bolivia de Morales, son procesos revolucionarios. El kirchnerismo argentino no es revolucionario ni quiere serlo. La derecha lo castiga por su política de derechos humanos, y por el crecimiento de agrupaciones políticas que son potencialmente revolucionarias, aunque todavía no lo son. Cuentan con figuras revolucionarias en su seno, pero el kirchnerismo funciona como un control disciplinario de estas. Esa es la gran diferencia entre la historia que se vive en Venezuela y Bolivia, y la que se vive en la Argentina.

 

El peronismo y el progresismo argentinos y buena parte de la izquierda, están enfermos de dos enfermedades curables, pero que hoy se encuentran con pronóstico reservado: las dos enfermedades son próximas y contagiosas: una es el realismo resignado y otra es el realismo cínico.

 

El realismo resignado ataca con mucha virulencia a los peroprogresistas, y el realismo cínico ha instalado su cepaje de virus en el organismo peronista. El extremo de este último fue el menemismo y el duhaldismo. Pero también aparece en el actual gobierno. Los hermanos Gioja, difunden una propaganda que, usando de la bandera de la patria, dice “San Juan, ejemplo”. Quiere decir: en San Juan no hay conflicto con la derecha. Es lógico, el gobierno es la derecha. En San Juan no hay conflicto por las retenciones. ¿Para qué si el gobierno defiende a las mineras que son las que temen las retenciones?.

 

El realismo resignado es mucho más difundido que el realismo cínico. Es una enfermedad más leve, pero es peligrosa. La contagia varios, entre ellos Carlos Chacho Alvarez cuando dice que no hay posibilidades revolucionarias porque ya no hay épica. Es lógico que diga eso, porque para salir del realismo resignado lo que hace falta es épica. Con épica y gimnasia política – transpiratoria y no subsidiaria – se recupera el fervor y la fe, se recupera la idea de revolución. El realismo cínico es otra clase de mal: necesita extirpación, cirugía, no hay otra: es infeccioso. Por suerte su contagio es más lento, pero cuando agarra algún organismo desprevenido, lo transforma en un maldito portador sano de cosas que se transforman en ese despiadado creer sólo en la guita, y decir como dice el kirchnerismo oficial, porque es verdad que lo dice, “hay capitalismo para rato”.

 

Hay que volver a recuperar un discurso revolucionario, eso es lo único que puede permitirnos triunfar sobre la ofensiva oligárquica. Para eso hay que proponer el camino a un sistema nuevo que tenga un fundamento socialista en serio, con elementos sinérgicos del capitalismo y con una construcción estratégica del Estado. Eso se puede pensar y hacer pasando a la ofensiva y no desde un puro defensivismo resignado como el que tenemos ahora. No se puede esperar que la historia la resuelvan los Fernández ni mucho menos colgándose del primer tractor que pase. Pero tampoco tienen razón los que plantean la equidistancia cómoda, que es más distancia que “equi”. Presentan bien los problemas, por ejemplo, pero no dicen que camino seguir para imponer la solución. Me refiero a los socialreformistas de toda laya, incluso aquellos que están a nuestro lado, pero esperan algún día ganar una elección y se proponen sólo ponerse bajo la luz para que los filmen los medios. Hay que trabajar más en el oscuro, pero golpeando allí donde desconectemos la sinapsis activa del real enemigo imperialoligárquico. Acumular para meter un legislador más, no está mal, siempre que toquemos la estructura sensible del enemigo. De lo contrario es nada más que cholulodemocratismo.

Si la oligarquía se quiere adueñar de la República, nosotros debemos recuperar la antigua y sólida firmeza revolucionaria. Si la oligarquía toma una ruta, nosotros tenemos que tomar Cargill. Si la oligarquía desabastece, nosotros tenemos que abastecer. El pueblo está indiferente porque ve muchos negocios y negociantes y pocos líderes, le hablan mucho de plata, de inversiones, de cosas que no lo alcanzan y que él no puede alcanzar. Hay que recuperar de las bases de la sociedad las tecnologías del saber incorregible. En eso no nos puede ganar la clase media, sea de Gualeguaychú o de Cabildo Juramento.

Pero para eso no nos creamos que esta lucha se gana en lo medios o en formalinstitucionalismo. Para empezar no hacen falta encuestas sino una minoría clara, excelente, decidida y decisiva.

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