Una foto de la hipocresía

Los medios de comunicación europeos, que son empresas que buscan ganancia a través del manejo y la presentación de información, tuvieron un gran debate sobre si publicaban o no la foto de un chiquito vestido a la usanza occidental muerto en una playa del mediterráneo. El debate que fue retomado en todos los medios periféricos que le hacen la cola a los medios de los países centrales. Las editoriales de los diarios giraban en torno a si publicar o si no publicar una foto. Se hicieron visibles las consecuencias de la devastación que decidió aplicar la OTAN en el norte y centro de África. Si estos líderes mundiales fogonearon en nombre de la lucha contra el terrorismo la guerra civil en países como Siria o Libia, si estos países ayudaron a armar militarmente al llamado Estado Islámico, está claro que las consecuencias siempre vuelven. En este caso vuelven como miles y miles de refugiados, ese es el nombre que le ponen al exilio por guerra o por no poder desarrollar ningún tipo de vida más o menos digna en su lugar de origen. Y los tratan como a los marcianos en la película Distrito 9. Son extraterrestres que aparecen y lo único que tienen para ofrecerle es la policía migratoria. Los estrategas neoliberales parece que lo único que tienen para ofrecer a esta crisis generada por ellos mismos es una pared y manejar mediáticamente el sufrimiento general. La política de la hipocresía instalada como el principal dogma sigue siendo uno de los motores de la vida europea. La Europa financiada por los metales robados a los pueblos americanos, que utilizaban a la población de nuestro continente para acrecentar cada vez más los bolsillos de unos pocos fue lo que originó el viejo continente tal cual como lo conocemos hoy. Por ejemplo Francia que es el país emblema de los perfumes, y del buen gusto exportó y exporta colonialismo. Lo vivió Haití, lo vivieron los argelinos, los vietnamitas, hoy lo sufre Mali y otros. Pero por el manejo de la historia y las empresas de información Europa sigue presentándose en el imaginario como lo bueno. No somos Suiza se dice. La idea del orden a la vista mientras en el fondo adornamos todo con dientes de oro que le sacaron a un preso por elegir la religión equivocada. La propuesta desde el contrato social de Hobbes en el siglo XVIII tiene este trasfondo. No preguntemos como se hace y disfrutemos del orden a la vista. La política de la morcilla. No preguntes, disfrutala. No hay ningún papel tirado, ese es el éxito social. Eso y creer que el orden de la gran ciudad no tiene ningún tipo de vínculo con un chico que aparece ahogado en una playa.

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