CALLES, PRÓCERES Y ANTIPRÓCERES

Las callecitas de Buenos Aires (y de Rosario, Córdoba, Santa Fé, La Matanza, Perrico del Carmen…) tienen ese que se yo

¿Por qué hay una calle que se llama Rivadavia? ¿Por qué hay una avenida Roca? ¿Por qué no hay una avenida de los pueblos originarios, o de los indios para hablar más sencillo? Los nombres de personajes del pasado en las calles de Buenos Aires tienen directa relación con la visión que tenga de ese pasado la historia más o menos oficial. A veces, algunos disconformes las cambian, aunque sea por unos días o unas horas. Alguna vez, a los letreros de la calle Estados Unidos, les pegaron arriba otros que decían Che Guevara. En Neuquén, a la principal avenida General Roca, manos cobrizas le cambiaron el nombre por Lonco (lo que llamamos “cacique”) Calfucurá. Durante la guerra de las Malvinas, un grupo de patriotas encabezado por el viejo forjista Darío Alessandro tapó el letrero de Canning en la esquina con Santa Fe y restauró el nombre quitado por la dictadura: Raúl Scalabrini Ortiz. ¿Cómo no va a existir una calle Rivadavia –la “más larga del mundo”- si se sigue diciendo que fue el primer presidente argentino? -¿Pero, como? ¿Entonces no fue el primer presidente?

En realidad habría que ver si ser el primer presidente es un mérito. Pero la “presidencia” de Rivadavia fue un invento del Congreso de 1824, apurado por la necesidad de poner uno en la vidriera para que los ingleses firmaran un tratado de comercio. Pero el primer presidente constitucional –bueno o malo, que es otra cosa- fue Urquiza. Y si buscamos al primero que llevó ese título, en realidad fue el español Baltasar Hidalgo de Cisneros el 24 de mayo de 1810, aunque duró un solo día. Fue el presidente de la Junta de Gobierno creada por mandato del Cabildo Abierto de 48 horas antes. El primer presidente nacido en América fue el potosino Cornelio Saavedra, que lo fue de la llamada Primera Junta, el 25 de mayo. En realidad, la primera la había presidido, como vimos, Cisneros.

-¿Pero entonces, nuestro primer presidente era boliviano?, diría algún porteño escandalizado, de los que se preguntan como puede haber un indio gobernando Bolivia. Afortunadamente, en ese tiempo no nos dividíamos en argentinos, bolivianos, uruguayos, paraguayos. Pero volvamos a Rivadavia, el de la calle. Entre sus principales méritos, podemos mencionar que su gobierno inventó la deuda externa –con el empréstito Baring-, fue uno de los responsables de que la tierra de la pampa húmeda se repartiera entre pocos -con su ley de enfiteusis-, y entregó una guerra ganada contra un imperio esclavista para que el ejército volviera y se dedicara a deponer gobiernos populares en las provincias en beneficio del partido unitario y de los comerciantes del puerto. Lo que se llamó “hacer la unidad a palos.” Por eso, y por otras cosas más, Rivadavia es el que tiene la calle más larga.

Pero en las calles de Buenos Aires faltan otros nombres: los de los caudillos Estanislao López, Facundo Quiroga o Ricardo López Jordán, entre otros. El del general Juan José Valle, fusilado por sublevarse contra una dictadura, por ejemplo. Claro que, lo que tenemos que hacer es conocer nuestra verdadera historia y no los cuentos de los vencedores. Luego se verá que nombres de calles hay que cambiar.

 Enrique Manson

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