¿Por qué no sacar los dólares que faltan del lugar en dónde están?

El blog http://aldoulisesjarma.blogspot.com.ar/2013/12/yo-te-avise.html venía predicando en el sentido de avanzar en estos próximos dos años de gobierno en una recuperación del control del comercio exterior en relación a la exportación de cereales. La junta nacional de granos que no la había creado Perón sino los gobiernos de la llamada década infame (1930-40) para resolver el faltante de divisas a través de un control del comercio. Después el gobierno de Farrell ya con Perón electo creó en 1944 el IAPI (Instituto Argentino de la Promoción del Intercambio) cuyos primeros años, con precios altos en el mercado mundial de los productos que exportaba la Argentina, pudo lograr un vuelco de parte del esfuerzo de los argentinos para el desarrollo de la industria nacional. Cuando comenzó el Plan Marshall en Europa y se comenzaron a cerrar los mercados hasta ese momento tradicionales para los productos argentinos comenzaron los problemas y el IAPI financió a los productores las pérdidas de valores internacionales, por eso también el proceso de crisis llevó a una nueva situación hacia 1952 donde parecía detenerse la industrialización. Problemas de países dependientes como los nuestros que han girado toda su existencia alrededor de las potencias que organizaron la división internacional del trabajo. Hasta que eso no se modifique, y no es un problema económico, la historia será la de crecimiento, falta de divisas y ahora qué hacemos.

Pego la nota del domingo de página 12 de Alfredo Zaiat muy recomendable.

El poder de los dólares

 Por Alfredo Zaiat

La productividad de la tierra y la expansión de la frontera agrícola sojera en Uruguay y Paraguay explican el muy buen desempeño exportador de ambos países en este año. La diferencia es notable respecto del resto de América latina y en particular del de sus socios mayores del Mercosur. El informe de la Cepal “Panorama de la inserción internacional de América latina y el Caribe 2013” proyecta un crecimiento del valor de las exportaciones regionales de apenas 1,5 por ciento, similar a la expansión de 1,4 por ciento registrada en 2012. Brasil bajará 0,1 por ciento y Argentina aumentará 6,7 por ciento en 2013 respecto del año anterior. En este marco general de escaso dinamismo regional de las ventas externas sobresalen los incrementos del 33 por ciento de Paraguay y el 14 por ciento de Uruguay. La Cepal informa que el fuerte crecimiento fue por las exportaciones de soja y carne. Precisa que en el primer semestre de 2013 las exportaciones agrícolas de Paraguay, especialmente las de semillas de soja, experimentaron un aumento superior al 60 por ciento. La expansión de la cosecha de soja en esos dos países ha sido muy importante. En base a esas variaciones tan destacadas, no es una hipótesis irrazonable incorporar en el análisis la posibilidad de que el transporte de soja cruzando la frontera desde Argentina eludiendo los controles aduaneros haya permitido abultar el volumen exportador de Paraguay y Uruguay. Semejante volumen de carga no puede ser realizado por productores aislados sino por grandes comercializadores. Es lo que se conoce como el negocio de la soja blue.

Las empresas integrantes de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) representan poco más de un tercio del total de las exportaciones argentinas. En la semana del 2 al 6 de diciembre liquidaron por el equivalente a 251,2 millones de dólares, acumulando 22.229 millones en el año. Venden divisas para cubrir gastos varios y en especial para la compra posterior en pesos de granos que serán exportados ya sea en su mismo estado o como productos procesados, luego de una transformación industrial. Venden dólares 30 días antes de las exportaciones de granos y 90 días de aceites y harinas. A esta altura del año pasado, con una cosecha que fue 20 por ciento menor a la actual, el monto global liquidado por las exportadoras fue casi similar por 21.900 millones de dólares.

La diferencia entre dimensión de las cosechas y las sumas de liquidación de divisas de un año a otro es de unos 4460 millones de dólares. Es la estimación del valor de la retención de soja de productores-exportadores. El informe Coyuntura y Desarrollo de FIDE de fines de octubre calculaba más del doble, al indicar que los productores sojeros retenían el 35 por ciento de la producción exportable “a la espera de una devaluación, y dando por descontado que no sufrirá grandes modificaciones el precio internacional de la oleaginosa en el corto plazo”. Unas 17,5 millones de toneladas de soja por un valor equivalente a 9500 millones de dólares, estimó. “Ello obliga a buscar mecanismos para motorizar la liquidación de esas divisas y controlar mejor tanto las operaciones de subfacturación como seguir la pista de las denuncias de contrabando”, aconsejaba FIDE.

