Los 24 de marzo

Ayer se cumplió un nuevo aniversario de la toma del gobierno por las fuerzas armadas apoyadas por la iglesia, grupos económicos, embajada de Estados Unidos, medios de comunicación hegemónicos, partidos políticos de oposición, y un largo etcétera. Aquel 24 de marzo de 1976 se transformó en una bisagra para la historia del país. Fue ese grupo al mando del Estado argentino quienes empezaron la obra de modificación de un país que, desde 1945, había buscado su lugar en el mundo como un espacio seguidor del principio de autodeterminación. Ese día todo comenzó a cambiar, el país que vino después se transformó en uno muy diferente del que existió hasta ese momento. Un cambio que no había sido detenido por el radicalismo gobernante desde el 83; y que había profundizado en sus rasgos novedosos de país entregado al capital financiero internacional durante la década del 90. El 24 de marzo de 2004, el primer 24 de marzo de Kirchner presidente, ante un pueblo golpeado una y otra vez, eligió pedir perdón desde un estrado al lado de lo que había sido uno de los centros de detención clandestinos más simbólicos de la dictadura del 76. El año pasado había escrito sobre ese día acá http://wp.me/p97C0-98. Pero con el cumplimiento de 10 años esa fecha va tomando otro valor. Es imposible no recordar aquel acto como un evento extraño para la época. Desde 1996 los 24 de marzo se hacían masivas marchas, que con el correr del tiempo cada vez eran más masivas. Casi siempre había dos actos uno más temprano que otro en la Plaza de Mayo. Cada organización de madres ratificaba su separación y hacía su acto, las organizaciones y los sueltos elegían. El acto que se hacía por la tarde siempre era el más masivo ya que congregaba a una mayor cantidad de organizaciones y tenía más visibilidad. Los 24 de marzo en Capital eran eso, una gran marcha qu venía a ratificar la elección de la democracia por parte del pueblo. Recuerdo la marcha de 2002 como una de las que tuvo un fuerte cariz democrático y popular que enlazaba con la pueblada del 19 y 20 de diciembre de 2001. Pero ese 2004 la convocatoria venía desde el Estado. Y la convocatoria era en un lugar de mucho peso.   El acto fue temprano, cerca del mediodía, si mal no recuerdo, y la impresión que me había dado era que no iba a ser un acto que se iba a destacar por la masividad. Ni siquiera recuerdo si cortaron avenida Libertador. Cuando llegamos con un amigo nos cruzamos con varios compañeros, y había una cosa en el aire sobre que sería eso. Íbamos a un lugar a escuchar un tipo que era el presidente de un país, pero en quien casi ninguno de nosotros ponía una expectativa importante. Era una sensación rara. El tipo que no venía del palo de los derechos humanos tomaba el tema y generaba un acto de justicia que hasta ese momento parecía increible. Después de eso recuerdo que la Revista Barcelona jodía con que nunca se iba a hacer el museo de la memoria y todo quedaría en la nada. Pero ahí habló ese presidente que quizás ese día se convirtió en nuestro presidente. Fue raro escucharlo decir cosas en las que todos los que veníamos peleando desde hacía un tiempo comentábamos siempre. Incluso creo que la gente de Hijos que habló debe haber sentido un poco eso, porque su discurso estuvo enfocado en el tema de la deuda externa. Nadie confiaba en Kirchner, ni siquiera sabíamos como se decía el nombre. Él lo sabía y no se hacía el loco, lo que dijo lo hizo. Ese discurso fue la manera en que él quiso decir: yo quiero ser el presidente de estas cosas, su presidente. Nunca habíamos ido a un acto de un presidente propio, no habíamos tenido la posibilidad, se sentía raro y orgulloso. Me acuerdo que pensé que la figura institucional de un presidente estaba más alejada que la que mostró ahí ese flaco al que poco conocíamos. Realmente parecía uno más. Y creo que no porque el buscara eso, sino que se le daba espontáneamente. Cuando terminó el acto teníamos la sensación de que algo importante había pasado. Hoy 10 años después se puede decir que ese día se transformó en una nueva bisagra en nuestra historia, fue el primer día de la recuperación de nuestra identidad como pueblo soberano. Ese día el pueblo argentino volvió a aplaudir con ganas a su presidente.

