Una lectura sobre la partida de Chávez y la Venezuela actual

A 2 años de la partida de uno de los gigantes latinoamericanos de la historia, con quien tuvimos oportunidad de compartir época, dejamos un texto de Mariano Fraschini de Artepolítica.com

La Venezuela chavista a dos años de la partida de su líder

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Hoy se cumplen dos años de la partida de Hugo Rafael Chávez Frías. Muchas cosas han sucedido en Venezuela desde ese día. Me recuerdo haber escrito este post, y recordar a Chávez al año de su muerte en este otro. Este año, sin embargo, creo más pertinente contextualizar el proceso político chavista desde este momento histórico a la luz de la desaparición física del gran líder bolivariano. ¿Qué ocurrió en Venezuela desde el 5 de marzo de 2013? ¿Qué cosas sucedieron en las tierras de Bolívar, que durante la mayor parte del tiempo aparece su nombre al lado de la palabra “crisis”? ¿Hay una crisis en Venezuela o un proceso desestabilizador continuado? En estos dos años, ¿cuánto tiempo tuvo Maduro para poder gobernar sin atajar penales en el cotidiano?

Vayamos a unos breves apuntes que tienen por objetivo escenificar donde se encuentra hoy el gobierno de Maduro. Y nada mejor para entenderlo que comenzar desde el principio, desde aquél 5 de marzo de 2013.

  • Como sabemos Hugo Chávez murió siendo presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Nicolás Maduro como “presidente encargado” ante su ausencia, debió llamar en forma inmediata a elecciones para el 14 de abril. A escasos 6 meses de la última elección presidencial en donde Chávez venció claramente a Capriles por más de 11% de los votos, el oficialismo debió vestir a un candidato para revalidar credenciales frente a un entonado candidato opositor. Maduro se hizo cargo del mandato histórico delegado por el líder bolivariano en aquél 8 de diciembre de 2012 antes de partir a la última operación quirúrgica en Cuba (“ustedes deben elegir a Nicolás Maduro”) y logró vencer por el 2% de los votos a Capriles. A pesar de la inexperiencia en esos avatares, y de la emergencia luego de 14 años de un candidato opositor taquillero, el chavismo demostró que su predominio electoral en el país, no era, ni es casualidad.
  • La reacción opositora ante la derrota electoral fue violenta. Acusando al gobierno de “robo electoral” los grupos antichavistas generaron importantes disturbios en la mayoría de los estados del país, dejando como saldo la trágica muerte de 10 personas. En estos dos documentales, acá y acá, pueden observarse con nitidez, los destrozos ocasionados por grupos vandálicos a escasas horas del legítimo triunfo chavista. Hasta hoy la oposición no sólo desconoce el resultado electoral (al menos públicamente), sino también las violentas protestas del 15 y 16 de abril. Así fueron los primeros días del gobierno electo, episodios que lejos de ser excepcionales, se repetirían en los años sucesivos
  • El primer año de gobierno de Maduro se caracterizó por la multiplicidad de iniciativas para hacerle frente a la situación económica y política. La devaluación de febrero había creado un clima de descontento en las filas chavistas, y al decir de varios había sido la principal razón del descenso electoral de abril. Por lo que el primer mandatario, desde el inicio de su mandato, avanzó en la puesta en marcha del “Gobierno de calle” con el fin de revertir los males endémicos de la inseguridad, la corrupción y la ineficiencia estatal. Algo que había alertado con anterioridad el propio Chávez antes de su muerte, en el famoso “Golpe de Timón” que debería hacer la Revolución Boliviariana en un nuevo salto de calidad en la gestión de gobierno. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, la situación económica se torno más inestable, producto de los alevosos intentos de acaparamiento de la producción, desabastecimiento y como bien se caracterizó aquí de guerra económica. A eso hay que sumarle la ineficiente respuesta por parte de la propia administración gubernamental, que recién a partir de octubre logró darles fuertes golpes a esta estrategia desestabilizadora. Sin dudas, el desgaste del gobierno en esos primeros meses de gestión presagiaba un duro revés en las elecciones municipales que se avecinaban para diciembre de 2013. Inclusive la masa chavista se mostraba disconforme con la marcha de la economía, y con las decisiones de Maduro para neutralizar este permanente jaqueo económico.

Una nota al pié: En uno de mis viajes a Venezuela, charlé con un simpatizante chavista sobre estos temas. Y él me decía “Mira, nosotros hace 10 años sabemos que el saboteo eléctrico es obra de los escuálidos (por la oposición), pero yo estoy cansado de esa vaina. Y mi enojo ya es con el gobierno que no puede detenerlos. Yo sé que son ellos, pero la responsabilidad es de nuestro gobierno de darnos respuesta”

  • Entonces llegamos a diciembre de 2013 y una simple elección municipal se convirtió para la oposición en la principal excusa para derribar al gobierno por los votos. El líder opositor Capriles expresaba en esos días que se trataba de un “plebiscito” de la gestión Maduro. Así fue tomado por todo el antichavismo. Sin embargo, y a pesar de haber puesto toda la carne al asador, el chavismo volvió a imponerse, esta vez inclusive por una diferencia mayor a la elección presidencial: más del 10% de los votos. Lo que se pensaba como la última estación del chavismo, se convirtió en el triunfo del gobierno, que auguraba comenzar el año 2014 con el oxígeno de la victoria electoral.
  • Y así llegamos a las protesta “pacíficas”, como fueron caracterizadas por la prensa hegemónica (y opositora) mundial, de febrero de 2014. Si las mismas existieron, duraron poquito, dando paso a las guarimbas violentas. Es decir, a menos de dos meses de la dura derrota electoral que habían tomado como un plebiscito, la oposición venezolana salía a la calle para lograr de facto, lo que no pudo en las urnas. Uno de los líderes de las guarimbas fue clarito al respecto: “Termina cuando saquemos a quienes nos gobiernan“. ¿Se imaginan en un país serio (como les gusta decir a las derechas regionales) que suceda esto? ¿Uno puede imaginar en otro país sudamericano escuchar a dirigentes opositores plantear una Salida del gobierno luego de perder hace 40 días una elección en forma categórica? Aquí sí. En Venezuela todo es posible, y para peor, legitimable hacia el público externo. La mentira, la desinformación y la falsificación, como se ve aquí, estuvieron a pleno en esas semanas guarimberas .
  • El epicentro de las protestas se desarrolló en los municipios opositores de Caracas y de Táchira. Se extendieron por casi un mes, por lo que en los barrios ricos de la capital, algunas familias debieron pasar varios días con familiares que viven en la otra parte de Caracas, en el Municipio del Libertador, gobernado por uno de los cuadros políticos más importante del chavismo, Jorge Rodríguez, ya que las guarimbas les impedían el libre tránsito. El Municipio de San Cristóbal, en Táchira, debió ser prácticamente militarizado para evitar el control de los grupos ilegales a lo largo y a lo ancho de la alcaldía opositora.

El saldo de las violentas guarimbas fue aterrador: más de 40 muertos, más de la mitad de ellos, militares, policías, militantes y simpatizantes chavistas (lo que muestra el carácter golpista de las movilizaciones), más de 150 edificios públicos destruidos, pérdidas económicas por más de 100 millones de dólares. ¿Alguien en su sano juicio puede llamar a esto pacífico? ¿Pueden quedar impunes estos hechos? ¿Es legal que el líder de un partido marginal (no llegó a dos dígitos en la última elección) pueda someter a la sociedad a esta tragedia y mantenerse impune? ¿Ocurriría esto en un país serio?

  • En fin, luego de varias semanas, la calma volvió a Venezuela, aunque todo el 2014 se caracterizó por los amagos de protesta violenta, desabastecimiento económico, inflación de dos dígitos estructural, dólar por las nubes, acaparamiento a pleno, la muerte selectiva de figuras del chavismo (el asesinato del joven Robert Sierra) y un jaque mediático internacional permanente sobre el gobierno. En ese marco, Maduro, luego de los vaivenes de una gestión que no logra desactivar los nudos estructurales de una economía aún dependiente de la renta petrolera y que importa casi todo lo que come, avanzó hacia una política más dura con el desabastecimiento. En ese sentido, denunció a los supermercados, industrias y comercios que juegan sucio sobre la economía venezolana, sometió a la justicia a sus dueños y logró calmar a parte de la tropa propia que no veía resultados oficiales. Sin embargo, culminando el año 2014 aún no lograba estabilizar la economía en una dirección socialista, como se viene apelando desde el inicio de mandato.
  • Este año arrancó bajo la misma tónica que el anterior, con la novedad de una profundización de la división opositora. Como me apuntó el periodista especializado en temas sudamericanos, Bruno Sgarzini “fijate que la oposición evitó ir a primarias en la mitad de los distritos para la parlamentaria de fin de año”. La división opositora comenzó en febrero de 2014 a raíz de las guarimbas. El sector más duro del antichavismo fueron los promotores de la protesta. Al activo Leopoldo López (hoy preso), se le suma la inefable Corina Machado, representantes de las “Ongs” y de vínculos carnales con el Departamento de Estado y Antonio Ledezma (de él hablaremos en un rato), integrantes del triunvirato que promocionaba la salida anticipada del gobierno. Por otro lado, están el taquillero Henrique Capriles y el exchavista Henri Falcón, ambos gobernadores de los Estados de Miranda y Lara (dos de los tres Estados que gobierna la oposición), que mantienen una táctica electoralista. A pesar de que a veces pueden funcionar como el “bueno” y el “malo” ambos grupos se encuentran enfrentados en cuanto a las formas de desalojar al chavismo del poder; los primeros por la vía violenta, los segundos, por los votos. Está claro que luego de la derrota de diciembre de 2013, y sin elecciones a la vista, el sector “duro” comandó a la oposición venezolana. Esa grieta se agrandó a partir de las reuniones mantenidas por el ala blanda con Maduro en el marco de los “Diálogos de Paz” de abril y mayo del año pasado. Los sectores antidemocráticos de la oposición criticaron a quienes asistieron a esas reuniones acusándolos de haber “entregado las protestas al gobierno”. En ese marco, se escuchó decir al gobernador de Miranda hace poco “que parece que la “Salida” propuesta no era la del gobierno, sino la de Capriles”.
  • En ese contexto de división, el antichavismo intentó, una vez más, desestabilizar la democracia a partir de un nuevo fallido intento de golpe. Para ello contaron con el escudo civil que se preparaba para la transición http://www.ventevenezuela.org/comunicado/. Alertados a tiempo, las fuerzas chavistas lograron neutralizarlo. Lógicamente de esto no se hizo eco la prensa internacional que decidió sin ninguna clase de prurito desinformar sobre todo lo que ocurría en Venezuela este último mes. En ese contexto de efervescencia, se produjo el trágico asesinato de un joven en una marcha opositora, que el gobierno en forma inmediata se hizo cargo. Acá, Misión Verdad, un blog altamente recomendable para informarse sobre lo que ocurre en Venezuela, realiza un análisis del caso. Y como si esto fuera poco, fue detenido el Alcalde Mayor de Caracas acusado de instigación, entre otras imputaciones. La prensa antichavista (des)informó, una vez, más sobre el episodio, acusando al gobierno de haberlo detenido de forma violenta. Estos dos videos se amigan un poco con la verdad y revelan aquí y acá las cotidianas mentiras del caso
  • El racconto histórico de estos dos últimos años invita a reflexionar e interrogarse sin anteojeras de lo que hoy ocurre en Venezuela. La pobreza de algunos análisis , realizados por gente respetable, realmente asombra en este contexto. La caracterización de “marchas pacíficas”, hablar de algunos personajes de la oposición venezolana de credenciales golpistas acreditadas como “luchadores de la libertad” y citar organizaciones de derechos humanos con sede en EEUU para entender la violencia en el país, parecen mucho para un analista valioso en otras temáticas de la región. Me imagino que nos queda para el resto: ser simples repetidores de las usinas mediáticas antichavistas.

