Algunos mitos que maneja el liberalismo argentino

En estos días se está dando fuerza a uno de los mitos del liberalismo argentino de siglo XX. Ese del granero del mundo. Acá http://www.lapoliticaonline.com/nota/99162-ojala-macri-pueda-hacer-de-argentina-la-gran-nacion-que-fue-hasta-que-entraron-los-peronistas/ Vicente Fox, expresidente de México, echa a rodar todos los lugares comunes con respecto a los movimientos populares latinoamericanos. La Argentina estaba bárbara hasta que llegó el peronismo en un plato volador y la cambió para mal y para siempre, por suerte diosito se llevó a Chavez y ahora hay que hacer que se vaya Maduro y gobierne Leopoldo Lopez (dixit), el levantamiento de Chiapas del 94 fue hecho por criminales (dixit), las escuelas de Ayotzinapa son de formación de guerrilleros (dixit). Brutalidad y bestialidad, necesidad que el mensaje duro llegue a oídos del pueblo. El único destino es dejar de tener ideología para someterse a un mundo pragmático sin valores, donde el triunfo del capital sobre el trabajo y de los Estados Unidos sobre América Latina es un hecho fáctico que sólo hay que reconocer y aceptar.

También lo decía el presidente de la Sociedad Rural en todos los mircófonos que le pusieron adelante, cuando recordaba que nuestro país estaba cerca de ser como Canadá y Australia hasta que Juan Perón divisó la Argentina desde un plato volador y se decidió a intervenir.

La creencia de la Argentina próspera y lo que pudo haber sido, si no aparecía el monstruo de Perón, tenemos que decirlo es simplemente un mito. Por varias razones. La primera es quienes chocaron el país a partir de que el mundo había cambiado y la potencia colonial inglesa ya no pagaba por nuestros productos lo que otrora fue la clase dominante argentina. No está de más recordar el pacto del hijito de Roca con un sr. apellidado Runciman. La crisis del 30 golpeó tan fuerte que los liberales argentinos pensaron por primera vez en su vida en industrializar un poco el país como para que la rueda no dejara de girar. Eso fue el famoso plan Pinedo de los 30. Una idea que buscaba atravesar la tormenta de la crisis aplicando algunas políticas keynesianas. Porque la industrialización que empezaron los liberales la hacía el Estado argentino. Ellos para no mancharse con la mugre de un estado intervencionista hablaban de algo transitorio, en cuanto todo se acomodara nuevamente se terminaba esa anomalía y volveríamos a importar todo lo que no produjéramos. Pero como el plan no funcionó y la crisis social se hizo cada vez más grande, apareció el plato volador peronista que vino atravesando nubes. Los liberales permitireron que se creara el peronismo cuando no pudieron dar respuestas a las demandas de la sociedad y lo único que se les ocurrió fue reprimir y aislar.

Canadá y Australia para esta época también comenzaron con políticas industrialistas y de defensa de sus productos exportables. Algo que a diferencia de nuestro país, no interrumpieron y les permitió salir del cuello de botella que generan las reducciones de los precios de nuestros productos en los mercados internacionales. Eso por supuesto que no lo cuentan, nadie se va a poner a estudiar la historia de Canadá y Australia, se da por bueno que fueron liberales toda la vida, que no hubo ningún Perón y que tienen sociedades maravillosas. Pero, dejenme decir, este es otro mito. Estudiando dos minutos esas dos sociedades se verifica que la presencia estatal tiene una importancia clave para el desarrollo. No se dejó librado al mercado nada que pudiera salir mal, incluso tuvieron instituciones parecidas a nuestro IAPI que compraban la producción agrícola y la vendían al exterior. Además de partir de una distribución de la tierra mucho más ampliada que la tuvimos nosotros.

Muchos mitos existen acá, muchas sombras te seguirán cantaban Las Pelotas y parece que ahora vuelven a ver la luz

 

La cuestión Antártida y el revisionismo

Me llega la revista nro 2 del Pepe Rosa en donde aparece un artículo con la historia del territorio antártico argentino escrita por un general del ejército argentino. Siempre es grato leer a milicos argentinos que citan a Jauretche y reivindican a Perón. Y en este caso me parecía importante para el momento de discusión de la soberanía que se vive en el país introducir esta temática acá.

 

Antártida y Plataforma Continental

Por General Fabián Brown

Fronteras de la Argentina bicontinental

La discusión epistemológica que atraviesa nuestra historia sobre la construcción de la nación, tiene en su geografía uno de los aspectos controversiales fundamentales. Para algunos, la “extensión” era un problema y la causa primera de la “barbarie” que distinguía al gaucho, el arquetipo rioplatense de un hombre libre que habitaba las zonas rurales, estigmatizado de “vago y mal entretenido” para legitimar la persecución que narra el Martín Fierro. Cuándo Arturo Jauretche1 definió las bases de un pensamiento nacional, sostuvo que la historia, el pueblo y el espacio eran los factores fundamentales sobre los que se asentaba el desarrollo de una identidad originaria en la conformación de una nacionalidad. Don Arturo va a profundizar el análisis sobre la perspectiva espacial de un país, a partir de la definición de dos categorías: la profundidad y la extensión. Por profundidad va a entender un proceso de progreso acelerado sobre una parte de un territorio asimétrico y desarticulado en el que se definen fronteras interiores, mientras que la extensión, es una concepción de proyección territorial más allá de las fronteras exteriores. En Buenos Aires confluyeron los intereses de un modelo político centralista, heredado del iluminismo borbónico y los del librecambio económico asociado al interés británico que hicieron del puerto, una capital disociada de las provincias interiores que generó profundas asimetrías regionales impidiendo un desarrollo armónico y articulado del país. La Argentina era demasiado extensa y la desaprensión territorial fue recurrente en el ideario portuario; Rivadavia rechazó integrar las provincias del Alto Perú que declararon la independencia, la secesión mitrista del Estado de Buenos Aires de 1852 y los fundamentos de Sarmiento sobre sobre la escasa valía del Atlántico Sur y la Patagonia. Para el pensamiento nacional, el concepto de proyección más allá de nuestras fronteras, refiere a dos mandatos históricos: la integración suramericana y los derechos sobre las islas y mares del Atlántico Sur y el Sector Antártico Argentino que constituye el ámbito apropiado para comprender el significado real de la usurpación británica de las Islas Malvinas. Resulta esencial no confundir e identificar claramente la naturaleza de los problemas que hacen nuestro futuro como nación. La cuestión Malvinas, la cuestión Antártida y los derechos sobre las islas y los mares del Atlántico Sur son parte de un mismo diferendo territorial que la Argentina mantiene con Gran Bretaña, un conflicto que no se circunscribe a las Islas Malvinas, sino que se proyecta hasta el Polo Sur, abarcando millones de kilómetros, siendo la disputa territorial más importante del mundo por su extensión, planteada ante los organismos internacionales y que, además, se encuentra institucionalizada en la reforma de la Constitución de 1994. Cuando en la primera mitad del siglo XX, más precisamente en el período entre guerras, se desarrolla una construcción intelectual para pensar el país desde sus propios intereses y se logra plasmar esta idea en un proyecto político, que expresó plenamente la Constitución de 1949, el principio rector que orientó todo el funcionamiento del Estado fue el de una patria “justa, libre y soberana” sustentada en valores sociales solidarios que sólo podían concretarse en el marco de un pueblo dueño de sus propios recursos y de una articulación territorial que integrara al país en una construcción social armónica, superando asimetrías regionales.

