A 40 años del discurso despedida del líder más grande que tuvo la Argentina: Perón

Un 12 de junio después del hecho traumático para la interna peronista del 1° de mayo, Perón retomaba el balcón para dirigirse a la multitud. Perón en su último discurso dejaba claro que, pese a todo, él se seguía poniendo en el centro de equilibrio de la fuerza social que lideraba. El discurso dejó la frase de la maravillosa música que es la palabra del pueblo argentino.

Algunas cuestiones que a veces aparecen oscuras. Los actos del peronismo del 70 y los del 45-55 tenían un cariz similar, por más que cierta militancia los quería convertir en su cabeza en asambleas del pueblo, el peronismo siempre se caracterizó por el verticalismo y la expresión de voluntad de diálogo entre una organización y el líder en un contexto de plaza era por lo menos una imagen idealizada del primer peronismo. Como venimos diciendo en este espacio hace mucho en la historia del peronismo no fueron sólo los jóvenes alineados en Montoneros quienes quisieron disputarle el liderazgo a Perón. Ese fue el último suceso, pero los que se quieren quedar con ese final como la verdadera realidad del peronismo se equivocan de cabo a rabo. Se olvidan, algunos, que fue el líder la CGT, Augusto Vandor, quien en la década del 60 se quiso quedar con el liderazgo del movimiento bajo la idea del peronismo sin Perón. Hubo sindicatos que acompañaron esta movida política y fueron derrotados. 10 o 15 años después se presentaban como la verdadera esencia del peronismo y los portadores de lealtad absoluta. Por eso en la actualidad y a poco que se cumplan 40 años de la partida de uno de los tipos más grandes que dio nuestra patria  muchos van a querer quedarse con la última foto de Perón y querrán esconder la película.

Acá el discurso.

 

Compañeros: 

Retempla mi espíritu estar en presencia de este pueblo que toma en sus manos la responsabilidad de defender la patria. Creo, también, que ha llegado la hora de que pongamos las cosas en claro. Estamos luchando por superar lo que nos han dejado en la República y, en esta lucha, no debe faltar un solo argentino que tenga el corazón bien templado.

Sabemos que tenemos enemigos que han comenzado a mostrar sus uñas. Pero también sabemos que tenemos a nuestro lado al pueblo, y cuando éste se decide a la lucha suele ser invencible.

 

Hoy es visible, en esta circunstancia de lucha, que tenemos a nuestro al pueblo, y nosotros no defendemos ni defenderemos jamás otra causa que no sea la causa del pueblo.

Yo sé que hay muchos que quieren desviarnos en una o en otra dirección; pero nosotros conocemos perfectamente bien nuestros objetivos y marcharemos directamente a ellos, sin dejarnos influir por los que tiran desde la derecha ni por los que tiran desde la izquierda.


El Gobierno del Pueblo es manso y es tolerante, pero nuestros enemigos deben saber que tampoco somos tontos.


Mientras nosotros no descansamos para cumplir la misión que tenemos y responder a esa responsabilidad que el pueblo ha puesto sobre nuestros hombros, hay muchos que pretenden manejarnos con el engaño y con la violencia. Nosotros, frente al engaño y frente a la violencia, impondremos la verdad, que vale mucho más que eso. No queremos que nadie nos tema; queremos, en cambio, que nos comprendan. Cuando el pueblo tiene la persuasión de su destino, no hay nada que temer. Ni la verdad, ni el engaño, ni la violencia, ni ninguna otra circunstancia, podrá influir sobre este pueblo en un sentido negativo, como tampoco podrá influir sobre nosotros para que cambiemos una dirección que, sabemos, es la dirección de la Patria.

 

Sabemos que en esta acción tendremos que enfrentar a los malintencionados y a los aprovechados. Ni los que pretenden desviarnos, ni los especuladores, ni los aprovechados de todo orden, podrán, en estas circunstancias, medrar con la desgracia del pueblo.


Sabemos que en la marcha que hemos emprendido tropezaremos con muchos bandidos que nos querrán detener; pero, fuerte con el concurso organizado del pueblo nadie puede ser detenido por nadie.

 

Por eso deseo aprovechar esta oportunidad para pedirle a cada uno de ustedes que se transforme en un vigilante observador de todos estos hechos que quieran provocarse y que actúe de acuerdo con las circunstancias. 

Cada uno de nosotros debe ser un realizador, pero ha de ser también un predicador y un agente de vigilancia y control para poder realizar la tarea, y neutralizar lo negativo que tienen los sectores que todavía no han comprendido y que tendrán que comprender.

 

Compañeros, esta concentración popular me da el respaldo y la contestación a cuanto dije esta mañana.


Por eso deseo agradecerles la molestia que se han tomado de llegar hasta esta plaza.


Llevaré grabado en mi retina este maravilloso espectáculo, en que el pueblo trabajador de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires me trae el mensaje que yo necesito.


Compañeros, con este agradecimiento quiero hacer llegar a todo el pueblo de la República nuestro deseo de seguir trabajando para reconstruir nuestro país y para liberarlo. Esas consignas, que más que mías son del pueblo argentino, las defenderemos hasta el último aliento.

 

Para finalizar, deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen. Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino.

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