MARX y AMÉRICA LATINA

Por Leopoldo Zea (publicado en Cuadernos para la Emancipación Nº33)

“A Marx, como pensador –decía Ernesto Che Guevara–, como investigador de las doctrinas sociales y del sistema capitalista que le tocó vivir, pueden, evidentemente, objetársele ciertas incorrecciones. Nosotros, los latinoamericanos, podemos, por ejemplo, no estar de acuerdo con su interpretación de Bolívar o con el análisis que hicieran Engels y él de los mexicanos, dando por sentadas incluso ciertas teorías de las razas olas nacionalidades inadmisibles hoy” (1). Lo que ya destacaba el Che Guevara en 1960, se ha presentado en nuestros días en forma crítica entre varios marxistas latinoamericanos al recordarse, por un lado, el bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar y, por el otro, el centenario de la muerte de Marx. Un problema que parece de lealtades. Lealtad como latinoamericano a la obra y trascendencia de Bolívar y, como marxista a la doctrina revolucionaria de éste. Lo cierto es que, cada uno en su campo en el de la acción libertadora, y en el de la doctrina que ofrece instrumentos para ampliar esas acciones, siguen vigentes. Una vigencia que no debe ser vista como contradictoria. El Che Guevara lejos de hacerse problema del desencuentro planteado dice: “Pero los grandes hombres descubridores de verdades luminosas, viven a pesar de sus pequeñas faltas, y estas sirven solamente para demostrarnos que son humanos, es decir, seres que pueden incurrir en errores, aun con la clara conciencia de la altura alcanzada por estos gigantes del pensamiento”.

Vigencia de Marx y Bolívar

Hombres fueron Marx y Engels, como hombre fue Bolívar, y como tales habrá que ver su obra para que la misma sirva de ejemplo y estímulo a la realización de las obras que los hombres han de seguir haciendo para alcanzar la plenitud. Se ha hablado, también, de desacralizar a estas figuras de la historia, buena intención si la misma no está dirigida a la anulación de los desacralizados. Desacralizar a Bolívar, no es empeñarse en mostrar, como se ha intentado, en supuesto nombre de los pueblos, era un mantuano que sólo luchaba por los limitados intereses de su clase, un criollo, un burgués y un manipulador de pueblos. Como desacralizar a Marx no será insistir en lo que insiste la propaganda represiva de nuestros días para justificar la persecución de quienes tratan de aplicar sus doctrinas. El que se intente una y otra cosa en la actualidad es el mejor índice de la vigencia de estos hombres. Desacralizarlos será verlos como hombres en el mundo en que actuaron, y lo que anhelaron, pero también la vigencia que esa acción tiene en nuestro mundo. Los recuerdos centenarios coincidentes que ahora se celebran en nivel latinoamericano y mundial ofrecen una buena oportunidad para analizar las causas del desencuentro, ya no tanto de Marx frente a Bolívar, sino de Marx frente a la América Latina. Por lo que a Bolívar se refiere, ya se viene haciendo, viendo en él algo más que una estatua ecuestre, a un hombre, como todos los hombres, empeñado en el logro de metas que no estaban fácilmente a su alcance, como siguen no estándolo en nuestros días; pero con más posibilidades de su logro ahora, gracias a la experiencia de El Libertador (2). ¿Tiene, entonces, sentido hablar ahora de la visión que tenían Marx y Engels de la América de Bolívar? Habrá quién sostenga que lo mejor sería no plantear problemas que pueden lesionar la unidad de la acción revolucionaria que planteó Marx. Que h a b l a r ahora de Marx y su visión sobre América Latina será abrir heridas y zanjas de opinión contrarias a la necesaria unidad. Que solo se trata de errores humanos, que lo mejor es olvidar. Sin embargo se ha hecho expreso en estos últimos tiempos, más aún en estos nuestros días de celebraciones de centenarios, que no se trata de olvidar, sino por el contrario, de situar racionalmente el desencuentro y mostrar lo que ya el Che Guevara anticipaba. Son errores humanos, pero errores que han de ser sometidos a crítica para que su alcance no sea lo que sí quisieran quienes se han opuesto y se oponen a lo que a través de sus vidas buscaron, por su lado Bolívar y por el otro Marx: la liberación, la desenajenación del hombre, sometido de muchas formas a voluntades ajenas a la propia. De la importancia que pueden tener estos errores son ya ejemplo los problemas de lealtad que se plantean entre varios marxistas latinoamericanos. No se trata de elegir entre Bolívar y Marx, sino, por el contrario, de conciliar a ambos para el logro de una meta que les es común, pese al equivocado juicio de Marx sobre el primero.