Este Proyecto Nacional, definió efectivamente su propia concepción espacial sobre la base del criterio de “extensión” que nos refiere Jauretche al establecer el Sector Antártico Argentino en un documento que dio a conocer al mundo en 1946, fijando nuestros antecedentes, derechos y pretensiones territoriales en la Antártida y, ese mismo año, el Presidente Perón también formalizó los derechos soberanos sobre la Plataforma Continental. Sobre estas dos cuestiones, Antártida y Plataforma Continental intentaremos aportar una visión en temas que no tienen la difusión que debiera, dada la dimensión de los intereses que están en juego.

La Antártida

La decisión del Estado argentino de mantener una presencia permanente en el continente antártico fue tomada en un contexto internacional complejo, del que la historiografía académica guarda un extraño silencio. Desde 1943, Gran Bretaña venía desarrollando la operación militar “Tabarin”, en la que destruyeron, sistemáticamente, testimonios de presencia chilena y argentina en la Antártida. En 1947, Estados Unidos envió una flota con más de 5.000 efectivos, conocida como la operación “Highjump”, que constituye hasta la hoy, la mayor proyección de fuerzas militares en esa región. En este contexto, Chile y Argentina adoptaron decisiones trascendentes, firmando, el 04 de marzo 1948, un acuerdo en la protección y la defensa de los derechos legales de la Antártida territorial frente a las pretensiones extra-regionales, postergando cualquier discusión entre ambos para después de solucionar la disputa principal. Entre los puntos de este acuerdo, se destaca: “…Hasta tanto se pacte, mediante acuerdos amistosos, la línea de común vecindad en los territorios antárticos de Chile y la República Argentina, declaran:

1) Que ambos Gobiernos actuarán de común acuerdo en la protección y defensa jurídica de sus derechos en la Antártida Sudamericana, comprendida entre los meridianos 25° y 90°, de longitud oeste de Greenwich, en cuyos territorios se reconocen Chile y la República Argentina indiscutibles derechos de soberanía.

2) Que están de acuerdo en continuar su acción administrativa, de exploración, vigilancia y fomento en la región de frontera no definida de sus respectivas zonas antárticas, dentro de un espíritu de cooperación recíproca.

3) Que a la mayor brevedad, y, en todo caso, en el curso del presente año, proseguirán las negociaciones hasta llegar a la concertación de un tratado chileno-argentino de demarcación de límites en la Antártida Sudamericana…”2. La Argentina estaba madurando una decisión estratégica de aquellas que cambian la historia: finalizar con la etapa de exploración para pasar a la ocupación efectiva, que se concretó con la fundación de la base San Martín por parte del coronel Hernán Pujato, en febrero de 1951, a la que siguieron las bases Esperanza y Belgrano. Al mismo tiempo, se creó el Instituto Antártico Argentino (17 abril de 1951), mostrando el sentido universal de contribución al conocimiento científico del emprendimiento argentino. El 21 mayo de 1952, el Presidente Perón pronunció un discurso en el que expuso claramente, el argumento del interés argentino en la Antártida: “En la Antártida Argentina, que durante los últimos cien años solamente había sido visitada por nuestros marinos de guerra, que instalaron las primeras Bases sobre las distintas islas en que hoy se afirma la soberanía de la Nación, no habíamos pasado, sobre la parte continental, de algunos desembarcos y expediciones momentáneas y transitorias. Hemos querido que sobre esas tierras comenzasen actividades argentinas que nos diesen, con la familiaridad de su permanente ocupación, una impresión y una situación de vida argentina en territorio argentino. Sobre estas tierras nadie tiene derechos, en buena fe, sino solamente los chilenos y argentinos. Pero desgraciadamente, no es la buena fe la que rige la vida de los hombres en la tierra y hasta que esta buena fe no llegue, los derechos nos serán siempre quizás discutidos por aquellos que pretenden lo que no deben ni pudieron pretender en derecho ni en justicia. Estos esfuerzos tuvieron que enfrentar represalias por parte de los ingleses que, a los incidentes de la década anterior sumaron, en 1953, el desembarco en la caleta Balleneros (isla Decepción), de royal marines que detuvieron a un sargento y un cabo de la Armada Argentina. Este refugio y uno chileno fueron destruidos y los marinos apresados fueron entregados a un barco en las islas Georgias del Sur. También entre 1955/56, la expedición británica Fuchs desembarcó cerca de la recientemente creada base Belgrano y realizó exploraciones similares a la de Pujato renombrando toponimia ya reconocida por la Argentina. En los acuerdos firmados, en 1953, entre Chile y Argentina, la cuestión antártica estuvo presente. A a su vez, la competencia entre Estados Unidos y Gran Bretaña más la fuerte presencia de la Unión Soviética en el continente blanco crearon las condiciones para postergar por tiempo indefinido, la discusión sobre la soberanía mediante la firma del Tratado Antártico de 1959.

