Felipe Varela: nuevo general argentino

Si algo no le falta a la presidenta de todos los argentinos es su consciente aporte a la reconstrucción de una memoria histórica del país. Desde que en uno de sus primeros discursos recordó la guerra del Paraguay frente al presidente paraguayo, para ofrecerle las disculpas y la mirada solidaria con el proyecto latinoamericano. Había escrito esto https://losoperariosdelplan.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=39&action=edit con respecto al lugar preponderante que le daba la jefa de Estado a esa guerra infame. Y quizás Cristina haga tanto hincapié en este tema porque entiende que la destrucción de un país, que se había desarrollado al margen del decisionismo inglés y que pagó ese “pecado” con el liquidamiento casi total de su nación, representó para el siglo XIX la posibilidad de la implantación de regímenes de liberalismo duro que no tuvieran que negociar con nadie. La solidaridad argentina, brasileña y uruguaya con el imperio inglés permitieron que los sectores dominantes latinoamericanos pudieran imponer sus formas evitando cualquier tipo de negociación. Y eso lo entendió Felipe Varela  que junto a otros argentinos representantes de los intereses de la Argentina profunda eligieron levantarse para denunciar y tratar de evitar la eliminación del proyecto paraguayo del mapa regional. Cuando decimos que Paraguay era un ejemplo no tenemos que pensar en la copia de un modelo con papel de calcar. Sino en el entendimiento de que también en ese momento el camino de la independencia política y económica con justicia social era un camino posible, cada pueblo lo podría tomar de acuerdo a sus intereses y su historia.

En la actualidad quizás el mejor ejemplo de esto sea la Cuba revolucionaria. Lo que nadie puede discutir es que es un proyecto autónomo al plan que tenía Estados Unidos para la isla. Esto no quiere decir que sea el mejor camino, o que tengan todos sus problemas resueltos, sino que está marcando en la historia mundial una frase que dicen los cubanos: “el vino es agrio, pero es nuestro vino”. Desde los discursos de derecha nos invitan muchas veces a irnos a la isla por nuestras ideas de desarrollo latinoamericano, sin comprender que al defender el derecho de los pueblos a desarrollarse estamos defendiendo nuestra propia posibilidad de desarrollarnos en una marco latinoamericano. Por eso Felipe Varela fue un hombre que se animó a discutir el orden que se estaba imponiendo a sangre y fuego, ese orden liberal que necesitaba eliminar cualquier atisbo de autonomía regional para sumirnos a todos en el crudo mercado mundial.

Recordar las oposiciones a este mundo refresca la memoria, y dignifica a tantos hombres y mujeres que se jugaron por un país más inclusivo el cual se pudo desarrollar en la década del 40 y que tenemos el privilegio de estar viendo nosotros un nuevo renacimiento.

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MANIFIESTO DEL GENERAL FELIPE
VARELA A LOS PUEBLOS AMERICANOS
1866
¡VIVA LA UNIÓN AMERICANA!
PROCLAMA
¡ARGENTINOS! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron
altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres mas grandes
epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el General Mitre
gobernador de Buenos Aires.
La más bella y perfecta Carta Constitucional democrática republicana federal, que los valientes
entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en Caseros al centralismo odioso de
los espurios hijos de la culta Buenos Aires, ha sido violada y mutilada desde el año sesenta y
uno hasta hoy, por Mitre y su círculo de esbirros.
El Pabellón de Mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho,
y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del
caudillo Mitre -orgullosa autonomía política del partido rebelde- ha sido cobardemente
arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuti, Curuzú y Curupaití.
Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan
engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en mas de cien
millones de fuertes, y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el
bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda, lacrimando juró
respetarla.
COMPATRIOTAS: desde que Aquél, usurpó el gobierno de la Nación, el monopolio de los
tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los
porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser
porteño, es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad,
sin derechos. Esta es la política del Gobierno Mitre.
Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a los provincianos, que muchos de nuestros
pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los
degolladores de oficio, Sarmiento, Sandez, Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios oficiales
dignos de Mitre.Empero, basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón y sin
conciencia. Cincuenta mil víctimas hermanas, sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio
flagrante de la triste o insoportable situación que atravezamos, y que es tiempo ya de contener.
¡VALIENTES ENTRERRIANOS! Vuestro hermanos de causa en las demás provincias, os
saludan en marcha al campo de la gloria, donde os esperan. Vuestro ilustre jefe y compañero de
armas el magnánimo Capitán General Urquiza, os acompañará y bajo sus órdenes venceremos
todos una vez más a los enemigos de la causa nacional.
A EL, y a vosotros obliga concluir la grande obra que principiasteis en Caceros, de cuya
memorable jornada surgió nuestra redención política, consignada en las páginas de nuestra
hermosa Constitución que en aquel campo de honor escribísteis con vuestra sangre.
¡ARGENTINOS TODOS! ¡Llegó el día de mejor porvenir para la Patria! A vosotros cumple
ahora el noble esfuerzo de levantar del suelo ensangrentado el Pabellón de Belgrano, para
enarbolarlo gloriosamente sobre las cabezas de nuestros liberticidas enemigos!
COMPATRIOTAS: ¡A LAS ARMAS!…¡es el grito que se arranca del corazón de todos los
buenos argentinos!
¡ABAJO los infractores de la ley! Abajo los traidores a la Patria! Abajo los mercaderes de
Cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre Argentina y Oriental!
¡ATRAS los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo
vano, déspota e indolente!
¡SOLDADOS FEDERALES! nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada,
el órden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas
Americanas. ¡¡Ay de aquél que infrinja este programa!!
¡COMPATRIOTAS NACIONALISTAS! el campo de la lid nos mostrará al enemigo; allá os
invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo.
FELIPE VARELA
Campamento en marcha, Diciembre 6 de 1866.

Taller de Historia Política Argentina en Sociales (UBA)

Los invitamos a todos y todas a participar del primer Taller de Historia Política Argentina en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA organizado por La Cámpora Estudiantes y La Cámpora Graduados de la Facultad de Ciencias Sociales. Voy a tener el placer de coordinarlo en la búsqueda de la formación política en los temas de nuestra historia de los jóvenes y con la intención de que en las Universidades Nacionales se comience a abordar las temáticas nacionales y populares, pero comenzando con el proceso de independencia de principios del siglo XIX.

Los esperamos.

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Programa del Taller de Historia Política Argentina

Clase Nº 1:

1º parte.

Presentación del taller. Presentación de los compañeros y cuales son sus inquietudes por las cuales se han acercado al curso. Ubicación en el mapa de Latinoamérica en el mundo.

Breve presentación del contexto europeo de donde emergerá la Revolución de Mayo. ¿Qué pasaba en Latinoamérica? Los criollos. El caso Haití. Levantamiento de Túpac Amaru y Túpac Katari. Invasiones inglesas.

2º parte

Cómo se nos ha contado la Revolución de Mayo? La revolución de Mayo y las 2 Españas. La revolución de Mayo y Latinoamérica. ¿Qué proyectos se pusieron en disputa? Composición de la junta de gobierno y visualización de los diferentes proyectos. ¿Es un mero traspaso comercial? Mariano Moreno y el Plan de Operaciones. Proyecto político-militar de la revolución. ¿Cuál era el territorio de operaciones? ¿Quién era el enemigo? La riqueza y el proyecto soberano. La relación con Inglaterra, España y Portugal.

Manuel Belgrano y el proyecto económico soberano. Proyecto político de monarquía inca e independencia en Tucumán.

Clase Nº 2

1º parte ¿Quién fue Artigas para la historia oficial? Artigas y su relación con Buenos Aires. Caudillo de los pueblos del litoral. Proyecto político-económico del artiguismo. Relación con Brasil. Política militar del artiguismo. Guerra a caballo. ¿Quién fue Andresito Artigas? ¿Fue correcta la táctica de Artigas? Independencia del Uruguay. ¿Quiso Artigas este proyecto? ¿Qué sabemos de San Martín por la historia oficial? San Martín y su estrategia político-militar. Su proyecto político- económico en Cuyo. La composición del ejército de los Andes. ¿Era un ejército nacional? La campaña sanmartiniana en Chile. Relación con el gobierno de Buenos Aires y con la oligarquía porteña. San Martín en Perú. El encuentro con Bolívar. San Martín en Europa. ¿Un abuelo jugando con su nieta o un operador político latinoamericano? Como recuerda la oligarquía a San Martín.

2º parte

Manuel Dorrego como opción federal en Buenos Aires. Gobierno de Rosas. ¿Se puede entender la historia desde la disputa de los unitarios y los federales? Alianzas políticas con los caudillos. Desarrollo económico. Defensa de la soberanía en Vuelta de Obligado. ¿Por qué Rosas es bisagra en la política argentina?

Traición de Urquiza a Rosas. Federalismo del litoral aliado al unitarismo porteño. ¿Qué significó Caseros? Separación de Buenos Aires. Gobierno de Mitre. Guerra de policía a los gauchos. Papel de Sarmiento. ¿Cómo piensala Argentinael mitrismo?  Organización de la guerra de triple alianza. Respuesta de las montoneras federales a la persecución.

Clase Nº 3:

Roca y la campaña del desierto. ¿Cómo pensar el roquismo? Roca como presidente y figura política. Consolidación del proyecto oligárquico hasta la crisis del 30.

Yrigoyen y la política nacional. Mosconi y Savio como emblemas dela soberanía. Golpemilitar del 1930 ¿Qué significó? Pacto Roca-Runciman.

Clase Nº 4: El Movimiento nacional se recrea a través del peronismo. ¿A quiénes unió el peronismo? Relación con el movimiento obrero organizado. ¿Qué significóla Tercera Posiciónen el mundo bipolar? Perón y Latinoamérica, del ABC a los proyectos integradores. El mundo después de la Conferencia de Yalta.

La lucha armada como opción para la toma del poder en Argentina. Relación con el movimiento obrero. El despertar de una juventud transformadora. La vuelta de Perón y el nuevo escenario político. Retardatarios y acelerados. El proyecto de todo en su medida y armoniosamente.

Clase Nº5: Proyecto neoliberal enla región. Ladictadura cívico-militar de 1976 y la construcción de una nueva Argentina financiera. Cambio en el modelo de acumulación, destrucción del aparato productivo. La guerra de Malvinas como utilización de una causa histórica. El alfonsinismo y la primavera que fue invierno. Los 90 y la destrucción de la herramienta del pueblo el partido de Perón. Consenso de Washington y la reconversión de la Argentina a país  exportador de materias primas sin valor agregado. Crisis y oportunidad de 2001.

Clase Nº6: Llegada de Néstor Kirchner al gobierno. Inicio de la reconstrucción de un país inclusivo. El Estado vuelve a ser un actor determinante. Latinoamérica unida, del MERCOSUR a UNASUR y el CELAC pasando por el No al ALCA de 2005. La política de DDHH ¿qué significó luego de 30 años de lucha? De las AFJP a la Asignación universal por hijo. Relación con el movimiento obrero.

La cuestión Roca

El 12 de octubre, más la demanda que le están haciendo los Martinez de Hoz a Osvaldo Bayer traen nuevamente la discusión alrededor de una figura como Julio Argentino Roca. En pleno kirchnerismo que nada entre los factores de poder real para intentar salir airoso es un buen momento para darse una discusión que muchas veces se cree saldada por lo políticamente correcto. Si algo nos enseñó esta etapa es que el vínculo con los factores de poder real no es gratuito y para su desmonte no sirve, solamente, salir a gritar que no nos gusta. Es urgente crear las alternativas reales y posibles para el desmantelamiento de los nichos de poder concentrado que se heredaron y se mantuvieron mientras había objetivos más importantes dentro de la estrategia marco. Para dar un ejemplo, hasta 2010 había que dar trabajo y después veíamos la calidad del mismo. Hoy ese trabajo tiene que estar bajo la estricta legislación laboral argentina. Esto quiere decir que antes no? No, lo que quiere decir es que en la urgencia hay que resolver lo importante. Abrir la cantidad de frentes que se pudieran operativizar con la fuerza que se tenía en ese momento. Hoy la situación es otra y es necesario profundizar la construcción de una Argentina para los 40 millones que somos. Con este bagaje acumulado volvemos a discutir la historia, pero entendiendo sus contradicciones y tratandonos de salir del bien y el mal. Para la Argentina del siglo XIX el roquismo significó la derrota del mitrismo. La pregunta es si a nosotros hoy eso nos importa, o ponemos la lupa únicamente en la aberrante campaña del desierto?

Dejo dos textos sobre este tema para abrir el debate.

