Las clases medias y los cacerolazos

Lo que conocemos como establishment argentino, que hoy podríamos pensar representado por la AEA (Asociación de Empresarios Argentinos), ha tenido desde 2003 hacia la fecha un vacío en la representación política para realizar sus designios en cuanto al destino del país se refiere. Sin posibilidad de acceder electoralmente por la falta de un candidato que seduzca a grandes mayorías, o la imposibilidad de un abroquelamiento de todas las fuerzas políticas opositoras al oficialismo actual porque resulta difícil unir dentro de esa bolsa a la oposición de derecha de la oposición de izquierda.

Pero quienes realmente han gobernado la mayoría de la historia argentina, grupos económicos locales ligados al capital internacional que construyó la argentina agroexportadora, conocen muy bien sobre que pueblo deben volcar sus políticas. Sarmiento se lo había dicho a Mitre alguna vez: en Buenos Aires triunfa mejor la política de atemorizamiento, a través de la generación de un terror infundido a través de los principales medios de difusión, que  una política frontal que exprese algún tipo de esperanza. Y por eso cuando no fueron gobierno, en nuestra historia sólo con los gobiernos de Yrigoyen, Perón, Kirchner y el actual, se volcaron a construir mayorías opuestas a los gobiernos elegidos democráticamente a partir de la generación de climas trágicos donde por la constante repetición logran hacer sentir una supuesta pérdida de libertad. Y esa libertad, que encubre sus intereses a mantener el rumbo de país fijado por ellos mismo, se transforma en una bandera nunca sostenida por ellos sino por diferentes sectores sociales de nuestro país.

Así fue que habiendo perdido las elecciones de 2003 sin poder imponer un personero propio, como podían ser Menem o Lopez Murphy  intentaron generar a través de las movilizaciones lideradas por el padre de una víctima del delito, Juan Carlos Blumberg, un discurso político de la inseguridad como tema principal de los argentinos que debería ser resuelto primariamente, antes que educación, salud, trabajo, cloacas o lo que sea. Se preparaba un clima para las elecciones venideras en donde los candidatos que podrían crear tenían que utilizar como lema el atemorizamiento de la población haciéndonos creer, y creyéndonos, que no se podía salir más de nuestras casas porque seguramente nos matarían. Más allá de las cifras reales , hay que reconocer que han logrado instalar el tema dentro de la agenda política y hoy no importa citar números, porque el temor está instalado.

Pese a ello esto no se logró traducir en una variante en 2007, ya que fundamentalmente por el crecimiento de la economía la rueda había vuelto a girar y nadie iba a oponerse a un gobierno en crecimiento. Sabiendo de los ciclo económicos de la Argentina esperaban que cuando tocara la crisis pudieran tener una fuerza política de reemplazo. Esto ocurrió en 2008-9, primero con la crisis política generada por esa entelequia que se autodenominó como “el campo” que estaba viendo como, supuestamente, se estaban aprovechando de su posición privilegiada y de los precios de la soja para quitarles una parte que les correspondía. El discurso fue que el gobierno, que había ganado legítimamente las elecciones en octubre de 2007, en 2008 quería destruir al campo. Liso y llano. Esto provocó que en las ciudades alejadas de la vida rural, pero no de sus beneficios económicos, se produjera una movilización muy importante de lo que podríamos denominar como clase media urbana, para apoyar a quienes estaban sufriendo los atropellos de un gobierno autoritario y soberbio. Las cosas que se dijeron en esos momentos quedarán para la historia. El vicepresidente electo se prestó para este atropello, transformando el senado en un campo más de la batalla contra un gobierno al que no controlaban. Cobos se fue como un ídolo popular en auto de Buenos Aires a Mendoza, recibiendo las ovaciones de los grupos que se habían opuesto a las políticas del gobierno nacional en cuanto a retenciones.

Sin embargo toda esa presión popular no logró destruir a un gobierno que eligió profundizar la democratización de las instituciones de la Argentina antes que volverse a sus pagos sin poder desarrollar el proyecto que tenían pensado. Las elecciones de 2009 plantearon el último momento de la caída para verificar después el nuevo crecimiento político. El establishment prefirió no dar un golpe, y mantener un gobierno desgastado que les cumpliera sus demandas. Los pliegos con medidas propuestas por la oposición política y social argentina dejaron claro que el rumbo que se pretendía era muy distinto al que estaba realizando el gobierno que había recibido el apoyo de la mayoría de los ciudadanos.

Así fue que el kirchnerismo se transformó en una entidad con peso propio en la política nacional y fue con la dolorosa pérdida del jefe político del nuevo espacio que ese camino planteado por este gobierno comenzó a llegar cada vez más a esos grupos que antes habían confrontado con las políticas llevadas a cabo. El mensaje de reparación social empezó a atravesar a las clases medias y a lograr construir un nuevo bloque de alianzas en donde surgió como figura indiscutida el liderazgo de la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner. En este nuevo bloque de alianzas la clase media se transformó en un actor clave de la disputa entre el proyecto clásico del establishment argentino contra el intento de desarrollo nacional con inclusión de todos los excluidos en un nuevo proyecto de Nación. A raíz de esto es que en estos días estamos escuchando repetidamente que el gobierno nacional está en contra de las clases medias, y vemos expresarse a quienes se consideran parte de esa clase como víctimas de las políticas del Estado que no les permite desarrollarse.

Otra vez la oposición real, el establishment argentino, a través de todos sus medios de difusión y con gran astucia, buscan con un discurso homogeneizante (como lo de “el campo” que igualaba a un peón víctima de trata de personas con Cargill o la Sociedad Rural) decir que hay sólo una clase media, que es víctima de una política despiadada para destruirla y, supuestamente, quitarle las libertades que la hacen ser eso que es.

Sin meternos en el terreno epistemológico que indague sobre la definición precisa sobre este sector, podemos decir que Argentina siendo un país que ha construido sus clases medias, y también sus sindicatos, en oposición al establishment hoy no posee una clase media homogeneizada, porque pensemos que este sector engloba a quien posee determinados bienes materiales o culturales, que vive en determinado lugar y tiene unos hábitos de consumo parecido. Es un concepto muy difuso, porque se iguala a quien viaja a Miami una vez por año, con quien tienen una vivienda propia en frente de una villa y su trabajo, quizás no sea estable. Es decir quienes descienden de las clases altas con quienes ascienden de las clases bajas. Por lo que mejor podríamos hablar de clases medias en lugar de clase, si la definiéramos por su lugar en la producción, o sus ingresos económicos, y su acceso a los bienes culturales. También podríamos hacer esa diferencia tomando en cuenta la posición con respecto a un proyecto inclusivo de Nación o a un proyecto más restrictivo en cuanto a ese tema. Seguramente no surjan sólo dos clases medias, sino varias más. El caso de Venezuela, que es un país en donde los sectores medios son minúsculos por haber tenido 80% de la población en situación de pobreza durante 80 años, sirve para ejemplificar estas separaciones: en pleno conflicto por el golpe de Estado de 2002 surgió un grupo que se autodenominó clase media en positivo, que apoyaba el proyecto de inclusión social que planteaba el presidente Chavez. Es decir que la clase media aunque fuera poca no se la regalarían a las filas del establishment venezolano. Entro en crisis la interpretación cerrada que se había construido durante casi 1 siglo.

El discurso que escuché en la marcha del 13 de septiembre en Plaza de Mayo fue un discurso que pedía la detención del ascensor social. Como si un sector de la clase media gritara que el ascensor estaba lleno y que había que detenerlo porque en cualquier momento un joven del conurbano bonaerense recibido en alguna de esas universidades donde el gobierno “gasta” dinero público podría ser más culturalmente que cualquier pequeño comerciante.

Estos sectores que son movidos por el miedo lo sepan o no están construyendo el clima para que las elecciones del año que viene sean nuevamente la expresión de dos proyectos de país diferente: uno en donde las clases medias, sean sólo una clase que será cola de ratón de los sectores más poderosos del país u otro en donde estos sectores junto con el resto de la población logremos generar un país soberano en sus decisiones con verdaderas oportunidades para todos. Para eso habrá que desenmascarar una y mil veces a los verdaderos profetas del odio, como los llamó Jauretche.

