Maestras y maestros

Maestras y maestros 

Carla Wainsztok

Corrían los años 80, mi guardapolvo blanco abotonado atrás parecía más blanco en la larga noche de la dictadura. Para ser justa algunas profesoras hacían lo que podían, como la profe de literatura que lloraba al leernos las “Nanas de la cebolla” de Miguel Hernández, pero otras y otros profes parecían sentirse muy a gusto con el Proceso de Reorganización Nacional y lo llamo así porque querían emular al Proceso de Organización Nacional, la llamada Generación del 80, a confesión de parte relevo de pruebas. 
 
Yo estudiaba en el Nacional Vicente López y recuerdo con emoción y hoy con admiración las clases de Historia de Oscar Edelstein. El daba clases de Historia colonial de América Latina ¿qué podía inquietar a un/a estudiante de 15 años la historia colonial, el virreinato? de él escuché por primera vez el nombre de Túpac Amarú, las/os que me conocen saben que para mi José Gabriel Condorcanqui es un símbolo, el símbolo de las resistencias de Nuestra América. Y Oscar Edelstein me lo presentó, como si fuera una cita, no sólo una cita de un texto, con Túpac tengo una cita como quién se encuentra con un amigo, con un hermano. 
 
Creo que la Cátedra de Pedagogía Latinoamericana se empezó a gestar ahí, en esa aula donde Oscar nos convidaba con Mariano Moreno, Monteagudo, pero también el me presentó a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Esa línea que conduce las resistencias de ayer y hoy en Nuestra América Latina. 
 
La voz de Oscar se cruzaba con el inicio de la “primavera radical” cambiamos el guardapolvo abotonado atrás por el jardinero Lee, el morral, la remera de Pink Floyd, los zuecos y las camisolas y recuerdo que tomábamos café de Colombia porque la coca-cola nos parecía imperialista. 
 
Leíamos a Benedetti, Neruda, García Márquez, Galeano y decidí ingresar a Sociología…. 
 
Allí tuve muchas/os profesores, algunos buenos otros no tanto, pero me encontré con una maestra y un maestro. De esto hace más de 20 años, por eso creo que fueron mis maestros, hoy les estoy agradecida pero los veo de otra manera, les guardo un gran cariño, profunda admiración pero en algún punto me parecen lejanos, imagino que de eso se trata; de guardar en la memoria sus enseñanzas. 
 
Rubén me enseño cosas maravillosas, me hizo saber que no son lo mismo las instituciones eclesiásticas que la religión, que religión es religar, ligarnos a las/os otras/os. Rubén me enseño sobre los profetas hebreos, sobre sus ideas de justicia, memoria y verdad. Rubén expresa el mismo esos ideales. En los noventa seguía creyendo y esperando y el tiempo le dio la razón que otro proyecto era posible. 
 
Alcira se sentaba en el escritorio, prendía su cigarrillo y todas/os quedábamos embelesados con sus conocimientos, dibujaba mapas en el pizarrón, nos hablaba de geopolítica y de las matrices de pensamiento y mientras escribo esto percibo que en sus clases volví a escuchar nuevamente el eco de Túpac Amarú. A ella el tiempo también le dio la razón es posible una América Latina unida. Con ella en los noventa dábamos clase de Bolívar, Artigas, Moreno y en la facultad se decía que nos habíamos quedado en el 45. 
 
Con Alcira no sólo escuché de nuevo el nombre de Túpac sino que al dar clases descubrí América y comencé a intuir que había una pedagogía latinoamericana. Rodríguez, Martí, Gabriela Mistral, Freire, Jauretche, Zemelman (anoche soñé que Zemelman me llamaba al celular y no lo pude atender y me puse a llorar). 
 
 Hoy el sueño de la cátedra de pedagogía latinoamericana se está cumpliendo, hoy les estoy leyendo este textito a mis queridas/os estudiantes, las/os primeros que se animaron a cursar esta cátedra. Esta aula, nuestra aula es un espacio de sentires y pensares, el otro día las/os miraba construir con cartulinas, papeles, plasticolas, los vínculos entre pedagogía y arte, pero había algo más, un plus, nos convidábamos con experiencias, con nuestras experiencias de las aulas. Nuestra América es un aula. Construíamos nuestros vínculos pedagógicos. Que alegría estar hoy entre todas/os ustedes. Gracias. 
 
Todas las mañanas cuando Juli y yo llevamos a Male a la escuela, nuestras manos, me recuerdan las manos entrelazadas de otras madres y otras abuelas, en ese momento miró al cielo y siento y pienso en mi abuelo y en Néstor. 
 
Soy felíz tuve maestras y maestros algunas/os habitaron aulas; otras/os no pero si son o fueron habitantes de la vida. Como buenos maestras/os nos estaban esperando. En memoria, en presente y en futuro de Túpac.
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