Extraído del blog pájarosalinas.blogspot.com

Roca y el indigenismo como coartada de los enemigos de la Nación

La Argentina moderna no existiría sin la decisión de Roca
Estigmatizarlo como genocida:  ¿Justicia indígena o venganza porteña?
Por Teodoro Boot / Pájaro Rojo
A Julio Argentino Roca le salió el peor de los defensores posibles: que a un tipo lo defienda Mariano Grondona es casi una admisión de culpabilidad… si es que ese tipo se encuentra en condiciones de aceptar o rechazar esa defensa, lo que no es justamente el caso.  Roca, que es de quien hablamos, murió de viejo hace exactamente 97 años. No es su culpa si ahora le salió un Grondona, así como antes le salieron un Félix Luna o un Jorge Abelardo Ramos, tal vez su mejor y más exaltado panegirista.
Como no es cuestión de escribir un libro, optaremos por la síntesis y la simplificación, lo que conlleva el riesgo de la arbitrariedad, pero en tren de una más fácil lectura debería concederse la posibilidad de que toda afirmación pudiera en su oportunidad fundamentarse.
Roca nació en Tucumán en 1843, en el auge del poder rosista y en una provincia mediterránea tradicionalmente antirrosista, en gran parte por antiporteña, dos datos a tener en cuenta y que deberían sumarse a un tercero: fue educado en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, institución que no tuvo su Juvenilia, pero en la cual fue moldeada la futura clase intelectual y dirigente de la Confederación Argentina.
La existencia de la Confederación Argentina es otro dato a tener en cuenta: existió, institucionalmente organizada, desde la proclamación de su Constitución en el año 1853 –cuando Roca no llegaba a los 10 años de edad– hasta que su jefe político y militar, Justo José de Urquiza, decidió perder la batalla de Pavón. Roca tenía entonces 18 años y combatió en el bando confederado.
Pavón, una encrucijada. La batalla de Pavón y su extraño desenlace son considerados a veces una pintoresca anécdota menor de la historia argentina, opacada, por ejemplo, por la batalla de Caseros, que acabó con la gobernación de Juan Manuel de Rosas y su manejo de las relaciones exteriores de la Confederación en su etapa aun no institucionalizada. Pero Pavón no fue un hecho menor. Mientras para muchos de los contemporáneos, aunque terminara siendo otra cosa, Caseros podía ser vista como la voluntad de parte del interior argentino impuesta sobre el arbitrario manejo portuario y aduanero que ejercía la provincia de Buenos Aires, Pavón fue la claudicación del proyecto federal de trece provincias ante lo que de ahí en más y por veinte años será la omnímoda voluntad de los comerciantes porteños y los ganaderos bonaerenses, ambos ligados mucho más estrechamente al comercio exterior que a una economía nacional.
Militar de profesión, el joven Roca pasará a revistar en el ejército nacional, eufemismo por el que será conocido el ejército porteño que por directivas de Mitre y Sarmiento aniquilará los levantamientos provinciales de Ángel Vicente Peñaloza, Felipe Varela, Pancho Saá y Simón Luengo, acabará con el Paraguay independiente de Francisco Solano López y extinguirá la última de las montoneras argentinas dirigida por el gobernador entrerriano Ricardo López Jordán.
A diferencia de federales de una generación anterior, como Telmo López, el mismo López Jordán, los hermanos Hernández, Olegario Andrade y Carlos Guido y Spano, Roca combatirá contra el Paraguay y, en el bando contrario a todos ellos, y será quien personalmente ponga fin a las quijotescas andanzas de Ricardo López Jordán. Tenía entonces 28 años y era uno de los más prestigiosos oficiales del ejército.
A los 32 años y ya ministro de Guerra, lleva a cabo lo que la historia oficial recuerda como la mayor de sus hazañas, la “Campaña del Desierto”, que Estanislao Zevallos, en un opúsculo particularmente racista promovió como “La conquista de 15.000 leguas”.
Cinco genocidios. La Campaña del Desierto permitió a la todavía inexistente República Argentina ocupar la Patagonia y fue un auténtico genocidio, uno de los cinco genocidios perpetrados por nuestro país –se podrá decir, “por la clase dirigente de nuestro país”, pero va de suyo que la que dirige es siempre “la clase dirigente”.
Técnicamente hablando –al menos en la acepción que da al término Naciones Unidas–, genocidios también fueron la casi literal desaparición de los afrodescendientes –mayoritarios en el virreinato rioplatense al momento de la Independencia–, la “guerra de policía” contra las provincias del noroeste, la eliminación física de más del 70 por ciento de los hombres paraguayos durante la guerra de la Triple Alianza y la más reciente persecución y eliminación de opositores políticos durante la última dictadura militar.
Cinco años después de la “Campaña del Desierto”, en su condición de jefe del ejército y candidato presidencial de las provincias, es el todavía joven Roca quien acaba con la nueva revolución secesionista porteña, esta vez encabezada por Carlos Tejedor.
Y es en este punto donde conviene detenerse. Si bien “el problema del indio” era un asunto de larguísima data y así como en nuestra vida independiente las distintas naciones aborígenes habían intervenido en las guerras civiles, y ya en 1837 Domingo Faustino Sarmiento había establecido la doctrina básica respecto a “bárbaros” y “salvajes” en su panfleto Facundo. Civilización y barbarie, no había sido la siempre ambigua relación con las naciones aborígenes la principal dificultad en la conformación de la nación argentina. Antes bien, el principal escollo había sido Buenos Aires y los intereses de su clase dirigente, el sector mercantil ligado al comercio británico que con el tiempo –y Roca mediante– derivaría en “oligarquía ganadera”.
La Banda Occidental. Al momento en que Nicolás Avellaneda –que había inaugurado su mandato enfrentando una revolución porteña orientada  por Bartolomé Mitre– terminaba su período, en Buenos Aires se preparaba a una nueva secesión, similar a la que se prolongó desde 1852 hasta 1860, cuyo propósito era la constitución, en la margen opuesta del Plata, de una réplica de la República Oriental del  Uruguay. Es entonces el ejército nacional, ya librado de la influencia porteña y dirigido por Julio A. Roca, el que lo impide y, triunfante sobre la revolución de Carlos Tejedor, impone la federalización de la ciudad de Buenos Aires y la de su puerto. Si alguno quiso ver en este acto la victoria del interior argentino sobre la voluntad hegemónica y en su defecto aislacionista de Buenos Aires, a juzgar por los acontecimientos posteriores, se equivocó. Pero el acto es, sin lugar a dudas, el hecho fundante de la Argentina actual, con lo bueno y malo que esto supone, y siempre según quien mira. Lo que está claro es que de no ser por la decisión de Roca, que pasó por encima de las vacilaciones del presidente Avellaneda, nuestro país no sería uno, sino dos. Y no es ucronía suponerlo: era el objetivo explícito de la clase dirigente porteña, hasta en ese momento autosuficiente con su fértil “pampa húmeda”, su puerto y su aduana, constituirse en otra ROU.
Tal vez visto –muy engañosamente– desde hoy, este acontecimiento no revista gran importancia. Es razonable que así sea: el triunfo de Roca –y por su intermedio, del interior argentino– sobre Buenos Aires no fue definitivo.
Roca no dejó un diario, ni dos, y los dos grandes medios “nacionales” que pervivieron, al menos uno de ellos hasta la actualidad, fueron sus principales opositores y contradictores. Ninguno de ellos, claro, lo acusó  por su responsabilidad en uno de los grandes genocidios perpetrados por la clase dirigente de nuestro país.
A favor. Vale recordar  –como para no aburrir con cosas viejas y antes de precipitarnos tal vez muy apresuradamente hacia el final–, que el llamado roquismo fue acompañado y fundamentado por la flor y nata de la intelectualidad argentina de la época, desde los talentosos e injustamente olvidados Osvaldo Magnasco, Rafael Hernández y Evaristo Carriego, hasta los más consagrados –y edulcorados– Guido y Spano, y Olegario Víctor Andrade, y notables políticos como José Hernández, Roque Sáenz Peña o Hipólito Yrigoyen. Que a esa notable generación y a la siguiente, forjada en los albores el roquismo y languidecida lastimosamente luego de su decadencia, nuestro país le debe, tanto la conformación del Estado nacional y el establecimiento de sus fronteras, como las principales leyes “progresistas” de nuestra legislación, como por ejemplo –y para no abundar– las de registro civil, matrimonio civil y educación laica, universal y gratuita, hasta las primeras leyes de protección de los derechos obreros y tal vez el más importante estudio sobre la situación de los argentinos de a pie: “El estado de las clases obreras argentinas”, redactado por el catalán  Joan Bialet Massé a pedido del propio Roca.
Y puesto que mencionamos a Bialet Massé, constructor del dique San Roque, cabe preguntarse, muy retóricamente, a qué intereses beneficiaba la campaña iniciada por la prensa porteña destinada a difamar toda la obra de gobierno del cordobés Miguel Juárez Celman, que llegó al punto de alarmar a la población de Córdoba anunciando el inminente derrumbe del hasta hoy enhiesto dique… en plena época de sequía.
Negros, chusmas y chinos. Suena razonable que a ciertas gentes, ya sea por distracción o interés, algunos detalles le pasen desapercibidos,  pero preocupa que quienes militan o adscriben a la causa nacional y popular no adviertan que así como la gran prensa hizo escarnio de los “cabecita negras” peronistas y “la chusma” yrigoyenista, también despreció a “los chinos” del roquismo, vale decir, aquellos sobrevivientes de las guerras civiles que llegaron a Buenos Aires a imponer su voluntad nacional, osadía que el establishment cultural porteño jamás les perdonó.
Julio Argentino Roca no es, ni se acerca a ser, algo parecido a una suerte de Padre de la Patria, pero está tan lejos de eso como de ser el gran villano de nuestra historia que cierta moda contemporánea le endilga. Fue el suyo un período histórico lo suficientemente rico y atractivo como para no caer en simplificaciones y consignas políticas que carecen de la menor relación con los dilemas de la época, y conviene no dejarse arrastrar por ciertas consignas supuestamente políticas y lugares comunes “políticamente correctos” que carecen de fundamento histórico y a la vez disponen –si se permite en virtud de nuestra experiencia vital– de una sospechosa cobertura de prensa que vaya uno a saber por qué (y más allá de las opiniones de Mariano Grondona)  pretenden transformar a Julio A. Roca en el gran monstruo de la historia argentina.
No lo es. Bajo ningún punto de vista lo es, y las sorprendentes campañas en su contra tienen mucho de sospechoso, tal vez por cierta paranoica asociación que uno puede establecer con las reacciones “indigenistas” contra las estrategias de conformación de un Estado nacional que deben soportar gobiernos como el de Evo Morales o Rafael Correa.
El Estado, campo de batalla. Es comprensible que para historiadores de ideas libertarias como Osvaldo Bayer –que pasan tanto tiempo en Berlín como en Buenos Aires y para quienes el Estado es sinónimo de opresión–  el genocidio indígena ejecutado –en parte– por Julio A. Roca, sea determinante y suficiente como para reclamar su excomunión y extirpación de la historia argentina, hasta el punto de volverlo análogo a una especie de Petiso Orejudo de la oligarquía. Pero saliendo de Berlín no es difícil advertir que ese Estado que Roca contribuyó más que nadie a crear, es en cierto modo instrumento de opresión y dominación,  sí, pero a la vez es un campo de batalla, y al cabo, instrumento del que se valen  las clases populares para defenderse de la opresión de los poderosos, que en estos hemisferios no requieren ni de nacionalidad  ni de Estado para ejercer su dominio.
Es así que resulta descabellado escuchar hoy que en virtud de su relativa responsabilidad en uno de los cinco genocidios argentinos sea necesario eliminar a Roca de los billetes de la moneda nacional y dinamitar las estatuas que se le han erigido en diversas partes del país ¿Por qué Roca? ¿Por qué derrumbar la estatua de quien, además de derrotar mapuches, impuso la voluntad provinciana sobre Buenos Aires, conformó la Argentina actual y construyó el Estado nacional?
Más que un reclamo imposiblemente indigenista, esta campaña parece nacida de una vieja animadversión porteña. Y sería bueno aclarar este dilema, porque si se trata únicamente del genocidio indígena, sobre el cual con tanta liviandad como ignorancia se afirma que (¡en 1875!) había otras alternativas, convendría agarrárselas con los autores intelectuales del crimen y no tan sólo con sus tardíos ejecutores materiales, que resultan chivos expiatorios ideales en virtud de que carecieron y carecen de diarios y órganos forjadores de prestigio intelectual que los defiendan.
Rosas, el integrador. Cabe recordar que cualquier posibilidad de negociación con las naciones indígenas tendiente a su integración a la entonces embrionaria nacionalidad argentina, había acabado con la caída de Rosas, aunque justo es decir –a juzgar por los tratados de paz firmados entre Calvuncullá y Urquiza en representación de la Confederación  Argentina, y más tardíamente entre Lucio Mansilla y los ranqueles (acuerdo este último desautorizado por el presidente Sarmiento), que esa integración habría sido posible de no ser haber sido derrocado Rosas y de no mediar la sujeción de Urquiza a la política porteña personificada en Bartolomé Mitre.
Lo que puede estar claro, sin mayores esfuerzos intelectuales, es que entre los pueblos o naciones aborígenes y la incipiente oligarquía bonaerense, representada por Mitre mucho más que por Roca, no había ninguna posibilidad de entendimiento. Y esto estaba claro desde 1837, cuando en su obra magna Sarmiento explicó, a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores, que en nuestra América, los hombres se dividían en tres clases: salvajes, bárbaros y civilizados. Y así como en esa obra –Facundo– el padre del aula desarrolla su programa político y nos explica que es necesario civilizar a los bárbaros, aunque sea a palos, también nos dice que a los salvajes resulta imprescindible exterminarlos.
El don de la inoportunidad. Facundo fue escrito y publicado en Chile, seis años antes de que a al coronel Segundo Roca se le ocurriera hacerle un hijo a la hermana menor de Marcos Paz. Es así, por decirlo de alguna manera, que resulta curioso que en el momento en que nuestros mestizos –a no olvidarlo, irremisiblemente mestizos– pueblos americanos se abocan a la impostergable conformación de sus estados nacionales, paso previo e indispensable de la necesaria unidad continental, cobren tanto énfasis y tengan tanta difusión discursos supuestamente indigenistas que en pos del necesario respeto y reivindicación de las diversas culturas que conforman nuestra común nacionalidad americana, sean a la vez funcionales a ideologías y políticas que en la práctica atentan contra esa nacionalidad. Y en consecuencia, contra las diferentes identidades étnicas y culturales que la conforman.
La “demonización de Roca” –como dice su inopinado, sorprendente e incongruente defensor– parece ir en esa sintonía. ¿Qué sentido tiene el reclamo de eliminar la imagen y derribar las estatuas del creador del Estado nacional y artífice del triunfo del interior argentino sobre Buenos Aires? ¿Por ser el perpetrador de la fase final del genocidio indígena?
Pues bien,  si ése el motivo, eliminemos su imagen y derribemos sus estatuas, pero sólo si antes eliminamos las imágenes y derribamos las estatuas de Rivadavia, Mitre y especialmente del autor intelectual y cimentador ideológico de la tragedia indígena: Domingo Faustino Sarmiento.
Y si no, no.
Reportaje de NI a Palos a
Javier Trimboli, historiador:

