Rosismo, revisionismo, indiófilos y afrodescendientes

El revisionismo argentino se creó se calcula más o menos por la década del 30, con la crisis mundial, y la necesidad de revisar los papeles ya que si todo nuestro pasado había sido tan glorioso ¿cómo, entonces,  se podía estar tan mal?. Surgió desde la intelectualidad y la política la necesidad de releer nuestra historia, poder pensarla en otra clave. Y el personaje de la política que más polémica generaba era Juan Manuel de Rosas. Y esto era así porque fue la cabeza del intento de construcción de una realidad alternativa a la que se planteaba en los gabinetes ingleses. Decimos otra realidad, no quizás la que planteaba un moreno o un San martín pero si una realidad diferente a la que pregonaba Inglaterra. Y sólo esto bastó para transformar a este gobernante de la provincia más importante con poder de canciller en la bestia negra de la Historia. Mitre y sus seguidores transformaron ese pasado en el lugar donde nunca había que volver. Y se demonizó y demonizó a un personaje que intentó encarar un proyecto de país alternativo al que se nos prefijaba desde otras latitudes. Quizás sin saber muy bien como hacerlo, porque imaginemos que si en la actualidad Fidel Castro plantea que el error principal de la Revolución fue creer que alguien sabía como hacer socialismo, en esa época desarrollar una alternativa al poder inglés en una región devastada por guerras era muy complicado. Existía el proyecto Paraguay pero su aislamiento hacía difícil su ejemplo en la Confederación Argentina.  En esa realidad le tocó actuar a Rosas y lo hizo bastante bien, incluso defendiendo el territorio que Inglaterra quería seguir desmembrando. Ese fue el pecado de Rosas, y los mitristas y afines eligieron criticarlo por su política mazorquera que buscó frenar los disensos internos. Claro que estas críticas no se repiten cuando el mitrismo termina ejecutando a los principales dirigentes de las montoneras federales, o la masacre que llevó a cabo el ejército argentino junto con el brasilero en la guerra del paraguay. Lo que importa es si Rosas era o no era un tirano.  Me hacen acordar a las discusiones que aparecen sobre Cuba, si es o no una dictadura, si hay libertad o no. Esa es la gran derrota del sentido común que se viene a intentar desmantelar. La libertad no está en el movimiento individual de una persona adentro de un territorio sino que la tenemos que observar el todo colectivo como nación. Preguntarnos por la soberanía. El revisionismo intentó hacer eso. Y para desandar ese camino tuvo que preguntarse por la identidad de los argentinos. Una identidad que construyó a su manera con algunos sectores que se hicieron invisibles como fue el caso de los indios y los negros.

El revisionismo negaba la pertenencia a esa identidad a los pueblos originarios a las comunidades afrodescendientes. Y esos temas fueron tomados por interesados que buscaban nichos de poder en el mercado intelectual para seguir dividiendo a la patria, los originarios eran tratados como el slogan salvemos a las ballenas, como entes lejanos y sin sentido político propio. Los que nos formamos leyendo a Jorge Abelardo Ramos  cuando llegábamos al capítulo donde trata al roquismo teníamos que formularnos alguna interpretación por fuera del texto que nos permitiera entender porque el colorado defendía a Roca y acusaba de indiófilos a quienes lo atacaban. Podemos alegar otra época, de un connotado marxismo racionalista que no se detenía en ninguna identidad preexistente a la de trabajador/proletario. Evo Morales ni era soñado todavía.  Demás está decir que las constantes guerras hacia “la frontera” no era un gran problema para el autor.

Pero con la globalización y la fragmentación de identidades la nueva historia está logrando reunir los pedazos de una manera contenedora y novedosa. Hoy los pueblos originarios son reconocidos por el Estado y son interpelados políticamente para su participación. Se les reconoce su historia pero no como esos pobres indios que no saben nada y tenemos que ayudar sino como un actor más en la escena. Y esa es la gran herencia sanmartiniana del gobierno de Cristina. El reconocimiento del otro, ninguneado por la historia, a quien se creyó ver representado en diferentes ONGS que vaya uno a saber que intereses tenían. Que el reconocimiento no basta, si lo sabemos, pero tampoco vamos a pensar que si tiramos el monumento de Roca no resolvimos el problema. La solución requiere de mucha paciencia por años en los que la forma de vínculo de estos sectores con el Estado fue la policía.  Por eso revisar la historia y ver como San Martín tuvo una práctica diferente, de respeto y reconocimiento. Rosas pese a los grandes críticos también interpeló a las comunidades políticamente y castigó, como lo hizo con los opositores no indios a quienes se cruzaron en ese camino. Eran tiempos de guerra y desmembración, a veces es difícil ponerse en esos lugares de decisión con la tranquilidad de nuestro presente.

Lo mismo ocurre con las poblaciones afrodescendientes. El negro en argentina fue aniquilado de un plumazo de la historia. Menem como presidente llegó a decir que en Argentina no había negros. fruto de  una construcción histórica instalada como sentido común que invisibilizó a por ejemplo el peluquero Roberto Giordano y lo hacen pasar como un poco tostado. Pero si este muchacho es negro, entonces hay negros en la Argentina? Efectivamente y están organizados en diferentes representaciones que intentan dar la pelea por su existencia en la identidad de este pueblo. Fueron en la época de Rosas un actor fundamental de movilización de masas. Fueron reconocidos como parte. Luego la historia también fue implacable con ellos. Se extinguieron llegaron a decir. Así fue que ningunearon el mestizaje y revalorizaron las inmigraciones de blancos por sobre cualquier otra. Así se construyó la historia del siglo XX, los excluidos sociales construidos como excluidos históricos, no están, no existen.

Dar vuelta  esa página no se asume como sencillo, pero es la tarea para comenzar a cicatrizar nuestro cuerpo social. El Estado reivindicando sus grandes hechos soberanos contra potencias que no venían a hacer turismo pone de manifiesto el intento por consolidar la nueva dirección de un país que se decide puertas adentro, y ese objetivo no es para nada fácil, requiere de todos, acá no sobra nadie. Y para eso nos tenemos que reconocer. Lo que ocurrió con la comunidad toba en Formosa tiene que ser un punto de ruptura hacia adelante.

Esa gran pregunta de quiénes somos se vuelve a poner sobre el tapete, porque en realidad nos estamos preguntando qué queremos ser.

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