Marx y sus limitaciones eurocéntricas

Como hombres, tanto Marx como su compañero Engels, lo fueron obviamente de su tiempo, y por ello limitados geográfica y culturalmente en su visión sobre otros pueblos allende sus fronteras. Europeos, y más aún alemanes, y como tales civilizados en el sentido que tal calificativo tenía para un europeo de su tiempo. Lucharon por la desenajenación del hombre, por la liberación de la clase trabajadora, por la rebelión del proletariado sometido a la más brutal explotación. Desenajenación del hombre y la liberación del proletariado, consideradas a nivel mundial. ¡Trabajadores de los países del mundo uníos! De igual forma lo vieron en su tiempo, los filósofos de la Ilustración que lucharon por la libertad y la igualdad de todos los hombres, dando origen a dos grandes revoluciones, la de Estados Unidos en 1776 y la de Francia en 1789. Sin embargo, estas revoluciones, una anticolonialista y otra antifeudal no llevaron la libertad, la igualdad a toda la tierra sino, por el contrario, al pasarse de la abstracción declaratoria a la realización de la acción, se encontraron formas justificativas de limitación de libertades y de mantenimiento de desigualdades; unas y otras expresas brutalmente en la ampliación y justificación del colonialismo. La justificación de estas limitaciones las expuso magistralmente Hegel en su Filosofía de la historia. La libertad y la igualdad para todos los hombres, pero a partir de su previa realización en un determinado centro, en Europa, en el mundo occidental. Sería de este centro liberador e igualador que los principios de las dos revoluciones se extenderían. Sería este centro, europeo-occidental, el que decidiese, inclusive, sobre la capacidad, la madurez, de otros pueblos para su logro. De donde será fácil pasar, como aún se hace en nuestros días, al sacrificio concreto de hombres y pueblos en la supuesta y abstracta defensa de la libertad universal resultando ser contraria a ella su reclamo por pueblos y hombres no capacitados para su uso.

Carlos Marx y Federico Engels no escapan a esta limitación, pues si bien los principios de su filosofía son universales, las posibilidades para el logro de las metas propios de esos principios estarán limitados a Europa y al mundo occidental. La revolución socialista como antes la liberal tendrá que pasar por Europa. Se anhela la justicia social para todos los hombres y pueblos de la tierra, pero se considera que no todos los hombres y pueblos son aptos o cuentan con medios suficientes para su logro, como cuenta ya para ello el proletariado de los industrializados países de Europa y los Estados Unidos. Limitación que vale tanto para la América Latina, como para Asia, para África y para Rusia. Es el desarrollo del capitalismo y, con ello, la proletarización de Europa y el mundo occidental, lo que va a permitir la revolución que conduzca al socialismo.Los otros pueblos, para lograrlo, solo tienen como posibilidad la de alcanzar el mismo desarrollo o, bien el de ser incorporados por la fuerza, mediante la colonización, al sistema capitalista, siguiendo así la suerte de todo el sistema. No se puede saltar sobre la historia. Frente a Rusia, en discusión con los populistas, Marx insistirá, una y otra vez, en la necesidad de que la revolución campesina, que allí pudiese darse esperase, para su éxito, por el logro de la revolución proletaria en Europa. O bien alcanzase el desarrollo la todavía incipiente burguesía rusa, ya que no podía llegar por la otra vía, la de la colonización que Europa había impuesto a otros pueblos del mundo. De cualquier forma la revolución socialista tenía que pasar por Europa, o ser realizada a la manera de Europa. Pero la revolución socialista, pese a los impedimentos que encontraban Marx y Engels, se realizó en primer lugar en Rusia, en condiciones que no eran las que ambos señalaban. Se realizó aunque con un agregado, que es la reinterpretación del marxismo, realizada por Lenin.