 

“Es maravilloso que se vuelva a discutir a Roca”

Si es que se puede pensar ya en posibles consecuencias de eso que todos llaman la vuelta de la política, una de las más interesantes es, sin dudas, la de revisar la historia de nuestro país. En este sentido, el 12 de octubre -antes Día de la raza ahora Día del respeto por la diversidad cultural- parece un fecha ideal para volver a discutir el pasado. En este debate se puso de moda pegarle a Julio Argentino Roca verdadera bestia negra de la historia nacional, aunque también –bien vale aclararlo- hombre clave en la fundación del Estado Nacional. Como Ni a palos nunca se conforma y siempre que haya una discusión se da manija, fuimos a buscar a Javier Trímboli, historiador, pura lucidez.

Por Julia Mengolini / Ni a palos

-¿Qué sentido le ves a sacar a Roca del billete de 100 y de toda esta ola antiroquista que propone bajar los monumentos?

- No le veo mucho sentido. Sobre todo porque sigue siendo interesante que personajes de las características de Roca acompañen un proceso político como este, aún cuando uno no pueda decir en lo más mínimo que está plenamente de acuerdo con lo que él hizo, e incluso que hay zonas de su política que le pueden parecer plenamente criticables. Ahora, sabemos de la Campaña del Desierto, pero también Roca es el responsable en buena medida de la federalización de Buenos Aires. Roca fue odiado por las familias patricias porque lo vieron como el último exponente de la barbarie provinciana que venía a terminar con la autonomía de esa ciudad tan soberbia que era Buenos Aires. Una figura como la de Roca permite ver la enorme ambigüedad de los procesos históricos, que además en su caso, lo hacen destacar. Sin embargo, él es un exponente más de una fuerza muchísimo más grande que quería avanzar sobre las poblaciones indígenas y que lo estaba haciendo desde la llegada de los españoles. Por lo tanto Roca es un emergente de un problema social muchísimo más grande.

-Lo que quiere decir que si le caemos a Roca también deberíamos caerle a Mitre, a Sarmiento…

-En un punto yo creo que sí e incluso más que con figuras en particular, con clases sociales, en pensar en problemas que hacen a clases sociales y a procesos sociales determinados. A la vez, hay ciertas maneras de entender la historia, que al colocar todo en situación de proceso, de contexto, de circunstancia, justifican cualquier barbaridad. Ahí creo yo que hay un problema. La época no justifica todo. Ahora, me parece que también es un problema cuando todo se ve en clave “bien o mal”. Entonces ven a Roca como exponente de un mal profundo, de un mal absoluto que produjo la Conquista del Desierto. Me parece que tanto una como otra forma de ver el pasado son problemáticas. Hay una investigadora de La Pampa que se llama Claudia Salomón Tarquini que escribe un libro que se llama Largas noches en la Pampa. Ella dice que la Campaña de Roca de 1879, no produjo un número tan contundente de muertes. Lo más complejo fue la sobrevida de esas poblaciones, que fueron distribuidas, obligadas a cambiar su idioma, obligadas muchas veces a cambiar de nombre, se les adjudicaron las peores tierras, las peores condiciones, con la complicidad de toda una sociedad que avaló esa transformación y que prefirió decir que fueron exterminados: tema terminado, no tenemos más cuestión indígena. Entones, es un tema presente, que sigue estando. Más que el exterminio de un pueblo, lo que se produjo fue una enorme derrota de un pueblo que se vio obligado a tener una sobrevida pautada por las condiciones de los vencedores, condiciones que lo invisivilizaron. Pero esa invisibilización no es efecto de Roca. No es efecto de una persona, ni siquiera de Sarmiento. Sarmiento dice barbaridades, como sabemos que siempre dice, pero algunas de una verdad enorme, en Conflictos y armonías de las razas en América dice: “Ya no hay más reducciones indígenas, pero ahora a los indígenas los tenemos cambiados de nombre, entre nosotros”. Lo que te dice es: se están reciclando en otra cosa, anticipa probablemente al cabecita negra. Siguen estando.

- ¿No es interesante que exista un reclamo indigenista de cualquier modo?
-Es interesantísimo. Este último genocidio que vivimos es el que habilita la visibilización de otros desaparecidos. Para mi uno de los libros más importantes que hay sobre este tema es Indios, ejército y frontera de David Viñas que se publica en los primeros años de los 80. Viñas empieza a escribir el libro con el peso de lo que significa la celebración del centenario de la Conquista en la época de los militares en 1979, celebración que es brutal, a la que Clarín dedicó un suplemento especial notable donde, por ejemplo, hay un saludo de los fabricantes de Coca Cola que dice: “nos quedan muchas campañas en el desierto por realizar”. Es toda una celebración además incolora, indolora, donde no aparecen nunca muertos, no hay fotos de muertos. Viñas empezó a escribir ese libro desde el exilio, con el peso de esa celebración y con la desaparición de sus hijos. Él, rápidamente, en el prólogo se pregunta si no serán los indígenas los desaparecidos del siglo XIX. Para mí es interesantísimo que surja este reclamo. Además, nos desafía a ver cómo hacemos para procesarlo, para abrir esta discusión. Es maravilloso que se vuelva a discutir a Roca.

– ¿De dónde sale ese reverdecer del orgullo indígena?

- Me parece que en esta época, en lo que se llamó el fin de la historia, las identidades y los caracteres colectivos perdieron muchísimo poder, volumen, espesor. Desde ese entones hasta este momento hay una búsqueda enorme de hacerse cargo y tomar como propia alguna identidad. Una identidad disponible y muy interesante para hacer propia es la identidad indígena porque entre otras cosas, tiene un aura muy particular, ligada a los vencidos de manera absolutamente injusta, ligada a otras costumbres diferentes a nuestro sistema capitalista que merece criticas, entonces encuentra en ese legado algo interesante. El tema nos coloca en un problema cultural, de cómo seguir viviendo como comunidad nacional.

-Claro, en Bariloche por ejemplo, hay una comunidad mapuche muy grande y en el Centro cívico, que es un emblema de la ciudad, está el monumento a Roca, casi desafiante, como una provocación. ¿Qué hay que hacer con eso?

- No lo sé, pero a mí me parece interesante que ese monumento esté y que entre otras cosas quede como una marca real y cierta de lo que sucedió. No invisibilizar a Roca, sino intervenirlo, trabajarlo, que sea una presencia que obligue a tomar posiciones, partidos, a producir una contra-estatuaria. Me parece que la invisibilizacion de Roca nos haría creer que el triunfo cultural sobre ese relato, nos estaría liberando de la posibilidad de que haya un nuevo Roca o peor: un Galtieri, un Videla, un Martínez de Hoz. Y eso es absolutamente erróneo, porque las condiciones para que haya un nuevo Roca, o un Martínez de Hoz, son las condiciones del capitalismo. Y no son condiciones meramente culturales. Uno puede producir movimientos culturales muy importantes pero hay algo en el capitalismo que produce eso: como produce en serie productos para el mercado, también produce muertes en serie. No está cerrada esa historia, por más que se borre a Roca.

- ¿Hay alguna relación entre el kirchnerismo y este neorevisionismo que vino de la mano de la divulgación masiva de la historia argentina?

- Me parece que no fue tan nítida y tan estrecha esa relación, como hoy se montó que es. Me parece sí, que a partir del Bicentenario hay una cantidad de exponentes del neorevisionismo que de alguna manera encuentran un lugar que hasta ese entonces no tenían porque hay un enorme apetito popular por conocer la historia. El dato mayúsculo es que la política, que se ha reabierto en la Argentina desde 2001 y con más claridad desde el 2003, también reabrió la cuestión de la historia de la Argentina como no podía ser de otro modo. Y reabrió para que estén todos estos debates puestos en la mesa. Y el gobierno, como buen gobierno peronista, no termina de decir “mi lectura histórica es esta”. La Presidenta ha dicho “yo con Sarmiento tengo muchas diferencias pero también tengo puntos que me encuentran con él”. Es genial que un político pueda marcar el carácter ambiguo de la historia. Quizás hay maneras de entender la historia como una suerte de reprobación de todo lo que es poder, y una fascinación eterna con todo aquel que ha sido derrotado. En los procesos históricos, cuando se tiene poder, es inevitable producir cosas oscuras. Me parece que una construcción política como la actual, que no rechaza el poder sino que intenta darle una utilización  determinada, que tampoco es enteramente emancipatoria y utópica, sabe que el poder tiene ciertas fuerzas demoníacas y hay que saber manejarse con ellas y tener ciertos anticuerpos para evitar correrte de la línea. A veces da la sensación de que preferimos figuras románticas y más puras que antes que el poder prefirieron inmolarse. Hay que entender el drama de los hombres que construyen poder y que además lo hacen en función de que la correlación de fuerzas sociales mejore para las clases populares. Eso es Perón, de alguna manera eso es el kirchnerismo, que no es un proceso puro, es esto. Y es Roca también.

-¿Es Roca también?
-De alguna manera también. Es construir un Estado, es la ley 1420, es esta ambigüedad eterna y el drama de ese hombre. Está claro que la Campaña al Desierto fue una tremenda barbaridad y que no hay manera de justificar.

- ¿Hay quienes en esa época se alzaron en contra de la Campaña al desierto?

-El mitrismo incluso usó el término “crimen de lesa humanidad” pero en rigor era un problema político. Era la manera de ensuciar a Roca quien en 1880 se podía convertir en el heredero de ese poder que el autonomismo estaba forjando, que se había fortalecido con la Presidencia de Avellaneda y que el mitrismo quería terminar. No son argumentos atendibles. Pero los argumentos atendibles son dos: Lucio V. Mansilla, que escribe Una excursión a los indios ranqueles y se pregunta todo el tiempo por qué no encontramos una manera distinta de convivir con estas poblaciones. Y llega a decir: “Una civilización sin clemencia no es civilización”. Y estos hombres son derrotados pero hay que ser clementes con ellos y resituarlos en una estructura productiva de una nueva argentina.

-Lo que habla de que las cosas se podían entender de otro modo…

-En 1870, hay un hombre que ve esto de otra forma. Ahora, ¡Lucio V. Mansilla después es roquista! Es decir, esto que ha dicho en 1870 no le resulta tan grave como para después no adherir a Roca. Para él no era el centro del problema. También está Bialet Masse, este científico catalán que no para de hablar de los indígenas y dice que hay que incluirlos de alguna manera, que tiene que haber una legislación laboral inclusiva para estos hombres. ¿Quién lo manda a hacer el Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas a Bialet Massé? Roca. Lo que uno sí puede ver es que lo de Roca es liminar y dificilísimo de responder. Nos deja sin palabras. Me parece que hoy hay una sobrestimación de la batalla cultural o de la nueva hegemonía o del nuevo relato. Y esa sobrestimación es absolutamente equívoca. Insisto: las condiciones para que se produzca un genocidio en occidente siguen existiendo mientras exista el capitalismo y mientras nadie invente una forma social de organizar nuestra economía más eficaz justa y posible que el capitalismo. Esas condiciones están y si sobrenfatizás ese triunfo, pueden pasar al olvido.

