Naopoleón Bonaparte y América Latina: el caso de Haití

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Sin dudas Napoleón fue un gran estratega político-militar. Nadie puede dudar de sus habilidades en el campo de batalla. Tampoco se puede negar que la fuerza que lideraba en Europa en principios del siglo XIX, combatía contra las monarquías y el orden absolutista establecido en toda la región. Sus objetivos eran ampliar las posibilidades de la nueva Francia liderada por los sectores burgueses en ascenso. Napoleón, como dijo Hegel en Alemania en la misma época, representaba la llegada de la libertad. 

Sin embargo Napoleón en su afán de construir un nuevo ordenamiento europeo y por ende mundial siempre supo que lugar iban a tener las colonias francesas para el nuevo diagrama de poder. La Revolución francesa iniciada en 1789 se hacía en un imperio que poseía colonias de ultramar. Y una de esas colonias era lo que hoy conocemos como Haití. En Haití, otrora Saint Domingue para los franceses, se desató en 1791 una oleada revolucionaria liderada por mulatos y negros esclavizados en pos de obtener la pretendida igualdad que declamaba la declaración de los derechos del hombre hecha por los franceses. El alzamiento revolucionario haitiano tuvo diferentes miradas desde el París revolucionario, desde la negación a cualquier posibilidad de igualación, pasando por mediaciones hasta la libertad completa que plantearon algunos jacobinos. La isla abastecía de 2/3 del azúcar que producía y vendía Francia. Para esa época, principios del siglos XIX y fines del XVIII,  el azúcar era un bien primario fundamental para el consumo europeo y quien tuviera la producción del mismo, junto al otro gran negocio del tráfico de personas esclavizadas de África, lograría dominar el comercio. Con lo cual era bastante difícil que pese a las buenas intenciones de algunos franceses la nueva república burguesa se pudiera desprender de tamaño pedazo de su economía así como así. Para graficar esa situación basta ver las declaraciones de los empresarios astilleros de Marsella, que al conocer el decreto de abolición de la esclavitud en las colonias, expresaron que seguramente el corazón de los trabajadores astilleros estaría contento, pero su estómago triste por haberse quedado sin trabajo.

Napoleón como hijo de su tiempo prefirió mantener la segregación racial de una manera brutal. En 1802 ordenó el restablecimiento de la esclavitud, en una isla que había logrado a través de una guerra brutal la primer constitución de un estado liderado por negros exesclavizados que buscaban su libertad sin desasociarse de la metrópoli. El ejército de 20 mil hombres que mandó Napoleón para restablecer la esclavitud y volver a producir en las plantaciones el azúcar que necesitaba Europa expresó el cambio radical de la revolución francesa, que terminó diciendo que la libertad no era para todos, solo algunos: hombres, no mujeres; blancos, no negros; europeos, no americanos; africanos o asiáticos; y propietarios, no simples trabajadores. El mensaje de Napoléon y de Europa desde ese primer momento y durante toda la independencia de nuestro continente en el siglo XIX fue que no colaborarían, ni siquiera las fuerzas más progresivas allá, con el avance social de sectores sociales cuya piel no fuera lo suficientemente clara. 

La revolución haitiana logró derrotar las fuerzas napoleónicas y en 1804 declaró la primera república americana, bajo el mando de una dirigencia negra. Los hombres que lideraron aquella epopeya fueron Toussaint Louverture, Jean Jacques Dessalines, y Alexandre Pétion entre otros.

Este hecho que se oculta generalmente en la historiografía se debió a que luego en el siglo XIX los esclavistas franceses le pisaron la cabeza con la deuda externa a la república negra. Para concederles el reconocimiento a su independencia les exigieron el pago de todos los gastos a los que había recurrido el Estado francés para enfrentarse con ellos. Los pagos se los descontaban de la producción de azúcar, Haití de esa manera perdía la posibilidad de contar con recursos propios para su desarrollo. Luego en el siglo XX siguió la invasión de Estados Unidos, y diferentes conflictos internos transformaron a Haití en el país más pobre de la región. Un claro mensaje para los pueblos de América que buscan su liberación. 

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