Las clases medias y los cacerolazos

Lo que conocemos como establishment argentino, que hoy podríamos pensar representado por la AEA (Asociación de Empresarios Argentinos), ha tenido desde 2003 hacia la fecha un vacío en la representación política para realizar sus designios en cuanto al destino del país se refiere. Sin posibilidad de acceder electoralmente por la falta de un candidato que seduzca a grandes mayorías, o la imposibilidad de un abroquelamiento de todas las fuerzas políticas opositoras al oficialismo actual porque resulta difícil unir dentro de esa bolsa a la oposición de derecha de la oposición de izquierda.

Pero quienes realmente han gobernado la mayoría de la historia argentina, grupos económicos locales ligados al capital internacional que construyó la argentina agroexportadora, conocen muy bien sobre que pueblo deben volcar sus políticas. Sarmiento se lo había dicho a Mitre alguna vez: en Buenos Aires triunfa mejor la política de atemorizamiento, a través de la generación de un terror infundido a través de los principales medios de difusión, que  una política frontal que exprese algún tipo de esperanza. Y por eso cuando no fueron gobierno, en nuestra historia sólo con los gobiernos de Yrigoyen, Perón, Kirchner y el actual, se volcaron a construir mayorías opuestas a los gobiernos elegidos democráticamente a partir de la generación de climas trágicos donde por la constante repetición logran hacer sentir una supuesta pérdida de libertad. Y esa libertad, que encubre sus intereses a mantener el rumbo de país fijado por ellos mismo, se transforma en una bandera nunca sostenida por ellos sino por diferentes sectores sociales de nuestro país.

Así fue que habiendo perdido las elecciones de 2003 sin poder imponer un personero propio, como podían ser Menem o Lopez Murphy  intentaron generar a través de las movilizaciones lideradas por el padre de una víctima del delito, Juan Carlos Blumberg, un discurso político de la inseguridad como tema principal de los argentinos que debería ser resuelto primariamente, antes que educación, salud, trabajo, cloacas o lo que sea. Se preparaba un clima para las elecciones venideras en donde los candidatos que podrían crear tenían que utilizar como lema el atemorizamiento de la población haciéndonos creer, y creyéndonos, que no se podía salir más de nuestras casas porque seguramente nos matarían. Más allá de las cifras reales , hay que reconocer que han logrado instalar el tema dentro de la agenda política y hoy no importa citar números, porque el temor está instalado.

Pese a ello esto no se logró traducir en una variante en 2007, ya que fundamentalmente por el crecimiento de la economía la rueda había vuelto a girar y nadie iba a oponerse a un gobierno en crecimiento. Sabiendo de los ciclo económicos de la Argentina esperaban que cuando tocara la crisis pudieran tener una fuerza política de reemplazo. Esto ocurrió en 2008-9, primero con la crisis política generada por esa entelequia que se autodenominó como “el campo” que estaba viendo como, supuestamente, se estaban aprovechando de su posición privilegiada y de los precios de la soja para quitarles una parte que les correspondía. El discurso fue que el gobierno, que había ganado legítimamente las elecciones en octubre de 2007, en 2008 quería destruir al campo. Liso y llano. Esto provocó que en las ciudades alejadas de la vida rural, pero no de sus beneficios económicos, se produjera una movilización muy importante de lo que podríamos denominar como clase media urbana, para apoyar a quienes estaban sufriendo los atropellos de un gobierno autoritario y soberbio. Las cosas que se dijeron en esos momentos quedarán para la historia. El vicepresidente electo se prestó para este atropello, transformando el senado en un campo más de la batalla contra un gobierno al que no controlaban. Cobos se fue como un ídolo popular en auto de Buenos Aires a Mendoza, recibiendo las ovaciones de los grupos que se habían opuesto a las políticas del gobierno nacional en cuanto a retenciones.

Sin embargo toda esa presión popular no logró destruir a un gobierno que eligió profundizar la democratización de las instituciones de la Argentina antes que volverse a sus pagos sin poder desarrollar el proyecto que tenían pensado. Las elecciones de 2009 plantearon el último momento de la caída para verificar después el nuevo crecimiento político. El establishment prefirió no dar un golpe, y mantener un gobierno desgastado que les cumpliera sus demandas. Los pliegos con medidas propuestas por la oposición política y social argentina dejaron claro que el rumbo que se pretendía era muy distinto al que estaba realizando el gobierno que había recibido el apoyo de la mayoría de los ciudadanos.