-¿A qué le decís ni a palos?
– A la ilusión de que se puede alcanzar un acuerdo mayúsculo respecto del pasado argentino.

25 de mayo ¿qué festejamos?

La primera pregunta qué aparece en los cursos sobre historia argentina  es ¿por qué tenemos dos fechas (25 de mayo y 9 de julio) relacionadas con la independencia de España?

Las celebración del 25 de mayo trae el recuerdo y el homenaje a los hombres y mujeres de Buenos Aires que decidieron en cabildo abierto que la gobernación del territorio que ocupaba el virreinato del Río de la Plata debía darse por sus propios ciudadanos. Esto no implicaba una inmediata separación de España (en ese momento invadida por los franceses), sino que lograba realizar diferentes demandas que se venían sucediendo durante todo el proceso colonial. Los criollos, a la cabeza, querían participar de la cosa pública sin la intermediación del rey de España. El momento elegido fue la caída de las juntas populares que se habían creado en todo el territorio español a manos francesas. Y no es casualidad que nuestro gobierno de mayo, como el de caracas de abril, o el de México de septiembre de aquel 1810 hayan tomado el nombre de juntas. Tampoco es casual que todas hayan jurado en nombre de un rey preso, Fernando VII. Se dijo muchas veces que este juramento implicaba una máscara porque a la vez que se apoyaba al rey se buscaba la autonomía, como si esos dos hechos no pudieran formar parte de un mismo plan. La decisión de apoyar al rey preso, en contra del imperio francés, obedecía a la cercanía que este había tenido con los sectores del liberalismo español, es decir que se podía pensar que si ese rey era liberado las demandas de mayor libertad y autonomía serían escuchadas. Este es uno de los escenarios que plantea El plan de Operaciones adjudicado a Mariano Moreno. Y realmente era un escenario que evaluaba una posible caída de Napoleón pero no una avanzada tan conservadora en toda Europa como fue lo que sucedió.

Entonces el 25 de mayo es el día institucional de inicio de un camino que culminará por el enfrentamiento feroz con el orden conservador europeo en la independencia de todos los países americanos. Una independencia que se selló en lo formal un 9 de julio de 1816, pero que su fecha real es el 9 de diciembre de 1824 cuando las fuerzas americanas comandadas por el mariscal Sucre derrotan al último bastión español en América en la batalla de Ayacucho.

Hay que decir también que el 25 de mayo es el inicio de un conflicto que iba a estallar en las guerras civiles y que se mantendrá en la historia argentina, entre dos concepciones antagónicas: la mirada de la nueva nación planteada desde afuera, desde las potencias y la concepción nacional, popular y latinoamericana de nuestro destino en el continente y en el mundo. Son estas dos grandes concepciones sobre lo que debe ser la futura Argentina  las que engloban los diferentes proyectos de país. Este es el dilema de nuestro país, así como también el de Latinoamérica. Dentro de este gran dilema sobre el ser latinoamericano, puede haber diferencias en la concepción del poder como, a modo de ejemplo ocurre con marino Moreno, promotor de la unión americana y centralista, y Manuel Dorrego, también promotor de la unión americana, pero federal. Dos momentos, dos concepciones diferentes, pero el mismo destino para nuestra patria chica: transformarse en Patria Grande.

Por eso el 9 de julio, fecha en que se dicta la independencia también puede verse como un a declaración de principios hacia las potencias que un hecho de realidad. Esa realidad se estaba desarrollando desde el 25 de mayo en buenos Aires hacia todas las provincias y es en 1816 que se produce el acuerdo para sellar la independencia. Aunque en este congreso no haya participado todo el litoral argentino que en ese momento tenía ideas contrarias a la hegemonía de Buenos Aires y eran expresados por el Protector de los Pueblos Libres José Gervasio Artigas.

Las fechas históricas sirven para volver a pensar el proceso que derivó en nuestra independencia y cuan profunda fue (y es) la misma. Desde ese momento la expresión de los porteños en la política nacional fue sectaria respecto del resto de las provincias., más allá que en las jornadas de mayo haya participado una parte importante del pueblo de Buenos Aires. Un sector muy influyente por sus recursos económicos tomó las posta de la construcción de una cultura porteña alrededor del puerto de Buenos Aires priorizando la cultura europea que ingresaba por ahí, a la conocida en las provincias. Esa hegemonía no pudo romperse a lo largo de la historia y primó en el sentido común porteño la idea de vivir en una sociedad que tenía poco que ver con el resto del país y América Latina. Recién en la actualidad existe la posibilidad de ascenso al gobierno de esta ciudad por hombres que expresan la unión del destino porteño al destino nacional, y eso no es poco.

Por eso este 25 de mayo vale la pena celebrar la posibilidad que se abre en la Argentina de que la ciudad que fue capital del virreinato y del país se sume al proyecto nacional y popular que, no por casualidad, comenzó el 25 de mayo de 2003 y así comience un paso muy importante para la victoria definitiva de la batalla cultural que se desarrolla en nuestro país.

Dignidad en Argentina

Nuestra presidenta Cristina Fernandez de Kirchner terminó la obra de unión de dos pueblos a través de la energía como es Yacyretá. Junto con el presidente paraguayo Fernando Lugo. Una obra que comenzó Perón con una lógica interna de crecimiento, pero a la vez de devolución al pueblo paraguayo por tanto sacrificio que le infligieron las oligarquías de Argentina, Brasil y Uruguay que estuvieron enquistadas en el poder. De esa obra participaron muchos argentinos que terminaron entregando la vida, como mi viejo que creía fervientemente en el desarrollo energético para el desarrollo del país. Cristina lo dijo: si hay más crecimiento necesitamos más energía. Y remarcó como Perón la deuda con ese pueblo paraguayo lleno de gloria, nuestra presidenta siente esa deuda como propia y no es la primera vez que lo menciona. Realmente es un orgullo poder vivir estos días. En 2007 cuando la presidenta se posicionó con respecto a la guerra infame contra el Paraguay industrial había escrito lo que copio abajo que me parece de una actualidad total.

Mi generación, los que tenemos entre veinte y treinta cinco años, hemos crecido en un país que desde el gobierno le dio la espalda al pueblo sistemáticamente. El saqueo de nuestros recursos, incluso de nuestra historia, ha sido constante. Además de generar miseria y pueblo excluido, genera ignorancia, angustia e individualismo.
Pero algo ha ocurrido. El 19 y 20 de diciembre de 2001 se abrió de nuevo una etapa histórica en nuestro país que volvió a hacer al pueblo el protagonista conciente de los sucesos. El gobierno saliente de Kirchner ha avanzado en muchas esferas de la realidad, entre obstáculos y falencias. Falta mucho, pero tenemos que saber desde donde partimos, estamos fragmentados y nuestro campo popular está muy percudido, con una debilidad ideológica monumental, que todavía nos impide unirnos y comenzar a organizarnos seriamente.
Y en eso llegó una mujer que parece que vino a restituir la palabra al lugar que se merece. La presidenta Cristina ha dicho en el discurso de fundación del Banco del Sur que nuestro país, el Brasil, y el Uruguay tenemos una deuda con el pueblo paraguayo por lo que ella llamó “la guerra de la triple traición” refiriéndose al conflicto bélico que duró de 1865 a 1870 y quedó la devastación del pueblo paraguayo y su alistamiento en los países empleados del imperio. En ese caso del imperio británico. Se refirió al mariscal Francisco Solano López como un militar patriota, lo comparó con Hugo Chávez, que antes de ser militares son pueblo. Y pueblo latinoamericano tenemos que agregar. ¡Qué palabras tan justas! ¡Hace cuanto que no escuchábamos algo así por estos pagos!
La guerra de la triple traición fue la avanzada del imperialismo inglés para terminar con el mayor ejemplo de autonomía política, social y económica que tuvo nuestra América en el siglo XIX. Un país sin analfabetos, con estancias de la patria donde se producía para la comunidad, con altos hornos de fundición, con fabricación de vías que tenían una trocha menor a las inglesas y esto hacía que las locomotoras inglesas no tuvieran mercado, sin deuda externa, con un desarrollo del conocimiento científico-técnico a favor de su propio pueblo (mandando a estudiar a los técnicos paraguayos afuera, o trayendo técnicos extranjeros para desarrollar la industria). Y ese pueblo fue a la guerra heroicamente en inferioridad de condiciones, luchando con lo que se tenía a mano.
Este era el Paraguay que se había forjado en 50 años. Y que funcionaba como ejemplo para los pueblos federales del interior, era la utopía para ellos, hacía allí teníamos que ir. Por eso hubo tanta deserción argentina para esta guerra infame. Por eso las montoneras federales, del Chacho Peñaloza, de Felipe Varela, de tantos caudillos del interior que entregaron su vida a la construcción de un país distinto. Entonces decíamos que esta guerra fue la avanzada del imperialismo porque en un solo movimiento se barría a: la experiencia paraguaya, las montoneras argentinas, y al partido blanco aliado a los federales en el Uruguay. A esta estrategia sirvieron Bartolomé Mitre, Pedro II y Venancio Flores. Después la historia liberal adujo que estos tres países reaccionaron porque Paraguay quería expandirse en toda América. Me hace acordar hace unos días cuando el presidente colombiano Uribe dijo esas mismas palabras refiriéndose a Chávez, “el expansionismo bolivariano”, “la chequera de Chávez sirve para comprar personas y así expandir su voluntad monárquica”. Siguen con los mismos discursos. Cuando nuestra presidenta dijo lo que dijo el diario La Nación en su editorial respondió que Solano López era una especie de Hitler americano. Claro, ese diario como bien dice Homero Manzi, quedó como guardaespaldas de la memoria histórica de su fundador, el traidor a la patria Bartolomé Mitre. Nuestra presidenta dice guerra de triple traición e inmediatamente se pone en contra a la academia de Historia Argentina que está encargada de reproducir constantemente estas ideas acerca de Solano López. Incluso a la historiografía social que sigue negando el papel británico en esta guerra y repiten como loros que Solano López era casi como el diablo en persona, que nos quería hacer mal a todos nosotros que somos los buenos. A los brasileros y a los uruguayos les tocará su parte. Necesitamos saber la verdad para ser libres. Enhorabuena que haya llegado alguien dispuesta a reestablecer las cosas en su justo lugar. Si no aprendemos las lecciones que ha dejado esta guerra infame, y no vemos que fue la culminación de un proceso para impedir cualquier tipo de unión en el sur, seguramente cometeremos los mismos errores aduciendo que en nuestra época hay otro “dictador” como lo era el Mariscal Solano López y al cual en algún momento se lo tumbará en beneplácito de la “libertad”. Así se destruirá la experiencia autónoma de un pueblo latinoamericano que no está dispuesto a vivir de rodillas y no negocia su libertad. La comparación de la Presidenta lleva a pensar que hoy Chávez, está en el lugar del Mariscal. Si no defendemos esa experiencia de autonomía es probable que nos pase lo mismo que en el siglo XIX, se pondrá en peligro todo el proceso de avance de los pueblos con que ha nacido el siglo XXI. No nos dejemos embaucar por los historiadores que siguen reproduciendo las tesis de Mitre. Que alegría tener una presidenta que restituya la identidad y la dignidad de nuestros pueblos. Recuperemos al Chacho, a Felipe Varela, a Artigas, a Solano López, a San Martín, a Perón, a Eva. Digamos como San Martín, ¡Seamos libres y lo demás no importa nada! Y agreguémosle, ¡Seamos libres e iguales y lo demás no importa nada! De nosotros depende.

Ignacio Politzer
Sociólogo- Docente de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.

14/12/07

Sarmiento: padre del aula o polarizador inmortal?

Bicentenarios de muchos aparecerán por estos años que transitamos. Uno importante es el del nacimiento de Domingo Faustino Sarmiento quien llegó a decir que él fue gestado en el proceso de la Revolución de Mayo.

No queremos hacer la biografía de Sarmiento, porque es uno de esos hombres de los que se ha escrito mucho. Nos interesa como pensador, como constructor de una Argentina que daba sus primeros pasos.

En la escuela hemos escuchado, aprendido y cantado el himno a Sarmiento, ese que habla del loor y gratitud  que debería tenerle el pueblo al padre del aula Sarmiento inmortal.

La historiografía oficial, como fue creada por un contemporáneo sarmientino como era Mitre , ocultó las facetas más intolerantes del Sarmiento estadista. Su interés en desarrollar una Argentina más parecida a Europa y Estados Unidos que a si misma lo hizo decir mentiras que trató de argumentar científicamente. Por ejemplo en el libro Conflicto y armonía de razas en América Sarmiento plantea que los indios de América, y en especial los que conoció en la Argentina, no podían desarrollar su cerebro porque tenían una capacidad de crecimiento craneal menor que los blancos europeos. Así dejaba fuera de todos los colegios que creó a una gran porción de la población de la Argentina. El argumento es de época, muy positivista sin ningún fundamento real. Pero de esa manera se evitaba crear una sociedad con quien quería que estuviera afuera, los que luego serían llamados cabecitas negras.