El porqué de los desencuentros de Marx con América Latina

Es dentro de la natural situación del tiempo de Marx y Engels, que se pueden y deben explicar sus desencuentros con América Latina, como los tuvieron con el mundo no occidental. Desencuentros que no deben ser vistos como contradictorios con el sistema filosófico y de la acción que puede deducirse de ellos en estas regiones del mundo. “El mérito de Marx –decía el Che Guevara– es que produce de pronto en la historia del pensamiento social un cambio cualitativo; interpreta la historia, comprende su dinámica, prevé el futuro, pero, además de preverlo donde acabaría su obligación científica, expresa un concepto revolucionario: no sólo hay que interpretar la naturaleza, es preciso transformarla”. Es aquí, en la acción para el cambio que cada hombre, cada pueblo, ha de hacerlo conforme a lo que le es propio, a sus posibilidades. Y es aquí donde surgen los Lenin, Mao, Fidel, y todos los líderes revolucionarios que tratan de cambiar el mundo ir justo por otro más justo. “La revolución cubana toma a Marx donde éste dejara la ciencia para empuñar su fusil revolucionario; y lo toma allí, no por espíritu de revisión, de luchar contra lo que sigue a Marx de revivir a Marx “puro”, sino simplemente porque hasta allí Marx, el científico, colocado fuera de la historia, estudiaba y vaticinaba”. Los revolucionarios cubanos conocen las leyes de la historia descubierta por Marx, pero el cómo actuar de los revolucionarios será un problema a resolver por ellos mismos. Se considera cuando se habla de la forma como Marx presentó a Bolívar, que no fue culpa de él, sino culpa de las fuentes en las que se apoyó. Se dice, igualmente, que con tales juicios Marx no era marxista. Lo cierto es que tanto Marx como Engels pensaron sobre América Latina y Bolívar como querían y podían pensar, de acuerdo con su propia y peculiar situación y formación. Son ahora los latinoamericanos, como los rusos, los asiáticos y africanos los que, como dijera el Che Guevara, toman de Marx lo que de Marx sirve para apoyar y justificar su acción revolucionaria. No podían, como pretendían Marx y Engels, esperar que la revolución se hiciese previamente realidad en los países capitalistas; ni tampoco esperar al desarrollo capitalista de sus pueblos. Pero Marx y Engels, pese a sus naturales limitaciones como europeos se universalizan dando base científica a los afanes revolucionarios de otros pueblos. Marx es europeo, y el marxismo ha sido expresado en función con Europa dentro del sistema en el cual y frente a la cual surgió. Pero no por ello Marx es menos marxista cuando se equivoca en sus juicios sobre otros pueblos y hombres. Para que tenga plena razón ante ellos, además de marxismo ha de ser leninismo, maoísmo, castrismo, etcétera. Marx tiene razón cuando considera que es a partir de la conciencia de la explotación que los hombres luchan por su liberación. Pero igual la tenía Hegel cuando hacía de la toma de conciencia del Esclavo base de la rebelión contra el Amo. Y es en este sentido que el conocimiento de la interpretación de Marx y Engels con respecto a la América Latina hace que los hombres de esta región tomen conciencia de la necesidad de formas especiales, propias, de su liberación que no tienen que ser, precisamente, las que suponen los autores marxistas en relación con la socialización de Europa y el mundo occidental. La revolución socialista no pasa, se ha visto ya, por el mundo occidental. Las leyes socialistas descubiertas son ciertas, pero las formas de la acción han de adecuarse a las respectivas realidades. Eurocentrista es Marx cuando hablando de la dominación inglesa en la India dice: “Inglaterra tiene que cumplir en la India una doble misión: destructora por un lado y regeneradora por otro. Tiene que destruir la vieja sociedad asiática y sentar las bases materiales de la sociedad occidental en Asia” (3). De igual forma ve la Guerra del Opio en China, como la ocasión para un gran estallido revolucionario. La “ocasión para este estallido la han brindado los cañones británicos, que impusieron a China la droga soporífera denominada opio” (4). Igualmente se aplaude y justifica por ello la intervención en Argelia. Inglaterra, Europa, el sistema capitalista, la burguesía como los pueblos de que hablaba Hegel, son simples instrumentos de un espíritu que tiene sus propios fines. Pero un espíritu que ha encarnado en Europa y que va, poco a poco, alcanzando las metas que se ha impuesto. La burguesía, instrumento de ese espíritu va sirviendo al mismo para un día ser desechada como la cáscara vacía de que hablaba Hegel. Es dentro de esta interpretación eurocentrista y hegeliana que habla Engels aplaudiendo la derrota de México en 1847. “En América hemos sido espectadores de la conquista de México –dice– y nos hemos alegrado por ella. Es un progreso que un país que hasta ahora se ocupaba exclusivamente de sí mismo, desgarrado por eternas guerras civiles y retraído a todo desarrollo, un país que a lo sumo habría de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, un país tal, se vea lanzado por la violencia al desarrollo histórico. Es en interés de su propio desarrollo que estará colocado en el futuro bajo la tutoría de los Estados Unidos. Es interés de toda América que los Estados Unidos, gracias a la conquista de California lograrán el dominio del Océano Pacífico” (5). Será por esta vía, por la de la colonización, que los pueblos de América Latina, Asia y África, se incorporen al socialismo que se alcanzará, previamente, en el mundo occidental. No otra cosa dirían los herederos de la revolución anticolonial de los Estados Unidos en 1776 y la burguesa de Francia en 1789, que será bajo su dominio que otros pueblos puedan alguna vez, alcanzar sus libertades y privilegios. Ciento por ciento hegeliano es Engels, cuando en otro comentario sobre la derrota de México en 1847, refutando a Bakunin pregunta: “¿Acaso es una desdicha que la magnífica California haya sido arrancada a los holgazanes mexicanos, que no sabían qué hacer con ella? La ‘independencia’ de algunos españoles de California y Texas sufrirá, quizás; la ‘justicia’ y otros principios morales puede que sean afrentados aquí o allá, ¿pero qué significa todo esto ante tantos hechos de este tipo en la historia universal?”