La Plataforma Continental

La cuestión de la Plataforma Continental3 tendrá su propia lógica y, el pasado 11 de marzo de 2016, la Convención del Derecho del Mar de Naciones Unidas, avaló el trabajo realizado por la Argentina, a través de la Comisión de Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA), para extender la frontera marítima del país de la milla 200 a la 350. El trabajo desarrollado por COPLA, durante casi veinte años, atravesó varios gobiernos y no pocas turbulencias institucionales, volviendo a demostrar que, cuando se trabaja de manera integrada en pos de un alto objetivo de la política nacional, tal como sucede con la Antártida o la energía nuclear, los argentinos somos capaces de obtener importantes logros. Conviene hacer un poco de historia para resaltar la trascendencia de la resolución de las Naciones Unidas que, aunque sea minimizada por Gran Bretaña y, por el silencio de muchos en el País, constituye un significativo avance en nuestra lucha por los derechos en los espacios en disputa en el Atlántico Sur. En 1916, el Almirante Storni, en su conocida conferencia sobre “Los intereses argentinos en el mar”, reivindicaba los derechos del país sobre su plataforma continental y los recursos naturales del lecho y subsuelo marino. En 1945, el presidente Truman de los Estados Unidos, declaró que “…considera los recursos naturales del subsuelo y del fondo del mar de la plataforma continental por debajo de la alta mar próxima a las costas de Estados Unidos, como pertenecientes a éste y sometidos a su jurisdicción y control… “ y como ya se expresara apenas unos meses después, el Presidente Perón reclamó la soberanía, como país ribereño, del mar epicontinental y el zócalo marino. Con la creación de la Naciones Unidas, la legislación internacional sobre derecho del mar dio pasos importantes. La Convención realizada en Ginebra, en 1958 estableció los criterios de mar territorial y zona contigua que fueron consagrados en nuestro país por la Ley Nº 17.094 de diciembre de 1966, que definió como límite de la Plataforma Continental hasta una profundidad de 200 metros. En 1991, se dictó la ley N° 23.968 que estableció el límite exterior de la Plataforma hasta el “borde exterior del margen continental” o hasta las 200 millas, según el criterio que había adoptado la recientemente creada CONVEMAR en el ámbito de la ONU. En 1995, el régimen establecido por la CONVEMAR para Plataforma Continental entró en vigencia, estableciendo procedimientos técnicos precisos a aportar por el país ribereño para sustentar el alcance del borde exterior continental, más allá de las 200 millas. Para llevar adelante este proceso, la CONVEMAR creó la Comisión de Límite de la plataforma Continental (CLPC) y se dispuso de un plazo de diez años, a partir de 1999, para que los países interesados en fijar el borde exterior la plataforma submarina presentaran sus avales. Respecto a los criterios fijados para establecer el límite exterior del borde continental, no es intención someter al lector a la comprensión de un complejo procedimiento técnico, sólo se describirá en grande su espíritu por el cual, cada país ribereño puede optar o complementar dos fórmulas, de acuerdo a su conveniencia, una vez fijado el “Pie del talud de la plataforma continental”: definir una línea de puntos sobre sedimentos rocosos cuya distancia se encuentra en relación a una determinada densidad de los mismos o bien fijar 60 millas a partir del mencionado Pie (ver gráfico 1). También la CONVEMAR fija una restricción que la distancia alcanzada no puede superar las 350 millas. Para realizar este trabajo, se creó, mediante Ley Nª 24.815 (26/5/1997), la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA), conformada por la Cancillería y los Ministerios de Defensa y Economía pero que, además, contó con la participación de universidades, el CONICET, la Dirección Nacional del Antártico y otros organismos públicos especializados en geología y geodesia. COPLA diferenció, de Norte a Sur, cuatro ámbitos geotectónicos para la realización de la determinación del límite del borde exterior (ver gráfico 2), uno que abarca desde el Río de la Plata hasta el Norte de las Islas Malvinas (Paralelos 37 a 46 LS), un segundo espacio desde el Escarpe de Malvinas hasta el Norte del Banco Ewing, un margen convergente que asocia Tierra del Fuego hasta las Georgias del Sur y el Sector Antártico Argentino. Para el primer ámbito, en el que se aplicó el criterio sedimentario volcánico, seleccionándose 16 puntos desde el Pie del Talud. Este trabajo se realizó desde finales del 2001, a cargo de empresa que ganó una licitación internacional. Los otros ámbitos fueron efectuados por equipos que integraron a científicos con la Armada Argentina aplicándose una combinación de los criterios, según la conveniencia para el país. El Buque Puerto Deseado fue equipado con tecnología de última generación y fue el lugar de trabajo conjunto, donde luego de meses de navegación, se desarrolló la tarea que permitió conocer palmo a palmo el espacio marítimo, su lecho y su subsuelo en más de 1.782.000 km2 de plataforma continental, fijando más de 6.000 puntos de coordenadas geográficas, que amplían derechos en un área de más de 6.000.000 km2. Este trabajo presentado ante la CLPC, el 21 de abril de 2009, la cual estudio la propuesta argentina, ponderando la seriedad del trabajo realizado y reconoció, el 11 de marzo pasado, la milla 350 como el nuevo límite del país, lo cual proporciona bases sólidas para la afirmación de nuestros derechos soberanos en espacios marinos de reconocida importancia en recursos naturales.

Epílogo

La cartografía lleva implícita una intencionalidad, una interpretación del mundo que define relaciones de dominación, de acuerdo a las escalas que se adopten. Un ejemplo es el planisferio centrado en Europa que durante décadas fueron impuestos en nuestro sistema educativo o que el Meridiano 0, por convención, lleve el nombre de Greenwich y pase por Gran Bretaña. Cuando en el año 2010, se dicta la Ley 26.651 que establece como mapa oficial una representación cartográfica bicontinental, se produjeron reacciones desde afuera y desde adentro del país porque se afectan intereses y, en esta disputa territorial están en juego incalculables recursos naturales que no deberían fluir hacia los países centrales como sucedió en los siglos precedentes, sino que estas riquezas deberían ser parte del sustento del desarrollo humano argentino y suramericano. La cuestión antártica y la Plataforma Continental dan mayor luz al verdadero conflicto que representa Malvinas. Sólo para tener una idea del alcance del diferendo se puede mencionar que un cuarto del petróleo mundial se extrae desde el mar mediante plataformas Off Shore, habiéndose anunciado el comienzo de la explotación en cercanías de Malvinas para el próximo 2017, como también que el año 2012 fue record de pesca del calamar con patentes inglesas.

El mar argentino tiene todo menos argentinos. Nunca tuvimos una industria pesquera importante y mucho menos una flota, se desguasó la flota mercante y la Armada sufre décadas de desinversión. En definitiva, se nos reconocen derechos pero no se los avala con presencia en un inmenso espacio lleno de recursos. Energía, minerales, recursos marinos incalculables no se los explotan, pareciera que la generación de riqueza argentina se limitara a la región pampeana, tal como fuera diseñado por el modelo centralista y portuario, una Argentina de espalda al interior y al mar. El trabajo de COPLA y el que desarrollan científicos y militares desde hace décadas en la Antártida demuestra que, con voluntad e inteligencia, se pueden realizar grandes y exitosas empresas. Hoy, se conoce más el litoral marítimo y conocer es querer y poder empezar a construir en el Atlántico Sur el estilo de vida argentino que lo incorpore plenamente a la nación.

Antártidaantártida 2

Un bicentenario para reflexionar

Otra vez vuelven las sirenas que nos dicen que la Argentina del Centenario era mejor que Canadá y Australia y que todos los males vienen por el peronismo que pareciera que nació de un repollo. Ante esos dichos hay que releer las historias de los países como Canadá y Australia y ver el lugar primordial que tuvo la industrialización en sus sociedades. Pero cualquiera puede decir cualquier cosa, en este caso el presidente de la sociedad rural que añora el otrora granero del mundo. Dejamos esta nota de Rapaport para seguir debatiendo el sentido y la dirección que está tomando la Argentina.