Así Sarmiento justificó  su posición con respecto al aprendizaje a través de maestras traídas de Estados Unidos, planteando que tenían que ser mujeres las que debían impartir el conocimiento porque eran más dóciles que los hombres. Si uno se pone a pensar la sociedad que llegó al centenario es indudable que a Sarmiento lo debieron escuchar bastante. Se había creado la sociedad excluyente.

Pese a sus comentarios sobre no ahorrar sangre de gaucho en la matanza que llevó adelante el mitrismo contra las montoneras federales, Sarmiento reconocía que los gauchos eran unos grandes conocedores de su medio ambiente, y en el final del libro Facundo se puede observar el paso del rechazo a lo gaucho a la admiración por sus métodos de conocimiento. Sarmiento reconoce que hay un saber en el gaucho, pero igualmente elige el camino del aniquilamiento. Y es importante decir que ese aniquilamiento sucedió cuando el gaucho representaba una afrenta política real al gobierno de unos pocos ilustrados con centro en el puerto de Buenos Aires. Para él se batían dos culturas, la de la civilización y  la de la barbarie. Con los nombres que les puso es fácil presumir que nunca pensó que pudieran integrarse.

Cuando Sarmiento se entrevista con San Martín en Europa nos dice que este deliraba cuando el Libertador habla de Rosas como un patriota.  Sarmiento opinó que el Libertador estaba senil. No tenía ningún empacho en rehacer la historia a su modo, sabiendo como le dijo a Mitre, que la ciudad de Buenos Aires se gobierna por el miedo y que su labor tenía que tender hacia la creación de ese sentimiento. Para pensar nuestra realidad habría que haberle agregado el desánimo. Miedo y desánimo son los sentimientos primordiales que impulsan los grupos concentrados de nuestro país.

 Así es que podemos visualizar un pensador surgido de este pueblo, que prefirió crear un país nuevo, lleno de inmigrantes y propuso hacerlo arriba de otro que ya existía. El triunfo de Sarmiento no se entiende sin el genocidio de la guerra del Paraguay, donde incluso perdió a su hijo. Esa guerra significó por muchos años la imposibilidad de un desarrollo autónomo de los países latinoamericanos.

Rosismo, revisionismo, indiófilos y afrodescendientes

El revisionismo argentino se creó se calcula más o menos por la década del 30, con la crisis mundial, y la necesidad de revisar los papeles ya que si todo nuestro pasado había sido tan glorioso ¿cómo, entonces,  se podía estar tan mal?. Surgió desde la intelectualidad y la política la necesidad de releer nuestra historia, poder pensarla en otra clave. Y el personaje de la política que más polémica generaba era Juan Manuel de Rosas. Y esto era así porque fue la cabeza del intento de construcción de una realidad alternativa a la que se planteaba en los gabinetes ingleses. Decimos otra realidad, no quizás la que planteaba un moreno o un San martín pero si una realidad diferente a la que pregonaba Inglaterra. Y sólo esto bastó para transformar a este gobernante de la provincia más importante con poder de canciller en la bestia negra de la Historia. Mitre y sus seguidores transformaron ese pasado en el lugar donde nunca había que volver. Y se demonizó y demonizó a un personaje que intentó encarar un proyecto de país alternativo al que se nos prefijaba desde otras latitudes. Quizás sin saber muy bien como hacerlo, porque imaginemos que si en la actualidad Fidel Castro plantea que el error principal de la Revolución fue creer que alguien sabía como hacer socialismo, en esa época desarrollar una alternativa al poder inglés en una región devastada por guerras era muy complicado. Existía el proyecto Paraguay pero su aislamiento hacía difícil su ejemplo en la Confederación Argentina.  En esa realidad le tocó actuar a Rosas y lo hizo bastante bien, incluso defendiendo el territorio que Inglaterra quería seguir desmembrando. Ese fue el pecado de Rosas, y los mitristas y afines eligieron criticarlo por su política mazorquera que buscó frenar los disensos internos. Claro que estas críticas no se repiten cuando el mitrismo termina ejecutando a los principales dirigentes de las montoneras federales, o la masacre que llevó a cabo el ejército argentino junto con el brasilero en la guerra del paraguay. Lo que importa es si Rosas era o no era un tirano.  Me hacen acordar a las discusiones que aparecen sobre Cuba, si es o no una dictadura, si hay libertad o no. Esa es la gran derrota del sentido común que se viene a intentar desmantelar. La libertad no está en el movimiento individual de una persona adentro de un territorio sino que la tenemos que observar el todo colectivo como nación. Preguntarnos por la soberanía. El revisionismo intentó hacer eso. Y para desandar ese camino tuvo que preguntarse por la identidad de los argentinos. Una identidad que construyó a su manera con algunos sectores que se hicieron invisibles como fue el caso de los indios y los negros.

El revisionismo negaba la pertenencia a esa identidad a los pueblos originarios a las comunidades afrodescendientes. Y esos temas fueron tomados por interesados que buscaban nichos de poder en el mercado intelectual para seguir dividiendo a la patria, los originarios eran tratados como el slogan salvemos a las ballenas, como entes lejanos y sin sentido político propio. Los que nos formamos leyendo a Jorge Abelardo Ramos  cuando llegábamos al capítulo donde trata al roquismo teníamos que formularnos alguna interpretación por fuera del texto que nos permitiera entender porque el colorado defendía a Roca y acusaba de indiófilos a quienes lo atacaban. Podemos alegar otra época, de un connotado marxismo racionalista que no se detenía en ninguna identidad preexistente a la de trabajador/proletario. Evo Morales ni era soñado todavía.  Demás está decir que las constantes guerras hacia “la frontera” no era un gran problema para el autor.

Pero con la globalización y la fragmentación de identidades la nueva historia está logrando reunir los pedazos de una manera contenedora y novedosa. Hoy los pueblos originarios son reconocidos por el Estado y son interpelados políticamente para su participación. Se les reconoce su historia pero no como esos pobres indios que no saben nada y tenemos que ayudar sino como un actor más en la escena. Y esa es la gran herencia sanmartiniana del gobierno de Cristina. El reconocimiento del otro, ninguneado por la historia, a quien se creyó ver representado en diferentes ONGS que vaya uno a saber que intereses tenían. Que el reconocimiento no basta, si lo sabemos, pero tampoco vamos a pensar que si tiramos el monumento de Roca no resolvimos el problema. La solución requiere de mucha paciencia por años en los que la forma de vínculo de estos sectores con el Estado fue la policía.  Por eso revisar la historia y ver como San Martín tuvo una práctica diferente, de respeto y reconocimiento. Rosas pese a los grandes críticos también interpeló a las comunidades políticamente y castigó, como lo hizo con los opositores no indios a quienes se cruzaron en ese camino. Eran tiempos de guerra y desmembración, a veces es difícil ponerse en esos lugares de decisión con la tranquilidad de nuestro presente.

Lo mismo ocurre con las poblaciones afrodescendientes. El negro en argentina fue aniquilado de un plumazo de la historia. Menem como presidente llegó a decir que en Argentina no había negros. fruto de  una construcción histórica instalada como sentido común que invisibilizó a por ejemplo el peluquero Roberto Giordano y lo hacen pasar como un poco tostado. Pero si este muchacho es negro, entonces hay negros en la Argentina? Efectivamente y están organizados en diferentes representaciones que intentan dar la pelea por su existencia en la identidad de este pueblo. Fueron en la época de Rosas un actor fundamental de movilización de masas. Fueron reconocidos como parte. Luego la historia también fue implacable con ellos. Se extinguieron llegaron a decir. Así fue que ningunearon el mestizaje y revalorizaron las inmigraciones de blancos por sobre cualquier otra. Así se construyó la historia del siglo XX, los excluidos sociales construidos como excluidos históricos, no están, no existen.

Dar vuelta  esa página no se asume como sencillo, pero es la tarea para comenzar a cicatrizar nuestro cuerpo social. El Estado reivindicando sus grandes hechos soberanos contra potencias que no venían a hacer turismo pone de manifiesto el intento por consolidar la nueva dirección de un país que se decide puertas adentro, y ese objetivo no es para nada fácil, requiere de todos, acá no sobra nadie. Y para eso nos tenemos que reconocer. Lo que ocurrió con la comunidad toba en Formosa tiene que ser un punto de ruptura hacia adelante.

Esa gran pregunta de quiénes somos se vuelve a poner sobre el tapete, porque en realidad nos estamos preguntando qué queremos ser.

CALLES, PRÓCERES Y ANTIPRÓCERES

Las callecitas de Buenos Aires (y de Rosario, Córdoba, Santa Fé, La Matanza, Perrico del Carmen…) tienen ese que se yo

¿Por qué hay una calle que se llama Rivadavia? ¿Por qué hay una avenida Roca? ¿Por qué no hay una avenida de los pueblos originarios, o de los indios para hablar más sencillo? Los nombres de personajes del pasado en las calles de Buenos Aires tienen directa relación con la visión que tenga de ese pasado la historia más o menos oficial. A veces, algunos disconformes las cambian, aunque sea por unos días o unas horas. Alguna vez, a los letreros de la calle Estados Unidos, les pegaron arriba otros que decían Che Guevara. En Neuquén, a la principal avenida General Roca, manos cobrizas le cambiaron el nombre por Lonco (lo que llamamos “cacique”) Calfucurá. Durante la guerra de las Malvinas, un grupo de patriotas encabezado por el viejo forjista Darío Alessandro tapó el letrero de Canning en la esquina con Santa Fe y restauró el nombre quitado por la dictadura: Raúl Scalabrini Ortiz. ¿Cómo no va a existir una calle Rivadavia –la “más larga del mundo”- si se sigue diciendo que fue el primer presidente argentino? -¿Pero, como? ¿Entonces no fue el primer presidente?

En realidad habría que ver si ser el primer presidente es un mérito. Pero la “presidencia” de Rivadavia fue un invento del Congreso de 1824, apurado por la necesidad de poner uno en la vidriera para que los ingleses firmaran un tratado de comercio. Pero el primer presidente constitucional –bueno o malo, que es otra cosa- fue Urquiza. Y si buscamos al primero que llevó ese título, en realidad fue el español Baltasar Hidalgo de Cisneros el 24 de mayo de 1810, aunque duró un solo día. Fue el presidente de la Junta de Gobierno creada por mandato del Cabildo Abierto de 48 horas antes. El primer presidente nacido en América fue el potosino Cornelio Saavedra, que lo fue de la llamada Primera Junta, el 25 de mayo. En realidad, la primera la había presidido, como vimos, Cisneros.

-¿Pero entonces, nuestro primer presidente era boliviano?, diría algún porteño escandalizado, de los que se preguntan como puede haber un indio gobernando Bolivia. Afortunadamente, en ese tiempo no nos dividíamos en argentinos, bolivianos, uruguayos, paraguayos. Pero volvamos a Rivadavia, el de la calle. Entre sus principales méritos, podemos mencionar que su gobierno inventó la deuda externa –con el empréstito Baring-, fue uno de los responsables de que la tierra de la pampa húmeda se repartiera entre pocos -con su ley de enfiteusis-, y entregó una guerra ganada contra un imperio esclavista para que el ejército volviera y se dedicara a deponer gobiernos populares en las provincias en beneficio del partido unitario y de los comerciantes del puerto. Lo que se llamó “hacer la unidad a palos.” Por eso, y por otras cosas más, Rivadavia es el que tiene la calle más larga.

Pero en las calles de Buenos Aires faltan otros nombres: los de los caudillos Estanislao López, Facundo Quiroga o Ricardo López Jordán, entre otros. El del general Juan José Valle, fusilado por sublevarse contra una dictadura, por ejemplo. Claro que, lo que tenemos que hacer es conocer nuestra verdadera historia y no los cuentos de los vencedores. Luego se verá que nombres de calles hay que cambiar.

 Enrique Manson

San Martín y Santa Marta

SAN MARTÍN Y SANTA MARTA

“Señor don Tomás, no venga a V. con su sonrisa cachumbera a hacerse conmigo el Catón y privarme del sólo placer que me resta, es decir, el de recrearme la vista pues en cuanto a lo demás, Dios guarde a V. muchos años.”[1]

Estaba terminando mi carrera y el profesor de Seminario de Historia Argentina, Gabriel Puentes, me mandó a trabajar al Archivo General de la Nación con la misión de Tomás Guido ante la corte de Brasil, entre 1841 y 1845. Me apasionaba el tratamiento que en su correspondencia, y en particular en la que mantenía con San Martín, daba a los temas políticos. Pero cuando me encontré con una carta en la que ¡el Padre de la Patria!, ¡El Santo de la Espada! hablaba del “carácter y sus maneras dulces como caramelos” y de los “bellísimos ojos” que lo apasionaban “¡a las 64 navidades!”[2], no pude menos que copiar textualmente la carta en que hablaba de una señora de Lisboa, que viajaba con su marido por Europa y lo había visitado por recomendación de don Tomás.

