Los ruidos que traen las cacerolas

En la carrera de Sociología una de las primeras cosas que te enseñan es que existe algo que se llama naturalizar. La naturalización es la cristalización y el acostumbramiento a ciertos modos, estilos, formas de vida en donde ya no se cree que comenzaron alguna vez, sino que como dice el concepto vienen dadas por la naturaleza de las cosas, es así, y no se va a cambiar.

En nuestra Argentina contemporánea vienen ocurriendo algunas cosas desde 2003 que están tirando por la borda un conjunto de natualizaciones que había construido la sociedad argentina y las que llamábamos el orden social argentino. De la dictadura cívico-militar del 76 para acá el proceso de individualización de nuestra sociedad fue de la mano del proceso de descomunalización, es decir que cada vez nos sentimos más individuos y menos pueblo. Por supuesto que eso lleva una filosofía atrás, una cosmovisión, una mirada del mundo que plantea una integración de la Argentina al mercado mundial a través de la exportación de productos de la tierra, poco elaborados, y una organización social interna en donde prima la desigualdad.

Nestor Kirchner cuando dijo en 2005 que la dictadura no sólo fue responsabilidad de los militares, sino también de civiles como Martinez de Hoz abrió una puerta que no se había abierto nunca. Estaba diciendo que el nuevo Estado argentino iba a castigar las matanzas desde su seno en el pasado y que la responsabilidad iba a llegar también  a los civiles, y con eso se podían cuestionar todas las acciones de estos civiles, no sólo los asesinatos, sino también sus planes económicos y sociales. Lo dijo en una sociedad producto de esa dictadura, es decir que se los dijo a todos los hijos de estos planes sociales, a los que se quedaron afuera y a los que se quedaron adentro.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner continua ese lineamiento y se sigue metiendo con esa herencia social, y tiene el tupé de atacar a su Dios máximo: el dólar. Pura desnaturalización. En un país donde se podía ahorrar en billetes verdes, porque nuestra moneda era torpedeada de diferentes lugares, y ese tipo de acción se realizaba sin preguntarle a nadie porque era simplemente un acto de libertad, la restricción de la circulación hace que un sector importante de las clases medias acomodadas y no tan acomodadas salgan con el grito en el cielo en reclamando por volver a la normalidad, al país natural. Cambiarían la constitución para agregarle en algún lado que nadie podrá retringir la compra de la moneda verde.

En términos históricos es una pelea entre los que quieren conservar un país que les cerraba por todos lados, siempre y cuando no miraran el estado de los de abajo, con los que están planteando cambios de esa forma de vida naturalizada en la búsqueda del crecimiento industrial y de la inclusión de las grandes mayorías que habían quedado afuera. Esta cuestión es muy importante, hoy en la Argentina funamentalmente en las universidades creadas en el Conurbano Bonarenese están estudiando con idea de graduarse millares de jóvenes que son primera generación universitaria. Para el espectro que apoya el rumbo del gobierno nacional es un dato muy valorado, pero para quienes quieren conservar la Argentina “natural” es un dato que, sobretodo para las clases medias bajas, habla de una igualación social, o incluso una superación por poseer un título universitario, de sectores sociales que “naturalmente” estaban destinados a fregar los pisos de los ultranombrados “sectores medios urbanos”. No hay que soslayar esto, porque el odio es a Cristina, pero tenemos que pensar que si la presidenta les continuara dejando el pie en la cabeza a los sectores excluidos las cacerolas no harían mucho ruido. Hay una frase dicha por Lonardi a sindicalistas en el golpe del 55: “esta Revolución se hizo para que el hijo del barrendero se muera barrendero”. Está claro no?, ni por la libertad ni que ocho cuartos, para que el negro no se me siente cerca en la confitería ni en el teatro.

En política nada es casual, y que hayan elegido el 14 de septiembre para realizar la marcha, seguramente en conmemoración de los 57 años del golpe oligárquico contra Perón (que fue un 16 de septiembre de 1955, pero 16 cayó domingo y hubieran tenido menos concurrencia), un jueves, día de marcha de las Madres de Plaza de Mayo, como gran símbolo de lo detestado. Tenemos que acordarnos que hasta 2003 las madres eran reconocidas en todo el mundo, salvo un país, el nuestro.

Son los ruidos de nuestra historia que vuelven a aparecer, segurmante dentro de los reclamos de los grupos inorgánicos que quieren el país natural haya alguna cuestión que pueda ser atendida, pero no podemos hacernos los tontos sin comprender que en septiembre viene la primavera y de vez en cuando se escuchan los gritos de los beneficiados de la sociedad desigual.

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