Hasta la fecha, Maduro no ha tenido un bimestre de paz. No ha podido pensar la economía, ni siquiera, a corto plazo. Ningún país de la región, ni por un cachito, pasó por estas peripecias. Ni siquiera pudo gozar de las dos victorias electorales del periodo, ambas respondida desde la violencia irracional de la oposición. Los déficits de su administración son nítidos, como así también lo son los intentos antidemocráticos de acelerar su salida. Me pregunto: ¿Es entendible que la oposición venezolana quiera derribar al gobierno cuando tiene en diciembre la oportunidad de vencerlo por las urnas y quitarle la mayoría en la Asamblea? Si todo está tan mal y el gobierno no tiene apoyo ¿Por qué no esperar democráticamente el siguiente turno electoral? Es más, a partir de abril de 2016 se abre la posibilidad constitucional de la revocatoria de mandato, ¿por qué no esperar hasta esa fecha para sacarlo? ¿Será que el chavismo sigue vital? ¿Será que no hay seguridad del éxito electoral? ¿Cuál es el apuro opositor? ¿Sólo en Venezuela las protestas derivan en represión? ¿En México, Chile, Perú como se reprime a las protestas? ¿Hay desaparecidos en Venezuela como en México? ¿Hay periodistas asesinados como en el país azteca o Colombia? ¿Hay un presidente en la región que haya sido tan vilipendiado, maltratado, ridiculizado, agredido como Maduro? Preguntas, nada más.

A dos años de la muerte de Chávez, Venezuela se mantiene, a pesar de la agresión cotidiana y los déficit propios de la gestión política, rojo-rojita. La mayoría de los analistas, académicos e intelectuales de la región advertían que ante la desaparición del líder bolivariano, poca vida le quedaría al chavismo. Como hace sesenta años en Argentina, se pronosticaba que “muerto el perro se acabó la rabia”. Los hechos hablan por sí solos.

A 40 años del discurso despedida del líder más grande que tuvo la Argentina: Perón

Un 12 de junio después del hecho traumático para la interna peronista del 1° de mayo, Perón retomaba el balcón para dirigirse a la multitud. Perón en su último discurso dejaba claro que, pese a todo, él se seguía poniendo en el centro de equilibrio de la fuerza social que lideraba. El discurso dejó la frase de la maravillosa música que es la palabra del pueblo argentino.

Algunas cuestiones que a veces aparecen oscuras. Los actos del peronismo del 70 y los del 45-55 tenían un cariz similar, por más que cierta militancia los quería convertir en su cabeza en asambleas del pueblo, el peronismo siempre se caracterizó por el verticalismo y la expresión de voluntad de diálogo entre una organización y el líder en un contexto de plaza era por lo menos una imagen idealizada del primer peronismo. Como venimos diciendo en este espacio hace mucho en la historia del peronismo no fueron sólo los jóvenes alineados en Montoneros quienes quisieron disputarle el liderazgo a Perón. Ese fue el último suceso, pero los que se quieren quedar con ese final como la verdadera realidad del peronismo se equivocan de cabo a rabo. Se olvidan, algunos, que fue el líder la CGT, Augusto Vandor, quien en la década del 60 se quiso quedar con el liderazgo del movimiento bajo la idea del peronismo sin Perón. Hubo sindicatos que acompañaron esta movida política y fueron derrotados. 10 o 15 años después se presentaban como la verdadera esencia del peronismo y los portadores de lealtad absoluta. Por eso en la actualidad y a poco que se cumplan 40 años de la partida de uno de los tipos más grandes que dio nuestra patria  muchos van a querer quedarse con la última foto de Perón y querrán esconder la película.

Acá el discurso.

 

Compañeros: 

Retempla mi espíritu estar en presencia de este pueblo que toma en sus manos la responsabilidad de defender la patria. Creo, también, que ha llegado la hora de que pongamos las cosas en claro. Estamos luchando por superar lo que nos han dejado en la República y, en esta lucha, no debe faltar un solo argentino que tenga el corazón bien templado.

Sabemos que tenemos enemigos que han comenzado a mostrar sus uñas. Pero también sabemos que tenemos a nuestro lado al pueblo, y cuando éste se decide a la lucha suele ser invencible.

 

Hoy es visible, en esta circunstancia de lucha, que tenemos a nuestro al pueblo, y nosotros no defendemos ni defenderemos jamás otra causa que no sea la causa del pueblo.

Yo sé que hay muchos que quieren desviarnos en una o en otra dirección; pero nosotros conocemos perfectamente bien nuestros objetivos y marcharemos directamente a ellos, sin dejarnos influir por los que tiran desde la derecha ni por los que tiran desde la izquierda.


El Gobierno del Pueblo es manso y es tolerante, pero nuestros enemigos deben saber que tampoco somos tontos.


Mientras nosotros no descansamos para cumplir la misión que tenemos y responder a esa responsabilidad que el pueblo ha puesto sobre nuestros hombros, hay muchos que pretenden manejarnos con el engaño y con la violencia. Nosotros, frente al engaño y frente a la violencia, impondremos la verdad, que vale mucho más que eso. No queremos que nadie nos tema; queremos, en cambio, que nos comprendan. Cuando el pueblo tiene la persuasión de su destino, no hay nada que temer. Ni la verdad, ni el engaño, ni la violencia, ni ninguna otra circunstancia, podrá influir sobre este pueblo en un sentido negativo, como tampoco podrá influir sobre nosotros para que cambiemos una dirección que, sabemos, es la dirección de la Patria.

 

Sabemos que en esta acción tendremos que enfrentar a los malintencionados y a los aprovechados. Ni los que pretenden desviarnos, ni los especuladores, ni los aprovechados de todo orden, podrán, en estas circunstancias, medrar con la desgracia del pueblo.


Sabemos que en la marcha que hemos emprendido tropezaremos con muchos bandidos que nos querrán detener; pero, fuerte con el concurso organizado del pueblo nadie puede ser detenido por nadie.

 

Por eso deseo aprovechar esta oportunidad para pedirle a cada uno de ustedes que se transforme en un vigilante observador de todos estos hechos que quieran provocarse y que actúe de acuerdo con las circunstancias. 

Cada uno de nosotros debe ser un realizador, pero ha de ser también un predicador y un agente de vigilancia y control para poder realizar la tarea, y neutralizar lo negativo que tienen los sectores que todavía no han comprendido y que tendrán que comprender.

 

Compañeros, esta concentración popular me da el respaldo y la contestación a cuanto dije esta mañana.


Por eso deseo agradecerles la molestia que se han tomado de llegar hasta esta plaza.


Llevaré grabado en mi retina este maravilloso espectáculo, en que el pueblo trabajador de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires me trae el mensaje que yo necesito.


Compañeros, con este agradecimiento quiero hacer llegar a todo el pueblo de la República nuestro deseo de seguir trabajando para reconstruir nuestro país y para liberarlo. Esas consignas, que más que mías son del pueblo argentino, las defenderemos hasta el último aliento.

 

Para finalizar, deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen. Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino.

Colombia: la historia de los secuestros de los invisibles

La historia de Colombia se nos aparece en el sur de América de diferentes maneras. Últimamente el éxito de la serie sobre Pablo Escobar; en términos económicos se habla sobre el PBI, la exportación de minerales, la alianza del pacífico; también se habla sobre las reuniones en la Habana en donde buscan llegar al fin del conflicto armado el gobierno y las FARC-EP.

Salió una nota en el diario El País muy buena para entender de que se habla cuando pensamos en Colombia. Un país que sigue atravesado por un conflicto irresuelto y que pareciera que a los sectores populares, desde el Estado, solo les ofrecen la muerte. Después se preguntan por que lo quieren a Pablo Escobar en los barrios populares de Medellín o por qué las guerrillas se siguen nutriendo de jóvenes.

 

Así se fabrican guerrilleros muertos

El escándalo de las ejecuciones extrajudiciales en Colombia y un negocio siniestro dentro del Ejército: los falsos positivos

Secuestraban a jóvenes para asesinarlos, luego los vestían como guerrilleros y así cobraban recompensas secretas del Gobierno de Álvaro Uribe

Los soldados colombianos que asesinaron a Leonardo Porras cometieron errores flagrantes al disfrazar su crimen. Gracias al empeño de Luz Marina Bernal, madre de Leonardo, el caso sirvió para destapar un negocio siniestro dentro del Ejército: los falsos positivos. Secuestraban a jóvenes para asesinarlos, luego los vestían como guerrilleros y así cobraban recompensas secretas del Gobierno de Álvaro Uribe. La Fiscalía ha registrado 4.716 casos de homicidios presuntamente cometidos por agentes de las fuerzas públicas. Bernal y las otras Madres de Soacha  (el primer municipio donde se supo de esto) luchan desde entonces contra la impunidad. Los observadores internacionales denuncian la dejadez, incluso la complicidad del Estado en estos crímenes masivos.

-Así que es usted la madre del comandante narcoguerrillero -le dijo el fiscal de la ciudad de Ocaña.

-No, señor. Yo soy la madre de Fair Leonardo Porras Bernal.

-Eso mismo, pues. Su hijo dirigía un grupo armado. Se enfrentaron a tiros con la Brigada Móvil número 15 y él murió en el combate. Vestía de camuflaje y llevaba una pistola de 9 milímetros en la mano derecha. Las pruebas indican que disparó el arma.

Luz Marina Bernal respondió que su hijo Leonardo, de 26 años, tenía limitaciones mentales de nacimiento, que su capacidad intelectual equivalía a la de un niño de 8 años, que no sabía leer ni escribir, que le habían certificado una discapacidad del 53%. Que tenía la parte derecha del cuerpo paralizada, incluida esa mano con la que decían que manejaba una pistola. Que desapareció de casa el 8 de enero y lo mataron el 12, a setecientos kilómetros. ¿Cómo iba a ser comandante de un grupo guerrillero?

-Yo no sé, señora, es lo que dice el reporte del Ejército.

A Luz Marina no le dejaron ver el cuerpo de su hijo en la fosa común. Unos veinte militares vigilaban la exhumación y le entregaron un ataúd sellado. Un año y medio más tarde, cuando lo abrieron para las investigaciones del caso, descubrieron que allí solo había un torso humano con seis vértebras y un cráneo relleno con una camiseta en el lugar del cerebro. Correspondían, efectivamente, a Leonardo Porras.

Este fue uno de los casos que destapó el escándalo de los falsos positivos: miembros del Ejército colombiano secuestraban a jóvenes de barriadas marginales, los trasladaban a cientos de kilómetros de sus casas, allí los asesinaban y los hacían pasar por guerrilleros muertos en combate, para cobrar así las recompensas establecidas en secreto por el Gobierno de Álvaro Uribe. De ahí el término “falsos positivos”, en referencia a la fabricación de las pruebas.

Diecinueve mujeres, cuyos hijos fueron secuestrados y asesinados por el Ejército a principios de 2008, fundaron el grupo de las Madres de Soacha para exigir justicia. A mediados de 2013, la Fiscalía General contaba 4.716 denuncias por homicidios presuntamente cometidos por agentes públicos (entre ellos, 3.925 correspondían a falsos positivos). Navanethem Pillay, alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos, denuncia que las investigaciones son muy escasas y muy lentas, que los militares vinculados a los crímenes continúan en activo, que incluso reciben ascensos, y que sus delitos gozan de una “impunidad sistémica”.

“Escogíamos a los más chirretes”

Leonardo Porras desapareció el 8 de enero de 2008 en Soacha, prácticamente un suburbio de Bogotá, una ciudad de aluvión en la que se apiñan miles de desplazados por el conflicto colombiano, miles de inmigrantes de todo el país, una población que en los últimos veinte años pasó de 200.000 a 500.000 habitantes, muchos de ellos apiñados en casetas de ladrillo y tejado de chapa, estancados en asentamientos ilegales, divididos por las fronteras invisibles entre bandas de paramilitares y narcotraficantes.

El mediodía del 8 de enero alguien llamó por teléfono a Leonardo. Él solo respondió “sí, patroncito, voy para allá”, colgó y le dijo a su hermano John Smith que le acababan de ofrecer un trabajo. Salió de casa y nunca más lo vieron.

En Soacha todos conocían a Leonardo, el chico “de educación especial” que se apuntaba siempre a los trabajos comunitarios, a limpiar calles y parques, a trabajar en la iglesia, y que hacía recados a los vecinos a cambio de propinas. Algunos abusaban de su entusiasmo: le tenían acarreando ladrillos o mezclando cemento en las obras y al final de la jornada le daban un billete de mil pesos (38 céntimos de euro).

-Él no distinguía el valor del dinero -dice Luz Marina Bernal- pero le gustaba mucho ayudar a la gente, era muy trabajador, muy sociable, muy cariñoso. Cuando ganaba unos pesos, me traía una rosa roja y una chocolatina, y me decía: ‘Mira, mamá, me acordé de ti’.