Venezuela: 1 año sin Chávez, 15 años de revolución bolivariana

Ayer se cumplió el primer aniversario de la partida física del comandante Chávez y hubo varios homenajes y recordatorios. En Venezuela dieron especial lugar a la película que hizo Oliver Stone  que se llama mi amigo Hugo. La pueden ver acá. http://www.correodelorinoco.gob.ve/politica/vea-documental-mi-amigo-hugo-oliver-stone-video/

Es una mirada desde el mundo norteamericano del rol del comandante Chávez en Venezuela y en la región. Hace no mucho Stone había hecho el filme al sur de la frontera que buscaba ser una clave de análisis de los gobiernos populares asentados en varios países de América Latina a inicios del siglo XXI. Por eso se llamaba al sur de la frontera: buscaba ser un explicativo para el norteamericano medio que consume medios masivos de comunicación y solo escucha una campana. Como anécdota recuerdo que en Argentina se estrenó en el convulsionado 2009 y ante la aparición de la presidenta Cristina, estando en un céntrico cine de la calle Lavalle, iniciamos un aplauso al que se sumaron varios y casi que terminamos abrazados cantando la marcha. Eran momentos de repliegue.

La nueva película está centrada una búsqueda, descifrar y a la vez poner en todo su justo valor la figura de aquel hombre tan satanizado. Con entrevistas a los principales funcionarios venezolanos, Maduro, Cabello, Jaua, Ramirez, Cilia Flores, la película está cargada de un dejo nostálgico de alguien que siente que ha perdido verdaderamente un amigo. Muy buena edición de la cobertura de la muerte de Chávez desde las cadenas norteamericanas destacando en primera instancia que era un “dictador posado sobre la reserva de petróleo más importante del mundo incluso mayor que la Arabia Saudita” . Elías Jaua el canciller comentó al pasar en la entrevista que nunca les iban a perdonar estar haciendo una revolución en la mayor reserva de petróleo mundial. Lo tienen bastante claro los muchachos por donde va la cosa. Se ven escenas de un Chávez estadista que cumplió el rol de padre para gran cantidad de militares y se muestra como una persona en constante formación, con esa cuota de obsesión mañana y noche sobre a cuanto estaba el precio del barril de petróleo. Stone lo dice clarito “Chávez cuando inició su gobierno pensó en un proyecto de tercera vía que financiara, a partir de las ganancias del petróleo, proyectos sociales”. No se lo permitieron y se lanzó a construir el socialismo bolivariano a gran escala. Antes de eso negoció con los países de la OPEP defender un precio justo del barril para los países exportadores. Esa fue su primera misión internacional.

La película muestra a hombres de estado que extrañan a Chávez pero que lo sienten cerca, que les ha dejado un camino, e incluso un plan para muchos años, como es el plan de la patria.

La película hace hincapié en la posibilidad de que haya sido asesinado y Maduro plantea que está esperando que llegue el tiempo histórico para hacer el análisis.

Algo que no contiene la película por haberse hecho para el publico norteamericano, así como para los propios en cada país es lo que han hecho las derechas latinoamericanas con la figura de Venezuela.

Nadie podría haber imaginado en 1998 que 10 años después habría marchas u opiniones de políticos, empresarios, etc, en las que se expresaría como el alter ego de lo que no se quiere ser a Venezuela. Todo lo que se dice nada menos de un tipo que ganó con una imagen de militar fuerte que podría ordenar la seguridad. En Paraguay que parece que todavía no salió de la guerra fría la acusación de chavista sumada a castrista parece ser el latiguillo de moda para los partidos que expresan ideas liberales económicamente y conservadoras políticamente. Lo mismo en Perú y Chile y ni que hablar de Colombia, donde el fantasma de cualquier mal se llama Venezuela o castrochavismo. Incluso teniendo una guerra civil de 50 años de duración en su territorio, maravillas de los medios de comunicación. A la vez que se creaba el movimiento bolivariano se creaba su estigmatización y su demonización en todo el continente con el discurso, fácil de replicar, de que era un dictador que quería llevar al socialismo a gente que hasta hacía cinco minutos eran los principales aliados petroleros de Estados Unidos. Chávez, como Fidel, han logrado ser un parteaguas de la discusión latinoamericana. Nadie queda sin opinión hoy acerca de Chávez como ocurre con Cuba y Fidel.

La decisión de estigmatizarlo de la manera que lo han hecho corre con el riesgo, tarde o temprano, de que los pueblos se empiecen a preguntar porque tanta saña contra este hombre, que era lo que no querían que se enterasen. Y así el ejemplo de Hugo Chávez cada vez se va a ir ampliando porque si algo vio y prefiguró Chávez es que el futuro para todos nosotros, tiene cara de unidad latinoamericana.