La nueva conducción del Banco Central ha avanzado en la oferta de un nuevo instrumento financiero para inducir a los exportadores del complejo agrario a vender dólares. No fue la portación de armas y el abandono de tareas de las policías provinciales para conseguir aumentos salariales, pero la tenencia de dólares y la no liquidación ante la necesidad oficial de cuidar las reservas les ha redituado un similar saldo financiero positivo: un seguro de cambio más intereses. Estas fueron las condiciones definidas por el Central en las Letras (documento de deuda) a 180 días que empezaron a suscribir las grandes cerealeras a cambio de dólares. Por 1500 a 2000 millones de dólares a liquidar en forma pausada durante las próximas cinco semanas recibirán Letras del BCRA en pesos ajustados por la evolución del tipo de cambio oficial más una tasa de interés del 3,65 por ciento anual. De acuerdo con la política cambiaria desplegada hasta ahora por el nuevo equipo económico, el mercado estima que la cotización oficial se ubicara de 7,30 a 7,50 pesos por dólar en los próximos seis meses, al vencimiento de esas Letras. Esto implica que las grandes exportadoras tienen garantizado el valor del tipo de cambio, lo que se conoce como seguro de cambio, más una renta que significa en total un retorno global de 35 a 40 por ciento anual en pesos. Semejante rentabilidad no fue obtenida con el poder de las armas, sino con el poder de los dólares.

Una de los principales malos entendidos del funcionamiento de la plaza financiera es pensar que los bancos líderes tienen las mesas de dinero más importantes por donde se canalizan las grandes operaciones del mercado. Son las exportadoras de cereales las que intervienen con más intensidad en el movimiento de capitales con sus propias mesas de dinero, con un giro mínimo de 22 mil millones de dólares, monto total de la liquidación de divisas en lo que va de este año. Los jugadores más relevantes son Cargill, Bunge, Louis Dreyfus Commodities (LDC), Aceitera General Deheza, Archer Daniels Midland (ADM), Vicentin, Noble Argentina, Alfred Toepfer, Molinos, Nidera, Oleaginosa Moreno y Asociación de Cooperativas Argentinas. Doce empresas que integran el lote de las primeras veinticinco compañías exportadoras de Argentina. El total del complejo agroindustrial, que incluye además de esas doce grandes cerealeras a otras cuarenta y dos importantes firmas, coloca al país como uno de los principales países productores de alimentos del mundo. Ese grupo de empresas concentró el 36,9 por ciento (29.800 millones de dólares) del total de las exportaciones en 2012.

Conocer quiénes son los dueños de los dólares comerciales provenientes de las exportaciones es una información valiosa para precisar análisis políticos y económicos, a la vez que para evaluar el espacio existente para una mayor intervención oficial en esa actividad en base a la construcción de alianzas con diferentes actores económicos y sociales. Si ya ocupaban un papel central en la dinámica del mercado cambiario, teniendo en cuenta que el 80 por ciento de las divisas fugadas en el período 2007-2011 provinieron del superávit comercial, en los próximos dos años adquirirán un lugar dominante por su poder perturbador o apaciguador de la plaza financiera, como mostraron en los últimos meses y especialmente esta semana durante la negociación con el Banco Central por las Letras con seguro de cambio.

La estrategia oficial de desendeudamiento pagando deuda con reservas fue útil para ampliar márgenes de autonomía de la política monetaria y fiscal, además de liberarse de las presiones del mercado financiero internacional. Pero ese esfuerzo fue demasiado intenso, en particular en este año al involucrar un monto equivalente al 75 por ciento de las reservas que descendieron de la cuenta del BCRA, que redujo esa autonomía aunque con otro sujeto económico con capacidad de condicionar la gestión gubernamental: no son ya financistas y sus bancos de inversión, sino los dueños de los dólares comerciales, destacándose entre ellos las grandes exportadores de granos.