Alexánder Carretero Díaz sí distinguía el valor del dinero: aceptó doscientos mil pesos colombianos (unos 75 euros) a cambio de engañar a Leonardo y entregárselo a los militares. Carretero vivía en Soacha, a pocas calles de la familia Porras Bernal, y llevaba varias semanas prometiéndole a Leonardo un trabajo como sembrador de palma en una finca agrícola. El 8 de enero le llamó por teléfono, se reunió con él y al día siguiente viajaron juntos en autobús unos 600 kilómetros, hasta la ciudad de Aguachica, en el departamento de Norte de Santander. Allí dejó a Leonardo en manos del soldado Dairo Palomino, de la Brigada Móvil número 15, quien lo llevó otros 150 kilómetros hasta Ábrego. “El muchacho no era normal, hablaba muy poco, miraba muy raro”, dijo Carretero ante el juez, casi cuatro años más tarde. A Leonardo los soldados lo llamaban “el bobito”, explicó.

Carretero era uno de los reclutadores que surtía de víctimas a los militares. Otro de los reclutadores, un joven de 21 años, testigo protegido durante uno de los juicios, explicó que engañaban a chicos desempleados, drogadictos, pequeños delincuentes: “Escogíamos a los más chirretes, a los que estuvieran vagando por la calle y dispuestos a irse a otras regiones a ganar plata en trabajos raros”. Confesó haber engañado y entregado a más de treinta jóvenes a los militares, por cada uno de los cuales cobraba 75 euros, la tarifa habitual. También hizo negocio revendiendo pistolas y balas del mercado negro a los soldados del Batallón 15, que luego se las colocaban a sus víctimas para hacerlas pasar así por guerrilleros.

El reclutador Carretero entregó a Leonardo a los militares el 10 de enero. Le quitaron la documentación y su nombre desapareció. A partir de entonces aquel chico ya solo fue uno de los cadáveres indocumentados de los supuestos guerrilleros que la Brigada Móvil 15 afirmó haber matado en combate, a las 2.24 de la mañana del 12 de enero de 2008, en el municipio de Ábrego. Ya solo fue uno de los cuerpos acribillados, guardados en bolsas de plástico y arrojados a una fosa común. No existió nadie llamado Fair Leonardo Porras Bernal, ni vivo ni muerto, en los siguientes 252 días.

Leonardo, hijo de Marina, tenía discapacidad mental y la mano con la que decían que manejaba una pistola, paralizada / PABLO TOSCO (OXFAM INTERMÓN)

Esos 252 días los pasó Luz Marina Bernal buscando a su hijo en comisarías, hospitales, juzgados y morgues, levantándose a las cinco de la mañana para recorrer los barrios de Soacha y Bogotá, por si su hijo había perdido la memoria y dormía en la calle. Su hijo estará de fiesta, le decían los funcionarios, se habrá escapado con alguna muchacha. En agosto empezaron a identificar algunos cadáveres hallados en una fosa común de la ciudad de Ocaña, departamento de Norte de Santander: pertenecían a otros chicos de Soacha, desaparecidos en la misma época que Leonardo Porras. El 16 de septiembre una doctora forense enseñó a Luz Marina Bernal una fotografía.

-Era mi hijo. Fue espantoso verlo. La cara estaba desfigurada por varios balazos pero lo reconocí.

Le pedían unos cinco mil euros por exhumar y transportar el cadáver, una cantidad desorbitada para una familia pobre de Soacha. Durante ocho días reunió dinero, pidió préstamos y al fin alquiló una furgoneta en la que viajó hasta Ocaña con su marido y su hijo John Smith. Allí el fiscal le dijo que Leonardo era un comandante narcoguerrillero y que había muerto en combate.

 Uribe: “No fueron a coger café”

Luz Marina Bernal, 54 años, es una mujer de gestos pausados, con un discurso tranquilo del que brotan verdades punzantes; parece que ha amasado el dolor hasta cuajarlo en una firmeza granítica. Vive en una de las pequeñas casas de ladrillo de Soacha. El dormitorio de Leonardo es ahora un santuario en memoria del hijo asesinado, un pequeño museo con fotografías, recortes de prensa y velas. Luz Marina muestra un retrato enmarcado de su hijo: un joven de hombros anchos y porte elegante, vestido con chaqueta negra, camisa blanca y corbata celeste, que mira a la cámara con la mandíbula prieta y unos ojos claros deslumbrantes. Son los mismos ojos claros de Luz Marina, que acerca mucho el retrato a su cara.

Desde la cocina se extiende el olor de las arepas que está cocinando John Smith Porras, hermano de Leonardo, para desayunar. John Smith viene a casa de vez en cuando pero tuvo que marcharse a vivir a otro lado porque recibió amenazas de muerte. Y porque ya asesinaron al familiar de otra víctima de Soacha, “por no cerrar la boca”. Ante la pasividad judicial, John Nilson Gómez decidió averiguar por su cuenta quiénes habían sido los reclutadores y los asesinos de su hermano Víctor. Recibió amenazas telefónicas, le conminaron a marcharse de la ciudad y al final alguien se le acercó en una moto y le pegó un tiro en la cara. La familia Porras Bernal ha recibido amenazas por teléfono, por debajo de la puerta y en plena calle. Para que cierren la boca

Luz Marina abre un álbum. Colecciona las portadas que publicaron los periódicos en aquellos días de septiembre de 2008, cuando iban apareciendo los cadáveres de los chicos de Soacha. Clava el dedo índice sobre uno de los titulares: “Hallan fosa de 14 jóvenes reclutas de las Farc”.

El presidente Álvaro Uribe compareció ante los medios para ratificar que los chicos de Soacha habían muerto en combate: “No fueron a coger café. Iban con propósitos delincuenciales”. Luz Marina Bernal mastica despacio esa frase, con una media sonrisa dolorida: “No fueron a coger café. No fueron a coger café. Fue terrible escuchar de la boca del presidente que nuestros hijos eran delincuentes”.

Luis Fernando Escobar, personero de Soacha, defensor de la comunidad ante la administración, denunció las sospechosas irregularidades de estas muertes. Tres semanas más tarde el escándalo era ya indisimulable. Se demostró que los chicos habían sido asesinados muy lejos de sus casas a los dos o tres días de su desaparición (y no al cabo de un mes, como afirmó Uribe para defender la idea de que habían organizado una banda) y se encontraron diversas chapuzas en los montajes de los crímenes: algunas víctimas llevaban botas de distinto tamaño en cada pie; otras aparecieron con disparos en el cuerpo pero les habían puesto unas ropas de guerrillero en las que no había un solo orificio; incluso aparecieron cadáveres acribillados en terrenos donde no había ni una sola huella de disparos. El caso del discapacitado mental al que los militares presentaron como comandante colmó el vaso.

Ante la avalancha de pruebas, Uribe no tuvo más remedio que comparecer de nuevo, esta vez acompañado por generales y por el ministro de Defensa Juan Manuel Santos, actual presidente de Colombia. Y dijo: “En algunas instancias del Ejército ha habido negligencia, falta de cuidado en los procedimientos, y eso ha permitido que algunas personas puedan estar incursas en crímenes”. Luego anunció la destitución de 27 militares.

Las destituciones fueron un mero gesto administrativo. No se emprendieron investigaciones sobre las denuncias por ejecuciones extrajudiciales, que se iban acumulando por cientos, sino todo lo contrario: el Estado las obstaculizó de mil maneras. Y cuando el general Mario Montoya, comandante del Ejército, dejó su cargo por el escándalo de Soacha, Uribe lo nombró embajador en la República Dominicana.

Ante la proliferación de casos denunciados y documentados, Philip Alston, relator especial de las Naciones Unidas para ejecuciones extrajudiciales, viajó a Colombia en junio de 2009. “Las matanzas de Soacha fueron flagrantes y obscenas”, declaró al final de su estancia, “pero mis investigaciones demuestran que son simplemente la punta del iceberg”. El término “falsos positivos”, según Alston, “da una apariencia técnica a una práctica que en realidad es el asesinato premeditado y a sangre fría de civiles inocentes, con fines de lucro”. Describió de manera detallada los reclutamientos con engaños, los asesinatos y los montajes. Afirmó que los familiares de las víctimas sufrían amenazas cuando se atrevían a denunciar. Y rechazó que se tratara de crímenes aislados, cometidos “por algunas manzanas podridas dentro del Ejército”, como defendía el Gobierno de Uribe. La gran cantidad de casos, su reparto geográfico por todo el país y la diversidad de unidades militares implicadas indicaban “una estrategia sistemática”, ejecutada por “una cantidad significativa de elementos del Ejército”.

Se sucedieron las denuncias de observadores internacionales y asociaciones colombianas de derechos humanos: las desapariciones forzosas y las ejecuciones extrajudiciales eran una práctica frecuente dentro de las fuerzas públicas y el Estado obstaculizaba las investigaciones y hasta homenajeaba a los agresores. En palabras de la Fundación para la Educación y el Desarrollo (FEDES), de Bogotá: en Colombia la impunidad es una política de Estado.

El presidente Uribe respondió que “la mayoría” de las acusaciones eran falsas. Que venían de “un cúmulo de abogados pagados por organizaciones internacionales”, cargados “de odio y de sesgos ideológicos”. Y salió una y otra vez a defender a los militares: “Nosotros sufrimos la pena de ver cómo llevan a la cárcel a nuestros hombres, que no ofrecen ninguna amenaza de huida, simplemente para que sean indagados. Tenemos que asumir la defensa de nuestros hombres contra las falsas acusaciones”.

Mientras el presidente desplegaba los recursos públicos para defender a los militares imputados en los asesinatos, los familiares de las víctimas solo recibían portazos de las instituciones. Cuando las Madres de Soacha decidieron manifestarse un viernes al mes para reclamar el apoyo de las autoridades, cuando contaron sus historias en los medios, empezaron las amenazas. El 7 de marzo de 2009, María Sanabria caminaba por una calle angosta cuando se le acercaron dos hombres en una moto. El que iba detrás, sin quitarse el casco, se bajó, agarró a Sanabria del pelo y la empujó contra la pared: “Vieja hijueputa, a usted la queremos calladita. Nosotros no jugamos. Siga abriendo la boca y va a acabar como su hijo, con la cara llena de moscas”.

Zapatillas colgadas en cables en el Barrio Santo Domingo, Medellín. / PABLO TOSCO (OXFAM INTERMÓN)

El hijo de María, Jaime Estiven Valencia Sanabria, tenía 16 años y estudiaba el bachillerato en Soacha cuando lo secuestraron, lo llevaron al Norte de Santander y lo asesinaron. Cuando su madre empezó a buscarlo, un fiscal le dijo que su hijo estaría de farra con alguna novia mientras ella lloraba “como una boba”. Cuando llegó a Ocaña, a sacarlo de la fosa común, le dijeron que su hijo era un guerrillero. Cuando se van a cumplir seis años del asesinato, ni siquiera se ha abierto una investigación judicial, María ni siquiera sabe si el caso está en los juzgados de Cúcuta o de Bogotá, porque en la Fiscalía nadie le responde.

“Sabemos que a nuestros hijos los mataron a cambio de una medalla”, dice Sanabria, “a cambio de un ascenso, a cambio del dinero que les pagaba el Estado”.

A 1.400 euros el muerto

El Estado pagaba recompensas a los asesinos. A los pocos días de que Uribe alegara “negligencia” y “falta de cuidado en los procedimientos” del Ejército, el periodista Félix de Bedout reveló una directiva secreta del ministerio de Defensa. La directiva 029, del 17 de noviembre de 2005, establecía recompensas por la “captura o el abatimiento en combate” de miembros de organizaciones armadas ilegales. Se contemplaban cinco escalas: desde los 1.400 euros por un combatiente raso, hasta 1,8 millones de euros por los máximos dirigentes. También incluía una tabla exhaustiva de seis páginas con las recompensas por el material incautado a los combatientes, material que iba desde aviones hasta pantalones de camuflaje, pasando por ametralladoras, misiles, minas, balas, discos duros, teléfonos o marmitas.

En enero de 2008, en las mismas fechas en que los soldados de la Brigada 15 estaban secuestrando y asesinando a los chicos de Soacha, uno de los antiguos miembros de esa brigada reveló en la prensa la práctica de los falsos positivos. El sargento Alexánder Rodríguez ya había denunciado los asesinatos y los montajes en diciembre ante sus superiores militares. A los tres días lo retiraron de su puesto. Entonces acudió a la revista Semana y contó cómo sus compañeros de la Brigada 15 habían asesinado a un campesino, cómo habían puesto un dinero común para comprar la pistola que después le colocaron a la víctima y cómo a cambio de su colaboración en el crimen obtuvieron cinco días de descanso. Las denuncias del sargento Rodríguez fueron acalladas por los altos mandos y así no hubo ningún problema para que en las siguientes semanas secuestraran y asesinaran a los chicos de Soacha.