Por otro 9 de julio

Por Mario Rapoport *

Recuerdo aquí hechos que hace unos años traté de revivir, en un país cuya memoria parece para algunos más resbaladiza que un palo enjabonado. Pocos antes de la crisis del 2001, participé en un diario matutino en una polémica sobre el día de la independencia que quiero rememorar, mencionando sólo las ideas expresadas en ella, no sus interlocutores porque las creo en plena vigencia y lo que vale son los conceptos que se expusieron. Ante todo, los participantes buscaban comparar el 25 de mayo con el 9 de julio y había quienes afirmaban que el primero había sido un fenómeno revolucionario y el segundo un hecho más conservador. Lo que se discutía era que el 25 de mayo no significaba sólo la caída del rey de España, aunque se obraba bajo su fachada, sino también cubrir un vacío político poniendo en vigencia la soberanía popular como base de poder, ya experimentada en las invasiones inglesas, mientras que el 9 de julio constituía un intento de control por parte de varias fuerzas provinciales centrípetas que planteaban sus propios proyectos, en especial Artigas en la Banda Oriental, el más avanzado de nuestros próceres, que es necesario ubicar definitivamente en nuestra historiografía respetando la uruguaya. Pero este tipo de análisis disminuye el valor de la guerra de la independencia, así como también el hecho de que la exigencia de desvincularnos definitivamente de España vino del propio San Martín y de los temores que suponía la Santa Alianza y los procesos de restauración europeos.

Dicho de otro modo, la proclamación de la autonomía política frente al mundo no tenía que ver con la sangre que entonces se estaba derramando en las guerras de la independencia con ese propósito, sino que provenía de un cálculo político interno.

Por otra parte, se afirmaba que San Martín no tenía un pensamiento progresista y por eso defendía como forma de gobierno la monarquía, cuando lo progresista en él era la idea misma de esa independencia, que no estaba resuelta todavía en los campos de batalla y era boicoteada por muchos en Buenos Aires que le negaban su ayuda. Cuando se comparaban los propósitos de San Martín con los de Alvear, bien llamado por “carrerista de la revolución”, se señaló que la opción de aquellos que en aquel momento planteaban como fundamental no tanto la independencia sino la alianza con Inglaterra –algo que Belgrano llamaba “cambiar amo viejo por amo nuevo”– era progresista. Recordé entonces que el empréstito Baring de 1824 con los ingleses, constituyó el comienzo de una relación subordinada que nació muy temprano en Argentina y llegó para quedarse. Y hubo quien me respondió, hoy parecería una afirmación sorprendente, que era un desarrollo progresista vincularse al mercado financiero internacional. En el caso de aquel empréstito, y de la mayoría de los que vinieron después, eso no resultó cierto, sino que significó, como lo reconocen la casi totalidad de los historiadores argentinos y extranjeros, una verdadera estafa para el país, porque no dejó beneficio alguno y dio comienzo de un largo proceso de endeudamiento externo.

En la polémica se sostuvo también una idea peregrina: que la Argentina se enriqueció a pesar del endeudamiento y las relaciones desiguales. Y yo señalaba, por el contrario, cuánto más hubiéramos progresado si se adoptaba al igual que otros países de desarrollo similar (Canadá, Australia) caminos distintos como el de la industrialización y el de un mejor reparto de las tierras (incluyendo a numerosos inmigrantes) que no se hizo, quedando éstas en manos de una pequeña elite que se apropió del poder político y sostuvo por mucho tiempo un modelo exclusivamente agroexportador.

La polémica terminaba con la misma crisis que ya acechaba al país y allí planteamos una crítica al proceso de privatizaciones, sobre todo de Aerolíneas Argentinas, ya en bancarrota, y de YPF, que representaba un recurso estratégico fundamental como lo notamos hoy. Pero aquellas ideas en torno a la independencia del país que se discutieron entonces, premonitorias de la crisis que unos meses después vivimos, formaban parte de una cultura histórica donde lo que prevaleció fue la subestimación de todo interés nacional o, más directamente, la cultura de vivir dependiendo de otros o sometiéndose a factores o condiciones externas.

Un documento secreto del Foreign Office de los años cuarenta decía sin tapujos que “las clases dirigentes argentinas se creían una parte integral de la economía europea” (F.O. 6-2-1942). Hecho que se reflejaba en aquella época en la famosa frase del vicepresidente Julio A. Roca (h), quien llegó a sostener durante la firma del Pacto Roca–Runciman que “la Argentina desde un punto de vista económico debía considerarse parte del imperio británico”.

Pero fue en la década de 1990 que los planteos de subordinación financiera y monetaria alcanzaron su máxima expresión con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y, más tarde, durante la crisis de 2001 con las propuestas de dolarización de la economía y de su manejo por parte de expertos “externos”. En 2002, un historiador argentino desarrolló, en un congreso internacional de historia económica que se hizo en el país, una idea pergeñada por dos economistas del MIT, institución académica estadounidense: la que para salir de la crisis la Argentina debía abandonar su soberanía financiera y económica por unos años. Aquellos economistas afirmaban “que no se renunciaba a la identidad y el orgullo nacional al aceptar que unos cuantos extranjeros” conduzcan la política económica. Para tal fin inventaron la variante de la “credibilidad importada”. Si Argentina quería tener acceso al crédito internacional y a una política monetaria sólida –decían– hay que traer un banquero central internacional reconocido para que conduzca la economía con un juego de normas estrictas. No es extraño esa larga historia que padecimos por una moneda que no emitimos y constituye un elemento de presunto ahorro o fuga de capitales que deteriora nuestra economía.

Debemos recordar que los que impusieron por primera vez el control de cambios en la Argentina, que duró más de diez años, fueron los gobiernos conservadores de los años 30 para hacer frente a la crisis mundial de entonces, aunque con una salvedad. Como decía en mayo de 1939, en una carta al editor del Times de Londres, J.A. Dodero, presidente de la Cámara de Comercio Argentino en Gran Bretaña, “en una época en que se reducen drásticamente los permisos de cambio para importaciones provenientes de muchos países, las mercaderías inglesas entran con un tipo preferencial de cambio”. Lo que estaba justificado –a su juicio– para que las firmas británicas puedan aprovechar en su totalidad las oportunidades excepcionales que por razones tanto “sentimentales como económicas, los espera en el mercado sudamericano más importante para Gran Bretaña, la Argentina”. Creo que ahora entendemos mejor las resistencias que tuvieron en su época, donde estas concepciones ya existían, San Martín y otros próceres para lograr el 9 de julio de 1816 la proclamación de la independencia del país.

* Profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.