Es algo recurrente decirlo, pero el ejemplo de Chávez está vivito y coleando. Intentarán mil maneras de destruirlo: denigrándolo, apropiándoselo, vaciándolo de contenido, oponiéndolo al gobierno del partido que formó. Mil maneras como hicieron con Bolívar, pero siempre habrá quienes logren acercarse a la verdad histórica de la figura que fue y puedan continuar su ejemplo.

Le tienen mucho miedo al fantasma del loco Chávez. Mirá si les pasa de nuevo.

El peronismo derrocado en el 55 y la situación de Argentina, Venezuela y América Latina

En la década del 50 luego de la segunda guerra mundial en donde los europeos se dieron de lo lindo, Estados Unidos pasó a ser el gran patrón de la vereda de occidente. Con la caída en desgracia del imperio británico (buena respuesta de Brienza http://tiempo.infonews.com/2014/02/16/editorial-118843-la-parabola-de-gran-bretana.php a la nota de The economist sobre la desgracia de ser argentinos http://www.lanacion.com.ar/1664078-el-articulo-completo-the-economist-durisimo-con-la-argentina) la segunda mitad del siglo XX fue un nuevo reparto de cartas entre los ganadores de la guerra. Para eso existió la reunión en Yalta donde EEUU, y Rusia se repartieron el mundo en el eufemismo de “zonas de influencia”. Lo que conocemos como Occidente quedó en manos de EEUU que no nació ese día como hegemónico, sino que ya venía trabajando desde comienzo de siglo en América para que su poder nunca dejara de sentirse. La política del destino manifiesto, de la América para los americanos tuvo varias tácticas. Las más conocidas que ampliaron al naciente imperio fueron la de la diplomacia del dólar y la política del garrote. Siempre jugaron juntas, lo que no se podía comprar era invadido por marines. Cualquier mandatario americano con un poco de amor propio era tildado de enemigo de los Estados Unidos.

Durante este momento de encumbramiento de los Estados Unidos, Juan Perón era presidente de nuestro país. Y había ascendido al gobierno enfrentándose con el embajador Braden que lo acusaba abiertamente de apoyar al fascismo europeo. Luego de terminada la guerra nació el llamado, Plan Marshall, de reconstrucción de Europa, en donde el rol de los alimentos se angostó para todos los países que proveían a Europa y ala vez competían con Estados Unidos. Nuestros productos competían directamente con la agricultura subsidiada norteamericana y sumado al encono en términos de política internacional hizo que Argentina perdiera mercados en la década del 50 y comenzara a vislumbrar otras posibilidades de colocación de sus productos. El ABC de Perón, Vargas e Ibañez tenía como fondo esta situación y buscaba generar a la vez de un gran mercado interno una unidad política para contrarrestar colectivamente la situación internacional que lejos estaba de ser como a veces se dice desde una ignorancia orientada, un momento de viento de cola. Ante la imposibilidad de poder lograr la unidad de algunos países de América no quedaban muchas variantes, había que o aumentar la productividad (que los trabajadores produjeran más por el mismo tiempo de trabajo y el mismo salario), achicar los gastos que se venían desarrollando para favorecer a la industrialización del país. Por supuesto los formadores de precios desabastecieron y aumentaron los precios de mostrador porque seguramente les importaba mucho la suerte de su patria y no querían que sus compradores siguieran teniendo un “tirano” en el gobierno. Entonces hacían lo posible y lo imposible para que el pueblo se enojara porque veía perjudicado sel nivel de vida que había adquirido. Como se sabe Perón intentó mejorar la productividad, negociando con sindicatos y trabajadores, defendiendo a estos últimos, pero lo derrocaron mientras esto estaba en marcha. La política económica más o menos se había acomodado bajando un poco los gastos del estado y comiendo pan negro, pero habían podido lograrlo. Pese a eso lo tumbaron a Perón.

Y esta historia la conocemos bastante, pero hoy se agregan aditamentos que no existían en el pasado. 3 cuestiones centrales: Estados Unidos no está en el momento de encumbramiento de su imperio, sino más bien todo lo contrario. Eso, más allá que pueda verse como algo positivo para el resto del mundo, puede ser perjudicial para América Latina ya que fuimos el espacio vital para su primera expansión y seguramente seremos su retaguardia si necesita salir de sus posesiones en el resto del globo. Entonces Estados Unidos pesa, pero, ya lo demostraron estos gobiernos democrático-populares del siglo XXI, existe el espacio para la política autónoma.