 

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190 años del encuentro de Guayaquil

Hoy además del paso a la inmortalidad en la historia de nuestro pueblo de la compañera Evita, se cumplen 190 años del encuentro de dos glorias latinoamericanas en la ciudad de Guayaquil, otrora de la Gran Colombia y actualmente segunda ciudad de importancia de Ecuador.

Simón Bolívar y José de San Martín se encontraron un día como hoy, y estuvieron reunidos dos días. Podríamos decir que fue la primer cumbre de líderes latinoamericanos. San Martín que venía de ganar las batallas de Chacabuco y Maipú para liberar a Chile con el ejército de los Andes había tomado la vía marítima para terminar la obra de liberación americana en la fortaleza realista de América: el territorio del Perú.

Ese Perú que se había resistido a todos los embates internos y cuyo virrey desde Lima y luego Cuzco logró revertir militarmente todos los ataques desde 1810. San Martín desembarcó en septiembre de 1820 y recién en julio de 1821 logró entrar a Lima y declarar la independencia, pero el ejército realista no había sido derrotado sino que se replegó en la sierra. Como Protector del Perú desarrolló su segunda gestión de gobierno, declarando el fin de la servidumbre y la libertad de vientres entre otras medidas que le trajeron la rápida oposición de los sectores altos dentro de los criollos que querían una independencia en donde las castas coloniales no se transformaran. Esta situación de lucha interna, sumada a que parte del ejército que había llegado con él tampoco estaba de acuerdo en las políticas populares de San Martín y que el gobierno de Buenos Aires le había puesto precio a su cabeza por deserción por haberse negado en 1820 a llevar su ejército al Río de la Plata para reprimir a las fuerzas artiguistas, hizo que no tuviera los recursos para culminar la lucha militar por la libertad de América.

En ese contexto se entrevista con un Bolívar que venía de triunfar en la batalla de Pichincha que terminó de liberar Quito y habiendo logrado que la ciudad de Guayaquil se sumara a la Gran Colombia. Bolívar que pese a sus triunfos también comenzaba a ver un frente interno cada vez más complicado por sus ausencias debido a la campaña militar, por lo que tampoco estaba en una situación muy pacífica.

La entrevista no tuvo testigos, pese a que Bartolomé Mitre en la La historia de San Martín dijera que Bolívar lo miraba al Protector del Perú con el ceño fruncido porque era autoritario y que San Martín era el más bueno del mundo y le dejó la gloria del triunfo final al ejército del Libertador del norte de Sudamérica.

Esta entrevista sin testigos entre dos líderes americanos, que han dejado algunas cartas demostrándose el afecto que se tenían mutuamente, quiso ser transformada en un punto de discordia por el ordenamiento político que iba a tener América posteriormente a la Independencia. De más está decir que los primeros que escribieron la historia de América no fueron representantes legítimos del pueblo, sino de las diferentes oligarquías latinoamericanas que forzaron su necesidad política de legitimación de la balcanización de América Latina en una lectura histórica que les fuera funcional a esos intereses. Fueron quienes crearon una Nación en cada puerto quienes forzaron la división política entre Bolívar y San Martín.

Es decir que crearon esa supuesta enemistad no entre dos hombres, sino entre los dos referentes máximos de la liberación de Sudamérica, que se juntaron no para ver como separar los países que iban a surgir, sino para tratar de resolver el último hito de la lucha independentista que se iba a desarrollar en Perú para la liberación de la Patria Grande, ambos pensaban en esa clave, aunque pudieran tener diferencias con respecto a como realizar esa tarea.

Esta situación es rebatible cuando vemos que San Martín tenía en el cuarto de su casa de Francia un cuadro de Bolívar. Es decir que el padre de la patria  o era muy masoquista o realmente la reunión con Bolívar no fue lo que se dijo.

Por otro lado San Martín llegó hasta aguas brasileras en 1828 para sumarse al ejército dorreguiano en la recuperación de la Banda Oriental usurpada por los brasileños. Justamente Manuel Dorrego era quien se había entrevistado con Bolívar y había sido seleccionado por el Libertador como su hombre en el Río de la Plata. La estrategia de Dorrego era que el ejército libertador de Bolívar sumara sus fuerzas con el del Río de la Plata liderado por San Martín para derrotar al imperio brasileño. San Martín al enterarse del asesinato de Dorrego por un hombre que había sido de su ejército, Juan Lavalle, se rehúsa a bajar del barco y emprende su regreso a  Europa. San Martín en Europa también ha tenido diferentes gestiones para el reconocimiento de las independencias americanas, es decir quienes lo trataron de poner como un viejito que fue a cuidar a la nieta también se equivocan.

Entonces la salida del Perú de San Martín refiere más a no poder contar con las tropas necesarias por parte de Bolívar y del pueblo peruano para terminar la emancipación por las disidencias internas que a un enfrentamiento con Bolívar. De hecho cuando San Martín se retira de la escena peruana (con acusaciones de dictador entre otras cosas que también le decían a Bolívar) quien lo reemplaza es un gobierno de los criollos peruanos que intentará triunfar contra los españoles, pero sin poder hacerlo terminan llamando al ejército de Bolívar que triunfa en las batallas de Junín y de Ayacucho, de la mano de Sucre con su A Paso de Vencedores, y se termina la gesta militar de emancipación americana el 9 de diciembre de 1824.

Hoy Guayaquil sólo tiene un monumento del encuentro de dos gigantes de América. Derrumbaron la casa favoreciendo la mirada histórica de quienes plantearon un conflicto. Actualmente el gobierno local es opositor a Correa y su alcalde ha sido asesorado por Durán Barba, el ideólogo de las derechas ultraliberales de América Latina. Desmentir el enfrentamiento es una tarea urgente sobretodo cuando en América Latina vuelven a acechar los fantasmas de ruptura de las instituciones propias, sin injerencias de potencias extranjeras, que tanto ha costado constituir.

San Martín y Bolívar comenzaron un camino de unión para terminar la emancipación, hoy los pueblos latinoamericanos debemos seguir su ejemplo para terminar la tarea de la emancipación.

Reviviendo una polémica sobre el Día de la Independencia

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Por Mario Rapoport

Pocos meses antes de la crisis de 2001, más precisamente el 18 de julio, participé en una polémica sobre el Día de la Independencia que me gustaría rememorar, mencionando sólo las ideas expresadas en ella sin nombrar a sus interlocutores, porque las creo en plena vigencia y lo que vale es la discusión y no quién las dijo. En primer lugar, los participantes buscaban comparar el 25 de mayo con el 9 de julio y algunos afirmaban que el primero había sido un fenómeno revolucionario y el segundo un hecho más conservador. Lo que se discutía era que el 25 de mayo no significaba sólo la caída del rey de España sino también cubrir un vacío político poniendo en vigencia la soberanía popular como base de poder, mientras que el 9 de julio constituía un intento de control frente a la existencia de varias fuerzas provinciales centrípetas que planteaban sus propios proyectos, en especial Artigas enla Banda Oriental. Peroeste tipo de análisis disminuye el valor de la guerra de la independencia, así como también el hecho de que la exigencia de declarar la desvinculación total de España vino del propio San Martín. De modo que sustentar que el país proclamara finalmente su autonomía política no tenía que ver con la sangre que entonces se estaba derramando para lograrla sino de un cálculo político interno.

Por otra parte, se afirmaba que San Martín no tenía un pensamiento progresista y por eso defendía como forma de gobierno la monarquía, cuando lo progresista en él era la idea misma de la independencia, que no estaba resuelta todavía en los campos de batalla y era boicoteada por muchos en Buenos Aires que le negaban su ayuda. De la misma manera, cuando se comparaban los propósitos de San Martín con los de Alvear, bien llamado “carrerista de la revolución”, se señalaba que la opción de aquellos que en aquel momento planteaban como fundamental no tanto la independencia sino la alianza con Inglaterra –algo que Belgrano llamaba “cambiar amo viejo por amo nuevo”– era progresista. Recordé entonces que el empréstito Baring, de 1824, con los ingleses, constituyó el comienzo de una relación subordinada que nació muy temprano en Argentina y llegó para quedarse. Y hubo quien me respondió (hoy parecería una afirmación sorprendente) que era un desarrollo progresista vincularse con el mercado financiero internacional. En el caso de aquel empréstito, y de la mayoría de los que vinieron después, eso no sólo no resultó cierto sino que significó, como lo reconoce la casi totalidad de los historiadores argentinos y extranjeros, una verdadera estafa para el país, porque no dejó beneficio alguno y dio comienzo a un largo proceso de endeudamiento externo.