Las recompensas alentaron un negocio siniestro dentro del Ejército: la fabricación de cadáveres de guerrilleros. A raíz de la directiva 029, las denuncias por ejecuciones extrajudiciales se multiplicaron: en 2007 ya eran más del triple que en 2005 (de 73 pasaron a 245, según la Fiscalía colombiana). Y aún no había llegado la oleada de denuncias tras el escándalo de Soacha en 2008. Los dedos empezaron a señalar las políticas del presidente Uribe.

Álvaro Uribe estableció como eje de sus mandatos entre 2002 y 2010 la llamada Política de Seguridad Democrática: una ofensiva del Estado, principalmente militar, para imponerse a las guerrillas (que sufrieron grandes derrotas pero aún cuentan con más de nueve mil miembros), a los paramilitares (que pactaron una desmovilización pero que en realidad mutaron en nuevas bandas) y al narcotráfico (un fenómeno que sigue envolviendo como una hiedra al conflicto colombiano).

Uribe multiplicó el presupuesto y la actividad del Ejército. Con la bandera de la “lucha contra el terrorismo”, empezaron las detenciones masivas y arbitrarias de civiles. En los dos primeros años arrestaron a siete mil personas de forma ilegal, según denunciaron asociaciones de derechos humanos y las Naciones Unidas. Los agentes llegaban a un pueblo y detenían a montones de personas, con una acusación genérica de colaborar con las guerrillas, sin indicios ni fundamentos. Arrestaban a pueblos enteros y luego los investigaban, para ver si descubrían alguna conexión con los guerrilleros.

En la madrugada del 18 de agosto de 2003, la Policía detuvo a 128 personas en Montes de María, acusadas de rebelión. El fiscal Orlando Pacheco vio que no había ninguna prueba, que los informes policiales estaban plagados de disparates, y ordenó liberar a todos los detenidos. Entonces el fiscal general de Colombia destituyó inmediatamente al fiscal Pacheco y lo tuvo dos años y medio bajo arresto domiciliario. Al cabo de tres años, tras las denuncias de asociaciones jurídicas internacionales, la Corte Suprema dio la razón al fiscal Pacheco. Pero nadie fue castigado por las detenciones ilegales multitudinarias.

En Arauca, una de las zonas con mayor presencia de las guerrillas, el presidente Uribe hizo esta declaración el 10 de diciembre de 2003: “Le dije al general Castro que en esa zona no podíamos seguir con capturas de cuarenta o cincuenta personas todos los domingos, sino de doscientos, para acelerar el encarcelamiento de los terroristas”. Miles de personas fueron detenidas sin pruebas ni garantías, pasaron temporadas largas en la cárcel y salieron absueltas pero con un estigma social muy grave. “La política de seguridad democrática de Uribe ha vulnerado masiva, sistemática y permanentemente el derecho a la libertad”, denunció la misión de observadores internacionales CCEEUU (Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos).

También se desató una persecución sistemática a los opositores políticos. La revista Semana reveló en 2009 abundantes casos de espionajes ilegales, grabaciones, pinchazos de teléfonos, acosos y criminalizaciones contra periodistas, jueces, políticos, abogados y defensores de derechos humanos, persecuciones montadas por el DAS, los servicios secretos directamente dependientes de Uribe. El DAS ya había protagonizado otro escándalo en 2006, cuando su director Jorge Noguera, hombre de confianza de Uribe, fue acusado de colaborar con grupos paramilitares y de facilitarles información sobre sindicalistas y defensores de derechos humanos que luego fueron asesinados. En plena tormenta, Noguera dejó la dirección del DAS. Pero Uribe afirmó que ponía la mano en el fuego por él y lo nombró cónsul en Milán. Cuando en 2011 condenaron a Noguera a 25 años de cárcel por homicidio, concierto para delinquir, revelación de secretos y destrucción de documentos públicos, Uribe publicó este mensaje en Twitter: “Si Noguera hubiera delinquido, me duele y ofrezco disculpas a la ciudadanía”. Algunos de los delitos, como el espionaje a periodistas y jueces, se fueron extinguiendo por la lentitud de los procesos judiciales y prescribieron.

Al final de sus ocho años de mandato, la Oficina de la Presidencia de Uribe dio estas cifras para mostrar la eficacia de sus políticas: 19.405 combatientes fueron “abatidos” (un eufemismo para no decir “muertos”), 63.747 fueron capturados y 44.954 fueron desmovilizados.

Luz Marina Bernal es una de las diecinueve ‘Madres de Soacha’. / PABLO TOSCO (OXFAM INTERMÓN)

La suma alcanza 128.106 personas y resulta asombrosa. La fundación FEDES calcula que en el año 2002 había unos 32.000 miembros armados ilegales en Colombia, entre guerrilleros y paramilitares. Es decir: o cayeron todos y se renovaron por completo cuatro veces seguidas o en realidad “la llamada Política de Seguridad Democrática no estaba exclusivamente dirigida contra miembros de estos grupos sino en contra de un amplio espectro de la población civil, que fue víctima constante de crímenes como los falsos positivos”.

Con la necesidad de presentar cifras de bajas y con el estímulo de las recompensas secretas fijadas en 2005, en los años de Uribe se multiplicaron las ejecuciones extrajudiciales. La misión de observadores internacionales CCEEUU documentó 3.796 ejecuciones extrajudiciales entre 1994 y 2009, de las cuales 3.084 ocurrieron en la segunda mitad de este periodo, durante la Política de Seguridad Democrática.

Una grieta en la impunidad

La familia Porras Bernal no tenía dinero suficiente para una tumba en Soacha. Un amigo les dejó un espacio en el cementerio de La Inmaculada, una extensa pradera con pequeñas lápidas dispersas, en el extremo norte de Bogotá. Desde Soacha, en el extremo sur, Luz Marina tarda dos horas en autobús cada vez que va a visitar la tumba de Leonardo.

A la entrada del cementerio compra tres ramos de claveles y margaritas. Camina por la hierba mullida, coloca las flores en el lugar donde reposan los restos de Leonardo, se sienta en el césped y acaricia la tierra. Llora en silencio y habla en susurros, mirando al suelo.

-Le doy las noticias de la familia. Le explico cómo estamos, qué hacemos, cuánto le echamos de menos. Y le cuento cómo va la lucha de las Madres de Soacha. Le digo que los diecinueve muchachos asesinados tienen que pedirle a Diosito que nos dé fuerzas, que estamos luchando por ellos, para que les hagan justicia. Se lo cuento todo a Leonardo y vuelvo a casa más tranquila y más fuerte.

Luz Marina cumple otra cita con Leonardo y los muchachos asesinados: las concentraciones de las madres en un parque de Soacha, el último viernes de cada mes. María Sanabria le ayuda a llevar una gran pancarta en la que denuncian casos de tortura, desapariciones forzadas, montajes, fosas comunes, y en las que acusan a los presidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos de ser responsables de más de 4.700 crímenes de lesa humanidad. Las Madres de Soacha visten túnicas blancas, llevan al cuello las fotos de sus hijos asesinados y despliegan pancartas.

Cuando empezaron a reunirse y a reclamar la verdad, llegaron las amenazas, las persecuciones, los ataques. Pero ellas nunca callaron. Y sus gritos y sus cantos quebraron el silencio: los medios relataron sus historias; Amnistía Internacional les envió 5.500 rosas y 25.000 mensajes de todo el planeta y les organizó una gira por Europa en 2010 para denunciar sus casos; y en marzo de 2013, a propuesta de Oxfam-Intermón, recibieron el premio Constructoras de Paz en el parlamento de Cataluña.

-Nos siguen acosando -dice Luz Marina Bernal- pero la comunidad internacional vigila y esa es nuestra protección. Si nos ocurre algo, nosotras señalamos al Estado.

La Corte Penal Internacional (CPI) tiene a Colombia en la lista de los países en observación, desde 2005, por la sospecha de que no investiga ni juzga debidamente los crímenes de lesa humanidad cometidos por las Farc, los paramilitares y los agentes de las fuerzas públicas. Uno de los casos bajo la lupa es precisamente el de los falsos positivos. En un informe de noviembre de 2012, la CPI afirmó que había “bases razonables” para creer que estos crímenes corresponden a una política estatal, conocida desde hace años por altos mandos militares y como mínimo “maquillada” o “tolerada” por los niveles superiores del Estado.

El empeño de Luz Marina Bernal y las Madres de Soacha consiguió un triunfo mayúsculo el 31 de julio de 2013. El Tribunal Superior de Cundinamarca (departamento al que pertenece Soacha) aumentó la condena a los seis militares culpables de la muerte de Leonardo: de los 35 y 51 años de prisión con los que fueron castigados en primera instancia, pasaron todos a 53 o 54 años. Y lo más importante: además de considerarlos culpables de desaparición forzada, falsificación de documentos públicos y homicidio, como se estableció en el primer juicio, el Tribunal Superior añadió que se trataba de un plan criminal sistemático de los militares, ejercido contra población civil, y que por tanto debía considerarse como crimen de lesa humanidad. Y que así debían considerarse todos los casos de falsos positivos.

Como crímenes contra la humanidad

Esta sentencia fue un terremoto: los crímenes contra la humanidad no prescriben y pueden juzgarse en cualquier país. Así se abrieron las primeras grietas en la impunidad. Los 4.716 casos de ejecuciones extrajudiciales denunciados ante la Fiscalía colombiana, muchos de ellos encerrados en un sarcófago de olvido, podrían recibir alguna luz a través de esas grietas.

Pero no será fácil. Los abogados recurrieron la sentencia, que tardará en ser firme. Los observadores internacionales insisten en que las investigaciones son escasas y lentas. Y el asesinato de Leonardo Porras fue el más flagrante pero aún quedan muchas muertes que no han recibido ninguna atención. Como la de Jaime Estiven Valencia, el estudiante de 16 años, el chico que quería ser cantante y veterinario, el hijo de María Sanabria.

-A mi niño me lo asesinaron el 8 de febrero de 2008, va para seis años, y no se ha dado ni una orden de investigación –dice-. A mi niño me lo mataron y a nadie le importa. La impunidad me enferma. Me muero de tristeza. Pero sigo viviendo para que nuestros hijos no hayan muerto en vano. Porque al denunciar sus casos conseguimos salvar muchas otras vidas.

-Necesitamos la verdad para seguir viviendo -dice Luz Marina Bernal-. Y no nos basta con saber quiénes apretaron el gatillo. Solo están condenando a los soldados, a los rangos bajos, pero queremos saber quiénes lo organizaron todo, quiénes dieron órdenes y quiénes pagaron los asesinatos con dinero del Estado.

http://elpais.com/elpais/2014/03/06/planeta_futuro/1394130939_118854.html

Venezuela: 1 año sin Chávez, 15 años de revolución bolivariana

Ayer se cumplió el primer aniversario de la partida física del comandante Chávez y hubo varios homenajes y recordatorios. En Venezuela dieron especial lugar a la película que hizo Oliver Stone  que se llama mi amigo Hugo. La pueden ver acá. http://www.correodelorinoco.gob.ve/politica/vea-documental-mi-amigo-hugo-oliver-stone-video/

Es una mirada desde el mundo norteamericano del rol del comandante Chávez en Venezuela y en la región. Hace no mucho Stone había hecho el filme al sur de la frontera que buscaba ser una clave de análisis de los gobiernos populares asentados en varios países de América Latina a inicios del siglo XXI. Por eso se llamaba al sur de la frontera: buscaba ser un explicativo para el norteamericano medio que consume medios masivos de comunicación y solo escucha una campana. Como anécdota recuerdo que en Argentina se estrenó en el convulsionado 2009 y ante la aparición de la presidenta Cristina, estando en un céntrico cine de la calle Lavalle, iniciamos un aplauso al que se sumaron varios y casi que terminamos abrazados cantando la marcha. Eran momentos de repliegue.