. “Todas esas pequeñas naciones impotentes deben estar reconocidas, en suma, a quienes siguiendo necesidades históricas, las agregan a un gran imperio, permitiéndoles así participar en un desarrollo histórico al cual abandonadas en sí mismas, habrían permanecido completamente ajenas. Es evidente que ese resultado no podría ser realizado sin aplastar algunas dulces florecillas. Sin violencia no se puede llevar nada a buen fin en la historia. ¿Qué habría ocurrido si Alejandro, César y Napoleón, hubiesen estado dotados de la misma emotividad a la que apela el paneslavismo en favor de sus clientes?” (6) Hegel, hablando de los mismos grandes hombres o héroes, instrumentos del espíritu como Alejandro, César y Napoleón, decía: “Una gran figura que camina, aplasta muchas flores inocentes, destruye por fuerza muchas cosas, a su paso” (7). Es en relación con este eurocentrismo que Marx y Engels se muestran contrarios a cualquier acción revolucionaria que impida, o entorpezca, la única y definitiva revolución, la socialista que ha de originarse en Europa. Comprenden positivamente los movimientos nacionales en Europa, pero siempre que ayuden, y no estorben a la auténtica acción revolucionaria que ha de conducir al socialismo. Escribiendo a Eduardo Bernstein habla Engels de los movimientos nacionalistas revolucionarios pero expresando que los mismos deberán quedar subordinados a los del proletariado europeo. Por “la liberación del proletariado de Europa occidental y todo el resto debe estar subordinado a este objetivo. Por más interesantes que puedan ser los eslavos de los Balcanes, etcétera, ellos se pueden ir al diablo en el momento en que sus esfuerzos por liberarse entren en conflicto con el interés del proletariado”. “¡Alto! ¡Ustedes deberán tener tanta paciencia como la que tiene el proletariado europeo! Si éste se libera, ustedes serán libres. Pero hasta entonces no toleraremos que ustedes pongan piedras en el camino del proletariado en lucha” (8). Es esta visión y no mala información, la que explica exabruptos como los de Marx frente a Bolívar. Replicando a su editor, Charles Anderson Dana, porque le acusa de prejuicios contra Bolívar, dice “Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque” (9). Esto es, un falso Napoleón como lo era el haitiano. Pero, ¿por qué esta fobia contra Bolívar? Porque en Bolívar ve una imitación de Luis Bonaparte al que combate Marx cuando eso escribe. Es en esta misma relación que Marx condena la invasión euro pea en 1861 a México, como una intriga de Napoleón III. “Se trata –dice Marx– de una de las más monstruosas empresas jamás registradas en los anales de la historia internacional”. “Es posible que Luis Bonaparte haya incluido la intervención en México entre las muchas posibilidades que, permanentemente tiene a su disposición para distraer al pueblo francés” (10). ¿En qué se distingue esta intervención de la que festeja Engels en 1847? Simplemente en que en esta última sí servía a los fines de la implantación del socialismo en el mundo. Los Estados Unidos al invadir y mutilar a México estaban trabajando por su incorporación al sistema del que habría de originarse el sistema socialista. La intervención de Luis Napoleón Bonaparte, respondía por el contrario, a intereses obscuros y lejanos a esa meta, significaban un retroceso, como lo fuera la Santa Alianza que parecía prolongarse en la intervención europea sobre Veracruz. Además el México de 1861, bajo el liberalismo burgués de Juárez, era distinto de los anárquicos gobiernos que perdieron la guerra frente a los modernos y liberales Estados Unidos. En este sentido, Bolívar representaba un retroceso histórico, visto como otro Luis Napoleón. Bolívar solo podía ser un ególatra que no podía liberar naciones fuera de los presupuestos históricos encontrados por Marx y Engels. La verdadera liberación y justicia tendrían que surgir de las entrañas mismas del capitalismo. De esta forma se explican también los trabajos de Marx y Engels sobre la diplomacia secreta de Rusia en el siglo XVII bajo Pedro I El Grande. Mostraba allí Inglaterra su error al apoyar, como lo hacía en el siglo XIX a la Rusia despótica. Tanto para Marx, como para Engels la presencia bárbara, despótica de Rusia en los destinos del mundo era contraria al sistema que con sus contradicciones daría origen al socialismo. Pueblos bárbaros eran Rusia, Asia, África y la América Latina que por ello tendrían que esperar la oportunidad del cambio revolucionario que tendría que darse, previamente lo desarrollado en Europa, en el mundo occidental. Pueblos que no debían estorbar la misma revolución con intentos fuera de la madurez que era necesaria. Cabría entonces preguntarse: ¿Qué habrían pensado Marx y Engels, de haber sido testigos de la revolución de Rusia en 1917? ¿Qué de las revoluciones socialistas que han seguido en China, Cuba y África? ¿Habrían visto estas revoluciones con los ojos del actual socialismo europeo?

