Acuerdo de YPF con Repsol: un editorial español que sirve para saber como somos mirados

El diario El País de España, antikirchnerista, y anti todo movimiento latinoamericano que exprese algún tipo de voluntad soberana nacional, publica hoy en un editorial el verdadero pensamiento de la política exterior de España. Para ellos la política exterior es la defensa de los intereses de sus empresas en el exterior en primera medida, como lo hemos visto nosotros acá cuando el presidente otrora socialista Felipe Gonzalez, se aparecía en 2001 en nuestro país (mientras todo se derrumbaba) para asegurarse que las empresas españolas (Repsol-YPF, Aerolíneas y Telefónica fundamentalmente) no serían molestadas por los cambios que se irían a producir. Nuestro pueblo en la miseria, y los españoles gastaban plata en mandar a un embajador del cariz de Felipe Gonzalez para asegurarse que las empresas mantuvieran sus tasas de ganancia. Vale recordar que Perón, cuando esa Nación sufría las vicisitudes del posconflicto bélico y de haberse quedado afuera del plan Marshall, fue quien decidió por muchos motivos enviar barcos repletos de alimentos. Claro que buscaba además un rédito político, pero la ayuda humanitaria era un fin en si mismo. Era verdad que Argentina no tenía empresas para defender en ese país, pero los gestos no se pueden olvidar. La Argentina que había aceptado recibir a infinidades de españoles a fines del siglo XIX y principios del XX, lo había hecho por muchas razones, pero había una lógica que históricamente buscaba ser un vínculo recíproco. Y en la década del 90 cuando España a través de sus empresas primero estatales y después privadas se introduce en el negocio de las privatizaciones lo que vimos fue que el único objetivo era apoderarse y destruir los bienes que habíamos producido los argentinos. Por supuesto que el problema es nuestro por confiar en ellos, por eso son para celebrar las medidas que nos los quitan de encima, primero Aerolíneas, después YPF, y en algún momento serán las comunicaciones. Porque lo que siempre los guió, pese a considerarse “amigos” y toda la cháchara es una voluntad colonia que el Reino de España nunca pudo esconder en sus prácticas.

Va pegado el artículo que mencionábamos del diario dando a entender que esto del acuerdo es algo así como la 2 rebelión de las colonias.

La metrópoli colonizada por sus colonias

Quien sale fortalecida es la empresa pública mexicana Pemex porque el acuerdo reduce sus riesgos en la petrolera

El aparente final de la guerra Repsol-Argentina augura beneficios para todos, aunque ya se irá viendo en la ejecución de la letra pequeña del acuerdo.

Quien sale estratégicamente fortalecida es la empresa pública mexicana Pemex (que ostenta el 9,34% de Repsol). No tanto porque se le abra la veda en el yacimiento de Vaca Muerta. Para ponerlo en rendimiento tendría que invertir con largueza, y no va suelta, pues revierte a papá Estado la parte del león de sus beneficios, que suponen un 40% de los ingresos presupuestarios mexicanos.

Es ganadora, más bien, porque como a los demás accionistas, el acuerdo le reduce sus riesgos en la petrolera española. Y sobre todo porque es ella quien ordeñó el pacto (tras rebelarse por segunda vez contra el presidente de Repsol), como evidenció la visita ad limina del ministro de Industria, José Manuel Soria, en funciones de gran recadero, a México.

Este episodio simboliza un fenómeno de mayor enjundia: la creciente toma de posiciones, ya de orden político, ya económico, ya financiero, de empresas latinoamericanas en corporaciones españolas clave. Rizando el rizo, la exmetrópoli está siendo semicolonizada por sus excolonias. Justo el reverso del segundo Descubrimiento de América por bancos y empresas de servicios públicos españoles en trance de privatización, iniciado en los años noventa bajo los Gobiernos de Felipe González. E incrementado después, al socaire de la venta de las empresas públicas latinoamericanas al sector privado.

La emergencia del subcontinente y la recesión española se han conjugado en el último lustro para articular el envés pendular de aquel movimiento.

Por un lado, bancos, compañías de telecos y otras logran salvar sus cuentas de resultados gracias a su capilaridad en Centroamérica y el Cono Sur. Por otro, sociedades y capitales latinos, reforzados tras años de crecimiento sostenido, lanzan nuevas, y bienvenidas, inversiones en España. Menudean, al amparo de la debilidad del mercado peninsular, o del alto endeudamiento empresarial, o de las cargadas autocarteras, o de las urgencias expansivas, o de la precariedad de sus núcleos de accionistas de referencia, tantas veces sobreapalancados.

Así, el grupo mexicano Sigma lanza una opa sobre el 100% de Campofrío; la primera fortuna mexicana y mundial, Carlos Slim, entra en Caixabank y otras firmas como Gas Natural; el colombiano Jaime Gillinsky y el mexicano David Martínez se convierten en primeros accionistas del Sabadell. Y Pemex se hace con la mayoría del astillero gallego Hijos de J. Barreras. La secuencia continuará. Y se complementa con la más discreta irrupción en las 35 del Ibex de los grandes fondos mundiales.

Bien, y a todo esto, para Repsol, ¿qué? La petrolera logra ahora un respiro financiero, si bien pendiente de ciertos detalles del mercado. Pero para alcanzar un mejor saneamiento deberá vender su importante participación en Gas Natural: los últimos vaivenes (que si chinos de Sinopec, que si singapurenses de Temasek) pespuntean cierta confusión.

Además, deberá reconciliar las frondas de algunos de sus accionistas. Mediante, entre otros mecanismos, la mejora de los beneficios. Estos, aupados en el corto plazo por la venta de sus activos de gas natural licuado (GNL) a Shell, por 6.653 millones, se resentirán a medio plazo por esa misma enajenación, que le detraerá los correspondientes resultados gasísticos. Además, la nueva normativa española impide a Repsol consolidar el 100% de los beneficios de Gas Natural, reduciéndose a su cuota, el 30,01%.

Estos desafíos tendrán que enmarcarse en una redefinición, pendiente desde hace tiempo, del perfil de Repsol en el mercado.

Es una incógnita con, al menos, tres variantes. Puede optar por ser una petrolera pura y dura (upstream: con contratos de pozos, con reservas) para lo que la expulsión de Argentina la perjudicó y para lo que quizá le falte tamaño y músculo financiero en relación con sus rivales internacionales. O por ser una refinera orientada por la mercadotecnia doméstica, lo que la circunscribiría al mercado español, de dimensión limitada. O por recuperar su vocación gasista, vía menos practicable tras la venta de GNL. Debe, en cualquier caso, decidir qué pretende ser cuando sea mayor.

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