Los contextos locales e internacionales del mercado internacional de granos son otros y la sofisticación financiera, operativa y fiscal de los comercializadores multinacionales de cereales es incomparable con la de décadas pasadas. Esto exige herramientas de intervención oficial más complejas y superadoras a la de una Junta Nacional de Granos, suprimida por la ola neoliberal en 1993. Pero si el Gobierno aspira a transitar sin sobresaltos el último tramo de su gestión debería evaluar la necesidad de recuperar un organismo de regulación del mercado de cereales creando una especie de agencia de comercialización de las cosechas, asegurando por esa vía un mejor precio a los productores para luego exportarlas. Este fue un proyecto que circuló por despachos oficiales en 2009 y que fue desestimado. Sin impedir la actuación de las grandes exportadoras, el Estado recuperaría de ese modo capacidad de regulación en un mercado sensible, como hacen Canadá y Australia a través de entes públicos de esas características en la comercialización del trigo (Canadian Wheat Board y Australian Wheat Board Limited).

Es una alternativa que tiene a disposición el gobierno de CFK para no quedar atrapado en un callejón estrecho adonde lo conducen los dueños de los dólares.

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Dólar, vacaciones, peronismo y un poco de historia

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Decir que la Argentina es un país que permite a una porción importante de sectores medios poder viajar a la exterior y vivir una vida bastante cómoda es quizás una obviedad. Se podrá discutir que es clase media, y algunos dirán que todos los que pueden vacacionar lo son, o simplemente tener un trabajo formal bajo convenio colectivo casi que te hace de clase media. O que no se mide por ingresos, sino por identidad cultural. Son debates en torno a definiciones que no vienen al caso para algo que quiero decir. En América Latina no existe (de esa forma drástica: NO EXISTE) el estilo de vida que puede tener un laburante formal. Irse de vacaciones es un privilegio de los ricos y chau picho. Por eso, entre otras cosas,  el peronismo es tan importante para nuestro país. Sabemos que esto no lo sabe la mayoría de los sectores medios que se comparan con vidas de países industrializados y es normal que no lo sepa porque la educación que los ha formado habla de una Argentina más ligada a un trayecto europeo que a uno latinoamericano. Hoy tomamos casi como normal la política de integración de América Latina cuando esto no fue política de Estado casi toda la historia del país. Entonces a veces es difícil compararnos, con Colombia, con Perú, con Chile o con cualquier otro en términos de como viven cada unos de esos pueblos. En ninguno de ellos hubo un proceso parecido al peronismo, sólo Cuba a partir de la Revolución del 59 en donde comenzó a desarrollarse una sociedad con otro modelo de distribución que se asoció primero a la economía de la URSS y desde hace poco a la economía latinoamericana con Venezuela a la cabeza. No hubo procesos históricos de distribución del ingreso hacia los sectores populares, generalmente de color oscuro de piel, como el que existió en la Argentina. El caso de Uruguay es particular por la poca población, pero en términos generales no existió, hasta la actualidad, con los procesos de Brasi, Bolivia, Venezuela y Ecuador que están redistribuyendo en tiempo real los frutos del crecimiento económico. Para dar un ejemplo práctico: en los 70 Venezuela que era el pozo petrolero norteamericano tuvo una multiplicación de sus ingresos por el aumento del precio del barril del petróleo, en lo que se llamó crisis del petróleo. Ese aumento que generó ingresos exorbitantes fue absorbido por el grupito de familias que controlaba la extracción de petróleo y el 70% de los venezolanos siguió viviendo en condiciones paupérrimas. Esto quiere decir que ni un hospital hacían los muchachos, eso hasta el chavismo. Argentina es ejemplo de eso mismo a principios del siglo XX, con los buenos precios de los productos agrícolas y ganaderos, que hicieron que se multiplicaran las riquezas de unas pocas familias. Esa era nuestra forma de existencia hasta el peronismo que incluyendo a los excluidos de siempre, además de fortalecer el desarrollo de una industria propia con un mercado interno fuerte, generó una revolución cultural que hasta el día de hoy tiene repercusiones. Eso que se dice que el pobre argentino te mira a la cara y te trata de vos, mientras, por ejemplo el pobre chileno baja la cabeza y no falta el respeto.