Autocrítica de un historiador del Dorrego

TIEMPOS DE AUTOCRÍTICA 

Fur quod omnes eius habitus  sunt* 

Yo no lo conocía- Dios me perdone- al Pavo Real.  Lo había visto, sin duda, hablar por televisión, y me parecía un buen entrevistador. En aquellos jóvenes tiempos, solía permitir que el entrevistado expusiera sus ideas. Más adelante tomaría la costumbre de monopolizar el uso de la palabra, impidiendo que el espectador se enterara de lo que el interpelado pensaba. No había leído sus libros. Volcado al estudio de la Historia de nuestro siglo XX, no prestaba mayor atención a las publicaciones de períodos anteriores. Eso me acusó algún malestar con un alumno que me preguntó mi opinión sobre los recientes éxitos de Felipe Pigna y sus Mitos. Convertidos en el best seller del momento, no había leído los libros de Felipe –lo que me convertía en una especie de bicho raro- , por lo que me limité a contestar con el chiste tonto de que jamás criticaría a Pigna porque mi interlocutor se daría cuenta fácilmente que lo hacía porque vende muchos más libros que yo.  Desde distintas cuevas del revisionismo histórico nos habíamos ido juntando grupos, entre los que algunos con más audacia, otros con modestia, nos llamábamos historiadores. Todos habíamos volcado nuestro compromiso con la memoria nacional para ponerlo al servicio de la inesperada transformación que sufría nuestra patria en esos doce años ganados, para nosotros, perdidos para nuestros habituales contradictores. Fue la aparición del polígrafo: médico psiquiatra, novelista, dramaturgo, político y, más recientemente, historiador. Era el contacto ideal, por su condición de figura mediática, conocida y, aún, respetada, para llevar a cabo el proyecto de construir un instituto histórico que, inspirado en nuestros maestros revisionistas, recogiera la vieja bandera de la visión nacional y popular de la historia, para hacer nuestro aporte desde nuestro campo en la tarea de recuperación de la Argentina, que casi había llegado a desaparecer en 2001. Era él quien facilitaría los contactos necesarios. Él había dicho en alguna conversación informal que no quería ser el presidente de la nueva institución. Mucho no le creímos, pero no era importante. Fue él quien gestionó la primera entrevista con la presidenta de la Nación. Fue él quien le pidió la creación del nuevo instituto. Él y Cristina imaginaron el nombre del mártir de Navarro para denominarlo. La aparición del Dorrego se anticipó de alguna manera al actual Pontífice argentino: Hizo lío. La autodenominada Tribuna de doctrina  –el diarito de Mitre, lo llamaban los alsinistas- se apresuró a denunciar que “El mundo académico argentino acaba de ingresar en una fuerte polémica sobre el nuevo relato histórico que se propone instaurar el kirchnerismo. Por medio del decreto 1880/2011, firmado por la presidenta hace diez días, el gobierno creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, que se propone reescribir la historia argentina a través de algunos de los grandes personajes del pasado.” Para La Nación “se ignora aún si el objetivo real no será incorporar estos nuevos relatos históricos en los programas de las escuelas secundarias. Y alertan, en consecuencia, sobre la posibilidad de que esta operación impulsada por la Casa Rosada tenga como meta la instauración de un ‘pensamiento único’ del pasado.”

Sin embargo, y a pesar de lo mucho que el Instituto Dorrego produjo durante su corta vida, esta fue tal  vez demasiado corta o sus integrantes, aunque no meros “historiadores silvestres”, no tuvimos en ese tiempo la capacidad necesaria para cumplir plenamente con los objetivos. Tal vez han sido muchas décadas de clandestinidad intelectual ante la Religión Historiográfica Establecida, que facilitaron los errores y las carencias. Que llevaron a quien fuera el principal impulsor de la iniciativa, a sugerir la disolución del Instituto. Y a quien ocupara importantes funciones, por méritos heredados de su padre, a mezclar al Dorrego con sus internas políticas personales.

 

Y aquí la autocrítica hoy, que proliferan quienes las demandan por doquier dentro del movimiento nacional.

 

He sido honrado con la designación de vocal de la Comisión Directiva del Instituto Dorrego por decreto de la presidenta de la Nación. Eso debió suponer un compromiso de actividad interna que no omitiera las críticas a la gestión de quienes ocupaban los cargos más altos.

 

Uno tiene algún camino recorrido en el campo de la Historia. Y también pude conocer la vanidad de quien no vaciló en adornar la entrada de la librería del Instituto con un cartel que presentaba su rostro escoltado por los de Pepe Rosa y el Colorado Ramos. Y, como nos permitieron formar un equipo de trabajo dedicado a estudiar, clasificar y divulgar el pensamiento de quienes habían sido nuestros maestros en la corriente más popular del revisionismo: el mismo Pepe, Fermín Chávez, Osvaldo Guglielmino, optamos por concentrarnos en nuestra labor, dejando a otros la figuración que tanto bien les hacía.

 

Es cierto que no faltaron los chisporroteos, como cuando consideramos necesario recordar que José María Rosa y Félix Luna eran abogados, que Jorge Abelardo Ramos carecía de título y que Fermín Chávez no había ido más allá del noviciado dominico, sin ser por ello meros historiadores silvestres, como se solía decir en reuniones internas de prolíficos autores como Araceli Bellota o Hugo Chumbita.

 

Pero dejamos hacer. Aún cuando escuchamos pasivamente que el Instituto Dorrego debía trascender al actual gobierno, para instalarse por los siglos de los siglos.

 

Y por todo eso, nos sentimos mal. ¡No por lo que hicimos mejor o peor en el ámbito del Instituto que tiene las glorias de haber sido creado por Cristina y haber sido derogado por Macri! Por lo que dejamos hacer, hablar, por no oponernos al afán de figuración de quien hoy exige a la presidenta pedir disculpas como un gesto de dignidad. A quien dice haber dado un portazo al retirarse del Instituto que él mismo presidía, porque había lacras. Porque formaba parte de un gobierno que estamos hablando de expedientes con la firma presidencial (y con la del propio denunciante). Esto fue un plan orquestado y protegido desde la Casa Rosada.

 

Amable lector, he escrito estas palabras con vergüenza por mi desidia, por haber dejado hacer a quien tiene además pecados veniales –a mi juicio- como aquel que llevó a un transeúnte que caminaba por la calle Balcarce, una mañana que salíamos de la Casa Rosada a gritarle: Pacho ¿Desde cuándo dejaste de ser menemista?