Keynes, que del imperio al que pertenecía conocía mucho, señaló en un brillante artículo que la fortuna de Inglaterra se había basado en un fabuloso botín que Sir Francis Drake le robó a España apoderándose de una flota de la corona rival que transportaba oro y metales preciosos de América al Viejo Mundo: habría sido ese hecho el que permitió salvar al reino de Isabel I, entonces en bancarrota. Calculando el monto resultante, invertido a una tasa de interés compuesta razonable desde aquella época hasta comienzos del siglo XX, pudo ser también el inicio de la transformación de su país en un imperio económico y colonial (Ensayos de Persuasión). Creo que Keynes simplificaba con cierta ironía una realidad que se produjo y por una multiplicidad de medios, no sólo el saqueo de una flota, y entre esos medios estaba el empréstito Baring.

En la polémica se sostuvo también una idea peregrina: que la Argentina se enriqueció a pesar del endeudamiento y las relaciones desiguales. Y yo señalaba, por el contrario, cuánto más habríamos progresado si se adoptaban, al igual que otros países de desarrollo similar (Canadá, Australia), caminos distintos, como el de la industrialización y el de un mejor reparto de las tierras (incluyendo a numerosos inmigrantes), que no se hizo, quedando éstas en manos de una pequeña elite que se apropió del poder político y sostuvo por mucho tiempo un modelo exclusivamente agroexportador.

La polémica terminaba con la misma crisis que ya acechaba al país y allí planteamos una crítica al proceso de privatizaciones, sobre todo de Aerolíneas Argentinas, ya en bancarrota, y de YPF, que representaba un recurso estratégico fundamental, como lo notamos hoy. Pero aquellas ideas en torno de la independencia del país que se discutieron entonces, premonitorias de la crisis que unos meses después vivimos, formaban parte de una cultura histórica donde lo que prevaleció fue la subestimación de todo interés nacional o, más directamente, la cultura de vivir dependiendo de otros o sometiéndose a factores o condiciones externas.

Un documento secreto del Foreign Office de los años cuarenta decía sin tapujos que “las clases dirigentes argentinas se creían una parte integral de la economía europea” (F.O. 6-2-1942). Hecho que se reflejaba en aquella época en la famosa frase del vicepresidente Julio A. Roca (h), quien llegó a sostener durante la firma del Pacto Roca-Runciman que “la Argentina desde un punto de vista económico debía considerarse parte del imperio británico”. Pero fue en la década del ’90 que los planteos de subordinación monetaria alcanzaron su máxima expresión con la reforma dela Carta Orgánicadel Banco Central y, más tarde, durante la crisis de 2001 con las propuestas de dolarización de la economía y de su manejo por parte de expertos “externos”. En el 2002, un historiador argentino desarrolló, en un congreso internacional de historia económica que se hizo en el país, una idea pergeñada por dos economistas del MIT, institución académica estadounidense: para salir de la crisis, la Argentina debía abandonar su soberanía financiera y económica por unos años. Aquellos economistas afirmaban “que no se renunciaba a la identidad y el orgullo nacional al aceptar que unos cuantos extranjeros” conduzcan la política económica. Para tal fin inventaron la variante de la “credibilidad importada”. Si Argentina quería tener acceso al crédito internacional y a una política monetaria sólida –decían– hay que traer un banquero central internacional reconocido para que conduzca la economía con un juego de normas estrictas. No es extraño que con esa larga historia que padecimos, y de la que ahora procuramos recobrarnos, exista todavía la cultura de una moneda extranjera que por supuesto no emitimos y constituye un elemento de presunto ahorro o fuga de capitales que deteriora nuestra economía externa.

Debemos recordar, finalmente, que los que impusieron por primera vez el control de cambios en la Argentina, que duró más de diez años, fueron los gobiernos conservadores de los años ’30 para hacer frente a la crisis mundial de entonces, aunque con una salvedad. Como decía en mayo de 1939, en una carta al editor del Times de Londres, J. A. Dodero, presidente de la Cámara de Comercio Argentino en Gran Bretaña, “en una época en que se reducen drásticamente los permisos de cambio para importaciones provenientes de muchos países, las mercaderías inglesas entran con un tipo preferencial de cambio”. Lo que estaba justificado –a su juicio– para que las firmas británicas pudieran aprovechar en su totalidad las oportunidades excepcionales que por razones tanto “sentimentales como económicas, los esperan en el mercado sudamericano más importante para Gran Bretaña, la Argentina”. Y Dodero finalizaba afirmando: “Las palabras made in England… son algo que todos los argentinos aprecian en su verdadero valor”.

Creo que ahora entendemos mejor las resistencias que tuvieron en su época, donde estas concepciones ya existían, San Martín y otros próceres para lograr el 9 de julio de 1816 la proclamación de la independencia del país.

Felipe Varela: nuevo general argentino

Si algo no le falta a la presidenta de todos los argentinos es su consciente aporte a la reconstrucción de una memoria histórica del país. Desde que en uno de sus primeros discursos recordó la guerra del Paraguay frente al presidente paraguayo, para ofrecerle las disculpas y la mirada solidaria con el proyecto latinoamericano. Había escrito esto https://losoperariosdelplan.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=39&action=edit con respecto al lugar preponderante que le daba la jefa de Estado a esa guerra infame. Y quizás Cristina haga tanto hincapié en este tema porque entiende que la destrucción de un país, que se había desarrollado al margen del decisionismo inglés y que pagó ese “pecado” con el liquidamiento casi total de su nación, representó para el siglo XIX la posibilidad de la implantación de regímenes de liberalismo duro que no tuvieran que negociar con nadie. La solidaridad argentina, brasileña y uruguaya con el imperio inglés permitieron que los sectores dominantes latinoamericanos pudieran imponer sus formas evitando cualquier tipo de negociación. Y eso lo entendió Felipe Varela  que junto a otros argentinos representantes de los intereses de la Argentina profunda eligieron levantarse para denunciar y tratar de evitar la eliminación del proyecto paraguayo del mapa regional. Cuando decimos que Paraguay era un ejemplo no tenemos que pensar en la copia de un modelo con papel de calcar. Sino en el entendimiento de que también en ese momento el camino de la independencia política y económica con justicia social era un camino posible, cada pueblo lo podría tomar de acuerdo a sus intereses y su historia.

En la actualidad quizás el mejor ejemplo de esto sea la Cuba revolucionaria. Lo que nadie puede discutir es que es un proyecto autónomo al plan que tenía Estados Unidos para la isla. Esto no quiere decir que sea el mejor camino, o que tengan todos sus problemas resueltos, sino que está marcando en la historia mundial una frase que dicen los cubanos: “el vino es agrio, pero es nuestro vino”. Desde los discursos de derecha nos invitan muchas veces a irnos a la isla por nuestras ideas de desarrollo latinoamericano, sin comprender que al defender el derecho de los pueblos a desarrollarse estamos defendiendo nuestra propia posibilidad de desarrollarnos en una marco latinoamericano. Por eso Felipe Varela fue un hombre que se animó a discutir el orden que se estaba imponiendo a sangre y fuego, ese orden liberal que necesitaba eliminar cualquier atisbo de autonomía regional para sumirnos a todos en el crudo mercado mundial.

Recordar las oposiciones a este mundo refresca la memoria, y dignifica a tantos hombres y mujeres que se jugaron por un país más inclusivo el cual se pudo desarrollar en la década del 40 y que tenemos el privilegio de estar viendo nosotros un nuevo renacimiento.

