NUEVAMENTE LA CUESTIÓN MALVINAS

Por Mario Rapaport.

En un extenso libro de casi 900 páginas que tuve la oportunidad de dirigir, de inminente aparición, Historia Oral de la política exterior argentina II, 1966-2016, continuación del tomo I que va de 1930 al 66 y se publicó el año pasado, vuelve a replantearse como uno de sus temas principales, el del conflicto sobre las islas Malvinas, desde el siglo XIX hasta la guerra de 1982 y sus secuelas. Una cuestión  que ahora reverdeció por las poco afortunadas declaraciones del presidente Macri, y no por casualidad, sino porque fue la situación más dramática que atravesaron las relaciones argentino-británicas en el curso de su historia. Basado en especial, para el caso Malvinas, en el análisis de destacados especialistas y la opinión, a través de largas entrevistas, de los principales protagonistas diplomáticos argentinos, como el ex canciller Nicanor Costa Méndez, los embajadores Eduardo Roca y Lucio García del Solar y muchos otros, con el agregado de imperdibles documentos históricos, se ve más claramente lo que estuvo y está en juego en ese conflicto. No sólo a la luz de la coyuntura bélica sino también de valiosos antecedentes históricos casi desconocidos. Analizaremos en forma sintética una problemática ampliamente desarrollada en el libro, siguiendo algunas fechas significativas de su tormentosa historia diplomática.

1831: en diciembre de 1831, el capitán Silas Duncan, al mando de la corbeta  Lexington de la armada de los Estados Unidos entró en las islas, las ocupó, arrestó a sus autoridades y voló el depósito de pólvora que encontró allí. Pero se conoce menos que esta acción fue reprobada como contraria a ley por una Corte Federal de Massachusets que reconocía la soberanía argentina. Años después la Corte Suprema de EEUU tomó una posición diferente y fue por esta acción norteamericana que los ingleses tomaron  las islas sin problemas ni enfrentamientos..(Ver Francis Wharton (ed) A Digest of the International Law of the United States, Washington, 1887.

1889: Un importante diplomático ruso, Alexander Semionovich Ionin que visitó las Malvinas decía en un libro publicado ese año que las islas tenían un valor estratégico y les anunciaba un futuro dramático aunque no lo pareciera, entre otras cosas, porque “son el único lugar en el Atlántico donde se puede pisar tierra firme”. Cierto que hasta ahora –agregaba–“no ha resultado tan firme la que pisa allí Inglaterra, pues sólo mantiene a un gobernador y no tiene ni un solo cañón, ni considera necesario establecer comunicaciones con la metrópoli […] parecería que esto le es suficiente […] Sin embargo, estando seguro de sus derechos jurídicos nadie puede ignorar las protestas del gobierno argentino y en cualquier momento éste tiene la posibilidad de enviar allí fácilmente cañones, soldados y naves. Por consiguiente, yo aconsejaría a las potencias marítimas que prestaran más atención a las protestas anuales del ministro de Relaciones Exteriores de Buenos Aíres, pues no son éstas tan carentes de razón como a primera vista parecen.”

Estas palabras explican, ya desde esa  época, mucho antes de la Guerra Fría, el  porque los rusos, aunque con reticencias para evitar un enfrentamiento directo con las potencias occidentales, apoyaron la posición argentina en 1982.

1915: Durante la Primera Guerra Mundial el emperador alemán Guillermo II prometió a algunos prominentes argentinos que si ganaban la guerra devolvería las islas a sus verdaderos dueños. Algo que entusiasmó a directivos de empresas de origen germano en el país como Bunge y Born, que lo apoyaron.

1965: Gracias a la gestión del embajador Lucio García del Solar la Asamblea de las Naciones Unidas reconoció por primera vez, por la resolución 2065, que se trataba de un caso de soberanía que había que resolver en común entre ambos  países.

1968: Costa Méndez, en ese entonces canciller del gobierno de Onganía, respondiendo a nuestras preguntas veinte años después dijo: “Lo que le quería señalar es que realmente la confrontación empezó a no tener solución en marzo de 1968. Entonces el Sr. Stewart (secretario del Foreign Office) va a la Cámara de los Comunes, y proclama: “No va a haber solución que no tenga en cuenta los deseos de la población de las islas. Vamos a respetarlos” sin tener en cuenta el tema de la soberanía. De cualquier modo, “se hace una negociación que se plasma en el “Memorándum de entendimiento” de 1968, pero fracasa pues, Gran Bretaña no se distancia de esa posición de subordinar todo a los deseos de los habitantes […]. Bueno, el caso fue que lo enviaron a las islas y, trató de convencer a los isleños, pero volvió completamente desilusionado, estuvo dos días en Argentina y al regresar a Londres hizo dos declaraciones interesantes: la primera, asegurando que en los argentinos encontró alguna tendencia al compromiso, y en cambio en los isleños ninguna; y la segunda, que la pasión argentina por el tema Malvinas y la pasión de los isleños por quedarse solos allí era tal que casi veía inevitable un caso bélico.”.

1982: Palabras de Costa Méndez, ahora canciller de Galtieri:  “Con respecto a Haig (el secretario de Estado norteamericano, presunto mediador en el conflicto). A mí juicio, ya le digo que, o era un gran ingenuo o un gran mentiroso.

Pero ¿por qué mentir?

CM: Yo creo que […] se lanzó a esta aventura mediadora de buena fe, creyendo que iba a ser un éxito, si no sería un idiota, y tan idiota  no era. Creyó que iba a ser un éxito como Kissinger en Medio Oriente. Tal es así que él le pregunta al mismo Kissinger, me lo cuenta éste varios años después: “¿qué hago?” -y Kissinger le responde- “No vayas, no te metas que en Latinoamérica un americano no puede tener éxito nunca, pero no me hizo caso”.

Y además, el desconocimiento que él tenía de la cuestión.

CM: no sabía nada del tema, pero nada […] en la primera entrevista él me dice: “Tenemos que hacer una comisión de seis países para ordenar la administración de las islas”. Yo le digo: ”General, ¿sabe cuántos habitantes tienen las islas? 1.800.”

¿No sabía la cantidad de habitantes de las islas?

CM: No sabía donde estaban las islas.

Los norteamericanos le dieron un respaldo total a Gran Bretaña algo que no extraña si tenemos en cuenta la historia de las relaciones entre ambos países. Todo empezó con la fragata Lexington y el libro que comentamos valioso por su  documentación, análisis y testimonios de cancilleres, embajadores y destacados especialistas, en este y otras cuestiones cruciales de la política exterior argentina desde mediados del siglo pasado hasta la más reciente actualidad, será sin duda un hito en la literatura sobre la política internacional del país y de América Latina.

2016: Esto lo reconoce uno de los principales funcionarios actuales de la cancillería brasileña, Paulo Roberto de Almeida, quien leyó el primer tomo, en un mail que me dirigió  personalmente: “Tu libro Historia Oral de la Politica Exterior Argentina, 1930-1966, es precioso, y supongo que el segundo volumen, pos-1966, sea igual de excelente, incluso porque las fuentes mas cercanas tendrán mayor abundancia de recuerdos y materiales. Yo propuse, hace muchos años, algo similar, o equivalente, al Centro de Historia e Documentação Diplomática, CHDD, de la Fundação Alexandre de Gusmão, pero no se llevó a cabo”. Si no en las olimpíadas en algo nos adelantamos a nuestros vecinos brasileños.

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