En segunda instancia se entiende en la actualidad que cualquier política autónoma que vaya en contra de los intereses de la potencia del norte, necesita si o si de la solidaridad de los demás países o de las instituciones creadas por los latinoamericanos como Mercosur o UNASUR o CELAC. Es un nuevo escenario que reemplaza la vieja OEA de influencia norteamericana neta.

Como tercer aditamento que diferencia la política actual con la de hace 50 años es el rol que tienen los medios de comunicación hegemónicos en toda América Latina. El rebote informativo y la cobertura que se hace sobre la situación de Venezuela de estos días da una pauta de lo que son capaces de lograr. Ya no juegan un sentido común local (quizás nunca lo hayan jugado), lo que realmente importa es crear una sensación en el resto de América y en los países cercanos aliados de Venezuela de que se está ante un presidente represor y asesino. Maduro explicó muy bien http://aporrea.org/actualidad/n245152.html que es lo que vino pasando (para una cronología de los hechos ver el buen post http://artepolitica.com/articulos/apuntes-sobre-la-situacion-en-venezuela/). Pero ni siquiera Maduro podía preveer la campaña por redes y medios tradicionales en donde se inventan noticias, se copian fotos de Egipto o Siria, se ponen fotos de víctimas de represión de Chile o cualquier otro lado, parece que hubiera un llamado a percudir un gobierno como se pueda. Cuando todo esto sale junto y hay una declaración del Secretario de Estado norteamericano, ya nadie puede dudar de que es una situación orquestada, más allá que haya estudiantes en Venezuela con motivos reales para protestar. Pero otra cosa es lo que estamos viendo una campaña de difusión que no deja cuenta de mail o de facebook por tocar en donde personas que no tienen ni idea donde queda Venezuela hoy saben que hay un tipo que está reprimiendo duro y parejo. Hay situaciones que se irán aclarando con el tiempo y el gobierno y el poder judicial venezolano deberán explicar que pasó con los muertos, pero de lo que estamos seguros, es que una situación como la que se está dando, de un verdadero bombardeo mediático, no ocurre espontáneamente por solidaridad con los pobres estudiantes de Venezuela. En Argentina se está tomando nota porque el camino de los desabastecedores y especuladores no es diferente al que tomaron los venezolanos. Tendremos que estar preparados para las peleas que se vienen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Recordando a Perón ante el desabastecimiento

“… es menester velar en cada puesto con el fusil al brazo. Es menester que cada ciudadano se convierta en un observador minucioso y permanente porque la lucha es subrepticia. No vamos a tener un enemigo enfrente: colocan la bomba y se van. Aumentan los precios y se hacen los angelitos. Organizan la falta de carne y dicen que ellos no tienen la culpa… Todo esto nos está demostrando que se trata de una guerra psicológica organizada y dirigida desde el exterior, con agentes en lo interno. Hay que buscar a esos agentes, que se pueden encontrar si uno está atento, y donde se los encuentre, colgarlos en un árbol. Con referencia a los especuladores, ellos son elementos coadyuvantes y cooperantes de esta acción. El gobierno está decidido a hacer cumplir los precios aunque tenga que colgarlos a todos. Y ustedes ven que tan pronto se ha comenzado, y el pueblo ha comenzado a cooperar, los precios han bajado un 25 por ciento. Eso quiere decir que, por lo menos, estaban robando un 25 por ciento. Han de bajar al precio oficial calculado, porque eso les da los beneficios que ellos merecen por su trabajo. No queremos ser injustos con nadie. Ellos tienen derecho a ganar, pero no tienen derecho a robar”. 1953