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MANIFIESTO DEL GENERAL FELIPE
VARELA A LOS PUEBLOS AMERICANOS
1866
¡VIVA LA UNIÓN AMERICANA!
PROCLAMA
¡ARGENTINOS! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron
altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres mas grandes
epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el General Mitre
gobernador de Buenos Aires.
La más bella y perfecta Carta Constitucional democrática republicana federal, que los valientes
entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en Caseros al centralismo odioso de
los espurios hijos de la culta Buenos Aires, ha sido violada y mutilada desde el año sesenta y
uno hasta hoy, por Mitre y su círculo de esbirros.
El Pabellón de Mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho,
y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del
caudillo Mitre -orgullosa autonomía política del partido rebelde- ha sido cobardemente
arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuti, Curuzú y Curupaití.
Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan
engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en mas de cien
millones de fuertes, y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el
bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda, lacrimando juró
respetarla.
COMPATRIOTAS: desde que Aquél, usurpó el gobierno de la Nación, el monopolio de los
tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los
porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser
porteño, es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad,
sin derechos. Esta es la política del Gobierno Mitre.
Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a los provincianos, que muchos de nuestros
pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los
degolladores de oficio, Sarmiento, Sandez, Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios oficiales
dignos de Mitre.Empero, basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón y sin
conciencia. Cincuenta mil víctimas hermanas, sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio
flagrante de la triste o insoportable situación que atravezamos, y que es tiempo ya de contener.
¡VALIENTES ENTRERRIANOS! Vuestro hermanos de causa en las demás provincias, os
saludan en marcha al campo de la gloria, donde os esperan. Vuestro ilustre jefe y compañero de
armas el magnánimo Capitán General Urquiza, os acompañará y bajo sus órdenes venceremos
todos una vez más a los enemigos de la causa nacional.
A EL, y a vosotros obliga concluir la grande obra que principiasteis en Caceros, de cuya
memorable jornada surgió nuestra redención política, consignada en las páginas de nuestra
hermosa Constitución que en aquel campo de honor escribísteis con vuestra sangre.
¡ARGENTINOS TODOS! ¡Llegó el día de mejor porvenir para la Patria! A vosotros cumple
ahora el noble esfuerzo de levantar del suelo ensangrentado el Pabellón de Belgrano, para
enarbolarlo gloriosamente sobre las cabezas de nuestros liberticidas enemigos!
COMPATRIOTAS: ¡A LAS ARMAS!…¡es el grito que se arranca del corazón de todos los
buenos argentinos!
¡ABAJO los infractores de la ley! Abajo los traidores a la Patria! Abajo los mercaderes de
Cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre Argentina y Oriental!
¡ATRAS los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo
vano, déspota e indolente!
¡SOLDADOS FEDERALES! nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada,
el órden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas
Americanas. ¡¡Ay de aquél que infrinja este programa!!
¡COMPATRIOTAS NACIONALISTAS! el campo de la lid nos mostrará al enemigo; allá os
invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo.
FELIPE VARELA
Campamento en marcha, Diciembre 6 de 1866.

Taller de Historia Política Argentina en Sociales (UBA)

Los invitamos a todos y todas a participar del primer Taller de Historia Política Argentina en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA organizado por La Cámpora Estudiantes y La Cámpora Graduados de la Facultad de Ciencias Sociales. Voy a tener el placer de coordinarlo en la búsqueda de la formación política en los temas de nuestra historia de los jóvenes y con la intención de que en las Universidades Nacionales se comience a abordar las temáticas nacionales y populares, pero comenzando con el proceso de independencia de principios del siglo XIX.

Los esperamos.

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Programa del Taller de Historia Política Argentina

Clase Nº 1:

1º parte.

Presentación del taller. Presentación de los compañeros y cuales son sus inquietudes por las cuales se han acercado al curso. Ubicación en el mapa de Latinoamérica en el mundo.

Breve presentación del contexto europeo de donde emergerá la Revolución de Mayo. ¿Qué pasaba en Latinoamérica? Los criollos. El caso Haití. Levantamiento de Túpac Amaru y Túpac Katari. Invasiones inglesas.

2º parte

Cómo se nos ha contado la Revolución de Mayo? La revolución de Mayo y las 2 Españas. La revolución de Mayo y Latinoamérica. ¿Qué proyectos se pusieron en disputa? Composición de la junta de gobierno y visualización de los diferentes proyectos. ¿Es un mero traspaso comercial? Mariano Moreno y el Plan de Operaciones. Proyecto político-militar de la revolución. ¿Cuál era el territorio de operaciones? ¿Quién era el enemigo? La riqueza y el proyecto soberano. La relación con Inglaterra, España y Portugal.

Manuel Belgrano y el proyecto económico soberano. Proyecto político de monarquía inca e independencia en Tucumán.

Clase Nº 2

1º parte ¿Quién fue Artigas para la historia oficial? Artigas y su relación con Buenos Aires. Caudillo de los pueblos del litoral. Proyecto político-económico del artiguismo. Relación con Brasil. Política militar del artiguismo. Guerra a caballo. ¿Quién fue Andresito Artigas? ¿Fue correcta la táctica de Artigas? Independencia del Uruguay. ¿Quiso Artigas este proyecto? ¿Qué sabemos de San Martín por la historia oficial? San Martín y su estrategia político-militar. Su proyecto político- económico en Cuyo. La composición del ejército de los Andes. ¿Era un ejército nacional? La campaña sanmartiniana en Chile. Relación con el gobierno de Buenos Aires y con la oligarquía porteña. San Martín en Perú. El encuentro con Bolívar. San Martín en Europa. ¿Un abuelo jugando con su nieta o un operador político latinoamericano? Como recuerda la oligarquía a San Martín.

2º parte

Manuel Dorrego como opción federal en Buenos Aires. Gobierno de Rosas. ¿Se puede entender la historia desde la disputa de los unitarios y los federales? Alianzas políticas con los caudillos. Desarrollo económico. Defensa de la soberanía en Vuelta de Obligado. ¿Por qué Rosas es bisagra en la política argentina?

Traición de Urquiza a Rosas. Federalismo del litoral aliado al unitarismo porteño. ¿Qué significó Caseros? Separación de Buenos Aires. Gobierno de Mitre. Guerra de policía a los gauchos. Papel de Sarmiento. ¿Cómo piensala Argentinael mitrismo?  Organización de la guerra de triple alianza. Respuesta de las montoneras federales a la persecución.

Clase Nº 3:

Roca y la campaña del desierto. ¿Cómo pensar el roquismo? Roca como presidente y figura política. Consolidación del proyecto oligárquico hasta la crisis del 30.

Yrigoyen y la política nacional. Mosconi y Savio como emblemas dela soberanía. Golpemilitar del 1930 ¿Qué significó? Pacto Roca-Runciman.

Clase Nº 4: El Movimiento nacional se recrea a través del peronismo. ¿A quiénes unió el peronismo? Relación con el movimiento obrero organizado. ¿Qué significóla Tercera Posiciónen el mundo bipolar? Perón y Latinoamérica, del ABC a los proyectos integradores. El mundo después de la Conferencia de Yalta.

La lucha armada como opción para la toma del poder en Argentina. Relación con el movimiento obrero. El despertar de una juventud transformadora. La vuelta de Perón y el nuevo escenario político. Retardatarios y acelerados. El proyecto de todo en su medida y armoniosamente.

Clase Nº5: Proyecto neoliberal enla región. Ladictadura cívico-militar de 1976 y la construcción de una nueva Argentina financiera. Cambio en el modelo de acumulación, destrucción del aparato productivo. La guerra de Malvinas como utilización de una causa histórica. El alfonsinismo y la primavera que fue invierno. Los 90 y la destrucción de la herramienta del pueblo el partido de Perón. Consenso de Washington y la reconversión de la Argentina a país  exportador de materias primas sin valor agregado. Crisis y oportunidad de 2001.

Clase Nº6: Llegada de Néstor Kirchner al gobierno. Inicio de la reconstrucción de un país inclusivo. El Estado vuelve a ser un actor determinante. Latinoamérica unida, del MERCOSUR a UNASUR y el CELAC pasando por el No al ALCA de 2005. La política de DDHH ¿qué significó luego de 30 años de lucha? De las AFJP a la Asignación universal por hijo. Relación con el movimiento obrero.