Marx y Bolívar se relacionan en su empeño por la liberación del hombre

Pero preguntas semejantes serían como esas de que hablaba un historiador, respecto a cómo podría haber sido la historia si Cleopatra hubiese tenido otra nariz. Cleopatra es parte de la historia con independencia de su nariz. Marx y Engels son parte de esa misma historia con independencia de sus no menos naturales limitaciones. Los conflictos, los cargos de conciencia, surgen a partir de considerar a Marx y a Engels como algo más que hombres, de ver en su filosofía algo más que filosofía, una doctrina. Su filosofía es universal y viva por lo que ha ayudado y ayuda a los hombres a comprender el mundo que ha de ser cambiado, pero que no podrá serlo por su pura aplicación dogmática. Como filósofos, Marx y Engels, no vieron su propio filosofar como dogmas establecidos e indiscutidos. Lo discutible de su filosofía no es la filosofía misma, sino su aplicación. De ello era plenamente consciente Marx cuando escribe a Arnold Ruge diciéndole: “Nuestra divisa será la reforma de la conciencia, no por dogmas, sino por el análisis de la conciencia mística, oscura para sí misma, tal como se manifiesta en la religión o en la política. Se verá entonces que, desde hace mucho tiempo, el mundo posee el sueño de una cosa de la cual le falta la conciencia para poseerla de verdad. Se verá que no se trata de establecer una gran separación entre el pasado y el porvenir, sino de cumplir las ideas del pasado. Se verá, por último, que la humanidad no comienza una nueva tarea, sino que realiza su antiguo trabajo con conocimiento de causa” (11) Sin dogmas, una misma tarea, un viejo trabajo del que se va tomando conciencia. Es el mismo el trabajo de Bolívar y sus iguales de ayer y el de los socialistas de hoy. Es el mismo trabajo, pero con mayores conocimientos, mejores instrumentos cada vez. El error está en pretender enjuiciar una tarea en relación con los diversos instrumentos, los de ayer y los de hoy. El pretender que Bolívar es un déspota y reaccionario porque no fue marxista; tanto como el pretender que Marx es enemigo de América Latina y Bolívar porque no fue, antes de serlo marxista. Tanto como el considerar a Marx enemigo de América Latina porque no fue capaz de deshacerse de prejuicios que le eran innatos. Desacralizar, ver como hombres al uno y al otro, no es juzgarlos anacrónicamente o fuera de su contexto histórico y cultural. Habrá que comprenderlos en la ineludible relación que guardan entre sí en su empeño por realizar el viejo trabajo de la liberación del hombre, en cumplir viejas tareas, cada vez, con mayor conocimiento de causa. No se debe confundir a Marx y Engels con santones, dioses o religiosos. Son filósofos, hombres de ciencia que encontraron formas más exactas del conocimiento de la realidadsocial y se empeñaron, en función con las mismas, en el cambio de tal realidad. Los líderes de la revolución cubana me parecen ejemplares en este sentido. Sin rechazar, sino por el contrario, apropiándose de las verdades encontradas por el marxismo consideran que su tarea no es imponer una determinada religión o dogma, sino liberar a su pueblo, y a los pueblos del que el suyo es parte. Que la tarea de hoy es la misma tarea en que se empeñaron ayer, primero Bolívar y después Martí. Por