La nueva película está centrada una búsqueda, descifrar y a la vez poner en todo su justo valor la figura de aquel hombre tan satanizado. Con entrevistas a los principales funcionarios venezolanos, Maduro, Cabello, Jaua, Ramirez, Cilia Flores, la película está cargada de un dejo nostálgico de alguien que siente que ha perdido verdaderamente un amigo. Muy buena edición de la cobertura de la muerte de Chávez desde las cadenas norteamericanas destacando en primera instancia que era un “dictador posado sobre la reserva de petróleo más importante del mundo incluso mayor que la Arabia Saudita” . Elías Jaua el canciller comentó al pasar en la entrevista que nunca les iban a perdonar estar haciendo una revolución en la mayor reserva de petróleo mundial. Lo tienen bastante claro los muchachos por donde va la cosa. Se ven escenas de un Chávez estadista que cumplió el rol de padre para gran cantidad de militares y se muestra como una persona en constante formación, con esa cuota de obsesión mañana y noche sobre a cuanto estaba el precio del barril de petróleo. Stone lo dice clarito “Chávez cuando inició su gobierno pensó en un proyecto de tercera vía que financiara, a partir de las ganancias del petróleo, proyectos sociales”. No se lo permitieron y se lanzó a construir el socialismo bolivariano a gran escala. Antes de eso negoció con los países de la OPEP defender un precio justo del barril para los países exportadores. Esa fue su primera misión internacional.

La película muestra a hombres de estado que extrañan a Chávez pero que lo sienten cerca, que les ha dejado un camino, e incluso un plan para muchos años, como es el plan de la patria.

La película hace hincapié en la posibilidad de que haya sido asesinado y Maduro plantea que está esperando que llegue el tiempo histórico para hacer el análisis.

Algo que no contiene la película por haberse hecho para el publico norteamericano, así como para los propios en cada país es lo que han hecho las derechas latinoamericanas con la figura de Venezuela.

Nadie podría haber imaginado en 1998 que 10 años después habría marchas u opiniones de políticos, empresarios, etc, en las que se expresaría como el alter ego de lo que no se quiere ser a Venezuela. Todo lo que se dice nada menos de un tipo que ganó con una imagen de militar fuerte que podría ordenar la seguridad. En Paraguay que parece que todavía no salió de la guerra fría la acusación de chavista sumada a castrista parece ser el latiguillo de moda para los partidos que expresan ideas liberales económicamente y conservadoras políticamente. Lo mismo en Perú y Chile y ni que hablar de Colombia, donde el fantasma de cualquier mal se llama Venezuela o castrochavismo. Incluso teniendo una guerra civil de 50 años de duración en su territorio, maravillas de los medios de comunicación. A la vez que se creaba el movimiento bolivariano se creaba su estigmatización y su demonización en todo el continente con el discurso, fácil de replicar, de que era un dictador que quería llevar al socialismo a gente que hasta hacía cinco minutos eran los principales aliados petroleros de Estados Unidos. Chávez, como Fidel, han logrado ser un parteaguas de la discusión latinoamericana. Nadie queda sin opinión hoy acerca de Chávez como ocurre con Cuba y Fidel.

La decisión de estigmatizarlo de la manera que lo han hecho corre con el riesgo, tarde o temprano, de que los pueblos se empiecen a preguntar porque tanta saña contra este hombre, que era lo que no querían que se enterasen. Y así el ejemplo de Hugo Chávez cada vez se va a ir ampliando porque si algo vio y prefiguró Chávez es que el futuro para todos nosotros, tiene cara de unidad latinoamericana.

Es algo recurrente decirlo, pero el ejemplo de Chávez está vivito y coleando. Intentarán mil maneras de destruirlo: denigrándolo, apropiándoselo, vaciándolo de contenido, oponiéndolo al gobierno del partido que formó. Mil maneras como hicieron con Bolívar, pero siempre habrá quienes logren acercarse a la verdad histórica de la figura que fue y puedan continuar su ejemplo.

Le tienen mucho miedo al fantasma del loco Chávez. Mirá si les pasa de nuevo.

El peronismo derrocado en el 55 y la situación de Argentina, Venezuela y América Latina

En la década del 50 luego de la segunda guerra mundial en donde los europeos se dieron de lo lindo, Estados Unidos pasó a ser el gran patrón de la vereda de occidente. Con la caída en desgracia del imperio británico (buena respuesta de Brienza http://tiempo.infonews.com/2014/02/16/editorial-118843-la-parabola-de-gran-bretana.php a la nota de The economist sobre la desgracia de ser argentinos http://www.lanacion.com.ar/1664078-el-articulo-completo-the-economist-durisimo-con-la-argentina) la segunda mitad del siglo XX fue un nuevo reparto de cartas entre los ganadores de la guerra. Para eso existió la reunión en Yalta donde EEUU, y Rusia se repartieron el mundo en el eufemismo de “zonas de influencia”. Lo que conocemos como Occidente quedó en manos de EEUU que no nació ese día como hegemónico, sino que ya venía trabajando desde comienzo de siglo en América para que su poder nunca dejara de sentirse. La política del destino manifiesto, de la América para los americanos tuvo varias tácticas. Las más conocidas que ampliaron al naciente imperio fueron la de la diplomacia del dólar y la política del garrote. Siempre jugaron juntas, lo que no se podía comprar era invadido por marines. Cualquier mandatario americano con un poco de amor propio era tildado de enemigo de los Estados Unidos.

Durante este momento de encumbramiento de los Estados Unidos, Juan Perón era presidente de nuestro país. Y había ascendido al gobierno enfrentándose con el embajador Braden que lo acusaba abiertamente de apoyar al fascismo europeo. Luego de terminada la guerra nació el llamado, Plan Marshall, de reconstrucción de Europa, en donde el rol de los alimentos se angostó para todos los países que proveían a Europa y ala vez competían con Estados Unidos. Nuestros productos competían directamente con la agricultura subsidiada norteamericana y sumado al encono en términos de política internacional hizo que Argentina perdiera mercados en la década del 50 y comenzara a vislumbrar otras posibilidades de colocación de sus productos. El ABC de Perón, Vargas e Ibañez tenía como fondo esta situación y buscaba generar a la vez de un gran mercado interno una unidad política para contrarrestar colectivamente la situación internacional que lejos estaba de ser como a veces se dice desde una ignorancia orientada, un momento de viento de cola. Ante la imposibilidad de poder lograr la unidad de algunos países de América no quedaban muchas variantes, había que o aumentar la productividad (que los trabajadores produjeran más por el mismo tiempo de trabajo y el mismo salario), achicar los gastos que se venían desarrollando para favorecer a la industrialización del país. Por supuesto los formadores de precios desabastecieron y aumentaron los precios de mostrador porque seguramente les importaba mucho la suerte de su patria y no querían que sus compradores siguieran teniendo un “tirano” en el gobierno. Entonces hacían lo posible y lo imposible para que el pueblo se enojara porque veía perjudicado sel nivel de vida que había adquirido. Como se sabe Perón intentó mejorar la productividad, negociando con sindicatos y trabajadores, defendiendo a estos últimos, pero lo derrocaron mientras esto estaba en marcha. La política económica más o menos se había acomodado bajando un poco los gastos del estado y comiendo pan negro, pero habían podido lograrlo. Pese a eso lo tumbaron a Perón.

Y esta historia la conocemos bastante, pero hoy se agregan aditamentos que no existían en el pasado. 3 cuestiones centrales: Estados Unidos no está en el momento de encumbramiento de su imperio, sino más bien todo lo contrario. Eso, más allá que pueda verse como algo positivo para el resto del mundo, puede ser perjudicial para América Latina ya que fuimos el espacio vital para su primera expansión y seguramente seremos su retaguardia si necesita salir de sus posesiones en el resto del globo. Entonces Estados Unidos pesa, pero, ya lo demostraron estos gobiernos democrático-populares del siglo XXI, existe el espacio para la política autónoma.

En segunda instancia se entiende en la actualidad que cualquier política autónoma que vaya en contra de los intereses de la potencia del norte, necesita si o si de la solidaridad de los demás países o de las instituciones creadas por los latinoamericanos como Mercosur o UNASUR o CELAC. Es un nuevo escenario que reemplaza la vieja OEA de influencia norteamericana neta.

Como tercer aditamento que diferencia la política actual con la de hace 50 años es el rol que tienen los medios de comunicación hegemónicos en toda América Latina. El rebote informativo y la cobertura que se hace sobre la situación de Venezuela de estos días da una pauta de lo que son capaces de lograr. Ya no juegan un sentido común local (quizás nunca lo hayan jugado), lo que realmente importa es crear una sensación en el resto de América y en los países cercanos aliados de Venezuela de que se está ante un presidente represor y asesino. Maduro explicó muy bien http://aporrea.org/actualidad/n245152.html que es lo que vino pasando (para una cronología de los hechos ver el buen post http://artepolitica.com/articulos/apuntes-sobre-la-situacion-en-venezuela/). Pero ni siquiera Maduro podía preveer la campaña por redes y medios tradicionales en donde se inventan noticias, se copian fotos de Egipto o Siria, se ponen fotos de víctimas de represión de Chile o cualquier otro lado, parece que hubiera un llamado a percudir un gobierno como se pueda. Cuando todo esto sale junto y hay una declaración del Secretario de Estado norteamericano, ya nadie puede dudar de que es una situación orquestada, más allá que haya estudiantes en Venezuela con motivos reales para protestar. Pero otra cosa es lo que estamos viendo una campaña de difusión que no deja cuenta de mail o de facebook por tocar en donde personas que no tienen ni idea donde queda Venezuela hoy saben que hay un tipo que está reprimiendo duro y parejo. Hay situaciones que se irán aclarando con el tiempo y el gobierno y el poder judicial venezolano deberán explicar que pasó con los muertos, pero de lo que estamos seguros, es que una situación como la que se está dando, de un verdadero bombardeo mediático, no ocurre espontáneamente por solidaridad con los pobres estudiantes de Venezuela. En Argentina se está tomando nota porque el camino de los desabastecedores y especuladores no es diferente al que tomaron los venezolanos. Tendremos que estar preparados para las peleas que se vienen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuevamente aparece esa figura: hablando de Roca ¿qué estamos discutiendo?

El diario La Nación publicó ayer esta nota http://www.lanacion.com.ar/1652917-militancia-e-ignorancia en la que argumenta en defensa de Roca a raíz de un mapa que se encontró en EEUU en donde la zona sur de la Patagonia no estaba reconocida como territorio nacional. Y que por ende los que quieren tirar abajo la estatua de Roca en Bariloche, auto reconocidos como mapuches, no saben de historia y son víctimas del revisionismo oficialista que ensalza algunos héroes y demoniza a otros. Es real que en ese momento la Patagonia hoy argentina era zona de disputa con Chile, pero no es menos real que se causó un martirio muy grande en pos de cumplimentar la organización territorial. Roca fue el hombre elegido para terminar la tarea que se había encomendado a Alsina anteriormente que había utilizado la técnica del zanjón para separarse de los indígenas. El tema es interesante porque Roca luego de esta situación va a llegar al gobierno en 1880 sin el apoyo de los porteños comandados por el creador del diario La Nación y ex presidente Bartolomé Mitre. Roca es quien federaliza el puerto de Buenos Aires dando fin a una disputa de 70 años, pero es también quien ancla el desarrollo del país al imperialismo de la época que era el inglés. ¿Había otras opciones? El Paraguay destruido de los López había indicado un camino respetado por el federalismo argentino en donde se imponía un desarrollo autónomo negociando en mejores condiciones con los prestamistas y usureros de Inglaterra. Era el intento de negociación a varias bandas que se había propuesto Rosas incluyendo a Estados Unidos y Francia en el menú de opciones. Argentina quedó supeditada a Inglaterra y fue el hijo de Roca quien llegó al punto máximo cuando firmó el tratado Roca-Runciman que más o menos nos ponía como suplicantes para que Inglaterra nos comprara carne. Eso hasta que llegó Perón con eso de que nosotros tenemos la comida y uds el apetito veremos quien aguanta más, pero eso es otra historia.