La cuestión Roca

El 12 de octubre, más la demanda que le están haciendo los Martinez de Hoz a Osvaldo Bayer traen nuevamente la discusión alrededor de una figura como Julio Argentino Roca. En pleno kirchnerismo que nada entre los factores de poder real para intentar salir airoso es un buen momento para darse una discusión que muchas veces se cree saldada por lo políticamente correcto. Si algo nos enseñó esta etapa es que el vínculo con los factores de poder real no es gratuito y para su desmonte no sirve, solamente, salir a gritar que no nos gusta. Es urgente crear las alternativas reales y posibles para el desmantelamiento de los nichos de poder concentrado que se heredaron y se mantuvieron mientras había objetivos más importantes dentro de la estrategia marco. Para dar un ejemplo, hasta 2010 había que dar trabajo y después veíamos la calidad del mismo. Hoy ese trabajo tiene que estar bajo la estricta legislación laboral argentina. Esto quiere decir que antes no? No, lo que quiere decir es que en la urgencia hay que resolver lo importante. Abrir la cantidad de frentes que se pudieran operativizar con la fuerza que se tenía en ese momento. Hoy la situación es otra y es necesario profundizar la construcción de una Argentina para los 40 millones que somos. Con este bagaje acumulado volvemos a discutir la historia, pero entendiendo sus contradicciones y tratandonos de salir del bien y el mal. Para la Argentina del siglo XIX el roquismo significó la derrota del mitrismo. La pregunta es si a nosotros hoy eso nos importa, o ponemos la lupa únicamente en la aberrante campaña del desierto?

Dejo dos textos sobre este tema para abrir el debate.