Copié la carta, y la guardé por décadas en mi escritorio. Nunca tuve la menor iniciativa para publicarla. Yo era un estudiante, y luego un profesor joven y solemnemente desconocido, pero ¿Por qué no se la llevé a Puentes para que la publicara y, aunque sea, me mencionara como colaborador? Lo cierto es que, por fin, la carta se me perdió en alguna mudanza. Cuando la vi publicada por Pasquali, sufrí un nostálgico ataque de envidia. No se, no creo, haber sido el primero en leer ese legajo, pero estoy seguro que en 1965 nadie lo había publicado. Sólo me quedó el consuelo de aconsejar a mis alumnos que no cometieran la misma estupidez que yo. Y el agradecimiento a Pasquali por haberme reencontrado, 35 años después, con un texto que mal recordaba de memoria.

Pero no se trata de excederme en lo autoreferencial y copiar al Stalin del cuento del monumento a Gorki, que sólo aprobó aquel que mostraba un Iósif Visariónovich Dzhugashvili  gigantesco leyendo un pequeño librito del escritor. El estudiante de entonces se enteró de que San Martín, a quien siempre había venerado, era de carne y hueso. Y que le gustaban las mujeres –los ojos y el carácter, al menos- sin preocuparse por el estado civil de ellas, porque él era viudo.

Tal vez Galasso, en su gigantesca obra tan bien titulada –Seamos libres y lo demás no importa nada- sea quien mejor se ha adentrado en la descripción del San Martín niño, joven, adulto, militar y político. Más allá de su excesivamente firme convicción de su origen mestizo, que no parece estar comprobado y que se me ocurre que en Norberto prima una expresión de deseos.

Ese gallego, que había nacido por casualidad en estas tierras, pero que no tenía tonada correntina, y que se había formado en el Ejército del Rey, combatiendo moros y franceses, llegó a estas tierras cuando España había caído para siempre. Porque hoy sabemos –con el diario del lunes- ventaja que tenemos los que escribimos sobre el ayer, que los españoles terminaron por correr a los franceses, y que Napoleón fue derrotado en Waterloo. Pero ¿quien podía en 1812, en España, en América, en el Mundo, pensar que el Corso no se había adueñado de la península para todos los tiempos?

El espíritu de la tierra, del que hablaba Scalabrini Ortiz, otro correntino, se adueñó del joven oficial, y más allá de las razones ideológicas que lo movieran, se enamoró de esta tierra, de esta parte de su Patria Americana, y entregó su vida, su larga vida para los parámetros de entonces, para defenderla.

Se alejó del Perú, dejando en manos de Bolívar la conclusión de la tarea que él no podía terminar por la traición de los mercantilistas porteños. Ofreció con absoluta convicción sus servicios a Juan Manuel de Rosas ante la guerra colonialista de 1838. Es un clásico su emoción ante la gloria de Obligado. Y legó su sable al Restaurador, en su testamento “como una prueba de la satisfacción que como Argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que trataban de humillarla. “Satisfacción que se afirmó después de haber estado preocupado, no por que temiera que Rosas fuera a aflojar un tranco de pollo, como solía decir él y como dice, afortunadamente, alguna figura que huy honra nuestra Patria. Al contrario. Le decía a Guido en una carta en que no hablaba de bellas brasileñas, “mis temores en el día son el que esta firmeza se lleve más allá de lo razonable”, y en carta al mismo gobernador de Buenos Aires agregaba de su preocupación de que “no tirase usted demasiado de la cuerda de las negociaciones seguidas cuando se trataba del honor nacional.”

Hoy recordamos una vez más al Libertador, y lo hacemos con orgullo. Hace pocos días, en Santa Marta, Colombia, tuvimos una prueba más -¡Y que prueba!- de que su espíritu y el de Bolívar está presente en nuestra América.

Enrique Manson

17 de agosto de 2010


[1] Pasquali, Patricia, San Martín confidencial, en Desmemoria nº 25, pag. 54

[2] ¿Qué queda para uno que cuenta con 3 o 4 navidades más?

La relación negada: Bolívar y la Argentina

Como homenaje  al Libertador que ha sido ninguneado en la Argentina compartimos el artículo que forma parte del libro “La Patria es América”

La relación negada: Bolívar y la Argentina

Ignacio Politzer

Cuando queremos pensar en Simón Bolívar desde la Argentina se nos interpone un obstáculo que ya va siendo conocido por todos. Estamos hablando de la historia mentirosa que ha esbozado nuestra historiografía oficial para explicar nuestro país donde se ha procurado enfrentar a Simón Bolívar con José de San Martín, y hacer de esta figura latinoamericana, un simple caudillo venezolano.

Diferentes acercamientos

Para explicar esta situación nada mejor que recordar la construcción de la historia que realizó Bartolomé Mitre acerca de la reunión sin testigos que tienen Bolívar y San Martín en Guayaquil corriendo el año 1822. A partir de esta reunión Mitre instaura, en primer lugar, una competencia entre ambos, además esta entrevista será, para el mitrismo, la gran constructora de identidad del proceso revolucionario. Por un lado, San Martín, digno, renuncia a continuar. Por el otro, Bolívar autoritario, soberbio y mandón sigue.

Para el mitrismo y su línea histórica no importa la cantidad de hombres en los ejércitos de ambos (San Martín no tenía un número importante de soldados para continuar la lucha y solicita a Bolívar que le adjudicase algunos miles), ni las necesidades de próximos combates que tenía Bolívar (para lo cual necesitaría de los soldados), ni la moral de la tropa (miembros de la tropa sanmartiniana comenzaron a cuestionar sus directivas), ni siquiera que el supuesto perdedor de aquella reunión tuviera un cuadro en su habitación con el retrato del supuesto ganador (sería bastante morboso si es que se hubieran peleado). Así vemos que para el mitrismo lo que impera es una lucha de egos, sin importar los objetivos estratégicos de liberación de ambos libertadores.

De este modo, esta corriente denominada Historia Oficial ha construido la historia misma de la Argentina separada del desarrollo del proceso de independencia llevado adelante en el norte de Sudamérica. Asimismo en la educación formal hay quienes estudian la independencia de nuestro país, salvo excepciones, como caso aislado del proceso desarrollado en toda América del Sur, haciendo hincapié en la epopeya sanmartiniana, pero pensándola como la acción de un héroe individual. Así es que las enseñanzas mitristas dejan a nuestro pueblo con la sensación de que lo que hemos producido los latinoamericanos es ajeno a nosotros mismos, abriendo la puerta para la colonización cultural de Inglaterra y Estados Unidos.

Otra de las corrientes históricas que desarrolló una imagen alterada de Bolívar fue el marxismo. Carlos Marx en 1858 escribió un artículo en el cual denostaba al venezolano y lo tomaba como un oportunista autoritario. Sin embargo, dicho artículo fue realizado ante una evidente carencia de profundización histórica de los sucesos del continente americano del sur. El mismo es el punto de inicio de una discusión que han tenido los marxistas, sobre todo los de los países coloniales en conflicto con los imperialismos de turno: lo que llamamos la Cuestión Nacional. De este modo, esta situación va a dar pie a una revisión de la postura de Marx sobre Bolívar tomando en cuenta una posición ulterior, desarrollada en una carta a Federico Engels de 1867 (Carrera: 2006) favorable a la lucha del pueblo irlandés contra el imperio inglés. Así es que en los escritos de Marx se encuentran ambas posturas, por un lado crítica a Bolívar y al proceso de independencia sudamericano, como también el apoyo a una lucha nacional y anticolonial en Europa.

El marxismo latinoamericano se ha dividido en dos. Por un lado los que denigraron a Bolívar acusándolo de terrateniente que defendía los intereses de su clase, tomando por verdadero absolutamente todo lo esbozado por Marx; y por el otro, los que entendieron que la revolución independentista era la síntesis de la lucha contra el imperio español, entendiendo que en esta lucha se integraban las diferentes clases sociales, las cuales tenían intereses comunes en la expulsión de España de América. Haciendo uso del materialismo histórico, que fue el método de análisis de las sociedades desarrollado por el pensador alemán, dentro de este campo algunos adujeron que Marx estuvo mal informado y otros simplemente que estaba equivocado.

¿De dónde salió Bolívar?

Para generar una visión diferente adentrémonos en intentar conocer a este gran latinoamericano llamado Simón Bolívar.

Bolívar perdió a sus padres siendo él muy joven y heredó una fortuna, nació en una cuna de oro como se dice en el barrio. De niño estuvo al cuidado de una negra esclava llamada Hipólita. Pero esto, pese a los dogmáticos que creen que las condiciones económicas determinan la vida entera, no le impidió abandonar su riqueza para luchar por la independencia de los pueblos de América. Nace en 1783, tres años después de la insurrección de Tupac Amaru en el actual Perú, la cual se expandió por todo el continente haciendo temblar el dominio español. Es decir que para 1810 tenía 27 años. No es de extrañar su juventud, ya que la mayoría de los actores políticos del proceso de la Independencia americana fueron jóvenes, con algunas excepciones como es el caso de José Artigas en la Banda Oriental que para 1810 tenía 50 años.

El joven Simón devenido de una familia mantuana, perteneciente a una clase social que afincaba su riqueza principalmente en el comercio de esclavos negros. En su juventud fue formado por el maestro Simón Rodríguez, seguidor de Rousseau, pero crítico a su vez del ginebrino. Podríamos decir que Rodríguez ha hecho una lectura latinoamericana de Rousseau, es decir que ha creado una mirada diferente a partir de esas lecturas. Además Bolívar fue un lector de Baruch Spinoza, de John Locke, de Thomas Hobbes, de los Enciclopedistas Franceses y de Montesquieu, entre otros. Enumerar intelectuales europeos no tiene que generar una falsa imagen de repetición, sino que lo que hizo Bolívar fue apropiárselos para redefinir un pensamiento propio para América.

Bolívar forma parte del gobierno que se establece en abril de 1810, como coronel del ejército y representante para una misión diplomática hacia Inglaterra con el objetivo de conquistar el apoyo de la isla europea al nuevo gobierno. Esta junta derivará en la presidencia de Francisco de Miranda, un criollo que buscaba desarrollar el proceso de independencia americano desde hacía 20 años, creando así la 1º República.

La junta de abril de 1810, había jurado en nombre de Fernando VII y buscaba principalmente la autonomía de recursos, pero también en su seno existían las voluntades, como la de Miranda, que buscaban ya la independencia total. Este proyecto caerá porque los criollos que destituyeron a los españoles carecieron de la fuerza militar necesaria para triunfar. De este modo, Bolívar será derrotado en Puerto Cabello intentando defender su posición. Observamos entonces que el debut en las armas del mantuano fue con una derrota.

Posteriormente va a formar parte del grupo que entregará a Miranda a los españoles, entendiendo que Miranda quería huir luego de haber capitulado. Este hecho ha generado, en Venezuela, gran polémica, ya que los defensores de las desmembración del continente han querido enfrentar a Miranda y a Bolívar, con el objetivo de ensuciar la gesta libertadora que tuvo primero a Miranda como un adelantado a su época, a través de su planteo de la independencia americana de España, y luego a Bolívar como el gran Libertador de América. No es mera coincidencia el parecido a lo que han hecho en la Argentina con respecto al encuentro de Guayaquil, es decir: buscaron enemistar a los compañeros de objetivos emancipatorios procurando generar fragmentación de las fuerzas patriotas y desconocimiento de la historia para lograr que los pueblos americanos se confundieran acerca de sus héroes y así mantener la desunión.

La primera derrota que sufre Bolívar al mando de tropa no lo asusta para intentar retomar la lucha contra los españoles. A diferencia del Río de la Plata Venezuela está situada en un territorio clave para el ingreso de los españoles a América, lo que implicaba en los hechos que el enemigo agigantara sus fuerzas con más rapidez. Además de la mayor fuerza militar, las desuniones y la escasez de recursos jugaron a favor de los europeos que supieron capitalizar los errores tácticos de los criollos. Cabe remarcar que el 26 de marzo de 1812 ocurrió un gran terremoto que sólo en Caracas, que tenía una población de 40.000 habitantes, causó 10.000 muertos. Debido a esto los altos mandos de la Iglesia entendieron que, como el terremoto se había producido un jueves santo, este era el castigo divino contra los que se habían alzado contra el gobierno español en América. Bolívar va a contestar “(…) y si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca” (Mijares: 1986) estableciendo ya que el camino a la guerra revolucionaria era inevitable.

Luego de ser derrotado, en Nueva Granada (hoy Colombia) construye un ejército con el que declaró la guerra a muerte contra el español (1813) y de donde se destacó la Campaña Admirable con la que el ejército bolivariano terminó entrando en Caracas y declarando la Segunda República.

En este momento el jefe español era José Boves, caudillo militar que supo utilizar a los llaneros venezolanos en contra de los criollos, como así también permitió que los negros esclavos se sumaran a las filas españolas y se quedaran con el botín tras arrasar las haciendas de sus dueños mantuanos. Por lo tanto, las castas más bajas de la sociedad o no participaban de la guerra o participaban para los españoles, ya que aún los criollos en la dirección del proceso revolucionario no hacían concesiones hacia estos sectores y sólo establecían libertades de pensamiento, económicas o de culto, pero mantenían la servidumbre y la esclavitud.