Volvamos a Roca. Que La Nación lo reivindique pese a haber nacido como un adversario de Bartolomé Mitre no aparece como una falta de lealtad, porque en definitiva Roca puso su astucia al servicio de los capitales ingleses, no de su pueblo. Y eso le permitió aliarse luego de su presidencia con un Mitre en sus últimos años. Por eso es que puede ser reivindicado desde ese diario, pese a que existan mitristas talibanes que financien a los indigenistas porteños para tirar la estatua de acá de capital. Pero el tema es la estatua del centro cívico de Bariloche. El diario La Nación trata a los mapuches como chilenos, sabiendo que esa comunidad estaba a los dos lados de las fronteras, además de acusarlos de asesinos de los tehuelches. Interesante ver como sacan a relucir cuestiones antecedentes de la conquista española para justificar el presente. Lo mismo decían para justificar las matanzas españolas en México o Perú: no se podía juzgar a Hernán Cortés porque los aztecas habían dominado a los tlaxcaltecas. Acá parecen ir por ese mismo camino, pero todas las lecturas históricas hay que contextualizarlas con el presente, y el presente indica que el discurso que discute la figura de Roca no aparece solo como una cuestión de nombres sino dentro de un proceso político amplio donde está en juego la inclusión e integración de los sectores populares de nuestro país. En el caso de nuestro sur y más específicamente de Bariloche la estatua no representa la argentinidad únicamente sino el recuerdo de las matanzas de los abuelos de quienes integran los sectores populares de esa región. La ascendencia indígena mapuche es amplia, y sabemos que lo que generalmente le molesta a nuestra clase dominante es mezclarse con los que tienen la piel oscura. El movimiento alrededor de la estatua en un lugar tan importante como Bariloche por su centralidad representa la posibilidad de discutir una infinidad de temas relacionados con la inclusión y la distribución de los ingresos que genera nuestra patria. La historia juega su centralidad en el aquí y ahora y es nuevamente el diario La Nación que se pone del lado de quienes ningunearon siempre a nuestro pueblo y ahora no sólo quieren seguir en ese camino sino que además los acusa de no conocer la historia y valorar poco el hecho de ser argentinos. Toda una afirmación para quienes se beneficiaron por siempre del saqueo de nuestra patria.

Dejo un post de octubre de 2011 sobre esta cuestión.

La cuestión Roca

Posted on octubre 21, 2011

El 12 de octubre, más la demanda que le están haciendo los Martinez de Hoz a Osvaldo Bayer traen nuevamente la discusión alrededor de una figura como Julio Argentino Roca. En pleno kirchnerismo que nada entre los factores de poder real para intentar salir airoso es un buen momento para darse una discusión que muchas veces se cree saldada por lo políticamente correcto. Si algo nos enseñó esta etapa es que el vínculo con los factores de poder real no es gratuito y para su desmonte no sirve, solamente, salir a gritar que no nos gusta. Es urgente crear las alternativas reales y posibles para el desmantelamiento de los nichos de poder concentrado que se heredaron y se mantuvieron mientras había objetivos más importantes dentro de la estrategia marco. Para dar un ejemplo, hasta 2010 había que dar trabajo y después veíamos la calidad del mismo. Hoy ese trabajo tiene que estar bajo la estricta legislación laboral argentina. Esto quiere decir que antes no? No, lo que quiere decir es que en la urgencia hay que resolver lo importante. Abrir la cantidad de frentes que se pudieran operativizar con la fuerza que se tenía en ese momento. Hoy la situación es otra y es necesario profundizar la construcción de una Argentina para los 40 millones que somos. Con este bagaje acumulado volvemos a discutir la historia, pero entendiendo sus contradicciones y tratandonos de salir del bien y el mal. Para la Argentina del siglo XIX el roquismo significó la derrota del mitrismo. La pregunta es si a nosotros hoy eso nos importa, o ponemos la lupa únicamente en la aberrante campaña del desierto?

Dejo dos textos sobre este tema para abrir el debate.

Extraído del blog pájarosalinas.blogspot.com

Roca y el indigenismo como coartada de los enemigos de la Nación

La Argentina moderna no existiría sin la decisión de Roca
Estigmatizarlo como genocida:  ¿Justicia indígena o venganza porteña?
Por Teodoro Boot / Pájaro Rojo
A Julio Argentino Roca le salió el peor de los defensores posibles: que a un tipo lo defienda Mariano Grondona es casi una admisión de culpabilidad… si es que ese tipo se encuentra en condiciones de aceptar o rechazar esa defensa, lo que no es justamente el caso.  Roca, que es de quien hablamos, murió de viejo hace exactamente 97 años. No es su culpa si ahora le salió un Grondona, así como antes le salieron un Félix Luna o un Jorge Abelardo Ramos, tal vez su mejor y más exaltado panegirista.
Como no es cuestión de escribir un libro, optaremos por la síntesis y la simplificación, lo que conlleva el riesgo de la arbitrariedad, pero en tren de una más fácil lectura debería concederse la posibilidad de que toda afirmación pudiera en su oportunidad fundamentarse.
Roca nació en Tucumán en 1843, en el auge del poder rosista y en una provincia mediterránea tradicionalmente antirrosista, en gran parte por antiporteña, dos datos a tener en cuenta y que deberían sumarse a un tercero: fue educado en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, institución que no tuvo su Juvenilia, pero en la cual fue moldeada la futura clase intelectual y dirigente de la Confederación Argentina.
La existencia de la Confederación Argentina es otro dato a tener en cuenta: existió, institucionalmente organizada, desde la proclamación de su Constitución en el año 1853 –cuando Roca no llegaba a los 10 años de edad– hasta que su jefe político y militar, Justo José de Urquiza, decidió perder la batalla de Pavón. Roca tenía entonces 18 años y combatió en el bando confederado.
Pavón, una encrucijada. La batalla de Pavón y su extraño desenlace son considerados a veces una pintoresca anécdota menor de la historia argentina, opacada, por ejemplo, por la batalla de Caseros, que acabó con la gobernación de Juan Manuel de Rosas y su manejo de las relaciones exteriores de la Confederación en su etapa aun no institucionalizada. Pero Pavón no fue un hecho menor. Mientras para muchos de los contemporáneos, aunque terminara siendo otra cosa, Caseros podía ser vista como la voluntad de parte del interior argentino impuesta sobre el arbitrario manejo portuario y aduanero que ejercía la provincia de Buenos Aires, Pavón fue la claudicación del proyecto federal de trece provincias ante lo que de ahí en más y por veinte años será la omnímoda voluntad de los comerciantes porteños y los ganaderos bonaerenses, ambos ligados mucho más estrechamente al comercio exterior que a una economía nacional.
Militar de profesión, el joven Roca pasará a revistar en el ejército nacional, eufemismo por el que será conocido el ejército porteño que por directivas de Mitre y Sarmiento aniquilará los levantamientos provinciales de Ángel Vicente Peñaloza, Felipe Varela, Pancho Saá y Simón Luengo, acabará con el Paraguay independiente de Francisco Solano López y extinguirá la última de las montoneras argentinas dirigida por el gobernador entrerriano Ricardo López Jordán.
A diferencia de federales de una generación anterior, como Telmo López, el mismo López Jordán, los hermanos Hernández, Olegario Andrade y Carlos Guido y Spano, Roca combatirá contra el Paraguay y, en el bando contrario a todos ellos, y será quien personalmente ponga fin a las quijotescas andanzas de Ricardo López Jordán. Tenía entonces 28 años y era uno de los más prestigiosos oficiales del ejército.
A los 32 años y ya ministro de Guerra, lleva a cabo lo que la historia oficial recuerda como la mayor de sus hazañas, la “Campaña del Desierto”, que Estanislao Zevallos, en un opúsculo particularmente racista promovió como “La conquista de 15.000 leguas”.
Cinco genocidios. La Campaña del Desierto permitió a la todavía inexistente República Argentina ocupar la Patagonia y fue un auténtico genocidio, uno de los cinco genocidios perpetrados por nuestro país –se podrá decir, “por la clase dirigente de nuestro país”, pero va de suyo que la que dirige es siempre “la clase dirigente”.
Técnicamente hablando –al menos en la acepción que da al término Naciones Unidas–, genocidios también fueron la casi literal desaparición de los afrodescendientes –mayoritarios en el virreinato rioplatense al momento de la Independencia–, la “guerra de policía” contra las provincias del noroeste, la eliminación física de más del 70 por ciento de los hombres paraguayos durante la guerra de la Triple Alianza y la más reciente persecución y eliminación de opositores políticos durante la última dictadura militar.
Cinco años después de la “Campaña del Desierto”, en su condición de jefe del ejército y candidato presidencial de las provincias, es el todavía joven Roca quien acaba con la nueva revolución secesionista porteña, esta vez encabezada por Carlos Tejedor.
Y es en este punto donde conviene detenerse. Si bien “el problema del indio” era un asunto de larguísima data y así como en nuestra vida independiente las distintas naciones aborígenes habían intervenido en las guerras civiles, y ya en 1837 Domingo Faustino Sarmiento había establecido la doctrina básica respecto a “bárbaros” y “salvajes” en su panfleto Facundo. Civilización y barbarie, no había sido la siempre ambigua relación con las naciones aborígenes la principal dificultad en la conformación de la nación argentina. Antes bien, el principal escollo había sido Buenos Aires y los intereses de su clase dirigente, el sector mercantil ligado al comercio británico que con el tiempo –y Roca mediante– derivaría en “oligarquía ganadera”.
La Banda Occidental. Al momento en que Nicolás Avellaneda –que había inaugurado su mandato enfrentando una revolución porteña orientada  por Bartolomé Mitre– terminaba su período, en Buenos Aires se preparaba a una nueva secesión, similar a la que se prolongó desde 1852 hasta 1860, cuyo propósito era la constitución, en la margen opuesta del Plata, de una réplica de la República Oriental del  Uruguay. Es entonces el ejército nacional, ya librado de la influencia porteña y dirigido por Julio A. Roca, el que lo impide y, triunfante sobre la revolución de Carlos Tejedor, impone la federalización de la ciudad de Buenos Aires y la de su puerto. Si alguno quiso ver en este acto la victoria del interior argentino sobre la voluntad hegemónica y en su defecto aislacionista de Buenos Aires, a juzgar por los acontecimientos posteriores, se equivocó. Pero el acto es, sin lugar a dudas, el hecho fundante de la Argentina actual, con lo bueno y malo que esto supone, y siempre según quien mira. Lo que está claro es que de no ser por la decisión de Roca, que pasó por encima de las vacilaciones del presidente Avellaneda, nuestro país no sería uno, sino dos. Y no es ucronía suponerlo: era el objetivo explícito de la clase dirigente porteña, hasta en ese momento autosuficiente con su fértil “pampa húmeda”, su puerto y su aduana, constituirse en otra ROU.
Tal vez visto –muy engañosamente– desde hoy, este acontecimiento no revista gran importancia. Es razonable que así sea: el triunfo de Roca –y por su intermedio, del interior argentino– sobre Buenos Aires no fue definitivo.
Roca no dejó un diario, ni dos, y los dos grandes medios “nacionales” que pervivieron, al menos uno de ellos hasta la actualidad, fueron sus principales opositores y contradictores. Ninguno de ellos, claro, lo acusó  por su responsabilidad en uno de los grandes genocidios perpetrados por la clase dirigente de nuestro país.
A favor. Vale recordar  –como para no aburrir con cosas viejas y antes de precipitarnos tal vez muy apresuradamente hacia el final–, que el llamado roquismo fue acompañado y fundamentado por la flor y nata de la intelectualidad argentina de la época, desde los talentosos e injustamente olvidados Osvaldo Magnasco, Rafael Hernández y Evaristo Carriego, hasta los más consagrados –y edulcorados– Guido y Spano, y Olegario Víctor Andrade, y notables políticos como José Hernández, Roque Sáenz Peña o Hipólito Yrigoyen. Que a esa notable generación y a la siguiente, forjada en los albores el roquismo y languidecida lastimosamente luego de su decadencia, nuestro país le debe, tanto la conformación del Estado nacional y el establecimiento de sus fronteras, como las principales leyes “progresistas” de nuestra legislación, como por ejemplo –y para no abundar– las de registro civil, matrimonio civil y educación laica, universal y gratuita, hasta las primeras leyes de protección de los derechos obreros y tal vez el más importante estudio sobre la situación de los argentinos de a pie: “El estado de las clases obreras argentinas”, redactado por el catalán  Joan Bialet Massé a pedido del propio Roca.
Y puesto que mencionamos a Bialet Massé, constructor del dique San Roque, cabe preguntarse, muy retóricamente, a qué intereses beneficiaba la campaña iniciada por la prensa porteña destinada a difamar toda la obra de gobierno del cordobés Miguel Juárez Celman, que llegó al punto de alarmar a la población de Córdoba anunciando el inminente derrumbe del hasta hoy enhiesto dique… en plena época de sequía.
Negros, chusmas y chinos. Suena razonable que a ciertas gentes, ya sea por distracción o interés, algunos detalles le pasen desapercibidos,  pero preocupa que quienes militan o adscriben a la causa nacional y popular no adviertan que así como la gran prensa hizo escarnio de los “cabecita negras” peronistas y “la chusma” yrigoyenista, también despreció a “los chinos” del roquismo, vale decir, aquellos sobrevivientes de las guerras civiles que llegaron a Buenos Aires a imponer su voluntad nacional, osadía que el establishment cultural porteño jamás les perdonó.
Julio Argentino Roca no es, ni se acerca a ser, algo parecido a una suerte de Padre de la Patria, pero está tan lejos de eso como de ser el gran villano de nuestra historia que cierta moda contemporánea le endilga. Fue el suyo un período histórico lo suficientemente rico y atractivo como para no caer en simplificaciones y consignas políticas que carecen de la menor relación con los dilemas de la época, y conviene no dejarse arrastrar por ciertas consignas supuestamente políticas y lugares comunes “políticamente correctos” que carecen de fundamento histórico y a la vez disponen –si se permite en virtud de nuestra experiencia vital– de una sospechosa cobertura de prensa que vaya uno a saber por qué (y más allá de las opiniones de Mariano Grondona)  pretenden transformar a Julio A. Roca en el gran monstruo de la historia argentina.
No lo es. Bajo ningún punto de vista lo es, y las sorprendentes campañas en su contra tienen mucho de sospechoso, tal vez por cierta paranoica asociación que uno puede establecer con las reacciones “indigenistas” contra las estrategias de conformación de un Estado nacional que deben soportar gobiernos como el de Evo Morales o Rafael Correa.
El Estado, campo de batalla. Es comprensible que para historiadores de ideas libertarias como Osvaldo Bayer –que pasan tanto tiempo en Berlín como en Buenos Aires y para quienes el Estado es sinónimo de opresión–  el genocidio indígena ejecutado –en parte– por Julio A. Roca, sea determinante y suficiente como para reclamar su excomunión y extirpación de la historia argentina, hasta el punto de volverlo análogo a una especie de Petiso Orejudo de la oligarquía. Pero saliendo de Berlín no es difícil advertir que ese Estado que Roca contribuyó más que nadie a crear, es en cierto modo instrumento de opresión y dominación,  sí, pero a la vez es un campo de batalla, y al cabo, instrumento del que se valen  las clases populares para defenderse de la opresión de los poderosos, que en estos hemisferios no requieren ni de nacionalidad  ni de Estado para ejercer su dominio.
Es así que resulta descabellado escuchar hoy que en virtud de su relativa responsabilidad en uno de los cinco genocidios argentinos sea necesario eliminar a Roca de los billetes de la moneda nacional y dinamitar las estatuas que se le han erigido en diversas partes del país ¿Por qué Roca? ¿Por qué derrumbar la estatua de quien, además de derrotar mapuches, impuso la voluntad provinciana sobre Buenos Aires, conformó la Argentina actual y construyó el Estado nacional?
Más que un reclamo imposiblemente indigenista, esta campaña parece nacida de una vieja animadversión porteña. Y sería bueno aclarar este dilema, porque si se trata únicamente del genocidio indígena, sobre el cual con tanta liviandad como ignorancia se afirma que (¡en 1875!) había otras alternativas, convendría agarrárselas con los autores intelectuales del crimen y no tan sólo con sus tardíos ejecutores materiales, que resultan chivos expiatorios ideales en virtud de que carecieron y carecen de diarios y órganos forjadores de prestigio intelectual que los defiendan.
Rosas, el integrador. Cabe recordar que cualquier posibilidad de negociación con las naciones indígenas tendiente a su integración a la entonces embrionaria nacionalidad argentina, había acabado con la caída de Rosas, aunque justo es decir –a juzgar por los tratados de paz firmados entre Calvuncullá y Urquiza en representación de la Confederación  Argentina, y más tardíamente entre Lucio Mansilla y los ranqueles (acuerdo este último desautorizado por el presidente Sarmiento), que esa integración habría sido posible de no ser haber sido derrocado Rosas y de no mediar la sujeción de Urquiza a la política porteña personificada en Bartolomé Mitre.
Lo que puede estar claro, sin mayores esfuerzos intelectuales, es que entre los pueblos o naciones aborígenes y la incipiente oligarquía bonaerense, representada por Mitre mucho más que por Roca, no había ninguna posibilidad de entendimiento. Y esto estaba claro desde 1837, cuando en su obra magna Sarmiento explicó, a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores, que en nuestra América, los hombres se dividían en tres clases: salvajes, bárbaros y civilizados. Y así como en esa obra –Facundo– el padre del aula desarrolla su programa político y nos explica que es necesario civilizar a los bárbaros, aunque sea a palos, también nos dice que a los salvajes resulta imprescindible exterminarlos.
El don de la inoportunidad. Facundo fue escrito y publicado en Chile, seis años antes de que a al coronel Segundo Roca se le ocurriera hacerle un hijo a la hermana menor de Marcos Paz. Es así, por decirlo de alguna manera, que resulta curioso que en el momento en que nuestros mestizos –a no olvidarlo, irremisiblemente mestizos– pueblos americanos se abocan a la impostergable conformación de sus estados nacionales, paso previo e indispensable de la necesaria unidad continental, cobren tanto énfasis y tengan tanta difusión discursos supuestamente indigenistas que en pos del necesario respeto y reivindicación de las diversas culturas que conforman nuestra común nacionalidad americana, sean a la vez funcionales a ideologías y políticas que en la práctica atentan contra esa nacionalidad. Y en consecuencia, contra las diferentes identidades étnicas y culturales que la conforman.
La “demonización de Roca” –como dice su inopinado, sorprendente e incongruente defensor– parece ir en esa sintonía. ¿Qué sentido tiene el reclamo de eliminar la imagen y derribar las estatuas del creador del Estado nacional y artífice del triunfo del interior argentino sobre Buenos Aires? ¿Por ser el perpetrador de la fase final del genocidio indígena?
Pues bien,  si ése el motivo, eliminemos su imagen y derribemos sus estatuas, pero sólo si antes eliminamos las imágenes y derribamos las estatuas de Rivadavia, Mitre y especialmente del autor intelectual y cimentador ideológico de la tragedia indígena: Domingo Faustino Sarmiento.
Y si no, no.
Reportaje de NI a Palos a
Javier Trimboli, historiador:
“Es maravilloso que se vuelva a discutir a Roca”