Extraído del blog pájarosalinas.blogspot.com

Roca y el indigenismo como coartada de los enemigos de la Nación

La Argentina moderna no existiría sin la decisión de Roca
Estigmatizarlo como genocida:  ¿Justicia indígena o venganza porteña?
Por Teodoro Boot / Pájaro Rojo
A Julio Argentino Roca le salió el peor de los defensores posibles: que a un tipo lo defienda Mariano Grondona es casi una admisión de culpabilidad… si es que ese tipo se encuentra en condiciones de aceptar o rechazar esa defensa, lo que no es justamente el caso.  Roca, que es de quien hablamos, murió de viejo hace exactamente 97 años. No es su culpa si ahora le salió un Grondona, así como antes le salieron un Félix Luna o un Jorge Abelardo Ramos, tal vez su mejor y más exaltado panegirista.
Como no es cuestión de escribir un libro, optaremos por la síntesis y la simplificación, lo que conlleva el riesgo de la arbitrariedad, pero en tren de una más fácil lectura debería concederse la posibilidad de que toda afirmación pudiera en su oportunidad fundamentarse.
Roca nació en Tucumán en 1843, en el auge del poder rosista y en una provincia mediterránea tradicionalmente antirrosista, en gran parte por antiporteña, dos datos a tener en cuenta y que deberían sumarse a un tercero: fue educado en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, institución que no tuvo su Juvenilia, pero en la cual fue moldeada la futura clase intelectual y dirigente de la Confederación Argentina.
La existencia de la Confederación Argentina es otro dato a tener en cuenta: existió, institucionalmente organizada, desde la proclamación de su Constitución en el año 1853 –cuando Roca no llegaba a los 10 años de edad– hasta que su jefe político y militar, Justo José de Urquiza, decidió perder la batalla de Pavón. Roca tenía entonces 18 años y combatió en el bando confederado.
Pavón, una encrucijada. La batalla de Pavón y su extraño desenlace son considerados a veces una pintoresca anécdota menor de la historia argentina, opacada, por ejemplo, por la batalla de Caseros, que acabó con la gobernación de Juan Manuel de Rosas y su manejo de las relaciones exteriores de la Confederación en su etapa aun no institucionalizada. Pero Pavón no fue un hecho menor. Mientras para muchos de los contemporáneos, aunque terminara siendo otra cosa, Caseros podía ser vista como la voluntad de parte del interior argentino impuesta sobre el arbitrario manejo portuario y aduanero que ejercía la provincia de Buenos Aires, Pavón fue la claudicación del proyecto federal de trece provincias ante lo que de ahí en más y por veinte años será la omnímoda voluntad de los comerciantes porteños y los ganaderos bonaerenses, ambos ligados mucho más estrechamente al comercio exterior que a una economía nacional.
Militar de profesión, el joven Roca pasará a revistar en el ejército nacional, eufemismo por el que será conocido el ejército porteño que por directivas de Mitre y Sarmiento aniquilará los levantamientos provinciales de Ángel Vicente Peñaloza, Felipe Varela, Pancho Saá y Simón Luengo, acabará con el Paraguay independiente de Francisco Solano López y extinguirá la última de las montoneras argentinas dirigida por el gobernador entrerriano Ricardo López Jordán.
A diferencia de federales de una generación anterior, como Telmo López, el mismo López Jordán, los hermanos Hernández, Olegario Andrade y Carlos Guido y Spano, Roca combatirá contra el Paraguay y, en el bando contrario a todos ellos, y será quien personalmente ponga fin a las quijotescas andanzas de Ricardo López Jordán. Tenía entonces 28 años y era uno de los más prestigiosos oficiales del ejército.
A los 32 años y ya ministro de Guerra, lleva a cabo lo que la historia oficial recuerda como la mayor de sus hazañas, la “Campaña del Desierto”, que Estanislao Zevallos, en un opúsculo particularmente racista promovió como “La conquista de 15.000 leguas”.
Cinco genocidios. La Campaña del Desierto permitió a la todavía inexistente República Argentina ocupar la Patagonia y fue un auténtico genocidio, uno de los cinco genocidios perpetrados por nuestro país –se podrá decir, “por la clase dirigente de nuestro país”, pero va de suyo que la que dirige es siempre “la clase dirigente”.
Técnicamente hablando –al menos en la acepción que da al término Naciones Unidas–, genocidios también fueron la casi literal desaparición de los afrodescendientes –mayoritarios en el virreinato rioplatense al momento de la Independencia–, la “guerra de policía” contra las provincias del noroeste, la eliminación física de más del 70 por ciento de los hombres paraguayos durante la guerra de la Triple Alianza y la más reciente persecución y eliminación de opositores políticos durante la última dictadura militar.
Cinco años después de la “Campaña del Desierto”, en su condición de jefe del ejército y candidato presidencial de las provincias, es el todavía joven Roca quien acaba con la nueva revolución secesionista porteña, esta vez encabezada por Carlos Tejedor.
Y es en este punto donde conviene detenerse. Si bien “el problema del indio” era un asunto de larguísima data y así como en nuestra vida independiente las distintas naciones aborígenes habían intervenido en las guerras civiles, y ya en 1837 Domingo Faustino Sarmiento había establecido la doctrina básica respecto a “bárbaros” y “salvajes” en su panfleto Facundo. Civilización y barbarie, no había sido la siempre ambigua relación con las naciones aborígenes la principal dificultad en la conformación de la nación argentina. Antes bien, el principal escollo había sido Buenos Aires y los intereses de su clase dirigente, el sector mercantil ligado al comercio británico que con el tiempo –y Roca mediante– derivaría en “oligarquía ganadera”.
La Banda Occidental. Al momento en que Nicolás Avellaneda –que había inaugurado su mandato enfrentando una revolución porteña orientada  por Bartolomé Mitre– terminaba su período, en Buenos Aires se preparaba a una nueva secesión, similar a la que se prolongó desde 1852 hasta 1860, cuyo propósito era la constitución, en la margen opuesta del Plata, de una réplica de la República Oriental del  Uruguay. Es entonces el ejército nacional, ya librado de la influencia porteña y dirigido por Julio A. Roca, el que lo impide y, triunfante sobre la revolución de Carlos Tejedor, impone la federalización de la ciudad de Buenos Aires y la de su puerto. Si alguno quiso ver en este acto la victoria del interior argentino sobre la voluntad hegemónica y en su defecto aislacionista de Buenos Aires, a juzgar por los acontecimientos posteriores, se equivocó. Pero el acto es, sin lugar a dudas, el hecho fundante de la Argentina actual, con lo bueno y malo que esto supone, y siempre según quien mira. Lo que está claro es que de no ser por la decisión de Roca, que pasó por encima de las vacilaciones del presidente Avellaneda, nuestro país no sería uno, sino dos. Y no es ucronía suponerlo: era el objetivo explícito de la clase dirigente porteña, hasta en ese momento autosuficiente con su fértil “pampa húmeda”, su puerto y su aduana, constituirse en otra ROU.
Tal vez visto –muy engañosamente– desde hoy, este acontecimiento no revista gran importancia. Es razonable que así sea: el triunfo de Roca –y por su intermedio, del interior argentino– sobre Buenos Aires no fue definitivo.
Roca no dejó un diario, ni dos, y los dos grandes medios “nacionales” que pervivieron, al menos uno de ellos hasta la actualidad, fueron sus principales opositores y contradictores. Ninguno de ellos, claro, lo acusó  por su responsabilidad en uno de los grandes genocidios perpetrados por la clase dirigente de nuestro país.
A favor. Vale recordar  –como para no aburrir con cosas viejas y antes de precipitarnos tal vez muy apresuradamente hacia el final–, que el llamado roquismo fue acompañado y fundamentado por la flor y nata de la intelectualidad argentina de la época, desde los talentosos e injustamente olvidados Osvaldo Magnasco, Rafael Hernández y Evaristo Carriego, hasta los más consagrados –y edulcorados– Guido y Spano, y Olegario Víctor Andrade, y notables políticos como José Hernández, Roque Sáenz Peña o Hipólito Yrigoyen. Que a esa notable generación y a la siguiente, forjada en los albores el roquismo y languidecida lastimosamente luego de su decadencia, nuestro país le debe, tanto la conformación del Estado nacional y el establecimiento de sus fronteras, como las principales leyes “progresistas” de nuestra legislación, como por ejemplo –y para no abundar– las de registro civil, matrimonio civil y educación laica, universal y gratuita, hasta las primeras leyes de protección de los derechos obreros y tal vez el más importante estudio sobre la situación de los argentinos de a pie: “El estado de las clases obreras argentinas”, redactado por el catalán  Joan Bialet Massé a pedido del propio Roca.
Y puesto que mencionamos a Bialet Massé, constructor del dique San Roque, cabe preguntarse, muy retóricamente, a qué intereses beneficiaba la campaña iniciada por la prensa porteña destinada a difamar toda la obra de gobierno del cordobés Miguel Juárez Celman, que llegó al punto de alarmar a la población de Córdoba anunciando el inminente derrumbe del hasta hoy enhiesto dique… en plena época de sequía.
Negros, chusmas y chinos. Suena razonable que a ciertas gentes, ya sea por distracción o interés, algunos detalles le pasen desapercibidos,  pero preocupa que quienes militan o adscriben a la causa nacional y popular no adviertan que así como la gran prensa hizo escarnio de los “cabecita negras” peronistas y “la chusma” yrigoyenista, también despreció a “los chinos” del roquismo, vale decir, aquellos sobrevivientes de las guerras civiles que llegaron a Buenos Aires a imponer su voluntad nacional, osadía que el establishment cultural porteño jamás les perdonó.
Julio Argentino Roca no es, ni se acerca a ser, algo parecido a una suerte de Padre de la Patria, pero está tan lejos de eso como de ser el gran villano de nuestra historia que cierta moda contemporánea le endilga. Fue el suyo un período histórico lo suficientemente rico y atractivo como para no caer en simplificaciones y consignas políticas que carecen de la menor relación con los dilemas de la época, y conviene no dejarse arrastrar por ciertas consignas supuestamente políticas y lugares comunes “políticamente correctos” que carecen de fundamento histórico y a la vez disponen –si se permite en virtud de nuestra experiencia vital– de una sospechosa cobertura de prensa que vaya uno a saber por qué (y más allá de las opiniones de Mariano Grondona)  pretenden transformar a Julio A. Roca en el gran monstruo de la historia argentina.
No lo es. Bajo ningún punto de vista lo es, y las sorprendentes campañas en su contra tienen mucho de sospechoso, tal vez por cierta paranoica asociación que uno puede establecer con las reacciones “indigenistas” contra las estrategias de conformación de un Estado nacional que deben soportar gobiernos como el de Evo Morales o Rafael Correa.
El Estado, campo de batalla. Es comprensible que para historiadores de ideas libertarias como Osvaldo Bayer –que pasan tanto tiempo en Berlín como en Buenos Aires y para quienes el Estado es sinónimo de opresión–  el genocidio indígena ejecutado –en parte– por Julio A. Roca, sea determinante y suficiente como para reclamar su excomunión y extirpación de la historia argentina, hasta el punto de volverlo análogo a una especie de Petiso Orejudo de la oligarquía. Pero saliendo de Berlín no es difícil advertir que ese Estado que Roca contribuyó más que nadie a crear, es en cierto modo instrumento de opresión y dominación,  sí, pero a la vez es un campo de batalla, y al cabo, instrumento del que se valen  las clases populares para defenderse de la opresión de los poderosos, que en estos hemisferios no requieren ni de nacionalidad  ni de Estado para ejercer su dominio.
Es así que resulta descabellado escuchar hoy que en virtud de su relativa responsabilidad en uno de los cinco genocidios argentinos sea necesario eliminar a Roca de los billetes de la moneda nacional y dinamitar las estatuas que se le han erigido en diversas partes del país ¿Por qué Roca? ¿Por qué derrumbar la estatua de quien, además de derrotar mapuches, impuso la voluntad provinciana sobre Buenos Aires, conformó la Argentina actual y construyó el Estado nacional?
Más que un reclamo imposiblemente indigenista, esta campaña parece nacida de una vieja animadversión porteña. Y sería bueno aclarar este dilema, porque si se trata únicamente del genocidio indígena, sobre el cual con tanta liviandad como ignorancia se afirma que (¡en 1875!) había otras alternativas, convendría agarrárselas con los autores intelectuales del crimen y no tan sólo con sus tardíos ejecutores materiales, que resultan chivos expiatorios ideales en virtud de que carecieron y carecen de diarios y órganos forjadores de prestigio intelectual que los defiendan.
Rosas, el integrador. Cabe recordar que cualquier posibilidad de negociación con las naciones indígenas tendiente a su integración a la entonces embrionaria nacionalidad argentina, había acabado con la caída de Rosas, aunque justo es decir –a juzgar por los tratados de paz firmados entre Calvuncullá y Urquiza en representación de la Confederación  Argentina, y más tardíamente entre Lucio Mansilla y los ranqueles (acuerdo este último desautorizado por el presidente Sarmiento), que esa integración habría sido posible de no ser haber sido derrocado Rosas y de no mediar la sujeción de Urquiza a la política porteña personificada en Bartolomé Mitre.
Lo que puede estar claro, sin mayores esfuerzos intelectuales, es que entre los pueblos o naciones aborígenes y la incipiente oligarquía bonaerense, representada por Mitre mucho más que por Roca, no había ninguna posibilidad de entendimiento. Y esto estaba claro desde 1837, cuando en su obra magna Sarmiento explicó, a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores, que en nuestra América, los hombres se dividían en tres clases: salvajes, bárbaros y civilizados. Y así como en esa obra –Facundo– el padre del aula desarrolla su programa político y nos explica que es necesario civilizar a los bárbaros, aunque sea a palos, también nos dice que a los salvajes resulta imprescindible exterminarlos.
El don de la inoportunidad. Facundo fue escrito y publicado en Chile, seis años antes de que a al coronel Segundo Roca se le ocurriera hacerle un hijo a la hermana menor de Marcos Paz. Es así, por decirlo de alguna manera, que resulta curioso que en el momento en que nuestros mestizos –a no olvidarlo, irremisiblemente mestizos– pueblos americanos se abocan a la impostergable conformación de sus estados nacionales, paso previo e indispensable de la necesaria unidad continental, cobren tanto énfasis y tengan tanta difusión discursos supuestamente indigenistas que en pos del necesario respeto y reivindicación de las diversas culturas que conforman nuestra común nacionalidad americana, sean a la vez funcionales a ideologías y políticas que en la práctica atentan contra esa nacionalidad. Y en consecuencia, contra las diferentes identidades étnicas y culturales que la conforman.
La “demonización de Roca” –como dice su inopinado, sorprendente e incongruente defensor– parece ir en esa sintonía. ¿Qué sentido tiene el reclamo de eliminar la imagen y derribar las estatuas del creador del Estado nacional y artífice del triunfo del interior argentino sobre Buenos Aires? ¿Por ser el perpetrador de la fase final del genocidio indígena?
Pues bien,  si ése el motivo, eliminemos su imagen y derribemos sus estatuas, pero sólo si antes eliminamos las imágenes y derribamos las estatuas de Rivadavia, Mitre y especialmente del autor intelectual y cimentador ideológico de la tragedia indígena: Domingo Faustino Sarmiento.
Y si no, no.
Reportaje de NI a Palos a
Javier Trimboli, historiador:

 

“Es maravilloso que se vuelva a discutir a Roca”

Si es que se puede pensar ya en posibles consecuencias de eso que todos llaman la vuelta de la política, una de las más interesantes es, sin dudas, la de revisar la historia de nuestro país. En este sentido, el 12 de octubre -antes Día de la raza ahora Día del respeto por la diversidad cultural- parece un fecha ideal para volver a discutir el pasado. En este debate se puso de moda pegarle a Julio Argentino Roca verdadera bestia negra de la historia nacional, aunque también –bien vale aclararlo- hombre clave en la fundación del Estado Nacional. Como Ni a palos nunca se conforma y siempre que haya una discusión se da manija, fuimos a buscar a Javier Trímboli, historiador, pura lucidez.