 

Enrique Manson

Junio de 2016

 

 

*El ladrón cree que todos son de su condición (dicho popular iberoamericano)

Perón en el laberinto de la historia (otra vez)

Un votante táctico del actual gobierno de la Argentina dijo que lo hacía para que el peronismo volviera a su cauce natural, porque otra vez (los jóvenes, o La Cámpora) habían querido destruir al movimiento que creó el General. Otra vez como en los 70 cuando un gran número de jóvenes de clase media se peronizó y participó de las diversas organizaciones políticas y militares existentes en aquella época. Una oposición peronista “racional” pidió hace poquito Ernesto Sanz, radical y “ministro sin cartera” de este gobierno Oposición expresada en figuras del PJ que no niegan ser liberales. No les importa, porque Macri repite cada vez que puede que como dijo el General: “la estrella polar que guía al país debe ser la productividad”. Es decir que muchachos no se repartirá nada si no se produce más. Y la idea de mayor productividad no está asociada con un desarrollo del mercado interno, sino con la llegada de unas inversiones imaginarias que serían la consecuencia de que “el mundo” entendió el giro liberal en la Argentina y quiere premiar al partido que lo hizo, que como prueba de amor brindará seguridad jurídica y posibilidad de retorno cuando se exija de sus dividendos.

Pura fantasía mientras la realidad es que se está llevando a cabo un plan sistemático de empobrecimiento de los argentinos, en donde los causantes de esa acción nos dicen que en realidad estábamos en esa situación antes, sólo que la negábamos con una emisión monetaria ficticia. Tenemos que asumir que somos un país pobre dicen los dueños de empresas y cuentas no declaradas en el paraíso fiscal de Panamá. Y en todo este cambalache el presidente que había participado de la inauguración de una estatua de Perón en su distrito antes de asumir, dice que sigue su pensamiento.

El gobierno de Menem hizo muchísimo daño al movimiento popular argentino, por utilizar una herramienta creada para la defensa de los intereses del pueblo en contra de éste. Habría que preguntarle a los que creen ver infiltraciones juveniles destructoras del orden superior peronista, cómo se calificaría el accionar de Carlos Menem con respecto al peronismo. Es imposible pensar a Macri hoy obviando los gobiernos de Menem, en donde al peronismo le creció en su interior una fuerza liberal que lo corrió de su eje. Una fuerza que no se cansa de discutir el rol de Perón, que habla del Perón del regreso como “el mejor Perón” el de la reconciliación. Hay que decirles que el Perón panda que quieren crear fue el que permitió el comercio con Cuba, rompiendo por primera vez el bloqueo norteamericano. Fue quien imaginó un pacto social entre trabajadores y empresarios, en donde los primeros no eran la frutilla de la torta, sino que recibirían su parte del PBI correspondiente a su esfuerzo. Ese peronismo estaba sustentado por los sindicatos fuertes que se habían construido en el país. Sindicatos de donde salió la primera gran deslealtad al líder expresada en el intento de Augusto Vandor de aprovechar el exilio de Perón para ponerse él al frente del movimiento. ¿Cómo interpreta esos hechos el peronista de Perón? ¿O sólo se acuerda de las críticas de Montoneros al viejo líder? La historia siguió corriendo. El núcleo durísimo de protección del verdadero legado peronista de Perón sería entonces un grupito muy chiquito si se sigue este razonamiento.

Y ahora: ¿qué lugar dentro del peronismo ocupará la experiencia de los últimos 12 años? El peronismo se creó para mejorar las condiciones de vida del pueblo argentino. ¿Se mejoraron en los últimos 12 años?
Cómo hicieron con Perón en 1955, esta vez no mediante un golpe de Estado, comenzó una campaña sistemática a través de los medios de comunicación masiva para instalar la idea de que el gobierno que terminó el 10 de diciembre en realidad se trató de un grupito que sólo quería enriquecerse a costa del resto. Dirán que se robaron hasta los floreros con el agua adentro, pero no dirán que se podía pagar la luz, el gas, el agua, a precios razonables para el nivel de consumo de un país en crecimiento. El gobierno peronista de los Kirchner terminará funcionando como faro necesario para cualquier movilización política de la sociedad argentina. Con sus aciertos y errores indica históricamente la posibilidad de hacer otra cosa que “lo que dictan los mercados”, otra cosa que estar siguiendo el minuto a minuto del riesgo país. La brutalidad del ajuste que se desarrolla en la actualidad no puede impedir la autocrítica hacia adentro de las organizaciones que fueron derrotadas en la contienda electoral. Entender por qué se perdió, por qué se dejó de enamorar es vital para un proyecto a futuro que quiera dirigir el destino de este país difícil (¿hay alguno fácil?). ¿Podrá ser una respuesta posible aumentar la democratización de todas las organizaciones (sindicales, políticas, sociales) como forma de dar expresión a la voluntad de elegir de un pueblo?

Hay que avisarle a Macri que Perón decía otra frase des esas taquilleras: hay que ir detrás de la grandeza de la nación y de la felicidad del pueblo, y si hubiera que elegir por una situación equis habría que hacerlo por la felicidad del pueblo a costa del resto de las cosas.

(continuará)

Obama en Bariloche. A 40 años del golpe

De Diana Ávila para el CENTRO DE ESTUDIOS PATAGONIA

CEPATAGONIA@GMAIL.COM

Alrededor de 30,000 personas fueron detenidas-desaparecidas en Argentina principalmente durante la dictadura militar de 1976-1983. Miles más fueron ejecutadas, tanto por las fuerzas de seguridad como por la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). A 40 años del último Golpe Cívico Militar, desde el CEP consideramos que la mejor forma de recuperar y mantener la memoria es hacer presente a nuestros compañeros desaparecidos. Este número va dedicado a los desaparecidos de la región andina de la provincia de Río Negro:

– Juan Marcos Herman – Julio Schwartz, – Manuel Tarchitzky, – Susana Grynberg, – Carlos Surraco, – Eduardo Biancalana, – Eduardo Pasquini, – Alberto Guisti, – Antonio Gentile, – Juan Jacinto Burgos – Carlos Zapata

Presentes, Ahora y Siempre!