Si es que se puede pensar ya en posibles consecuencias de eso que todos llaman la vuelta de la política, una de las más interesantes es, sin dudas, la de revisar la historia de nuestro país. En este sentido, el 12 de octubre -antes Día de la raza ahora Día del respeto por la diversidad cultural- parece un fecha ideal para volver a discutir el pasado. En este debate se puso de moda pegarle a Julio Argentino Roca verdadera bestia negra de la historia nacional, aunque también –bien vale aclararlo- hombre clave en la fundación del Estado Nacional. Como Ni a palos nunca se conforma y siempre que haya una discusión se da manija, fuimos a buscar a Javier Trímboli, historiador, pura lucidez.

Por Julia Mengolini / Ni a palos

-¿Qué sentido le ves a sacar a Roca del billete de 100 y de toda esta ola antiroquista que propone bajar los monumentos?

– No le veo mucho sentido. Sobre todo porque sigue siendo interesante que personajes de las características de Roca acompañen un proceso político como este, aún cuando uno no pueda decir en lo más mínimo que está plenamente de acuerdo con lo que él hizo, e incluso que hay zonas de su política que le pueden parecer plenamente criticables. Ahora, sabemos de la Campaña del Desierto, pero también Roca es el responsable en buena medida de la federalización de Buenos Aires. Roca fue odiado por las familias patricias porque lo vieron como el último exponente de la barbarie provinciana que venía a terminar con la autonomía de esa ciudad tan soberbia que era Buenos Aires. Una figura como la de Roca permite ver la enorme ambigüedad de los procesos históricos, que además en su caso, lo hacen destacar. Sin embargo, él es un exponente más de una fuerza muchísimo más grande que quería avanzar sobre las poblaciones indígenas y que lo estaba haciendo desde la llegada de los españoles. Por lo tanto Roca es un emergente de un problema social muchísimo más grande.

-Lo que quiere decir que si le caemos a Roca también deberíamos caerle a Mitre, a Sarmiento…

-En un punto yo creo que sí e incluso más que con figuras en particular, con clases sociales, en pensar en problemas que hacen a clases sociales y a procesos sociales determinados. A la vez, hay ciertas maneras de entender la historia, que al colocar todo en situación de proceso, de contexto, de circunstancia, justifican cualquier barbaridad. Ahí creo yo que hay un problema. La época no justifica todo. Ahora, me parece que también es un problema cuando todo se ve en clave “bien o mal”. Entonces ven a Roca como exponente de un mal profundo, de un mal absoluto que produjo la Conquista del Desierto. Me parece que tanto una como otra forma de ver el pasado son problemáticas. Hay una investigadora de La Pampa que se llama Claudia Salomón Tarquini que escribe un libro que se llama Largas noches en la Pampa. Ella dice que la Campaña de Roca de 1879, no produjo un número tan contundente de muertes. Lo más complejo fue la sobrevida de esas poblaciones, que fueron distribuidas, obligadas a cambiar su idioma, obligadas muchas veces a cambiar de nombre, se les adjudicaron las peores tierras, las peores condiciones, con la complicidad de toda una sociedad que avaló esa transformación y que prefirió decir que fueron exterminados: tema terminado, no tenemos más cuestión indígena. Entones, es un tema presente, que sigue estando. Más que el exterminio de un pueblo, lo que se produjo fue una enorme derrota de un pueblo que se vio obligado a tener una sobrevida pautada por las condiciones de los vencedores, condiciones que lo invisivilizaron. Pero esa invisibilización no es efecto de Roca. No es efecto de una persona, ni siquiera de Sarmiento. Sarmiento dice barbaridades, como sabemos que siempre dice, pero algunas de una verdad enorme, en Conflictos y armonías de las razas en América dice: “Ya no hay más reducciones indígenas, pero ahora a los indígenas los tenemos cambiados de nombre, entre nosotros”. Lo que te dice es: se están reciclando en otra cosa, anticipa probablemente al cabecita negra. Siguen estando.

– ¿No es interesante que exista un reclamo indigenista de cualquier modo?
-Es interesantísimo. Este último genocidio que vivimos es el que habilita la visibilización de otros desaparecidos. Para mi uno de los libros más importantes que hay sobre este tema es Indios, ejército y frontera de David Viñas que se publica en los primeros años de los 80. Viñas empieza a escribir el libro con el peso de lo que significa la celebración del centenario de la Conquista en la época de los militares en 1979, celebración que es brutal, a la que Clarín dedicó un suplemento especial notable donde, por ejemplo, hay un saludo de los fabricantes de Coca Cola que dice: “nos quedan muchas campañas en el desierto por realizar”. Es toda una celebración además incolora, indolora, donde no aparecen nunca muertos, no hay fotos de muertos. Viñas empezó a escribir ese libro desde el exilio, con el peso de esa celebración y con la desaparición de sus hijos. Él, rápidamente, en el prólogo se pregunta si no serán los indígenas los desaparecidos del siglo XIX. Para mí es interesantísimo que surja este reclamo. Además, nos desafía a ver cómo hacemos para procesarlo, para abrir esta discusión. Es maravilloso que se vuelva a discutir a Roca.

– ¿De dónde sale ese reverdecer del orgullo indígena?

– Me parece que en esta época, en lo que se llamó el fin de la historia, las identidades y los caracteres colectivos perdieron muchísimo poder, volumen, espesor. Desde ese entones hasta este momento hay una búsqueda enorme de hacerse cargo y tomar como propia alguna identidad. Una identidad disponible y muy interesante para hacer propia es la identidad indígena porque entre otras cosas, tiene un aura muy particular, ligada a los vencidos de manera absolutamente injusta, ligada a otras costumbres diferentes a nuestro sistema capitalista que merece criticas, entonces encuentra en ese legado algo interesante. El tema nos coloca en un problema cultural, de cómo seguir viviendo como comunidad nacional.

-Claro, en Bariloche por ejemplo, hay una comunidad mapuche muy grande y en el Centro cívico, que es un emblema de la ciudad, está el monumento a Roca, casi desafiante, como una provocación. ¿Qué hay que hacer con eso?

