Los 24 de marzo

Ayer se cumplió un nuevo aniversario de la toma del gobierno por las fuerzas armadas apoyadas por la iglesia, grupos económicos, embajada de Estados Unidos, medios de comunicación hegemónicos, partidos políticos de oposición, y un largo etcétera. Aquel 24 de marzo de 1976 se transformó en una bisagra para la historia del país. Fue ese grupo al mando del Estado argentino quienes empezaron la obra de modificación de un país que, desde 1945, había buscado su lugar en el mundo como un espacio seguidor del principio de autodeterminación. Ese día todo comenzó a cambiar, el país que vino después se transformó en uno muy diferente del que existió hasta ese momento. Un cambio que no había sido detenido por el radicalismo gobernante desde el 83; y que había profundizado en sus rasgos novedosos de país entregado al capital financiero internacional durante la década del 90. El 24 de marzo de 2004, el primer 24 de marzo de Kirchner presidente, ante un pueblo golpeado una y otra vez, eligió pedir perdón desde un estrado al lado de lo que había sido uno de los centros de detención clandestinos más simbólicos de la dictadura del 76. El año pasado había escrito sobre ese día acá http://wp.me/p97C0-98. Pero con el cumplimiento de 10 años esa fecha va tomando otro valor. Es imposible no recordar aquel acto como un evento extraño para la época. Desde 1996 los 24 de marzo se hacían masivas marchas, que con el correr del tiempo cada vez eran más masivas. Casi siempre había dos actos uno más temprano que otro en la Plaza de Mayo. Cada organización de madres ratificaba su separación y hacía su acto, las organizaciones y los sueltos elegían. El acto que se hacía por la tarde siempre era el más masivo ya que congregaba a una mayor cantidad de organizaciones y tenía más visibilidad. Los 24 de marzo en Capital eran eso, una gran marcha qu venía a ratificar la elección de la democracia por parte del pueblo. Recuerdo la marcha de 2002 como una de las que tuvo un fuerte cariz democrático y popular que enlazaba con la pueblada del 19 y 20 de diciembre de 2001. Pero ese 2004 la convocatoria venía desde el Estado. Y la convocatoria era en un lugar de mucho peso.   El acto fue temprano, cerca del mediodía, si mal no recuerdo, y la impresión que me había dado era que no iba a ser un acto que se iba a destacar por la masividad. Ni siquiera recuerdo si cortaron avenida Libertador. Cuando llegamos con un amigo nos cruzamos con varios compañeros, y había una cosa en el aire sobre que sería eso. Íbamos a un lugar a escuchar un tipo que era el presidente de un país, pero en quien casi ninguno de nosotros ponía una expectativa importante. Era una sensación rara. El tipo que no venía del palo de los derechos humanos tomaba el tema y generaba un acto de justicia que hasta ese momento parecía increible. Después de eso recuerdo que la Revista Barcelona jodía con que nunca se iba a hacer el museo de la memoria y todo quedaría en la nada. Pero ahí habló ese presidente que quizás ese día se convirtió en nuestro presidente. Fue raro escucharlo decir cosas en las que todos los que veníamos peleando desde hacía un tiempo comentábamos siempre. Incluso creo que la gente de Hijos que habló debe haber sentido un poco eso, porque su discurso estuvo enfocado en el tema de la deuda externa. Nadie confiaba en Kirchner, ni siquiera sabíamos como se decía el nombre. Él lo sabía y no se hacía el loco, lo que dijo lo hizo. Ese discurso fue la manera en que él quiso decir: yo quiero ser el presidente de estas cosas, su presidente. Nunca habíamos ido a un acto de un presidente propio, no habíamos tenido la posibilidad, se sentía raro y orgulloso. Me acuerdo que pensé que la figura institucional de un presidente estaba más alejada que la que mostró ahí ese flaco al que poco conocíamos. Realmente parecía uno más. Y creo que no porque el buscara eso, sino que se le daba espontáneamente. Cuando terminó el acto teníamos la sensación de que algo importante había pasado. Hoy 10 años después se puede decir que ese día se transformó en una nueva bisagra en nuestra historia, fue el primer día de la recuperación de nuestra identidad como pueblo soberano. Ese día el pueblo argentino volvió a aplaudir con ganas a su presidente.

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