Dólar, vacaciones, peronismo y un poco de historia

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Decir que la Argentina es un país que permite a una porción importante de sectores medios poder viajar a la exterior y vivir una vida bastante cómoda es quizás una obviedad. Se podrá discutir que es clase media, y algunos dirán que todos los que pueden vacacionar lo son, o simplemente tener un trabajo formal bajo convenio colectivo casi que te hace de clase media. O que no se mide por ingresos, sino por identidad cultural. Son debates en torno a definiciones que no vienen al caso para algo que quiero decir. En América Latina no existe (de esa forma drástica: NO EXISTE) el estilo de vida que puede tener un laburante formal. Irse de vacaciones es un privilegio de los ricos y chau picho. Por eso, entre otras cosas,  el peronismo es tan importante para nuestro país. Sabemos que esto no lo sabe la mayoría de los sectores medios que se comparan con vidas de países industrializados y es normal que no lo sepa porque la educación que los ha formado habla de una Argentina más ligada a un trayecto europeo que a uno latinoamericano. Hoy tomamos casi como normal la política de integración de América Latina cuando esto no fue política de Estado casi toda la historia del país. Entonces a veces es difícil compararnos, con Colombia, con Perú, con Chile o con cualquier otro en términos de como viven cada unos de esos pueblos. En ninguno de ellos hubo un proceso parecido al peronismo, sólo Cuba a partir de la Revolución del 59 en donde comenzó a desarrollarse una sociedad con otro modelo de distribución que se asoció primero a la economía de la URSS y desde hace poco a la economía latinoamericana con Venezuela a la cabeza. No hubo procesos históricos de distribución del ingreso hacia los sectores populares, generalmente de color oscuro de piel, como el que existió en la Argentina. El caso de Uruguay es particular por la poca población, pero en términos generales no existió, hasta la actualidad, con los procesos de Brasi, Bolivia, Venezuela y Ecuador que están redistribuyendo en tiempo real los frutos del crecimiento económico. Para dar un ejemplo práctico: en los 70 Venezuela que era el pozo petrolero norteamericano tuvo una multiplicación de sus ingresos por el aumento del precio del barril del petróleo, en lo que se llamó crisis del petróleo. Ese aumento que generó ingresos exorbitantes fue absorbido por el grupito de familias que controlaba la extracción de petróleo y el 70% de los venezolanos siguió viviendo en condiciones paupérrimas. Esto quiere decir que ni un hospital hacían los muchachos, eso hasta el chavismo. Argentina es ejemplo de eso mismo a principios del siglo XX, con los buenos precios de los productos agrícolas y ganaderos, que hicieron que se multiplicaran las riquezas de unas pocas familias. Esa era nuestra forma de existencia hasta el peronismo que incluyendo a los excluidos de siempre, además de fortalecer el desarrollo de una industria propia con un mercado interno fuerte, generó una revolución cultural que hasta el día de hoy tiene repercusiones. Eso que se dice que el pobre argentino te mira a la cara y te trata de vos, mientras, por ejemplo el pobre chileno baja la cabeza y no falta el respeto.

Las políticas de industrialización al depender de divisas que no producía la propia industria generó los famosos cuellos de botella que hacían que los economistas del sistema adujeran que la Argentina por tener una parte de su territrio con una fertilidad descomunal no debía correrse del eje de producir alimentos (materia prima) para que sea elaborada en otros países. La división del mercado de trabajo internacional que le dicen. Y a nosotros nos tocó ese rol. Eso sí, nunca saldremos de la dependencia, y a eso no se lo escucha mucho. El objetivo de la industrialización ayer como hoy es la independencia económica que permita salir de los esquemas que nos quieren imponer desde afuera. Generar industria necesita de dólares para comprar bienes de capital e insumos necesarios para esa producción. Para que en algún momento de la vida la Argentina pueda producir no sólo para adentro, sino también exportar productos elaborados que son más caros que las materias primas. Entonces cuando empiezan a faltar divisas como ahora, se toman medidas para evitar el goteo de dólares del BCRA. Históricamente los gobiernos no peronistas, la mayoría de la historia de nuestro país, ante estas situaciones de crisis ¿qué hacían? devaluaban, bajaban la emisión monetaria y mantenían los salarios congelados, o sea enfriaban la economía. Pero eso tenía un costo y ese costo lo pagaban los sectores populares que dejaban de irse de vacaciones en el mejor de los casos. Hace unos años charlando con Martín Schorr, que fue funcionario del ministerio de economía y proviene de Flacso, me decía que, ante la incipiente crisis de 2008, la crisis la pagarían los trabajadores como siempre había pasado, porque cuando aparece la palabra ajuste no hay con que darle. Sin embargo la historia fue muy otra y el gobierno eligió a través de diferentes medidas sostener el trabajo y generar instrumentos para los trabajadores que todavía hoy no están registrados como la asignación universal por hijo. Desde el poder económico se respondió con la suba de precios de bienes fundamentales, para presionar al gobierno hacia una salida ortodoxa, que sería la salida del ajuste. El poder económico funciona así, o gana con la baja de salarios, o gana con la suba de precios. El estado argentino ha dado diferentes batallas, pero hoy todavía no logra controlar el mercado en su conjunto. Sigue primando la especulación en el corto plazo, de tipos que se dicen industriales. Hoy como ayer la UIA (como dijo Perón) no es ni una unión, ni son industriales, ni son argentinos.