Simón Bolívar encontrará otra vez la derrota. Imaginémonos hoy con la cultura del éxito vertiginoso a la orden del día, poner en tela de juicio a un vencido en dos ocasiones, que sumado a eso luego se va exiliado, sin poder y sin armas. Podríamos avizorar que sería apresuradamente condenado y olvidado

La vuelta del exilio y la nueva percepción

Bolívar se exilia siempre pensando en volver, y en volver para triunfar. En 1815 y 1816 establece su exilio primero en la isla inglesa de Jamaica y luego en la República de Haití que se había emancipado de Francia en 1804, siendo la primera República Latinoamericana libre y gobernada por los ex esclavos negros. En estas islas va a meditar sobre la derrota, buscando los errores que habían cometido sus fuerzas, pero dando energía al sueño de la liberación de todo el continente. Son de este momento las Cartas de Jamaica, donde Bolívar se imaginó la unidad de todas las colonias españolas en América, cuyo centro sería el istmo de Panamá.

Será en Haití donde experimenta las transformaciones más importantes para la continuidad de la lucha por la liberación. Bolívar es recibido por el presidente de Haití, Alexandre Petión, y es financiado para la consecución de sus planes. Este financiamiento requería que como retribución se declarara abolida la esclavitud ni bien el barco, que llevaba a los insurgentes, tocara tierras venezolanas. Así lo hará Bolívar.

En consecuencia nos permite observar las transformaciones en las mentalidades de los hombres en plena trayectoria, haciendo caer las creencias de que los próceres de América no podían dudar y no podían cambiar de parecer, sin perder de vista los objetivos claro está. En efecto, sería interesante para nosotros en el Río de la Plata pensar qué hubiera pasado con Mariano Moreno, secretario de guerra de la 1º junta de gobierno de 1810 si se mantenía con vida y veía el accionar de los porteños contra las provincias del interior, ¿no se uniría en una alianza todavía más estrecha con nuestros negros, nuestros gauchos y nuestros indios? No es un intento de historia contrafáctica, sino la posibilidad de pensar un posible accionar determinado por las sucesivas derrotas que tuvo el sector representado por Moreno en los sucesivos gobiernos desde Mayo de 1810.

Entonces volviendo a Simón Bolívar vemos que una de las causas de su derrota, que había sido la falta de apoyo de las castas que no participaban en la conducción de la Revolución, había sido ya zanjada con la intervención de la República negra de Haití. ¡Vaya si Haití es importante para los latinoamericanos!

Ganar y luego… inventar

Por lo tanto, una vez que logra hacer pie en Venezuela Bolívar ya se transformará para su pueblo en el Libertador, como lo llaman aún hoy. Para lograr sus objetivos, al llegar reconstruye el ejército, donde participarán todas las castas sociales. Será un ejército que combatirá con la estrategia de la guerra de recursos debido a su desventaja con respecto al ejército español. Un ejército que atravesará innumerables veces la Cordillera de los Andes, al que le faltará alimento, vestido y armas.

Una vez ingresado en Venezuela, lo hace por la isla Margarita en 1816, establece la abolición de la esclavitud, la abolición de la servidumbre y la prohibición del trabajo obligatorio, es decir acaba con las formas de sometimiento productivo que habían inventado los españoles. Así también establecía la igualdad política y educativa. Por consiguiente para que estas leyes se pudieran cumplir se debía tener control total del territorio con lo cual el ejército iba creciendo en número, y en moral por las victorias.

Así hacia fines de 1816 comienza la gran Campaña del Libertador teniendo como picos en la lucha las batallas de Boyacá en 1819 donde libera Nueva Granada, Carabobo en 1821 que libera Venezuela, Bomboná, también en 1821, que libera la zona que hoy ocupa Ecuador, en 1824 la batalla de Junín lo hace con Perú y la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824 donde su brazo derecho, el mariscal Sucre, lo reemplaza en la dirección y liberan el Alto Perú (hoy Bolivia); así derrotan el último bastión español en América.

De este modo, en 1819 en la localidad de Angostura se estableció un Congreso que debía dictar una Constitución para la Gran Colombia, unidad de Cundinamarca (Nueva Granada), Venezuela, y Quito (Ecuador). Bolívar va a inaugurar el Congreso enunciando algunos conceptos que han quedado grabados a fuego en el ideario de liberación latinoamericano. El primer concepto que esboza era la necesidad de pensar quienes eran los sujetos de la transformación y que tipo de sociedad se quería construir, dice Bolívar: “Tengamos en cuenta que nuestro pueblo no es el europeo ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa, pues hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones, y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y sangre son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis: esta desemejanza trae un relato de la mayor trascendencia” y había dicho unos años antes “La sangre de nuestros ciudadanos es diferente, mezclémosla para unirla” (Herrera Torres: 2001)

Entonces en estas citas identificamos cual es el sujeto político que hay detrás de Bolívar: el sujeto mestizo, es decir la mezcla de las castas existentes, generando la culminación de esa separación al mismo momento. Visualiza la diferencia no como un escollo, sino como una potencia a desarrollar, recuperar lo rico de cada cultura a través de la mezcla, al mismo tiempo que se crea una cultura novedosa, la americana del sur. Asimismo establece que el gobierno que se diera la Gran Colombia debería ser una República, pero no una al estilo norteamericano, ya que siguiendo a su maestro Simón Rodríguez está pensando bajo la premisa : o inventamos o erramos.

Por esto, plantea que seguramente la Constitución Norteamericana funcionará bien para los norteamericanos, pero en el caso de los americanos del sur, debían conocer sus necesidades y sus posibilidades para erigirse como República. Es así que a estas repúblicas que buscaba ser un calco de la constitución del Norte, Bolívar las llama Repúblicas aéreas; es decir Repúblicas surgidas de una idea teórica alejada de la realidad concreta.

De esta manera desarrolla la idea de una República con cinco poderes. Además de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, propone la creación de un poder electoral y un poder moral. El poder electoral debería ser autónomo para garantizar que las elecciones realizadas por el pueblo se desarrollaran en procesos transparentes, buscando así, en su contexto determinado, reducir el poder de los grupos adinerados. Mientras que el poder moral debería cumplir el rol de garantizar que los funcionarios del Estado no se sirvieran de su cargo, sino que sirvieran al pueblo, garantizando el máximo posible de eficiencia en los cargos públicos. La visualización de la posibilidad de corrupción en los cargos públicos es la causa de este poder. A sabiendas que el dinero podría comprar voluntades, una de las formas que se le ocurren a Bolívar para contrarrestar este flagelo es la creación de este poder específico.

Igualmente desarrolla la idea de una presidencia vitalicia para resguardar al Estado del divisionismo que entendía se encontraba en las clases dominantes criollas de los distintos territorios que se unían. Es decir una conducción que impidiera el divisionismo que era el gran fantasma post enfrentamiento bélico. Esta postura, acerca de la necesidad de la presidencia vitalicia, se ha intentado leer como la imagen de un Bolívar monarquista o autoritario sin razón y ansioso de poder. Sin embargo, la proclama es realizada a partir de un estudio riguroso de su sociedad. Se plantea que ante la idea de republicanismo a la norteamericana o de democracia débil que se quería imponer, quienes iban a conseguir llegar al poder eran los más poderosos que tenían todas las posibilidades. A fin de equilibrar estas posibilidades se necesitaba una conducción férrea que tendiera a la igualación social, por eso es menester la educación extendida a todos los sectores sociales.

De este modo, mientras las mayorías sociales no pudieran generar la alternativa de poder propia, la balanza se equilibraría a través de la conducción caudillesca, o sea la centralidad del poder en un presidente vitalicio. Sin más esta es la idea que plantea Bolívar. La misma se puede analizar desde muchos ángulos, pero no debemos perder de vista nunca al problema que trata de dar solución: cómo organizar una sociedad desigual en camino hacia la igualdad después de echar a los españoles.

Igualmente, en nuestra época observamos se produce una discusión similar en la forma, ya que los gobiernos populares electos de la región se plantean también la posibilidad de reelecciones indefinidas en pos de las desigualdades sociales que hacen que siempre haya una alternativa más poderosa para una elección del lado del sector oligárquico aliado al imperio norteamericano, que del lado del pueblo donde se hace más dificultosa la construcción de representantes genuinos.

Por su parte, el Congreso de Angostura no va a apoyar la presidencia vitalicia y es así como comienza a abrirse la posibilidad de sucesión que va a ser aprovechada por las oligarquías nativas representadas en primer lugar por Francisco de Paula Santander en Nueva Granada. Él mismo queda como vicepresidente mientras Bolívar, que había sido proclamado presidente de la Gran Colombia, se dirige a culminar la travesía militar.

 

Aquella famosa entrevista

En 1822 mientras se desarrolla la famosa entrevista entre Bolívar y San Martín en Guayaquil, se producía una disputa entre grancolombianos y peruanos por la posesión de ese territorio, disputa que se va a zanjar con la incorporación de Guayaquil a la Gran Colombia pese a los esfuerzos de San Martín de incorporarla a su protectorado peruano. Que haya habido diferencias con respecto a este tema, no implica en absoluto que las hubiera en cuanto al objetivo central que era la victoria militar contra los españoles y Unidad de los nuevos gobiernos de América. La posibilidad de otra lectura es una búsqueda de generar enfrentamientos inventados entre pueblos hermanos que buscaban darse un destino común. Como bien se sabe los hermanos no son iguales, pero resuelven sus contiendas puertas adentro, bien vale la pena recordar nuevamente al Martín Fierro de José Hernández: “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera (…) porque si entre ellos se pelean los devoran los de afuera” (Hernández: 1991). Y en nuestros países hubo una importante cantidad de historiadores y políticos que nos han querido hacer pelear para que el resultado fuese la entrega de nuestras soberanías.

Asimismo creemos que es posible pensar, a partir del accionar de San Martín en Europa, que este haya recibido la sugerencia por parte de Bolívar de ir a buscar el reconocimiento de los países europeos respecto de las nacientes repúblicas. Tarea para nada fácil, recordemos que la Revolución Francesa había caído y en Europa volvía a reinar la Santa Alianza enemiga de la idea de progreso social y de República. Si observamos la ajetreada actividad de San Martín en Europa, ejerciendo influencia en la creación de la República de Bélgica, nos hace pensar en la posibilidad de una continuidad de la actividad revolucionaria, pero por otros caminos. Desde la historiografía oficial se nos presenta a un San Martín abuelito amable, que jugaba con su nieta en Europa intentando invisibilizar la continuidad de la actividad del San Martín político. Es decir que buscan recrear un San Martín santo de la espada, pero que no se metía en política. Nosotros nos debemos como sociedad el reconocimiento de un San Martín político que fue perseguido por los sectores aliados a Inglaterra en Buenos Aires y obligado a desarrollar su actividad en el exterior.

También la liberación de las mujeres

Luego del triunfo en Perú con la batalla de Junín Bolívar vuelve a la Gran Colombia y deja a Sucre la última batalla de Ayacucho, para intentar ordenar el gobierno que ya presentaba tendencias a la disgregación. Antes de irse establece la repartición de tierras y la abolición de la servidumbre, dando un discurso que realza a la mujer americana: “¡Hijas del sol! ¡Ya son tan libres como hermosas! Tenéis una patria iluminada por las armas del ejército Libertador: libres son vuestros padres y vuestros hermanos: libres serán vuestros esposos, y libres daréis al mundo los frutos de vuestro amor.”(Herrera Torres: 2001) En este discurso Bolívar reconoce a las mujeres como actores fundamentales para la formación de hombres y mujeres libres, así como también reconoce la cultura originaria de las mujeres peruanas, legítimas hijas del sol. Es decir que recrea el discurso del mestizaje haciendo iniciar la historia americana con los pueblos originarios. Así es que Bolívar volverá una y otra vez sobre este punto que en definitiva se trataba de la unidad de los sudamericanos.

 

El difícil período de la postrevolución

Durante su gobierno en la Gran Colombia podríamos pensar que Bolívar se anticipó a la historia de la ecología decretando la preservación de los bosques, conservación de las aguas y aprovechamiento racional de la riqueza forestal con su debida conservación. No nos parece extraño que el Libertador estuviera pensando en la preservación de los ríos y de los bosques ya que mediante esta acción buscaba mantener el lazo con las comunidades originarias que trabajaban la tierra y vivían del río, así como también lograr introducir la cultura de la ciencia moderna para el estudio de la vegetación para un uso social, por eso su uso racional.

Además estableció la nacionalización del suelo, es decir de las minas, como la protección de las manufacturas que fueran producidas en el territorio propio, es decir que de esta manera intentaba generar el desarrollo de los actores económicos internos que dieran una sustentación productiva al proyecto de República liberada a partir del control de los principales recursos naturales.

Asimismo planteaba el desarrollo variado de cultivos en la tierra para ejercer un sistema agrícola productivo de interés social, es decir, para construir un mercado interno vasto, y así también exportar excedentes.