ello llaman a Bolívar abuelo como a Martí padre de su nación. ¿Quiénes son más revolucionarios? preguntan: ¿los que siguieron a Bolívar y a Martí o los que llegaron en el “Granma”? “Lo que cualitativamente puede hacer diferente al revolucionario de hoy –contesta Fidel Castro– es su superior conocimiento de las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad humana, lo que pone en sus manos un instrumento extraordinario de lucha y de cambios sociales” (12). ¿Cómo puede conciliarse Martí con los principios científicos del marxismo? Fidel contesta, “No se puede separar una cosa de la otra en la historia de nuestro país. Porque Martí en su época cumplió con la tarea que le correspondía y fue exponente del pensamiento más revolucionario de aquella época”. Fue la combinación del pensamiento revolucionario de Martí con el pensamiento moderno del marxismo-leninismo “los elementos que más influyeron en nosotros y que más, realmente, nos inspiraron”. La “liberación nacional y la liberación social se encuentran estrechamente unidas” (13). Una fue la visión, obviamente limitada de Marx, sobre América Latina y otras regiones al margen del mundo europeo y occidental, pero otra ha sido la poderosa influencia de su filosofía en esas mismas regiones. Regiones que en su lucha revolucionaria han mostrado los errores de enfoque del marxismo, pero no los del conocimiento de la realidad que está siendo cambiada y los medios para hacerlo. A partir del conocimiento científico de la realidad a su alcance, fue que Marx y Engels, ofrecieron los instrumentos de conocimiento de la realidad de otras regiones del mundo y posibilitaron el cómo hacer, el cómo realizar el necesario cambio. Pero el cómo hacerlo, el para qué el cambio ha sido y es problema de cada pueblo a partir de viejos anhelos que al hacerse más conscientes pueden ser mejor realizados. El cómo y el para qué no dependen, no pueden depender de la voluntad de otros pueblos y otros hombres, es esta una tarea exclusiva y peculiar y que por serlo, iguala a un pueblo como al resto de los pueblos de la tierra.

1 Notas para el estudio de la ideología de
la Revolución Cubana: Verde Olivo, 8 de
octubre, 1960, Habana.
2 José Aricó: Marx y América Latina,
Alianza Editorial Mexicana, México 1982.
3 Futuros resultados de la dominación
británica en la India en: Sobre el Colonialismo,
Córdoba, Argentina, 1973.
4 La revolución en China y en Europa,
Ibid.
5 Los movimientos de 1847, en: Materiales
para la Historia de América Latina,
México 1975.
6 Respuesta a Mijail Bakunin, en: Neue
Rheinische Zeitung, febrero de 1849, cit. en:
G. Beyhaut: Raíces Contemporáneas de
América Latina, Eudeba, Buenos Aires,
1964.
7 Filosofía de Historia Universal, Revista
de Occidente, Madrid, 1928.
8 Correspondencia de Eduard Bernstein
con Friedrich Engels, cit. José Aricó
9 Carta de Marx a Engels, Londres 14 de
febrero de 1858.
10 La intervención en México, Die Presse,
12 de noviembre de 1861, en Materiales…
op. cit.
11 Carta a Arnold Ruge, septiembre de
1843.
12 Discursos en el XXV aniversario del
asalto a Moncada, Habana, 26 de julio de
1978.
13 La estrategia en Moncada, entrevista
en: Cuba Internacional, enero de 1978, Habana.

Anuncios

Un pensamiento en “MARX y AMÉRICA LATINA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s