Ante todo esto que viene pasando el gobierno intentó limitar la circulación de dólares en nuestro mercado con el famoso cepo, que tiene en la lógica de su base explicativa la necesidad de tener divisas para gastarlas en desarrollo y evitar corridas cambiarias. Y los sectores medios fogoneados por los medios de comunicación a su vez financiados por el poder financiero han puesto el grito en el cielo para que las cosas no cambien. Que los precios de las casas sigan estando en dólares y que esta sea una forma de atesorar ante la pérdida “natural” de valor del peso argentino. Un pueblo, el nuestro, que ha pasado varias hiperinflaciones y que asumió que no debía confiar en la moneda que emitía su país, por ende no debía confiar en su país. Al margen creo que la dolarización en Argentina (como se produjo en Ecuador) hubiera sido un éxito en su aplicación porque existe la base cultural a la cual no le importa en absoluto el destino del país. Por supuesto que esto es un producto de años y no son caídos del cielo.

Entonces un gobierno luego de una elección que no fue lo que se esperaba y en el medio de varios cambios internos elige mantener el rumbo de resolución de los conflictos: es decir no perjudicar a los trabajadores en su mayoría y combatir las formas de perjuicio que no genera. Las medidas que se plantearon hoy para el dólar están enmarcadas en todo lo que venía diciendo, pero claro que el que se quiere ir de viaje a una playa del Caribe y no le importa la suerte del país, lo siente como una afrenta personal. Se continúa trabajando para resolver un marco difícil con crisis que viene de afuera sin que paguen el pato los que menos tienen. Esto hace que se encarezcan los productos del exterior, es la política de compre nacional bajo otro rubro, el turismo. ¿Eso está mal? No parece.

Por último para agregarle un poco más de complejidad a la cosa es posible que los precios del turismo interno se encarezcan por unos vivos que ven que la restricción del acceso a la divisa los favorece y se creen que pueden hacer lo que quieren. Eso como es política interna se puede solucionar, y no debe faltar voluntad política para hacerse cargo.

Acuerdo de YPF con Repsol: un editorial español que sirve para saber como somos mirados

El diario El País de España, antikirchnerista, y anti todo movimiento latinoamericano que exprese algún tipo de voluntad soberana nacional, publica hoy en un editorial el verdadero pensamiento de la política exterior de España. Para ellos la política exterior es la defensa de los intereses de sus empresas en el exterior en primera medida, como lo hemos visto nosotros acá cuando el presidente otrora socialista Felipe Gonzalez, se aparecía en 2001 en nuestro país (mientras todo se derrumbaba) para asegurarse que las empresas españolas (Repsol-YPF, Aerolíneas y Telefónica fundamentalmente) no serían molestadas por los cambios que se irían a producir. Nuestro pueblo en la miseria, y los españoles gastaban plata en mandar a un embajador del cariz de Felipe Gonzalez para asegurarse que las empresas mantuvieran sus tasas de ganancia. Vale recordar que Perón, cuando esa Nación sufría las vicisitudes del posconflicto bélico y de haberse quedado afuera del plan Marshall, fue quien decidió por muchos motivos enviar barcos repletos de alimentos. Claro que buscaba además un rédito político, pero la ayuda humanitaria era un fin en si mismo. Era verdad que Argentina no tenía empresas para defender en ese país, pero los gestos no se pueden olvidar. La Argentina que había aceptado recibir a infinidades de españoles a fines del siglo XIX y principios del XX, lo había hecho por muchas razones, pero había una lógica que históricamente buscaba ser un vínculo recíproco. Y en la década del 90 cuando España a través de sus empresas primero estatales y después privadas se introduce en el negocio de las privatizaciones lo que vimos fue que el único objetivo era apoderarse y destruir los bienes que habíamos producido los argentinos. Por supuesto que el problema es nuestro por confiar en ellos, por eso son para celebrar las medidas que nos los quitan de encima, primero Aerolíneas, después YPF, y en algún momento serán las comunicaciones. Porque lo que siempre los guió, pese a considerarse “amigos” y toda la cháchara es una voluntad colonia que el Reino de España nunca pudo esconder en sus prácticas.

Va pegado el artículo que mencionábamos del diario dando a entender que esto del acuerdo es algo así como la 2 rebelión de las colonias.

La metrópoli colonizada por sus colonias

Quien sale fortalecida es la empresa pública mexicana Pemex porque el acuerdo reduce sus riesgos en la petrolera

El aparente final de la guerra Repsol-Argentina augura beneficios para todos, aunque ya se irá viendo en la ejecución de la letra pequeña del acuerdo.