Un Nuevo Plan viene del norte Obama en Argentina y su política en América Latina El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, vendrá a nuestro país el 24 de marzo. La fecha de visita coincide con el día en que se cumplirán 40 años del último golpe cívico-militar ocurrido en Argentina en 1976. ¿Cuestión de agenda o alguna señal? Si tenemos en cuenta que en política el valor de lo simbólico es sustancial, nos vemos obligados a reflexionar sobre la visita del primer mandatario de la Casa Blanca en nuestro territorio, los guiños del gobierno y cuál es la situación latinoamericana en la que nos encontramos. A nivel regional, la política exterior estadounidense tiene el blanco puesto en el eje bolivariano. Esto lo podemos observar en los permanentes ataques recibidos por ese gobierno hacia la República Bolivariana de Venezuela, durante la gestión de Hugo Chaves y endurecida en la actualidad con la de Nicolás Maduro. Son múltiples las campañas difundidas por los medios masivos de comunicación nacionales, regionales e internacionales, donde el gobierno bolivariano es tildando de antidemocrático o de dictadura, aunque se sigan a raya los mecanismos electorales dispuestos en su constitución. El punto más álgido de la ofensiva se vio con la detención de Leopoldo López, político venezolano del ala derecha, ex alcalde y ex precandidato presidencial. Recordemos que fue inhabilitado por hechos de corrupción, vinculado a instituciones financiadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos y responsable de acciones desestabilizadoras hacia el gobierno de Maduro vinculado con el ex presidente colombiano Álvaro Uribe. Acciones que derivaron en la muerte de decenas de venezolanos. Su detención sigue el proceso del poder judicial venezolano, no así lo que ocurre con Milagro Sala en la Argentina quien está detenida, sin procesamiento, cuando sólo se está investigando si cometió un delito, ni siquiera es una prisión preventiva. En tal sentido, Mauricio Macri, en sus discursos de campaña comenzó a apuntar contra Venezuela y a pararse en la supuesta defensa de la democracia y de los Derechos Humanos. Se refirió al respecto: “Exigiré la liberación de Leopoldo López inmediatamente. Si Nicolás Maduro no lo acepta exigiré la aplicación de la cláusula democrática del Mercosur”. Cabe destacar que la cláusula a la que Macri se refiere es un instrumento preventivo ante posibles rupturas del orden democrático en los países que integran el bloque. Siguiendo esta lógica ratificó sus palabras de campaña en la Cumbre del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) en diciembre pasado: “Pido por la pronta liberación de los presos políticos en Venezuela, porque en el bloque regional no puede haber lugar para la persecución política por razones ideológicas ni la previsión ilegítima de la libertad por pensar distinto”. Embanderarse contra las decisiones políticas que tomó el país bolivariano marca un claro giro de la política exterior argentina respecto al gobierno de Cristina Fernández y su antecesor Néstor Kirchner al darle un guiño al principal opositor de Venezuela que es EE.UU. Por esto, podemos entender que hay claras señales de que la intención del gobierno del norte está dirigida a instalar a Macri como referente regional en materia de derechos humanos. El Departamento de Estado, utiliza los derechos humanos y la defensa de la democracia como una herramienta con el fin de intervenir contra los gobiernos que han desoído sus lineamientos políticos, los cuales comenzaron procesos de enmendar sus soberanías y que apostaron a la integración regional opuestos a la Alianza del Pacífico o los que no firmaron el Tratado de Libre Comercio (TLC). Es importante tener en cuenta el rol que tuvo EE.UU en las últimas dictaduras militares en la región latinoamericana: entrenamiento de militares en la Escuela de las Américas, financiación a los sectores militares y civiles aliados para enfrentar a la subversión, endeudamiento externo mediante los organismos de crédito internacionales, intervención directa e indirecta de la CIA que produjo el derrocamiento de gobiernos electos por el voto popular. Así mismo se pergeñó el Plan Cóndor: operativo de inteligencia y coordinación entre los servicios de seguridad de los regímenes militares del Cono Sur: Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, la contrarrevolución cubana y los servicios secretos de Francia en la década de los años 1970. Dicho Plan se constituiría en una organización clandestina internacional para la práctica del Terrorismo de Estado con la cooperación de los Estados Unidos, con el fin de eliminar a las voces opositoras, principalmente de izquierda y aplacar los movimientos populares organizados. Las palabras de Macri no son antojadizas sino que van en líneas con la pretensión de erigirlo como un nuevo aliado regional y así consolidar un giro conservador para nuestro continente. No son casualidad los procesos de desestabilización y hasta golpes de Estado en nuevos formatos como los golpes parlamentarios o “golpes blandos” sufridos por Honduras en 2009 y Paraguay en 2012, los levantamientos de las fuerzas de seguridad vividos en Ecuador en 2010 que exigían la renuncia del presidente Rafael Correa o los reclamos secesionistas de las provincias más ricas cargados de violencia vividos por el presidente boliviano Evo Morales. Se pueden sumar a estos, la actual guerra económica en Venezuela, la escasez de productos o la escalada de violencia forman parte de ofensiva conveniente para Estados Unidos y llevada adelante por los sectores aliados internos que no han visto con buenos ojos la pérdida en la renta obtenida por las regalías del petróleo. Hoy Estados Unidos ha pasado de ser importador a ser exportador de petróleo debido a las innovaciones del llamado shale gas y está operando activamente para que los países petroleros reduzcan el precio. En el caso de América Latina su mira está puesta en el petróleo de Brasil y Venezuela. En medio oriente el petróleo de Siria, por esa razón la invasión militar y el bombardeo. Ya obtuvo el control del petróleo de Irak y el mexicano lo recibió de la mano de Peña Nieto. Hoy aparece como un actor fundamental para no sólo la distribución y consumo de ese bien, sino también para su producción a nivel mundial. Incluso las políticas adoptadas con el gobierno revolucionario de la República de Cuba, país que visitará previo al nuestro, continúa manteniendo acciones hostiles contra la isla que no se limitan al bloqueo iniciado en 1967 y que son menos visibles como es el financiamiento a cubanos disidentes en territorio estadounidenses y órganos no gubernamentales. En el caso de los países latinoamericanos, la política estadounidense reforzó la contraofensiva para retrasar y poner obstáculos a los organismos de integración como son la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR y ya vimos los cambios de Argentina en MERCOSUR. De este modo, la llegada de Macri a la presidencia demuestra indudablemente este planteamiento. A poco de cumplirse tres meses de su asunción, centró sus medidas políticas en una especie de refundación del Estado dirigida contra las conquistas obtenidas durante los años de kirchnerismo y que buscan favorecer a los sectores concentrados de la economía. Se las puede ver en los miles de despidos a empleados públicos y privados que acontecen cada mañana, la negociación con los fondos buitres – merece un análisis aparte- como las suspensiones de programas estatales tendientes a la inclusión, sumados a la baja de retenciones y la devaluación. Además de evidenciarse una persecución ideológica a los sectores políticos que no concuerda con la matriz ideológica de Cambiemos. Pareciera que lejos quedaron aquellas expresiones de diciembre último sobre las políticas sobre Derechos Humanos cuando dijo: “Con nosotros, todos esos curros se acabaron”. En esa línea manifestó sobre el proceso actual de juzgamiento de los militares y civiles que cometieron delitos de lesa humanidad que: “Los derechos humanos no pueden ser en términos revanchistas”, si bien posteriormente garantizó que seguirán los juicios y el discurso interno sobre los organismos y las políticas de derechos humanos comenzó a virar al recibir a la presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto y visitó el sitio de la Memoria, ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) de manera repentina. La presencia de Obama en nuestra región y en especial en nuestro país nos pone en alerta hacia el giro que nunca ocultó la gestión de Cambiemos. De tal modo vemos que la intención de atacar aquellos que fueron los pilares del modelo kirchnerista tendientes a la inclusión económica, ampliación de los derechos y la reparación histórica hacia los organismos de derechos humanos que habían sido marginales a las políticas de Estado. Dicho de otro modo, vemos que está en juego nuestra soberanía, porque para la potencia del norte, que un gobierno tome sus propias decisiones a favor de la Nación, en consonancia con el fortalecimiento de los sectores trabajadores, populares, los hace poner en alerta y la historia demuestra que harán lo posible, legalmente o ilegalmente, para revertirlo. Recordemos las palabras de Cristina Kirchner al recordar que se cumplirían 40 años del Plan Cóndor: “Fue creado para derrocar gobiernos democráticos. Tal vez ahora se esté pergeñando en algún lugar un nuevo plan, que va a ser más sutil y sofisticado. En algunos casos pueden ser buitres y no cóndores, pero siempre son aves de rapiña. Tenemos que fortalecer más que nunca nuestras democracias”.