Pero ahora, imaginemos que para la realización de estas políticas se necesitaba de algo primordial como era la unidad del pueblo tras su líder, un pueblo que venía de 15 años de guerras y quería conquistar una paz igualitaria. Por eso es que el Congreso lo designa Dictador, y se establece lo que se denomina la Dictadura popular, es decir el gobernante elegido por el pueblo para dictar las leyes y garantizar la unidad a través de la centralidad del poder. Tantos años de dictaduras en nombre de las oligarquías latinoamericanas apoyadas por el imperialismo inglés y el norteamericano hacen que el concepto de dictadura popular aparezca como extraño y peyorativo, pero recordemos lo que dijimos más arriba acerca de la necesidad de que las democracias débiles se fortalezcan a través del poder centralizado. Para verificar la otra salida, la de una democracia formal, es decir donde lo único de democrático es el nombre, veamos simplemente que fue lo que ocurrió. En frente de la posición bolivariana se ubicaban sus anteriores aliados, los mantuanos, que ahora se situaban en esta nueva etapa a partir de priorizar las alianzas con Inglaterra por sobre el desarrollo interno. La cabeza de este proyecto de entrega fue Francisco de Paula Santander

Bolívar va a sufrir varios intentos de asesinato, el más renombrado es aquel en donde partidarios de su vicepresidente ingresan a su habitación con el objetivo de matarlo, pero el Libertador es avisado y salvado por su mujer la quiteña Manuela Sáenz (la Libertadora del Libertador), que logra dar por tierra el intento, engañando a los ejecutores de esta operación, mandados por Santander, que a su vez termina expulsado del territorio.

El 1º Congreso

Sin embargo pese a la oposición en 1826 Bolívar va a ser artífice del Congreso Anfictiónico de Panamá donde buscó dar institucionalidad a una posible unidad continental. Este Congreso va a contar con la concurrencia de enviados de Perú, Bolivia, México, Gran Colombia, y Guatemala. Argentina decide no enviar representantes lo mismo que Chile, lo que termina dejando al Congreso sin la parte sur de Sudamérica. Por otra parte Estados Unidos decidió enviar representantes, ya que fue invitado por Santander, pero estos no llegarán. Este Congreso fue el primer intento de unidad de los nuevos gobiernos, y fue boicoteado por Inglaterra y su dominación, a partir de las deudas contraídas, de los países que no asistieron. Para los imperialistas cualquier unidad en bloque de estas nuevas repúblicas implicaría acrecentar el poder de cada país individualmente, así como de la generación de un espacio de poder novedoso en el mundo que buscaría equilibrar la relación de fuerzas a nivel mundial. E Inglaterra y Estados Unidos siempre siguieron el principio que afirma: divide y reinarás.

Los objetivos bolivarianos eran: crear un organismo novedoso que fuera sostenido por todos los estados sudamericanos para defenderse de las amenazas expansionistas de Inglaterra, EEUU, Francia y la posible vuelta de España; una vez fortalecido, generar nexos solidarios con los pueblos del mundo, buscando el equilibrio de poder a nivel mundial. Es decir que la interpretación imperialista no se equivocaba, el Congreso era subversivo, en el sentido de transformación de lo vigente, para el orden mundial que habían configurado las potencias.

A su vez la importancia del mismo radica en que ha sido el 1º intento por desarrollar un proceso de autonomía a nivel continental, que pese al fracaso en sus objetivos ha dejado marcado el camino para que los pueblos de Nuestra América siguieran intentando realizar una y otra vez dicho trascendente objetivo

La relación con los “neutrales” del Norte

Párrafo aparte merece la relación con Estados Unidos, que aparecía como impulsor de la neutralidad en el conflicto entre Sudamérica y España, pero en definitiva realizaba su libertad de comercio vendiendo armas al Reino de España que las precisaba, pero no permitía armarse a los independentistas, ni los ayudaba en absoluto a resistir a los españoles. Esta incipiente Nación buscaba al igual que Inglaterra apoyar a los dos bandos esperando que si se lograba la independencia fuera a costa de que los independentistas perdieran lo más posible, lo que generaría las democracias débiles fáciles de gobernar, y si no se lograba España quedaría endeudada con ellos. En este contexto Bolívar va a tener una disputa muy importante con aquel país del Norte a partir de la confiscación de una goleta con bandera norteamericana que se dirigía a España con armamento para vender. Este hecho indignó a Bolívar quien entendió el rol que jugarían los americanos del norte respecto de los americanos del sur. Su pensamiento se puede resumir en esta frase: “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad” (Herrera Torres: 2001).

Bolívar y el Río de la Plata

Durante 1825 el mariscal Antonio José de Sucre, brazo derecho del Libertador, quedará en el Alto Perú negociando con el gobierno del Río de la Plata la situación del territorio liberado, mientras Bolívar se ocupaba de frenar los intentos divisionistas en la Gran Colombia. Al gobierno porteño hegemonizado por el sector oligárquico rivadaviano no le importaba el territorio de la hoy Bolivia porque su negocio estaba en el Río de la Plata, a través del puerto de Buenos Aires, y así permitieron la balcanización del territorio.

De acuerdo con Bolívar las nuevas repúblicas debían respetar las dimensiones de los antiguos virreinatos, pero como el gobierno de Buenos Aires estaba dispuesto a desprenderse de una parte de su territorio, terminará apoyando a Sucre y al proyecto de Constitución Bolivariana en la futura Bolivia, que lleva ese nombre por su Libertador. Mientras Bolívar visita el Alto Perú, emisarios argentinos dirigidos por el coronel Dorrego (Alvear y Díaz Vélez) se entrevistaron con el Libertador para convencerlo de que este invadiera Brasil, que estaba en guerra con Argentina por la Banda Oriental. Recordemos que Brasil desde 1822 era un Imperio independiente de Portugal en América, y que buscaba la dominación comercial y territorial de sus vecinos. Ya Mariano Moreno en el plan de operaciones se había planteado la posibilidad de que las provincias unidas del Río de la Plata se anexionaran parte del territorio brasilero, a partir de la generación de un levantamiento republicano contra la monarquía portuguesa de ese momento.

Así es que cuando Dorrego se transforma en el hombre de Bolívar en Argentina seguía en pie la idea de ingresar al Brasil. Los argentinos irían por el sur, mientras que Bolívar y sus fuerzas entrarían por Paraguay, generando un movimiento de pinzas, que sumado al levantamiento de los republicanos brasileros podría tumbar al imperio. El primer objetivo era que Dorrego accediera al gobierno bonaerense para así realizar los planes políticos del Libertador para la Argentina. Pero, y aquí 2 años fueron una eternidad, cuando llega Dorrego a ser nombrado gobernador de Buenos Aires en 1828 el poder de Bolívar está cercado en la Gran Colombia y ya ha fracasado el Congreso de Panamá. De esta manera Dorrego no contará con el apoyo de Bolívar y no podrá terminar de ganar la guerra con Brasil, con lo cual se independizará la República del Uruguay en una derrota política que no le dejó margen de gobierno para reestablecer alianzas. Así es que será asesinado por un rivadaviano como Lavalle, que se había formado con San Martín y luego lo traicionó.

Acerca de la idea de Bolívar de pasar por Paraguay urge decir algo más. No sólo era parte de una estrategia de pinzas, sino que también sabía de la prisión de su amigo el científico Aimé Bonpland por parte del Gobierno del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, dictador del Paraguay. Creemos que hay una interpretación negativa de Bolívar hacia el gobierno de Francia, pero es posible que haya sido elaborada por informaciones de los opositores al gobernante paraguayo, que eran los sectores más pudientes y que buscaban el sometimiento de Paraguay a Buenos Aires.

Asimismo a Bolívar le interesaba restar el poder de Brasil en el continente, pero también sabía de las buenas relaciones entre Inglaterra y Brasil, y mientras aún necesitaran el apoyo inglés cualquier operación de acción contra Brasil tendría que ser muy cuidadosa. Con lo cual también el trato es cuidadoso desde este aspecto.

Bolívar va a renunciar al gobierno en 1830 y va a morir exilado en Santa Marta (hoy Colombia), y viendo la desmembración del continente, a partir de la disputa entre los países hermanos por territorios limítrofes, mientras Inglaterra y Estados Unidos se disputaban el dominio comercial y cultural de toda la región, ubicando a sus personeros en los puestos de mayor envergadura. Santander será repatriado y dirigirá los destinos de Colombia, y así el final de la vida del Libertador será con desesperanza creyendo erróneamente que había “arado en el mar”!

A modo de cierre

Este texto finaliza su escritura en febrero de 2009. Hasta el año 2008 no había existido nunca en la historia de Sudamérica una reunión en la que participaran todas las repúblicas del continente sin los Estados Unidos, cuando se produjo la reunión del grupo Río en Brasil. Antes se había constituido el Banco del Sur, la Televisión del Sur, y quedan como proyectos el gasoducto del Sur, la Universidad del Sur, entre otros.

Si pensamos en el sueño bolivariano podemos imaginarnos que un bloque latinoamericano de poder no sólo transformaría a los pueblos de Nuestra América, sino que también transformaría el equilibrio de poder en el mundo, pudiéndonos defender colectivamente de cualquier ataque externo como lo decía el Libertador<!–[if !supportFootnotes]–>[17]<!–[endif]–>. Así como nos potenciaría en el desarrollo de nuestros países siendo soberanos acerca de los recursos estratégicos para la sobrevivencia de las naciones. La energía y los alimentos hoy escasos en el mundo son un gran fruto del territorio latinoamericano. Si se consolidara el bloque de integración se podrían tomar medidas que favorecieran al conjunto de los países latinoamericanos antes que a las grandes potencias.

Bolívar lo había pensado en los inicios del siglo XIX, y recién 200 años después es cuando las posibilidades son reales para que este encuentro pueda producirse.

Bolívar fue desconocido por el mal trato que han tenido con él los difusores de la desmembración del continente. Es importante hoy que rescatemos su figura desde bien al sur, para recuperar toda la fuerza de la gesta libertadora americana, y volver a sentirnos, no sólo parte de una misma historia, sino también parte de un mismo futuro

De nosotros depende.

Bibliografía:

Blanco Fombona, Rufino: Mocedades de Bolívar, Monte Ávila, Caracas, Venezuela, 1989.

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 Carrera, Jerónimo, compilador: Bolívar visto por marxistas, Fondo Editorial Carlos Aponte, Caracas, Venezuela, 2006.

 Es interesante esto, porque como decíamos más arriba Marx toma las dos posiciones. En este caso los que eligieron la primera se ven tentados también por una consecuencia de la dominación cultural imperialista que manda que todo lo que produzcamos los latinoamericanos no sirve, o no tiene mucho valor, asumiendo que lo que viene de afuera, sean o ideas o productos materiales, siempre es mejor.

 La negra Hipólita hoy tiene su justo homenaje con la “Misión Negra Hipólita” que busca sacar a de la calle a los sin techo en Venezuela.

 La clase alta venezolana era llamada mantuana porque las mujeres de esa clase eran las únicas que podían llevar mantas en la cabeza, no así demás castas sociales.

<!–[if !supportFootnotes]–>[5]<!–[endif]–> Mijares, Augusto: El Libertador, Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, Venezuela, 1987.

 Herrera Torres, Juvenal: Bolívar el Hombre de América, Convivencias, Medellín. Colombia, 2001.

 En el río de la Plata conocimos las constituciones de Repúblicas aéreas en 1819 y en 1826 ambas de la mano de Rivadavia. Constituciones surgidas del intento de copiar los modelos existentes sin tomar en cuenta la realidad concreta del territorio donde se buscaba implementar.

 Teniendo en cuenta la inserción de los imperialismos a partir del dinero, la actualidad que toma el Poder Moral es total.

 El texto fue terminado cuando el pueblo Venezolano decidió que permitiría a los gobernantes actuales la posibilidad de presentarse en elecciones sin un límite de tiempo en el cargo fijado por la ley. Esto abrió la posibilidad de que el Comandante Chávez pudiera seguir liderando el proceso de la Revolución Bolivariana, siempre elegido por su pueblo a través de elecciones.

 Hernández, José: Martín Fierro, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, Argentina, 1991

 Herrera Torres, Juvenal: Ob. Cit.

 Traiciones de vicepresidentes latinoamericanos son moneda corriente en nuestra actualidad, quizás esta sea la primera.

 Herrera Torres, Juvenal: Ob. Cit.

 El Dr. Francia fue también un dictador elegido por su pueblo, nunca se coronó a si mismo.

<!–[if !supportFootnotes]–>[15]<!–[endif]–> La continuidad del sueño bolivariano hasta el día de hoy es una marca de fuego en todo el continente hasta el día de hoy.

 Reunión histórica también porque reincorporó a Cuba a un organismo americano de decisión.

 Esta postura latinoamericanista en términos de bloque de poder también fue desarrollada por otro gran Latinoamericano del siglo XX Juan Perón en un discurso del año 1953 recopilado en el libro América Latina: ahora o nunca.