Quien sale estratégicamente fortalecida es la empresa pública mexicana Pemex (que ostenta el 9,34% de Repsol). No tanto porque se le abra la veda en el yacimiento de Vaca Muerta. Para ponerlo en rendimiento tendría que invertir con largueza, y no va suelta, pues revierte a papá Estado la parte del león de sus beneficios, que suponen un 40% de los ingresos presupuestarios mexicanos.

Es ganadora, más bien, porque como a los demás accionistas, el acuerdo le reduce sus riesgos en la petrolera española. Y sobre todo porque es ella quien ordeñó el pacto (tras rebelarse por segunda vez contra el presidente de Repsol), como evidenció la visita ad limina del ministro de Industria, José Manuel Soria, en funciones de gran recadero, a México.

Este episodio simboliza un fenómeno de mayor enjundia: la creciente toma de posiciones, ya de orden político, ya económico, ya financiero, de empresas latinoamericanas en corporaciones españolas clave. Rizando el rizo, la exmetrópoli está siendo semicolonizada por sus excolonias. Justo el reverso del segundo Descubrimiento de América por bancos y empresas de servicios públicos españoles en trance de privatización, iniciado en los años noventa bajo los Gobiernos de Felipe González. E incrementado después, al socaire de la venta de las empresas públicas latinoamericanas al sector privado.

La emergencia del subcontinente y la recesión española se han conjugado en el último lustro para articular el envés pendular de aquel movimiento.

Por un lado, bancos, compañías de telecos y otras logran salvar sus cuentas de resultados gracias a su capilaridad en Centroamérica y el Cono Sur. Por otro, sociedades y capitales latinos, reforzados tras años de crecimiento sostenido, lanzan nuevas, y bienvenidas, inversiones en España. Menudean, al amparo de la debilidad del mercado peninsular, o del alto endeudamiento empresarial, o de las cargadas autocarteras, o de las urgencias expansivas, o de la precariedad de sus núcleos de accionistas de referencia, tantas veces sobreapalancados.

Así, el grupo mexicano Sigma lanza una opa sobre el 100% de Campofrío; la primera fortuna mexicana y mundial, Carlos Slim, entra en Caixabank y otras firmas como Gas Natural; el colombiano Jaime Gillinsky y el mexicano David Martínez se convierten en primeros accionistas del Sabadell. Y Pemex se hace con la mayoría del astillero gallego Hijos de J. Barreras. La secuencia continuará. Y se complementa con la más discreta irrupción en las 35 del Ibex de los grandes fondos mundiales.

Bien, y a todo esto, para Repsol, ¿qué? La petrolera logra ahora un respiro financiero, si bien pendiente de ciertos detalles del mercado. Pero para alcanzar un mejor saneamiento deberá vender su importante participación en Gas Natural: los últimos vaivenes (que si chinos de Sinopec, que si singapurenses de Temasek) pespuntean cierta confusión.

Además, deberá reconciliar las frondas de algunos de sus accionistas. Mediante, entre otros mecanismos, la mejora de los beneficios. Estos, aupados en el corto plazo por la venta de sus activos de gas natural licuado (GNL) a Shell, por 6.653 millones, se resentirán a medio plazo por esa misma enajenación, que le detraerá los correspondientes resultados gasísticos. Además, la nueva normativa española impide a Repsol consolidar el 100% de los beneficios de Gas Natural, reduciéndose a su cuota, el 30,01%.

Estos desafíos tendrán que enmarcarse en una redefinición, pendiente desde hace tiempo, del perfil de Repsol en el mercado.

Es una incógnita con, al menos, tres variantes. Puede optar por ser una petrolera pura y dura (upstream: con contratos de pozos, con reservas) para lo que la expulsión de Argentina la perjudicó y para lo que quizá le falte tamaño y músculo financiero en relación con sus rivales internacionales. O por ser una refinera orientada por la mercadotecnia doméstica, lo que la circunscribiría al mercado español, de dimensión limitada. O por recuperar su vocación gasista, vía menos practicable tras la venta de GNL. Debe, en cualquier caso, decidir qué pretende ser cuando sea mayor.

A propósito del artiguismo como movimiento argentino

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner decía hace unos días que José Gervasio Artigas hubiera querido ser argentino. Eso trajo polémica en Uruguay y en Argentina por la interpretación que se hizo sobre lo que fueron las provincias unidas del Río de la Plata que devinieron en el país que hoy conocemos como Argentina. Un aporte a esa discusión para entender porque decir Artigas argentino no es algo errado.

