Evita

Este año realmente se ha hablado mucho más que años anteriores sobre la figura de Eva Perón y su trascendencia histórica.

Que hay dos veredas de interpretación, que si era mejor que su marido, entre otras cosas.

Se habla poco todavía, de la obra de Eva adentro del movimiento peronista. Muchas veces se escuchan los recuerdos de que Evita fue la que regaló bicicletas, frazadas o alguna otra cosa. Pero lo que ocurrió fue que esas personas que toman esos recuerdos vieron por primera vez al Estado como un ente que los protegía, no había ocurrido antes. Con su obra solidaria, en donde se buscaba dar soluciones a todas las demandas de un pueblo muy golpeado, Eva forjó su imagen de mujer política que dedica su vida a quienes estaban afuera de todo, fue una de las artífices del cambio del rol del Estado en la Argentina que tuvo como líder indiscutido a Juan Perón. Sin Perón no hay Evita, esto es algo que muchas veces se olvidan algunos, que sabrán ellos explicar porque niegan al artífice de la construcción de una Argentina que producía aviones, y levantaba la dignidad de todos sus trabajadores. Esto no ocurrió en ningún país de Latinoamérica salvo el nuestro.

Quienes escribieron viva el cáncer y quienes la vituperan al día de hoy, no tienen un problema personal con la persona Eva Perón, sino con sus obras, con el movimiento al que pertenecía y lo que este generaba. Obviamente según las internas de la época cualquier acción jugaría para un lado o para el otro, siendo así que los que se oponían a ella fortalecían a un sector dentro del movimiento que avanzaba más lentamente.

Luego en los 60-70 se fue construyendo la imagen de Eva como la portadora del ideal de liberación por excelencia dentro del movimiento peronista. Los sectores medios radicalizados transformaron la figura de Eva en su referencia básica para su accionar, y al enemistarse con Perón en vida se fue construyendo la idea de una Eva buena versus el Perón malo que no quiso hacer la revolución. La Argentina que dejó Evita estaba en pleno desarrollo, en plena puja por salir del sistema en el que había vivido desde 1852 y construyendo la potencia para ser un país diferente. Los sectores políticos que estaban en el gobierno estaban a acostumbrados a la cenas, fiestas y casamientos que en la actualidad salen en la revistas como Caras o Gente o en las charlas de Quincho de Ámbito financiero. Podemos pensar que fueron todos hasta Yrigoyen, y luego hasta Perón. Ir a las fiestas es mucho más bello que ponerse a leer cartas, establecer cuales son las necesidades del pueblo, pensar como resolverlas y encima solucionarlas. Eso requiere trabajo y compromiso con el pueblo invisible, el que no va a esas fiestas. Ese fue el pueblo por el que se interesó Eva, de donde provenía ella y de donde no quiso irse. El mérito es que para el pueblo Eva es nuestra, así como peronismo, que fue el gran invento argentino para construir su libertad.

 El mejor modo de recordarla a ella es seguir construyendo nuestra identidad nacional, popular y latinoamericana.

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