Así fue que el kirchnerismo se transformó en una entidad con peso propio en la política nacional y fue con la dolorosa pérdida del jefe político del nuevo espacio que ese camino planteado por este gobierno comenzó a llegar cada vez más a esos grupos que antes habían confrontado con las políticas llevadas a cabo. El mensaje de reparación social empezó a atravesar a las clases medias y a lograr construir un nuevo bloque de alianzas en donde surgió como figura indiscutida el liderazgo de la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner. En este nuevo bloque de alianzas la clase media se transformó en un actor clave de la disputa entre el proyecto clásico del establishment argentino contra el intento de desarrollo nacional con inclusión de todos los excluidos en un nuevo proyecto de Nación. A raíz de esto es que en estos días estamos escuchando repetidamente que el gobierno nacional está en contra de las clases medias, y vemos expresarse a quienes se consideran parte de esa clase como víctimas de las políticas del Estado que no les permite desarrollarse.

Otra vez la oposición real, el establishment argentino, a través de todos sus medios de difusión y con gran astucia, buscan con un discurso homogeneizante (como lo de “el campo” que igualaba a un peón víctima de trata de personas con Cargill o la Sociedad Rural) decir que hay sólo una clase media, que es víctima de una política despiadada para destruirla y, supuestamente, quitarle las libertades que la hacen ser eso que es.

Sin meternos en el terreno epistemológico que indague sobre la definición precisa sobre este sector, podemos decir que Argentina siendo un país que ha construido sus clases medias, y también sus sindicatos, en oposición al establishment hoy no posee una clase media homogeneizada, porque pensemos que este sector engloba a quien posee determinados bienes materiales o culturales, que vive en determinado lugar y tiene unos hábitos de consumo parecido. Es un concepto muy difuso, porque se iguala a quien viaja a Miami una vez por año, con quien tienen una vivienda propia en frente de una villa y su trabajo, quizás no sea estable. Es decir quienes descienden de las clases altas con quienes ascienden de las clases bajas. Por lo que mejor podríamos hablar de clases medias en lugar de clase, si la definiéramos por su lugar en la producción, o sus ingresos económicos, y su acceso a los bienes culturales. También podríamos hacer esa diferencia tomando en cuenta la posición con respecto a un proyecto inclusivo de Nación o a un proyecto más restrictivo en cuanto a ese tema. Seguramente no surjan sólo dos clases medias, sino varias más. El caso de Venezuela, que es un país en donde los sectores medios son minúsculos por haber tenido 80% de la población en situación de pobreza durante 80 años, sirve para ejemplificar estas separaciones: en pleno conflicto por el golpe de Estado de 2002 surgió un grupo que se autodenominó clase media en positivo, que apoyaba el proyecto de inclusión social que planteaba el presidente Chavez. Es decir que la clase media aunque fuera poca no se la regalarían a las filas del establishment venezolano. Entro en crisis la interpretación cerrada que se había construido durante casi 1 siglo.

El discurso que escuché en la marcha del 13 de septiembre en Plaza de Mayo fue un discurso que pedía la detención del ascensor social. Como si un sector de la clase media gritara que el ascensor estaba lleno y que había que detenerlo porque en cualquier momento un joven del conurbano bonaerense recibido en alguna de esas universidades donde el gobierno “gasta” dinero público podría ser más culturalmente que cualquier pequeño comerciante.

Estos sectores que son movidos por el miedo lo sepan o no están construyendo el clima para que las elecciones del año que viene sean nuevamente la expresión de dos proyectos de país diferente: uno en donde las clases medias, sean sólo una clase que será cola de ratón de los sectores más poderosos del país u otro en donde estos sectores junto con el resto de la población logremos generar un país soberano en sus decisiones con verdaderas oportunidades para todos. Para eso habrá que desenmascarar una y mil veces a los verdaderos profetas del odio, como los llamó Jauretche.

 

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