José Gervasio Artigas un argentino de la Banda Oriental

Cuando José Gervasio Artigas pasó a la eternidad en 1850 dejó un testamento en donde aclaraba: Yo, José Gervasio Artigas, argentino de la Banda Oriental”.

Pero, ¿cómo el padre de la patria de los uruguayos podía decir en 1850 después de 30 años de creada la república Oriental de Uruguay, qué él era argentino?

Hagamos un poquito de historia. Artigas comenzó a ser protagonista de la independencia americana como caudillo federal de la región llamada Banda Oriental, que indicado por su nombre se encontraba al este del Río Uruguay que la separaba/unía con el resto de las provincias. Esta provincia era parte del Virreinato del Río de la Plata cuya capital era Buenos Aires. Y cuando se produjo la Revolución de Mayo surgió la confrontación entre la élite política y comercial de Montevideo, centro político de la banda Oriental, con el cabildo de Buenos Aires ya que no aceptaban la insubordinación al Consejo de Regencia  (entelequia creada en España para resguardar el poder de los monarcas españoles mientras estuvieran detenidos por Napoleón). Desde Buenos Aires con Mariano Moreno a la cabeza se contestaba que el poder del rey era otorgado por el pueblo, y si el rey ya no estaba el poder volvía al pueblo.

José Artigas comenzó a organizar la zona de la campaña para hacer valer en la Banda oriental lo que estaba ocurriendo en Buenos Aires, incluso es nombrado por Mariano Moreno en el Plan de Operaciones como un personaje de la Banda Oriental a quien había que prestarle atención y confiarle la suerte de la Revolución de ese lado del río.

Con la caída del gobierno y la desaparición de la escena de Mariano Moreno la suerte del sector liderado por Artigas comenzó a enrarecerse. Los sectores más acomodados de buenos Aires no querían saber nada con un actor político que tenía su raigambre en los sectores más bajos de la sociedad y se lo hicieron saber quitándole el apoyo contra los absolutistas atrincherados en Montevideo. Artigas condujo a la mayoría de la población que vivía en la campaña a un éxodo hacia el norte por el Río Uruguay. Recompuso su fuerza y logró volver y batir a españoles y porteños en 1815. Fue cuando desarrolló el Reglamento provisorio de tierras donde declaraba que la tierra sería para los más infelices contando entre estos a las viudas pobres, zambos e indios. Era una verdadera reforma agraria durante la Revolución. La constitución de su fuerza política y social quiso hacerse presente en 1813 en la Asamblea que tenía que ser constituyente desarrollada en Buenos Aires, pero sus diputados fueron rechazados por la forma asamblearia de elección que habían tenido.

Sin embargo Artigas iría recibiendo el apoyo de varias provincias entre las que se contaban Santa Fe, Entre Rios, Corrientes, Santiago del Estero y por momentos Córdoba. Esa fuerza del litoral llegó a conformar la Liga de los Pueblos Libres cuyo protector fue Artigas. Las propuestas de esta fuerza giraban en torno a la unidad a través de federalismo, la salida de la capital de Buenos Aires y la declaración de la independencia (algo que se lograría en 1816 sin la presencia la Liga de los Pueblos Libres). Esta fuerza se desmembró debido a derrotas militares contra los portugueses que invadieron la Banda Oriental tanto como por la traición de los caudillos de Santa Fe y Entre Rios que aceptaron el gobierno de Buenos Aires como  eje articulador de la futuro país que se comenzaba a vislumbrar. 1820 fue el año en donde cayó el artiguismo como fuerza aglutinadora derrotado por portugueses y porteños que negaron a combatir contra el invasor dejando a la buena de Artigas que ocurriera con un territorio que correspondía la nueva conformación confederada.

Artigas nunca creyó en otra cosa que en la unidad del territorio que se estaba declarando independiente de España y por eso fue contrario a la separación de la República Oriental del Uruguay como fruto de las luchas entre nuestro territorio y el brasilero utilizadas por la inteligencia inglesa para garantizar que la salida al océano Atlántico no estuviera dominada sólo por dos países que en ese momento estaban en conflicto, pero que en el futuro se podrían unir.

Artigas, como Bolivar y San Martín tuvo que exiliarse, en su caso el destino fue el Paraguay donde los campesinos lo llamaron el padre de los pobres y no volvió nunca a la Banda oriental transformada en un país. Con su partida dejó claro el mensaje de la unidad que debió ser, pese a los constructores de historia oficialmente desfigurada uruguayos y argentinos. Yo artigas, argentino de la Banda Oriental era una declaración de principios, esta tierra tenía que estar unida.