Las políticas de industrialización al depender de divisas que no producía la propia industria generó los famosos cuellos de botella que hacían que los economistas del sistema adujeran que la Argentina por tener una parte de su territrio con una fertilidad descomunal no debía correrse del eje de producir alimentos (materia prima) para que sea elaborada en otros países. La división del mercado de trabajo internacional que le dicen. Y a nosotros nos tocó ese rol. Eso sí, nunca saldremos de la dependencia, y a eso no se lo escucha mucho. El objetivo de la industrialización ayer como hoy es la independencia económica que permita salir de los esquemas que nos quieren imponer desde afuera. Generar industria necesita de dólares para comprar bienes de capital e insumos necesarios para esa producción. Para que en algún momento de la vida la Argentina pueda producir no sólo para adentro, sino también exportar productos elaborados que son más caros que las materias primas. Entonces cuando empiezan a faltar divisas como ahora, se toman medidas para evitar el goteo de dólares del BCRA. Históricamente los gobiernos no peronistas, la mayoría de la historia de nuestro país, ante estas situaciones de crisis ¿qué hacían? devaluaban, bajaban la emisión monetaria y mantenían los salarios congelados, o sea enfriaban la economía. Pero eso tenía un costo y ese costo lo pagaban los sectores populares que dejaban de irse de vacaciones en el mejor de los casos. Hace unos años charlando con Martín Schorr, que fue funcionario del ministerio de economía y proviene de Flacso, me decía que, ante la incipiente crisis de 2008, la crisis la pagarían los trabajadores como siempre había pasado, porque cuando aparece la palabra ajuste no hay con que darle. Sin embargo la historia fue muy otra y el gobierno eligió a través de diferentes medidas sostener el trabajo y generar instrumentos para los trabajadores que todavía hoy no están registrados como la asignación universal por hijo. Desde el poder económico se respondió con la suba de precios de bienes fundamentales, para presionar al gobierno hacia una salida ortodoxa, que sería la salida del ajuste. El poder económico funciona así, o gana con la baja de salarios, o gana con la suba de precios. El estado argentino ha dado diferentes batallas, pero hoy todavía no logra controlar el mercado en su conjunto. Sigue primando la especulación en el corto plazo, de tipos que se dicen industriales. Hoy como ayer la UIA (como dijo Perón) no es ni una unión, ni son industriales, ni son argentinos.

Ante todo esto que viene pasando el gobierno intentó limitar la circulación de dólares en nuestro mercado con el famoso cepo, que tiene en la lógica de su base explicativa la necesidad de tener divisas para gastarlas en desarrollo y evitar corridas cambiarias. Y los sectores medios fogoneados por los medios de comunicación a su vez financiados por el poder financiero han puesto el grito en el cielo para que las cosas no cambien. Que los precios de las casas sigan estando en dólares y que esta sea una forma de atesorar ante la pérdida “natural” de valor del peso argentino. Un pueblo, el nuestro, que ha pasado varias hiperinflaciones y que asumió que no debía confiar en la moneda que emitía su país, por ende no debía confiar en su país. Al margen creo que la dolarización en Argentina (como se produjo en Ecuador) hubiera sido un éxito en su aplicación porque existe la base cultural a la cual no le importa en absoluto el destino del país. Por supuesto que esto es un producto de años y no son caídos del cielo.

Entonces un gobierno luego de una elección que no fue lo que se esperaba y en el medio de varios cambios internos elige mantener el rumbo de resolución de los conflictos: es decir no perjudicar a los trabajadores en su mayoría y combatir las formas de perjuicio que no genera. Las medidas que se plantearon hoy para el dólar están enmarcadas en todo lo que venía diciendo, pero claro que el que se quiere ir de viaje a una playa del Caribe y no le importa la suerte del país, lo siente como una afrenta personal. Se continúa trabajando para resolver un marco difícil con crisis que viene de afuera sin que paguen el pato los que menos tienen. Esto hace que se encarezcan los productos del exterior, es la política de compre nacional bajo otro rubro, el turismo. ¿Eso está mal? No parece.

Por último para agregarle un poco más de complejidad a la cosa es posible que los precios del turismo interno se encarezcan por unos vivos que ven que la restricción del acceso a la divisa los favorece y se creen que pueden hacer lo que quieren. Eso como es política interna se puede solucionar, y no debe faltar voluntad política para hacerse cargo.