– No lo sé, pero a mí me parece interesante que ese monumento esté y que entre otras cosas quede como una marca real y cierta de lo que sucedió. No invisibilizar a Roca, sino intervenirlo, trabajarlo, que sea una presencia que obligue a tomar posiciones, partidos, a producir una contra-estatuaria. Me parece que la invisibilizacion de Roca nos haría creer que el triunfo cultural sobre ese relato, nos estaría liberando de la posibilidad de que haya un nuevo Roca o peor: un Galtieri, un Videla, un Martínez de Hoz. Y eso es absolutamente erróneo, porque las condiciones para que haya un nuevo Roca, o un Martínez de Hoz, son las condiciones del capitalismo. Y no son condiciones meramente culturales. Uno puede producir movimientos culturales muy importantes pero hay algo en el capitalismo que produce eso: como produce en serie productos para el mercado, también produce muertes en serie. No está cerrada esa historia, por más que se borre a Roca.

– ¿Hay alguna relación entre el kirchnerismo y este neorevisionismo que vino de la mano de la divulgación masiva de la historia argentina?

– Me parece que no fue tan nítida y tan estrecha esa relación, como hoy se montó que es. Me parece sí, que a partir del Bicentenario hay una cantidad de exponentes del neorevisionismo que de alguna manera encuentran un lugar que hasta ese entonces no tenían porque hay un enorme apetito popular por conocer la historia. El dato mayúsculo es que la política, que se ha reabierto en la Argentina desde 2001 y con más claridad desde el 2003, también reabrió la cuestión de la historia de la Argentina como no podía ser de otro modo. Y reabrió para que estén todos estos debates puestos en la mesa. Y el gobierno, como buen gobierno peronista, no termina de decir “mi lectura histórica es esta”. La Presidenta ha dicho “yo con Sarmiento tengo muchas diferencias pero también tengo puntos que me encuentran con él”. Es genial que un político pueda marcar el carácter ambiguo de la historia. Quizás hay maneras de entender la historia como una suerte de reprobación de todo lo que es poder, y una fascinación eterna con todo aquel que ha sido derrotado. En los procesos históricos, cuando se tiene poder, es inevitable producir cosas oscuras. Me parece que una construcción política como la actual, que no rechaza el poder sino que intenta darle una utilización  determinada, que tampoco es enteramente emancipatoria y utópica, sabe que el poder tiene ciertas fuerzas demoníacas y hay que saber manejarse con ellas y tener ciertos anticuerpos para evitar correrte de la línea. A veces da la sensación de que preferimos figuras románticas y más puras que antes que el poder prefirieron inmolarse. Hay que entender el drama de los hombres que construyen poder y que además lo hacen en función de que la correlación de fuerzas sociales mejore para las clases populares. Eso es Perón, de alguna manera eso es el kirchnerismo, que no es un proceso puro, es esto. Y es Roca también.

-¿Es Roca también?
-De alguna manera también. Es construir un Estado, es la ley 1420, es esta ambigüedad eterna y el drama de ese hombre. Está claro que la Campaña al Desierto fue una tremenda barbaridad y que no hay manera de justificar.

– ¿Hay quienes en esa época se alzaron en contra de la Campaña al desierto?

-El mitrismo incluso usó el término “crimen de lesa humanidad” pero en rigor era un problema político. Era la manera de ensuciar a Roca quien en 1880 se podía convertir en el heredero de ese poder que el autonomismo estaba forjando, que se había fortalecido con la Presidencia de Avellaneda y que el mitrismo quería terminar. No son argumentos atendibles. Pero los argumentos atendibles son dos: Lucio V. Mansilla, que escribe Una excursión a los indios ranqueles y se pregunta todo el tiempo por qué no encontramos una manera distinta de convivir con estas poblaciones. Y llega a decir: “Una civilización sin clemencia no es civilización”. Y estos hombres son derrotados pero hay que ser clementes con ellos y resituarlos en una estructura productiva de una nueva argentina.

-Lo que habla de que las cosas se podían entender de otro modo…

-En 1870, hay un hombre que ve esto de otra forma. Ahora, ¡Lucio V. Mansilla después es roquista! Es decir, esto que ha dicho en 1870 no le resulta tan grave como para después no adherir a Roca. Para él no era el centro del problema. También está Bialet Masse, este científico catalán que no para de hablar de los indígenas y dice que hay que incluirlos de alguna manera, que tiene que haber una legislación laboral inclusiva para estos hombres. ¿Quién lo manda a hacer el Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas a Bialet Massé? Roca. Lo que uno sí puede ver es que lo de Roca es liminar y dificilísimo de responder. Nos deja sin palabras. Me parece que hoy hay una sobrestimación de la batalla cultural o de la nueva hegemonía o del nuevo relato. Y esa sobrestimación es absolutamente equívoca. Insisto: las condiciones para que se produzca un genocidio en occidente siguen existiendo mientras exista el capitalismo y mientras nadie invente una forma social de organizar nuestra economía más eficaz justa y posible que el capitalismo. Esas condiciones están y si sobrenfatizás ese triunfo, pueden pasar al olvido.

-¿A qué le decís ni a palos?
– A la ilusión de que se puede alcanzar un acuerdo mayúsculo respecto del pasado argentino.

Dólar, vacaciones, peronismo y un poco de historia

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Decir que la Argentina es un país que permite a una porción importante de sectores medios poder viajar a la exterior y vivir una vida bastante cómoda es quizás una obviedad. Se podrá discutir que es clase media, y algunos dirán que todos los que pueden vacacionar lo son, o simplemente tener un trabajo formal bajo convenio colectivo casi que te hace de clase media. O que no se mide por ingresos, sino por identidad cultural. Son debates en torno a definiciones que no vienen al caso para algo que quiero decir. En América Latina no existe (de esa forma drástica: NO EXISTE) el estilo de vida que puede tener un laburante formal. Irse de vacaciones es un privilegio de los ricos y chau picho. Por eso, entre otras cosas,  el peronismo es tan importante para nuestro país. Sabemos que esto no lo sabe la mayoría de los sectores medios que se comparan con vidas de países industrializados y es normal que no lo sepa porque la educación que los ha formado habla de una Argentina más ligada a un trayecto europeo que a uno latinoamericano. Hoy tomamos casi como normal la política de integración de América Latina cuando esto no fue política de Estado casi toda la historia del país. Entonces a veces es difícil compararnos, con Colombia, con Perú, con Chile o con cualquier otro en términos de como viven cada unos de esos pueblos. En ninguno de ellos hubo un proceso parecido al peronismo, sólo Cuba a partir de la Revolución del 59 en donde comenzó a desarrollarse una sociedad con otro modelo de distribución que se asoció primero a la economía de la URSS y desde hace poco a la economía latinoamericana con Venezuela a la cabeza. No hubo procesos históricos de distribución del ingreso hacia los sectores populares, generalmente de color oscuro de piel, como el que existió en la Argentina. El caso de Uruguay es particular por la poca población, pero en términos generales no existió, hasta la actualidad, con los procesos de Brasi, Bolivia, Venezuela y Ecuador que están redistribuyendo en tiempo real los frutos del crecimiento económico. Para dar un ejemplo práctico: en los 70 Venezuela que era el pozo petrolero norteamericano tuvo una multiplicación de sus ingresos por el aumento del precio del barril del petróleo, en lo que se llamó crisis del petróleo. Ese aumento que generó ingresos exorbitantes fue absorbido por el grupito de familias que controlaba la extracción de petróleo y el 70% de los venezolanos siguió viviendo en condiciones paupérrimas. Esto quiere decir que ni un hospital hacían los muchachos, eso hasta el chavismo. Argentina es ejemplo de eso mismo a principios del siglo XX, con los buenos precios de los productos agrícolas y ganaderos, que hicieron que se multiplicaran las riquezas de unas pocas familias. Esa era nuestra forma de existencia hasta el peronismo que incluyendo a los excluidos de siempre, además de fortalecer el desarrollo de una industria propia con un mercado interno fuerte, generó una revolución cultural que hasta el día de hoy tiene repercusiones. Eso que se dice que el pobre argentino te mira a la cara y te trata de vos, mientras, por ejemplo el pobre chileno baja la cabeza y no falta el respeto.

Las políticas de industrialización al depender de divisas que no producía la propia industria generó los famosos cuellos de botella que hacían que los economistas del sistema adujeran que la Argentina por tener una parte de su territrio con una fertilidad descomunal no debía correrse del eje de producir alimentos (materia prima) para que sea elaborada en otros países. La división del mercado de trabajo internacional que le dicen. Y a nosotros nos tocó ese rol. Eso sí, nunca saldremos de la dependencia, y a eso no se lo escucha mucho. El objetivo de la industrialización ayer como hoy es la independencia económica que permita salir de los esquemas que nos quieren imponer desde afuera. Generar industria necesita de dólares para comprar bienes de capital e insumos necesarios para esa producción. Para que en algún momento de la vida la Argentina pueda producir no sólo para adentro, sino también exportar productos elaborados que son más caros que las materias primas. Entonces cuando empiezan a faltar divisas como ahora, se toman medidas para evitar el goteo de dólares del BCRA. Históricamente los gobiernos no peronistas, la mayoría de la historia de nuestro país, ante estas situaciones de crisis ¿qué hacían? devaluaban, bajaban la emisión monetaria y mantenían los salarios congelados, o sea enfriaban la economía. Pero eso tenía un costo y ese costo lo pagaban los sectores populares que dejaban de irse de vacaciones en el mejor de los casos. Hace unos años charlando con Martín Schorr, que fue funcionario del ministerio de economía y proviene de Flacso, me decía que, ante la incipiente crisis de 2008, la crisis la pagarían los trabajadores como siempre había pasado, porque cuando aparece la palabra ajuste no hay con que darle. Sin embargo la historia fue muy otra y el gobierno eligió a través de diferentes medidas sostener el trabajo y generar instrumentos para los trabajadores que todavía hoy no están registrados como la asignación universal por hijo. Desde el poder económico se respondió con la suba de precios de bienes fundamentales, para presionar al gobierno hacia una salida ortodoxa, que sería la salida del ajuste. El poder económico funciona así, o gana con la baja de salarios, o gana con la suba de precios. El estado argentino ha dado diferentes batallas, pero hoy todavía no logra controlar el mercado en su conjunto. Sigue primando la especulación en el corto plazo, de tipos que se dicen industriales. Hoy como ayer la UIA (como dijo Perón) no es ni una unión, ni son industriales, ni son argentinos.

Ante todo esto que viene pasando el gobierno intentó limitar la circulación de dólares en nuestro mercado con el famoso cepo, que tiene en la lógica de su base explicativa la necesidad de tener divisas para gastarlas en desarrollo y evitar corridas cambiarias. Y los sectores medios fogoneados por los medios de comunicación a su vez financiados por el poder financiero han puesto el grito en el cielo para que las cosas no cambien. Que los precios de las casas sigan estando en dólares y que esta sea una forma de atesorar ante la pérdida “natural” de valor del peso argentino. Un pueblo, el nuestro, que ha pasado varias hiperinflaciones y que asumió que no debía confiar en la moneda que emitía su país, por ende no debía confiar en su país. Al margen creo que la dolarización en Argentina (como se produjo en Ecuador) hubiera sido un éxito en su aplicación porque existe la base cultural a la cual no le importa en absoluto el destino del país. Por supuesto que esto es un producto de años y no son caídos del cielo.

Entonces un gobierno luego de una elección que no fue lo que se esperaba y en el medio de varios cambios internos elige mantener el rumbo de resolución de los conflictos: es decir no perjudicar a los trabajadores en su mayoría y combatir las formas de perjuicio que no genera. Las medidas que se plantearon hoy para el dólar están enmarcadas en todo lo que venía diciendo, pero claro que el que se quiere ir de viaje a una playa del Caribe y no le importa la suerte del país, lo siente como una afrenta personal. Se continúa trabajando para resolver un marco difícil con crisis que viene de afuera sin que paguen el pato los que menos tienen. Esto hace que se encarezcan los productos del exterior, es la política de compre nacional bajo otro rubro, el turismo. ¿Eso está mal? No parece.

Por último para agregarle un poco más de complejidad a la cosa es posible que los precios del turismo interno se encarezcan por unos vivos que ven que la restricción del acceso a la divisa los favorece y se creen que pueden hacer lo que quieren. Eso como es política interna se puede solucionar, y no debe faltar voluntad política para hacerse cargo.