Por Julia Mengolini / Ni a palos

-¿Qué sentido le ves a sacar a Roca del billete de 100 y de toda esta ola antiroquista que propone bajar los monumentos?

– No le veo mucho sentido. Sobre todo porque sigue siendo interesante que personajes de las características de Roca acompañen un proceso político como este, aún cuando uno no pueda decir en lo más mínimo que está plenamente de acuerdo con lo que él hizo, e incluso que hay zonas de su política que le pueden parecer plenamente criticables. Ahora, sabemos de la Campaña del Desierto, pero también Roca es el responsable en buena medida de la federalización de Buenos Aires. Roca fue odiado por las familias patricias porque lo vieron como el último exponente de la barbarie provinciana que venía a terminar con la autonomía de esa ciudad tan soberbia que era Buenos Aires. Una figura como la de Roca permite ver la enorme ambigüedad de los procesos históricos, que además en su caso, lo hacen destacar. Sin embargo, él es un exponente más de una fuerza muchísimo más grande que quería avanzar sobre las poblaciones indígenas y que lo estaba haciendo desde la llegada de los españoles. Por lo tanto Roca es un emergente de un problema social muchísimo más grande.

-Lo que quiere decir que si le caemos a Roca también deberíamos caerle a Mitre, a Sarmiento…

-En un punto yo creo que sí e incluso más que con figuras en particular, con clases sociales, en pensar en problemas que hacen a clases sociales y a procesos sociales determinados. A la vez, hay ciertas maneras de entender la historia, que al colocar todo en situación de proceso, de contexto, de circunstancia, justifican cualquier barbaridad. Ahí creo yo que hay un problema. La época no justifica todo. Ahora, me parece que también es un problema cuando todo se ve en clave “bien o mal”. Entonces ven a Roca como exponente de un mal profundo, de un mal absoluto que produjo la Conquista del Desierto. Me parece que tanto una como otra forma de ver el pasado son problemáticas. Hay una investigadora de La Pampa que se llama Claudia Salomón Tarquini que escribe un libro que se llama Largas noches en la Pampa. Ella dice que la Campaña de Roca de 1879, no produjo un número tan contundente de muertes. Lo más complejo fue la sobrevida de esas poblaciones, que fueron distribuidas, obligadas a cambiar su idioma, obligadas muchas veces a cambiar de nombre, se les adjudicaron las peores tierras, las peores condiciones, con la complicidad de toda una sociedad que avaló esa transformación y que prefirió decir que fueron exterminados: tema terminado, no tenemos más cuestión indígena. Entones, es un tema presente, que sigue estando. Más que el exterminio de un pueblo, lo que se produjo fue una enorme derrota de un pueblo que se vio obligado a tener una sobrevida pautada por las condiciones de los vencedores, condiciones que lo invisivilizaron. Pero esa invisibilización no es efecto de Roca. No es efecto de una persona, ni siquiera de Sarmiento. Sarmiento dice barbaridades, como sabemos que siempre dice, pero algunas de una verdad enorme, en Conflictos y armonías de las razas en América dice: “Ya no hay más reducciones indígenas, pero ahora a los indígenas los tenemos cambiados de nombre, entre nosotros”. Lo que te dice es: se están reciclando en otra cosa, anticipa probablemente al cabecita negra. Siguen estando.

– ¿No es interesante que exista un reclamo indigenista de cualquier modo?
-Es interesantísimo. Este último genocidio que vivimos es el que habilita la visibilización de otros desaparecidos. Para mi uno de los libros más importantes que hay sobre este tema es Indios, ejército y frontera de David Viñas que se publica en los primeros años de los 80. Viñas empieza a escribir el libro con el peso de lo que significa la celebración del centenario de la Conquista en la época de los militares en 1979, celebración que es brutal, a la que Clarín dedicó un suplemento especial notable donde, por ejemplo, hay un saludo de los fabricantes de Coca Cola que dice: “nos quedan muchas campañas en el desierto por realizar”. Es toda una celebración además incolora, indolora, donde no aparecen nunca muertos, no hay fotos de muertos. Viñas empezó a escribir ese libro desde el exilio, con el peso de esa celebración y con la desaparición de sus hijos. Él, rápidamente, en el prólogo se pregunta si no serán los indígenas los desaparecidos del siglo XIX. Para mí es interesantísimo que surja este reclamo. Además, nos desafía a ver cómo hacemos para procesarlo, para abrir esta discusión. Es maravilloso que se vuelva a discutir a Roca.

– ¿De dónde sale ese reverdecer del orgullo indígena?

– Me parece que en esta época, en lo que se llamó el fin de la historia, las identidades y los caracteres colectivos perdieron muchísimo poder, volumen, espesor. Desde ese entones hasta este momento hay una búsqueda enorme de hacerse cargo y tomar como propia alguna identidad. Una identidad disponible y muy interesante para hacer propia es la identidad indígena porque entre otras cosas, tiene un aura muy particular, ligada a los vencidos de manera absolutamente injusta, ligada a otras costumbres diferentes a nuestro sistema capitalista que merece criticas, entonces encuentra en ese legado algo interesante. El tema nos coloca en un problema cultural, de cómo seguir viviendo como comunidad nacional.

-Claro, en Bariloche por ejemplo, hay una comunidad mapuche muy grande y en el Centro cívico, que es un emblema de la ciudad, está el monumento a Roca, casi desafiante, como una provocación. ¿Qué hay que hacer con eso?

– No lo sé, pero a mí me parece interesante que ese monumento esté y que entre otras cosas quede como una marca real y cierta de lo que sucedió. No invisibilizar a Roca, sino intervenirlo, trabajarlo, que sea una presencia que obligue a tomar posiciones, partidos, a producir una contra-estatuaria. Me parece que la invisibilizacion de Roca nos haría creer que el triunfo cultural sobre ese relato, nos estaría liberando de la posibilidad de que haya un nuevo Roca o peor: un Galtieri, un Videla, un Martínez de Hoz. Y eso es absolutamente erróneo, porque las condiciones para que haya un nuevo Roca, o un Martínez de Hoz, son las condiciones del capitalismo. Y no son condiciones meramente culturales. Uno puede producir movimientos culturales muy importantes pero hay algo en el capitalismo que produce eso: como produce en serie productos para el mercado, también produce muertes en serie. No está cerrada esa historia, por más que se borre a Roca.

– ¿Hay alguna relación entre el kirchnerismo y este neorevisionismo que vino de la mano de la divulgación masiva de la historia argentina?