El Estado es responsable de todos los males… otra vez

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El Jefe de Gabinete de Ministros de la Argentina, Marcos Peña, dijo en su visita por Bariloche (preparativa para recibir al presidente de la potencia más grande de Occidente el 24 de marzo) que el Estado argentino es el culpable de la inflación. El presidente argentino Mauricio Macri se refirió al tema diciendo que “se agarró la maquinita de imprimir billetes” y esa acción irresponsable para ellos, fue lo que generó el alza de todos los precios de la economía.
El presidente agregó como parte de esta situación que el estado tiene 1.500.000 trabajadores de sobra. En una Argentina donde todavía está todo por hacerse es raro escuchar esto de boca de un presidente. Pero lo que ocurre es que algo ha cambiado.
La visión con respecto al crecimiento del país, más los comentarios sobre los países ejemplo para las nuevas autoridades(Chile, India) lleva a preguntarnos sobre el futuro de nuestra patria y de los millones que vivimos en ella.
Desde 1810 cuando Mariano Moreno junto con Belgrano y otros patriotas de esa primera gesta plantearon en el Plan de Operaciones que el motor del desarrollo de este país naciente debía ser el Estado que se estaba creando, es que existen varias miradas sobre el asunto. La lógica liberal históricamente ha indicado que los principales problemas de la sociedad tienen por causa a un estado inmenso que “se mete” en cuestiones donde no debería. Los mercados económicos debes ser regulados por el accionar de sus actores. La libre competencia ordenará. Otra vez volvemos a escuchar ese discurso en el país donde los dueños de la economía deciden todos los días los precios de la economía en una situación de desigualdad brutal con el resto de la sociedad. Hasta el 9 de diciembre de 2015 y por 12 años la sociedad contaba con un Estado dispuesto a entrometerse en cuestiones de desigualdad.
Decir que el estado genera inflación en nuestro país, donde la inflación no nació ayer, es casi ridículo para cualquier analista serio. Sin embargo van y lo dicen abiertamente como si fuera una verdad grabada en piedra. Se podrían tomar mil ejemplos, pero sólo tomando el mercado frutícola del valle rionegrino donde al productor la empresa exportadora le paga 1 o 2 pesos por kilo de manzana o pera y luego esta llega a la góndola del supermercado con un aumento del 200 o 300% da para pensar si la culpa es del Estado. El rol de toda la cadena de distribución con respecto a los productos alimenticios de primera necesidad da a entender que las ganancias exorbitantes que obtienen este eslabón de la cadena serían inadecuadas. Es un problema que no nació ahora, pero si hay que decir que la visión con respecto a ese problema y su solución ha cambiado. Cuando ubican como secretario de Comercio a una persona representante de ese eslabón de la cadena, no podemos esperar que sea quien los castigue. Lo mismo podríamos decir de otras esferas de gobierno donde se privilegió colocar un representante de los actores del mercado correspondiente con la idea de que “saben” del mismo, esperando que sea gente buena que no vaya a sacar provecho para su interés privado de la posición privilegiada. El ministro de Energía cambió a YPF por Shell para el abastecimiento de combustible de los aviones de Aerolíneas Argentinas. Aranguren fue durante muchos años CEO de Shell en Argentina y hoy mantiene acciones de esa empresa. Por tomar un ejemplo porque hay varios más (papel de Lan Argentina en Aerolíneas, de HSBC en investigación de lavado de activos, de representantes de empresas mineras en la secretaría de minería, y un largo etcétera.
Con respecto al agro se han dado de baja las retenciones a la mayor cantidad de cultivos exceptuando la de la soja que se ha bajado 5% y se irá bajando todos los años un 5% más. Para ejemplificar los resultados de esta situación se puede ir al supermercado y ver el precio de los pollos. Estos animalitos comen maíz, el maíz fue liberado de retenciones y subió el precio exorbitantemente pasando de costar 18-20$ el kilo a costar 40$. Acá si podemos decir que el estado fue causante de la inflación habiendo quitado el techo al precio interno, no por emisión. Se sinceró dicen desde el gobierno. El problema que tienen es que necesitan el desarrollo de inversiones nuevas que suplanten la extracción de moneda de la sociedad que están haciendo de una forma brutal. Ahorro lo llaman a despedir trabajadores. Esas inversiones requieren un mundo fuera de la crisis, y eso hoy no existe. Los países desarrollados aún no han resuelto la crisis del 2008 y los grandes inversores van a sitios más seguros aprovechando por ejemplo el alza de la tasa de interés de reserva federal norteamericana. El proyecto económico que había hasta el 9 de diciembre de 2015 buscó surfear la ola de la crisis mundial sin tocar a los trabajadores, poniendo el eje en el consumo. Consumir sólo genera conciencia de consumidor. El tiempo que viene corre al estado de motivador del consumo y el mercado interno a seductor de inversionistas que desarrollen el mismo mercado sin al ayuda del Estado. Este desarrollo será en áreas rentables, porque nadie invierte para perder plata, o para recuperarla en 20 años. Por eso la cuestión tecnológica que había dado un salto en el país hoy se encuentra entre grandes signos de interrogación. Recordemos que el actual presidente del país ante el lanzamiento de un satélite geoestacionario producido por la empresa rionegrina INVAP, dijo que “todo eso era un despilfarro de recursos”.
Por eso la única salida que se plantea en la actualidad es como les gusta decir a los funcionarios del gobierno”mirar hacia adelante”, lo que significa endeudarse y seducir inversionistas. Ese será el rol de Estado que no está dispuesto a tocar a ninguno de los actores que actúan en los diferentes mercados. Por ejemplo en el mercado de las comunicaciones, el actual ministro Aguad aclaró que para él en Argentina hay una competencia aceptable respecto a los medios de comunicación.
Entonces de esta manera uno comprende que si hay un país donde sobran trabajadores, para que necesitaríamos tantas universidades. Y también con respecto a la idea de que al igual que la gente estaba mal y no lo sabía, ahora también tenemos un gobierno que toma medidas a favor de los trabajadores, pero nadie se entera.
La gran pregunta es ¿para cuantos argentinos se está pensando la Argentina que comenzó el 10 de diciembre de 2015?