Cuando a la fuerza del antipueblo se le infla el pecho

Estamos presenciando en estos días el desfile de referentes (porque dirigentes les queda grande) de eso que podríamos denominar como oposición argentina, por canales de televisión y medios de todo el país. El discurso a casi un año de la elección presidencial es que si gana alguno de ellos derogarán las leyes que el kirchnerismo haya sacado con mayoría propia. Y los medios de comunicación empiezan a maquinar respecto a cuales son las leyes que más les molestan. Todo se hace con un aire de naturalización republicana, como lo más normal del mundo. Hemos dicho muchas veces acá que para los grupos de poder de nuestro país el peronismo y ahora el kirchnerismo son una anomalía en el desarrollo, para ellos, normal de lo que debe ser un país agroexportador y que hoy tiene que estar ligado a los servicios.

Viven la realidad como una situación extraordinaria y dolorosa y apuestan todo a que termine pronto, lo más rápido posible porque “hay mucho que ordenar”

Da la casualidad que en septiembre de 1955 cuando asumió el gobierno una dictadura apoyada por diferentes partidos políticos y por un importante sector de la población, lo primero que se hizo fue un decreto ley, el 4161, en donde entre tantas censuras se prohibía decir la palabra Perón y/o de algún familiar de este. Esta aberración que inició la proscripción del partido político mayoritario del país, y del único movimiento político que se preocupó por generar un país para todos sus habitantes, fue producto del odio visceral que habían pregonado a los 4 vientos durante los 9 años de gobierno del 46 al 55. Lonardi dijo en su momento que esa revolución “la fusiladora” para nosotros se había hecho para que el hijo del barrendero muera barrendero. Toda una declaración de principios y de roles en la sociedad. Los que nacimos para mandar y los que nacieron para obedecernos.

Llama la atención como en estos tiempos vemos un sentimiento parecido. Lo que nosotros celebramos: por poner un ejemplo las universidades del conurbano bonaerense con 90% de estudiantes de primera generación universitaria, para esta gente ahí radica el error. En definitiva el empoderamiento de los sectores que para el neoliberalismo tienen que estar al margen es el gran problema con los movimientos populares. Los sectores medios muchas veces acompañan esos odios por frustraciones personales que hicieron que no hayan podido realizarse, entonces cuando se visualiza al morocho que estudia y se recibe, y en definitiva se acerca a la línea de flotación de los sectores medios, aparece el racismo. Pero tiene que ser más fácil arreglarle la cabeza a esta gente que mantener a miles y miles de pibes afuera del sistema. El racismo es un ordenador social totalmente vigente y en definitiva es lo que se esconde detrás de estos discursos que lo único que buscan es volver a su normalidad en donde el negro limpia el baño mientras que al país lo arreglan “los que saben”.

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