– Me parece que no fue tan nítida y tan estrecha esa relación, como hoy se montó que es. Me parece sí, que a partir del Bicentenario hay una cantidad de exponentes del neorevisionismo que de alguna manera encuentran un lugar que hasta ese entonces no tenían porque hay un enorme apetito popular por conocer la historia. El dato mayúsculo es que la política, que se ha reabierto en la Argentina desde 2001 y con más claridad desde el 2003, también reabrió la cuestión de la historia de la Argentina como no podía ser de otro modo. Y reabrió para que estén todos estos debates puestos en la mesa. Y el gobierno, como buen gobierno peronista, no termina de decir “mi lectura histórica es esta”. La Presidenta ha dicho “yo con Sarmiento tengo muchas diferencias pero también tengo puntos que me encuentran con él”. Es genial que un político pueda marcar el carácter ambiguo de la historia. Quizás hay maneras de entender la historia como una suerte de reprobación de todo lo que es poder, y una fascinación eterna con todo aquel que ha sido derrotado. En los procesos históricos, cuando se tiene poder, es inevitable producir cosas oscuras. Me parece que una construcción política como la actual, que no rechaza el poder sino que intenta darle una utilización  determinada, que tampoco es enteramente emancipatoria y utópica, sabe que el poder tiene ciertas fuerzas demoníacas y hay que saber manejarse con ellas y tener ciertos anticuerpos para evitar correrte de la línea. A veces da la sensación de que preferimos figuras románticas y más puras que antes que el poder prefirieron inmolarse. Hay que entender el drama de los hombres que construyen poder y que además lo hacen en función de que la correlación de fuerzas sociales mejore para las clases populares. Eso es Perón, de alguna manera eso es el kirchnerismo, que no es un proceso puro, es esto. Y es Roca también.

-¿Es Roca también?
-De alguna manera también. Es construir un Estado, es la ley 1420, es esta ambigüedad eterna y el drama de ese hombre. Está claro que la Campaña al Desierto fue una tremenda barbaridad y que no hay manera de justificar.

– ¿Hay quienes en esa época se alzaron en contra de la Campaña al desierto?

-El mitrismo incluso usó el término “crimen de lesa humanidad” pero en rigor era un problema político. Era la manera de ensuciar a Roca quien en 1880 se podía convertir en el heredero de ese poder que el autonomismo estaba forjando, que se había fortalecido con la Presidencia de Avellaneda y que el mitrismo quería terminar. No son argumentos atendibles. Pero los argumentos atendibles son dos: Lucio V. Mansilla, que escribe Una excursión a los indios ranqueles y se pregunta todo el tiempo por qué no encontramos una manera distinta de convivir con estas poblaciones. Y llega a decir: “Una civilización sin clemencia no es civilización”. Y estos hombres son derrotados pero hay que ser clementes con ellos y resituarlos en una estructura productiva de una nueva argentina.

-Lo que habla de que las cosas se podían entender de otro modo…

-En 1870, hay un hombre que ve esto de otra forma. Ahora, ¡Lucio V. Mansilla después es roquista! Es decir, esto que ha dicho en 1870 no le resulta tan grave como para después no adherir a Roca. Para él no era el centro del problema. También está Bialet Masse, este científico catalán que no para de hablar de los indígenas y dice que hay que incluirlos de alguna manera, que tiene que haber una legislación laboral inclusiva para estos hombres. ¿Quién lo manda a hacer el Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas a Bialet Massé? Roca. Lo que uno sí puede ver es que lo de Roca es liminar y dificilísimo de responder. Nos deja sin palabras. Me parece que hoy hay una sobrestimación de la batalla cultural o de la nueva hegemonía o del nuevo relato. Y esa sobrestimación es absolutamente equívoca. Insisto: las condiciones para que se produzca un genocidio en occidente siguen existiendo mientras exista el capitalismo y mientras nadie invente una forma social de organizar nuestra economía más eficaz justa y posible que el capitalismo. Esas condiciones están y si sobrenfatizás ese triunfo, pueden pasar al olvido.

-¿A qué le decís ni a palos?
– A la ilusión de que se puede alcanzar un acuerdo mayúsculo respecto del pasado argentino.

25 de mayo ¿qué festejamos?

La primera pregunta qué aparece en los cursos sobre historia argentina  es ¿por qué tenemos dos fechas (25 de mayo y 9 de julio) relacionadas con la independencia de España?

Las celebración del 25 de mayo trae el recuerdo y el homenaje a los hombres y mujeres de Buenos Aires que decidieron en cabildo abierto que la gobernación del territorio que ocupaba el virreinato del Río de la Plata debía darse por sus propios ciudadanos. Esto no implicaba una inmediata separación de España (en ese momento invadida por los franceses), sino que lograba realizar diferentes demandas que se venían sucediendo durante todo el proceso colonial. Los criollos, a la cabeza, querían participar de la cosa pública sin la intermediación del rey de España. El momento elegido fue la caída de las juntas populares que se habían creado en todo el territorio español a manos francesas. Y no es casualidad que nuestro gobierno de mayo, como el de caracas de abril, o el de México de septiembre de aquel 1810 hayan tomado el nombre de juntas. Tampoco es casual que todas hayan jurado en nombre de un rey preso, Fernando VII. Se dijo muchas veces que este juramento implicaba una máscara porque a la vez que se apoyaba al rey se buscaba la autonomía, como si esos dos hechos no pudieran formar parte de un mismo plan. La decisión de apoyar al rey preso, en contra del imperio francés, obedecía a la cercanía que este había tenido con los sectores del liberalismo español, es decir que se podía pensar que si ese rey era liberado las demandas de mayor libertad y autonomía serían escuchadas. Este es uno de los escenarios que plantea El plan de Operaciones adjudicado a Mariano Moreno. Y realmente era un escenario que evaluaba una posible caída de Napoleón pero no una avanzada tan conservadora en toda Europa como fue lo que sucedió.

Entonces el 25 de mayo es el día institucional de inicio de un camino que culminará por el enfrentamiento feroz con el orden conservador europeo en la independencia de todos los países americanos. Una independencia que se selló en lo formal un 9 de julio de 1816, pero que su fecha real es el 9 de diciembre de 1824 cuando las fuerzas americanas comandadas por el mariscal Sucre derrotan al último bastión español en América en la batalla de Ayacucho.

Hay que decir también que el 25 de mayo es el inicio de un conflicto que iba a estallar en las guerras civiles y que se mantendrá en la historia argentina, entre dos concepciones antagónicas: la mirada de la nueva nación planteada desde afuera, desde las potencias y la concepción nacional, popular y latinoamericana de nuestro destino en el continente y en el mundo. Son estas dos grandes concepciones sobre lo que debe ser la futura Argentina  las que engloban los diferentes proyectos de país. Este es el dilema de nuestro país, así como también el de Latinoamérica. Dentro de este gran dilema sobre el ser latinoamericano, puede haber diferencias en la concepción del poder como, a modo de ejemplo ocurre con marino Moreno, promotor de la unión americana y centralista, y Manuel Dorrego, también promotor de la unión americana, pero federal. Dos momentos, dos concepciones diferentes, pero el mismo destino para nuestra patria chica: transformarse en Patria Grande.

Por eso el 9 de julio, fecha en que se dicta la independencia también puede verse como un a declaración de principios hacia las potencias que un hecho de realidad. Esa realidad se estaba desarrollando desde el 25 de mayo en buenos Aires hacia todas las provincias y es en 1816 que se produce el acuerdo para sellar la independencia. Aunque en este congreso no haya participado todo el litoral argentino que en ese momento tenía ideas contrarias a la hegemonía de Buenos Aires y eran expresados por el Protector de los Pueblos Libres José Gervasio Artigas.

Las fechas históricas sirven para volver a pensar el proceso que derivó en nuestra independencia y cuan profunda fue (y es) la misma. Desde ese momento la expresión de los porteños en la política nacional fue sectaria respecto del resto de las provincias., más allá que en las jornadas de mayo haya participado una parte importante del pueblo de Buenos Aires. Un sector muy influyente por sus recursos económicos tomó las posta de la construcción de una cultura porteña alrededor del puerto de Buenos Aires priorizando la cultura europea que ingresaba por ahí, a la conocida en las provincias. Esa hegemonía no pudo romperse a lo largo de la historia y primó en el sentido común porteño la idea de vivir en una sociedad que tenía poco que ver con el resto del país y América Latina. Recién en la actualidad existe la posibilidad de ascenso al gobierno de esta ciudad por hombres que expresan la unión del destino porteño al destino nacional, y eso no es poco.

Por eso este 25 de mayo vale la pena celebrar la posibilidad que se abre en la Argentina de que la ciudad que fue capital del virreinato y del país se sume al proyecto nacional y popular que, no por casualidad, comenzó el 25 de mayo de 2003 y así comience un paso muy importante para la victoria definitiva de la batalla cultural que se desarrolla en nuestro país.